EL CAMINO

. Porque el Reino se va abriendo camino poco a poco en el devenir de la Historia.

Hay que entender que el Señor tiene un plan sobre cada uno. No se trata de si soy magnífica o un desastre. Se trata de cómo Dios puede hacer con mi barro su obra, cómo quiere poner mi vida en su camino, mis pasos tras sus huellas, mis manos para trabajar por su Reino. Se trata de que, en mi debilidad y en mi fortaleza, Dios sigue mirándome extasiado porque me ve potencialmente buena y me llama a seguirle por el camino de su evangelio.

Por eso hoy te voy a entresacar párrafos del libro, que iluminen este camino:

Y, ¿cómo saber dónde es el camino recto?

—Esto es una tarea personal de búsqueda. En el fondo, como te digo, nadie puede hacerlo por ti; se te puede ayudar, puedes ir cogiendo ideas de unos y otros, pero eres libre, y ese es el riesgo humano más interesante y a la vez más peligroso. Sólo la persona que se ejercita en profundizar en su existencia buceando hasta las raíces más profundas de su ser, da con ello. No se trata de hacer grandes indagaciones, son muchas las personas sencillas e ignorantes a los ojos de los sabios e intelectuales que descubren esta ciencia con simplicidad, porque esto no lo da la sabiduría humana, sino que es un don del corazón.

Y, ¿cómo se llega a eso?

—Se trata de ponerte a mirar por dentro. Es una semilla que tene­mos cada uno en nuestro interior y que sólo en el auténtico silencio puedes descubrirlo. Ya, el hecho de que tengas esas inquietudes y te interese hablar del tema, muestras que estás empezando a despertar esa semilla. Esto quiere decir que estás empezando a unir las piezas de tu vida interior. Pero debes tener constancia y paciencia. Es un programa para toda la vida, hasta llegar a donde quieres.

¿Sí? … Y ¿dónde dices que quiero ir?

—Allí donde encontrarás el potencial de tu existencia, el po­tencial de esta vida espiritual que estás empezando a sentir, como si comenzaras a engendrar en tu interior un nuevo ser. ¿No in­tuyes que estás transformándote, que estás descubriendo en ti sensaciones hasta ahora desconocidas?

Pues… La verdad… Nunca me pensé así la vida.

—Pero no me puedes negar que algo nuevo está brotando en ti. Que empiezas a preguntarte cosas que hasta ahora no se te habían ocurrido. Algo que te hace ver la vida con unas categorías nuevas, hasta ahora ignorabas.

Supongo que sí. Pero si esto es tan bonito, no comprendo por qué hay gente que no quiere seguirlos.

—Pregúntaselo a ellos.

Algo habrá que no convence.

—Yo creo que son gente cobarde, egoísta o cómoda. Esto es muy exigente y comprometedor y te supone el romper los esquemas cómodos que ya conoces. O quizás tengan miedo y no se atreven a arriesgarse. ¿Cómo diría yo…? Puede que les falte información o son voluntades débiles o también se puede dar en personas soberbias que se resisten a depender de otros. Para mí ahí está el mayor impedimento, esos seres autosuficientes, ego­céntricos y orgullosos que son incapaces de comprometerse a servir a los demás. Son esos que ni dan ni son capaces de rebajar­se a pedir un favor. Van por la vida teniendo a toda la humanidad a sus pies, no habiendo en su corazón más que desprecio. Estos son un veneno para la sociedad.

La verdad que a mí también no me parece fácil.

—Bueno, en esto estoy de acuerdo contigo, fácil no es. Pues re­quiere un ir dominando toda la fuerza egoísta que hay en ti, y re­nunciar a los valores negativos que la naturaleza humana lleva en su interior. Todo esto es una batalla, exige una lucha contra nosotros mismos, contra todo lo desordenado que hay en cada uno, que trata continuamente de ganarnos terreno. Este es nuestro peor enemigo. Mi yo negativo que pelea para que el bien no triunfe en mí. Por eso, te repito que no es fácil y que nuestro triunfo se lo debemos a las energías que adquirimos en la relación con el Señor. De ahí que nuestra única fuerza sea la oración de confianza y abandono en la fuerza del espíritu del Señor. Y desde ahí, somos capaces de afrontar los conflictos exteriores e interiores del día a día, construyendo espa­cios de felicidad en el trato ecuánime con los demás.

—Luego, según tú, todos tenemos una misión que cumplir.

 —Si. No hemos nacido por un simple hecho físico. Esta­mos aquí para ir construyendo la historia según nuestro destino. El matrimonio está llamado a colaborar en la prolongación de la especie al engendrar con responsabilidad, por eso es esencial­mente temporal, pero por encima de nuestra misión histórica, existe un absoluto eterno que es el único que puede saciar todas nuestras más profundas aspiraciones humanas y que sabemos que sólo se dará fuera de la historia, esto es en la otra vida, por eso, tanto el que se une a otro para prolongar la estirpe como el que opta por hacer suya la familia humana, han de ayudar a ir haciendo una sociedad digna, con proyección de eternidad.

—Entonces, si yo entiendo bien, esto de hacer una sociedad frater­nal, ¿no es vuestra meta?

— Así es. La vida presente es sólo un camino que desemboca en la vida eterna, donde no existen las limitaciones ni las frustraciones que tanto nos acongojan y los deseos que tanto nos cuestan aquí conquistar. Esa meta es la que nos da aliento y empuje para seguir aceptando todas las sorpre­sas existenciales. Creemos que allí resolveremos todas nuestras aspiraciones. Este es nuestro fin y la meta hacia donde queremos dirigir todos nuestros esfuerzos.

¡Me maravilla esta seguridad de creer las cosas tan extrañas!

—Pues sí, aunque a ti te parezca raro por lo novedoso, nosotros creemos en ello y tratamos de ser coherente con nues­tra fe. Porque entendemos que esas ansias que Dios ha puesto en lo más profundo de nuestro ser, no se puede saciar aquí por las limitaciones de nuestro cuerpo mortal, pero cuando nos haya­mos liberado de ello con la muerte, ya nada será obstáculo para alcanzar lo que con tanto anhelo aspiramos.

Todo esto precisa de personas que se ponen en camino, porque creen en posibilidades nuevas y se ejercitan en mantener viva la esperanza.

6 comentarios en “EL CAMINO

  1. Querida Mari Carmen:
    Agradezco tus elogiosas palabras sobre mis pobres escritos.
    He leído atentamente los tuyos que rebosan una fe inquebrantable de la que yo, para mi desgracia, carezco y me parecen llenos de sinceridad y buenos deseos.
    Un abrazo.

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  2. Buenos días, me alegro que mis escritos te sirvan de gusanillo para remover el nivel de tu fe. No olvides que la fe es un don que Dios da a quien se le acerca creyendo en su amor desinteresado. Él nos ama y espera ser correspondido. Lo demás se nos da por añadidura.
    Si, en esta novela, entre fantasía y experiencias, he querido plasmar mis reflexiones sobre la existencia humana.
    Te espero en mi próxima página
    Un saludo navideño
    Mary Carmen

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