MI PEOR ENEMIGO

Hola querido lector, no estoy pensando tanto en enemigos de fuera, sino que me refiero al enemigo que yo soy para mí mismo. Sin duda, nadie ignora que somos seres dualistas, el bien y el mal residen en cada uno y luchan por dominar nuestro interior. Y el peligro es que uno se acostumbra a todo, hasta a uno mismo… me acostumbro a mí mismo, a esta persona que no ha terminado de ser coherente, a este yo egoísta, inmaduro… Este es el mayor enemigo contra el que he de luchar.

Muchos de nosotros nos sentimos confundidos e inseguro. sumergidos en nuestras propias oscuridades y sombras de muerte, ¿cómo plantea Andrés este problema?

     —Mira, una persona que no sabe controlar su maldad difícil­mente podrá entender, aceptar, ayudar a los otros. Si tú no has controlado tus ambiciones desordenadas, difícilmente podrás presentarte como líder para ayudar a los demás, puesto que irás movido por la ambición, el poder, el dominio. Por eso lo primero que se ha de aprender es a saber dominar el mal que crece en el interior de cada uno. Nosotros somos nuestro primer enemigo y hay que ir ganando las batallas correspondientes según las edades psicológicas.

     » El alcanzar el equilibrio interior es tarea de toda la vida. Hay que ir orientando nuestro corazón para que no caiga en la opresión, abuso, rencores, egoísmos, envidias, odios, celos… todo esto son tumores del espíritu del mal que está en nuestra naturaleza, que van minando la capacidad de relacionarnos con amor. El conquistar un bienestar interior, hace que disfrutemos de una auténtica reconciliación con nosotros mismos, como pri­mer peldaño para reconocer comprensivamente la realidad dis­tinta del otro y acogerlos para buscar juntos el bien común.

       Debemos tener voluntad de no alimentar nuestros demonios internos, que nos quitan la oportunidad de ser felices, dando el poder a lo bueno para que siga creciendo el bien que hay en nuestro interior.

    » Es una buena guía en el campo psicológico de la persona, la aceptación de uno mismo tal como somos en realidad, con nuestras luces y sombras sabiendo que podemos ir conduciéndo­las hacia el equilibrio interior, no sólo evita muchos males, sino que nos lleva a conquistar la verdadera satisfacción.

Claro que tenemos límites y que hay que ser realistas, pero sin duda que somos más capaces de lo que creemos.  Y cuando pensamos que ya hemos hecho lo máximo de nuestra capacidad, aún podemos hacer más.

» Es una asignatura para toda la vida. Pues no es el mal que viene de fuera el peor, sino que nuestro mayor enemigo es el propio desorden interior. Es la corrupción interior la que destruye toda posibili­dad de ir creando paz y hermandad a nuestro paso.

   » Lo primero que hay que intentar es el destierro interior de nuestro deseo de codi­cia, el afán de ser más que los otros, el querer tener y dominar, poseer y acumular…, en fin, esos hijos perversos del egoísmo humano que son los enemigos irreconciliables del auténtico amor y que están en el fondo de todo ser humano, fruto de nuestra naturaleza.

Por supuesto que es tarea para toda la vida, pero con concienciación, perseverancia, sacrificios y enorme fuerza de voluntad, se va adquiriendo agilidad y poco a poco va costando menos vencer al enemigo interior.

 El ser humano tiene capacidad innata para reaccionar ante el mal, dominar el propio temperamento y conformar su carácter para afrontar las situaciones con bondad de corazón

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