GRATUIDAD

En cierta ocasión dejé a medias una conversación de M95 con Juan de la que ya comenté con dos entradas:

AMAR

MÁS ALLÁ DE LA VIDA

Hoy vuelvo a retomarla, pues he percatado que dejé una idea entre las dos que no quisiera renunciar de comentar, puesto que es uno de los capítulos más existencialista de la novela.

El dolor, el sufrimiento, la soledad, la muerte son situaciones humanas claves, que podemos estar experimentando de un modo especial en nuestras actuales circunstancias y que nos sitúa ante el sentido de la vida. A veces, los golpes son tan terribles que las personas pierden el horizonte y cuestionan el significado de su existencia. Por eso no he querido dejar pasar esta oportunidad.

Después de leerle el párrafo de la carta de S. Pablo (1Co.13,4-7), en la primera entrada, AMAR, M95 le pregunta a Juan:

¿Es esto como vosotros hacéis aquí?

—Esta es la norma de nuestra convivencia. Y aunque no siempre sale, hacia ahí queremos caminar. Entre luces y sombras personales y colectivas, queremos ser coherentes y nos esforza­mos por ayudarnos para hacer realidad en cada uno lo que aspi­ramos como grupo. ¿Qué colectivo humano no tiene fallos? Por lo menos somos conscientes de que este es el camino, y estamos abiertos a colaborar y compartir estas inquietudes con todo aquél y aquella que pretenda hacer de la justicia-amor la causa primera en la construcción de una historia de gentes felices.

¿Cualquiera persona?

—Toda la que sea capaz de trabajar convencida y gratuita­mente por transformar la sociedad a fin de dejar a las futuras generaciones una existencia más digna de llamarse humana.

Parece este plan tuyo muy difícil.

—Fácil no es, ya que te arriesgas a sufrir incomprensiones, mal entendidos, abandono incluso de los que más has pretendido ayu­dar… Por eso te he querido subrayar desde un principio que es una cuestión de amor gratuito y esto no todo el mundo lo entiende.

¿Y qué pasa cuando no entienden o no responden a vosotros?

—Entonces se pasa por la prueba de fuego del amor gratuito. Es uno de los sufrimientos más grandes. Sobre todo, si se vive la experiencia en soledad.

Explícame.

—Mira. El fracaso, el conflicto, la incomprensión, el desalien­to, el desengaño… Todo se supera si se tiene al lado el apoyo de un amigo sincero, de un hermano que te ayuda a llevar ese peso, que se acerca para compartir contigo esa carga, aunque sólo sea psicológicamente. ¿No lo has experimentado tú alguna vez? Se­guro que en alguna ocasión has pasado por esta experiencia de soledad o de apoyo ¿no?

Bueno… No sé… ahora, así de pronto… Todo esto es nuevo de pensar en mí. Yo nunca me pienso estas cosas… Pero dime, ¿qué pasa cuando no hay ese amigo y no poder hablar de eso con nadie?

—Entonces llegas a la culminación de tu categoría como per­sona. Si estás por encima de las respuestas humanas, incluso por encima de un consuelo lícito, si ante estas situaciones límites no desfalleces, es porque tus motivaciones se apoyan en el Señor, tu causa está más allá de esta vida, sino, no lo soportas.

Todos, tarde o temprano, experimentamos alguna vez una sensación espantosa de soledad. Yo creo que hay algunas zonas del hombre, algunos niveles, donde no podemos encontrar apoyos ni en los mejores amigos. Ese abandono, esa oscuridad, solo se supera, si ponemos los ojos del corazón en la presencia de ALGUIEN que nos de seguridad, que nos ofrece un amor gratuito. En ese momento de oscuridad máxima, de la soledad humana más absoluta, sólo podemos salir si escuchamos la voz de Dios y acogemos la mano gratuita de su amor que nos toma y nos llena de fuerza y energía para seguir creyendo en la vida. En esa hora de máxima soledad nunca estaremos solos, si sabemos conectarnos con lo TRASCENDENTE.

¿Más allá de esta vida? ¿Dónde?

—Ya te he dicho que, para nosotros la vida es un tiempo de paso, un camino que recorrer hacia una dimensión de eternidad que intui­mos aquí cuando experimentamos la felicidad que proporciona el ser protagonista de un amor gratuito, porque por encima de respues­tas humanas sabemos que hay un después, una respuesta infinita, eterna y gratuita. Donde reina el AMOR que no fallará porque Él nos amó primero y todo amor humano auténtico nos viene de Él.

Te veo muy convencido.

—Así es. Yo creo firmemente en que el AMOR procede de Dios, que Él me ama incondicionalmente, por encima de mi res­puesta y que su amor lo comparto con toda la humanidad porque todos somos sus hijos y de Él lo recibimos.

“porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado”

» ¿Cómo no entregar este amor que se me ha dado gratuita­mente, para que ayude a mis hermanos, a reconocer en ellos esta realidad interior que nos dignifica y nos hace tan grato a sus ojos?

¿A todos?

—Pues sí, aunque muchos lo ignoren, todos somos amados por Dios y estamos predestinados a una vida feliz que puede em­pezar aquí, pero por supuesto que tiene su culmen en la otra vida.

Entonces… ¿Tú creer en otra vida después de la muerte?

—Sí, la muerte es una realidad, pero nosotros la esperamos como una transición, aquí todo no acaba, es un paso hacia la auténtica vida, donde nada negativo tiene entrada.

¿Por qué estás muy seguro?

—Porque lo siento en lo más profundo de mi ser. Te lo voy a decir con un poema

Aunque la higuera no eche yemas y la viña no de más fruto, aunque el olivo olvide su aceituna y el campo no de cosecha, aunque se acaben las ovejas del redil y no queden vacas en el establo, yo esperaré en Dios y me gloriaré de que ÉL SEA MI SALVADOR”

¡Esto todo ser muy extraño! Yo soy muy confusa.

