INTERIORIDAD

A menudo nos preguntamos por el sentido de la vida, si es posible transformar la realidad cotidiana, si las circunstancias pueden limitar mi autonomía y libertad… quizás no encontremos fácilmente respuesta a las sencillas preguntas de ¿quién soy yo? ¿cómo actuar correctamente según mis intereses más profundos? Múltiples interrogantes de más o menos trascendencia salen al encuentro de nosotros mismos y quizás también muchos silencios por respuesta.

Creo que ha llegado el momento de encontrarnos con el ‘yo profundo’ con nuestra interioridad y para ello te propongo que terminemos la conversación que comenzaron Juan y M95 donde esta le descubre sus inquietudes más existenciales.

Créeme que mi vida ya está cambiando, con tanto como me estáis enseñando en estos meses que estoy con vosotros.

 —Me alegro de que así sea. Con esto verás que el Señor ya te está hablando.

—¿Tú crees esto?

—Por supuesto que sí. Lo que pasa es que aún no sabes ponerle nombre a estas sensaciones nuevas que estás descubriendo en las relaciones que vas teniendo con todos nosotros.

—Supongo que así es.

—¿Nunca has tenido la impresión de que una fuerza interior te impulsa a hacer algo positivo?

 —Seguro, pero no me sé explicarlo con vuestras palabras.

—Bueno, pero eso significa que ahí está la fuerza potencial de tu energía espiritual, y que debes estar atenta a sus impulsos si de verdad quieres meterte en este camino de conquista de tu bien interior. Pero tienes que saber que esto va más allá de lo que tú puedes intuir a la luz de tu inteligencia, es alguien que te está guiando en tu interior que se te insinúa pero que respeta tu libertad.

—¿Qué pruebas que todo esto es verdad?

—Bueno, yo estoy completamente seguro de ello. Así lo siento, lo creo, lo vivo… ¿Pruebas? … ¿Las hay?… Esto no se puede comprobar con los ojos, ni con razonamientos de causas intelectuales… ¡Y qué! Lo que le falta al mundo de hoy es ese enlace entre lo material tangible y probable y lo espiritual que está en otra dimensión no medible. ¿Pruebas? Yo no las necesito, pero me va mejor que a muchos de los que no han descubierto lo transcendente de la persona humana. Es aquí donde tienes que plantearte tu existencia. Este es un proceso personal y una determinación individual, en el que cada uno tiene que hacer un vacío interior de sus prejuicios y lanzarse a bucear en lo más profundo de esta maravillosa aventura existencial.

—Voy a ser sincera. Me gustaría creer en lo de siempre, en lo que me han enseñado. Veo que mis conocimientos me hacen caminar por una dirección de ideas distintos de vosotros, pero desde que estoy viviendo por aquí me estoy confundida. Tengo muchos de sorpresas y temores, y lucho por seguir a mi vida de siempre, por saber que allí está la verdad, pero ahora quiero decir que empiezo a ver la verdad en vosotros, pero me gustaría que no lo sea, que sois vosotros los equivocados, pero veo que no es eso. Cada vez que hablo con alguno de vosotros entiendo más que no puedo seguir pensando lo que siempre he creído que era la única verdad de la vida humana.

—¡Uf! ¡Qué bien te has expresado!

 —Tenía tantas ganas de decirlo, que me ha salido como un chorro de sangre de una herida abierta.

—Está bien. Tómalo con calma. Es bueno que vayas descubriendo nuevos conceptos existenciales sin poner ninguna resistencia. Las preguntas transcendentes hay que hacérselas con temor y temblor, pues rozamos el misterio y hemos de ir iniciándonos en este camino.

