Una persona nueva

Este colectivo humano ha descubierto el insondable misterio del sentido de la Historia. Exteriormente son personas comunes, que no se distinguen entre los de su clase y condición, pero su secreto interior les hace únicos y especiales. Son personas que se dejan conducir por la presencia del Espíritu del Señor en la Historia.

» El que busca resultados suntuosos, quizás no los encuentre en nuestro vivir, pero nosotros nos conformamos con saber apreciar el valor de lo pequeño, lo cotidiano intentamos que se transforme en trascendencia»

El Espíritu es el que impulsa los actos de bondad, de generosidad y de entrega en todos los corazones. No es posible prever todo lo que puede hacer en nosotros y con nosotros, ni podemos calcularlo ni contabilizarlo. Escapa a todos nuestros registros, siempre nos sorprende. Él no hace acepción de personas, no le interesa ni la raza ni el color, ni la mayor o menos inteligencia, ni famosos o ignorados, ni fuertes ni débiles, ni estudiosos o ignorantes, niños o ancianos… Solo le interesa que son seres humanos que, potencialmente, pueden ser colaboradores en la construcción de una Historia diferente.

     » …hay que estar siempre atentos, para que nuestros gestos y acciones de cada momento, por muy simples que sean, reflejen la ilusión y el conven-cimiento de que somos felices porque estamos construyendo una gran obra. No hace falta grandes estudios, ni programas, ni estupendas estrategias, basta con estar convencidos y vivir lo que quieres, compartiéndolo con el otro»

Es algo muy difícil de explicar, pero los que se dejan conducir por el Espíritu del Señor, son los únicos capaces de ir construyendo un mundo mejor. Habrá otros que lo intenten, pero tarde o temprano fallan, porque, aunque nos cueste admitirlo, esta empresa nos supera y sólo puede librarse con la fuerza del Espíritu.

» Cada día, antes de comenzar la jornada, nos ponemos a la escucha del espíritu del Señor. Él es el que nos comunica estos buenos consejos y nos enseña a vivir ese día desde un discernimiento comunitario, a la luz de la palabra del mismo Señor. Es ahí donde cogemos fuerzas para el caminar cotidiano. Estos momentos diarios de escucha y de intercambio con los hermanos convocados por el espíritu, es lo que alimenta nuestra vida      interior y da energía a toda nuestra jornada»

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