—Por supuesto que te puede resultar muy novedoso si no vives convencido de que hay alguien que vela por ti y no deja que sucumbas ante las incoherencias de la existencia humana. Tene­mos fe en el amor gratuito y misericordioso del Señor que nos conduce a un triunfo seguro y definitivo más allá de cualquier problema o dificultad temporal, por eso nuestro amor está por encima de la respuesta humana.

Esto es mirar la vida con otro sentido.

—Pues sí. Ya te he dicho que para nosotros esta vida no tiene la última palabra, es un caminar, más o menos acertados, más o menos convencidos, hacia una meta final. La auténtica vida por la que vale la pena jugarse todo, está en la otra orilla, al final, después de la muerte.

Todo esto tengo que estudiarlo. Nunca yo pienso así.

(Para ser fiel a la novela, el capítulo 6 se llama “Más allá de la vida” y esta entrada iría entre las dos entradas anteriores, terminando con el comentario que viene a continuación)

     Vamos a introducirnos en el diálogo de M95 con V71.

¿Cuál fue la reacción de V71 cuando escuchó esta conversación?

¡Me encanta escucharle! —comentó M95—, aunque he de reconocer que son muchos los términos que no alcanzo aún a captarle su auténtico sentido. Me parece adivinar que nuestros conocimientos existenciales son muy re­ducidos, que hay algo más allá de lo palpable, de lo comprobable, de lo que nos lleva a ver y tocar resultados. Nuestra cultura científica nos proporciona conceptos de una capacidad pragmática fabulosa, pero psicológicamente crecemos con un respeto temeroso por todo aquello que no entra dentro del campo de lo medible y demostrable, y preferimos dejarlo ignorado en el rincón más profundo del fondo de nuestra tras­tienda intelectual y vital. ¿Tú crees en que seguiremos viviendo después de la muerte?

Bobadas. No sé de nadie que vino de allá, y si nadie volvió después de morir… ¿quién te asegura que ciertamente hay algo?

Nuestros científicos están de acuerdo en mantener que la materia no se destruye, sólo se transforma.

Bueno, pero a eso es a lo que se reduce nuestro final, nos transfor­mamos en ceniza y dejamos de ser personas ¿no?

Quizás. Pero, puesto que se transforma, seguiremos existiendo.

¿A qué conclusión nos lleva todo esto? ¡Existiendo…! ¿Cómo sería esa nueva existencia?

Ahí está la cuestión ¿En qué nos transformamos? ¿Otra vida…?

¿Estás empeñada en que la muerte no es el final?

No se… Quizás tienen aquí razón y existimos para algo más allá de la muerte. Tal vez estemos aquí principalmente para prepararnos para lo que seremos más tarde.

Agente M95, volvemos a entrar en el terreno prohibido.

—Ya lo sé, pero déjame que te diga todo lo que tengo por dentro, aunque no tenemos por qué registrarlo oficialmente. Creo que he llegado a comprender, con buena lógica, que esta gente puede tener razón, que puede haber algo más allá de la muerte. Pero… ¿Qué? ¿En qué nos transformamos? En el fondo no me desagrada la idea de ser inmortal. Es la satisfacción de poder dar una respuesta a nuestro instinto de supervivencia.

—Creo que estás volviéndote loca con tanta filosofía de ese Juan.

—Bueno, pero estoy segura de que, si llegara a comprender mi destino, en relación con una vida más allá de la muerte, ante ­pondría mis intereses eternos al de ver cubiertas mis necesidades cotidianas.

—Todo esto me está empezando a poner nervioso. Te lo repito, te es­tás desviando demasiado y puede ser peligroso. Pero, aunque no quiero que te lo tomes como un precedente te diré que, he oído comentarios de que existe en nuestra sociedad un grupo de estudiosos que, basándose en la física cuántica, suponen que nuestra existencia después de esta vida no desaparece. Como tú sospechas nos transformamos.

—¿De verdad? ¡Explícate!

—Sí, dicen que cuando nos morimos, el individuo desaparece como tal, pero pasamos a formar parte de un todo. Algo así como un mar. Seremos las gotas que forman el océano de la otra vida.

—¿Estás seguro de lo que dices?

—Yo no estoy seguro de nada. Me he limitado a informarte de algo que se rumorea por los pasillos de los científicos.

—No me hace mucha gracia el perderme en la inmensidad acuá­tica sin distinguirme del vecino. Prefiero pensar que mantendré mi personalidad en la perfección.

—Bueno, esto como lo otro, son teorías de imaginaciones calentu­rientas, puesto que nadie ha venido del más allá y nos ha informado. La muerte es la única realidad. A los hechos me remito. Las personas siguen muriéndose y los cuerpos desintegrándose desde ese suceso.

—¿Es esto toda la verdad? ¿Por qué no puede ser este hecho una mera transición? ¿Un paso hacia otra existencia distinta y desconocida? ¿Como el gusano que pasa a ser mariposa?

—¡Ya está bien!, dejemos esta estúpida conversación. El que primero se muera que venga a contarlo y así saldremos de dudas de una vez por todas.

“Cada uno ha de decidir cómo quiere vivir y cómo quiere morir. Yo creo y confío en que el misterio último de la realidad, que algunos llamamos “Dios”, otros “Energía”, otros “lo Trascendente” y otros “nada”, es un Misterio de Bondad en el que todos encontraremos la Plenitud de nuestra existencia. Un día, esa felicidad plena que todos anhelamos se hará realidad. Ya no habrá muerte ni dolor. Nadie estará triste, nadie tendrá que llorar.” José Antonio Pagola 25/03/2020

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