—Bueno, yo tengo mucha ignorancia de esto. Yo estudié el significado de Dios a través de la historia. Sé que unas culturas lo ven como un ser que da la vida a cuanto existe; otras creen que somos prolongación de él mismo, creo que son los panteístas; otros creen la doctrina de Platón que dicen que Dios es el arquitecto del Universo; también Newton y Leibnitz dicen que el orden del mundo es porque Dios trabaja como un relojero, o como un omnipotente ingeniero que hace funcionar todas las cosas según sus planes; otros dicen que Dios es la causa de todo el universo, es el creador, el principio y el fin de todo lo que existe; en otro lugar también tratan de llegar a él definiéndole como el ser que tiene todos los atributos de la existencia terrena: la belleza, bondad, justicia… Bueno, no sé cuántas más razones. Pero todo esto es distinto a lo que vosotros me habéis hecho sentir. Vuestro Dios es un Dios íntimo y cercano que invita a una relación personal

—Sí, esto es parte del misterio. Dios, aunque se presenta muy cercano, no deja de ser un ser superior que nunca podremos abarcar y comprender. Todas esas teorías son pruebas de que a lo largo de la historia el hombre ha tratado de entenderlo y explicarlo, pero somos demasiado cortos de mente para abarcarlo y por eso siempre nos desborda. Pero el camino para llegar a él no consiste en estudiarlo como si de una investigación científica se tratara. Nos podemos pasar toda la vida intentando conocerlo sin éxito, a lo más llegar a la conclusión de que no depende de nuestra capacidad intelectual o de una falsa comprensión, sino de que él es un ser libre y como tal manifiesta su intimidad como quiere y a quien quiere. Es su secreto que se lo oculta a los sabios e inteligentes pero que se lo revela a los de corazón sencillo y confiado.

—¿Tú crees que es así?

 —Yo creo que nadie puede entrar en el misterio de Dios sin haberse sentido expresamente invitado. Por todo esto hemos de situarnos ante él como delante de una persona que nos ofrece tomar parte en su impenetrable intimidad descubriéndonos su amor secreto.

—¿No es esto una explicación muy bonita?

—Pues sí. Ten siempre presente que esta relación parte de él y que el gozar de la experiencia de su presencia se mide en términos de intimidad. Es él que se acerca gratuitamente a sus hijos, cuando quiere y como quiere. Porque nuestro Dios nos invita a participar no sólo en una relación de amistad, sino que, como Padre que es, nos llama a tomar parte de su familia que está formada por toda la humanidad, por eso el que no descubre esa filiación difícilmente podrá abrirse a la auténtica relación fraterna.

—¡Esto suena a muy compromiso!

—Así es. Pero el deseo ya es señal de que él está moviendo tu corazón para que lo busques y te dispongas a relacionarte con él. Es el Señor quien sale a nuestro encuentro, quien nos busca y nos desea, como un padre a quien se le ha marchado el hijo y lo espera y lo acoge sin reproches, con gestos de gratuidad, por encima de nuestras respuestas.

 —Este aspecto de Dios nunca lo pensé.

—Pues es uno de los cimientos más profundo de nuestra fe. Y es lo que más nos mueve a la confianza. Dios es padre y así se comporta con todos nosotros. Escucha lo que nos dice en el libro:

¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella llegase a olvidar, Yo no te olvido.

» ¿No te parece hermoso? Este es nuestro Dios. Un ser lleno de cariño y ternura. Por eso en otro lugar puedes leer la oración de un creyente que no duda en afirmar:

Si mi padre y mi madre me abandonan, El Señor me recogerá.

 » Y es que, en cualquier circunstancia, el creyente sabe que la mano paterna y materna del Señor nunca le va a faltar. Sentimos su presencia amorosa en el silencio de nuestra intimidad aun en los momentos más dolorosos y solitarios. Aun en la pérdida de los afectos más queridos, no nos sentimos totalmente desamparados, porque sabemos que Dios se inclina misericordioso y comprensivo llenando nuestra amargura con un gozo que tiene sabor a eternidad.

—¿Tú crees que esto es fácil para yo llegar a sentirlo así?

—¿Por qué no? Ya te digo que estás dando los primeros pasos para este encuentro. Esto es un proceso personal, cada cual avanza según sus potencialidades y su disposición franca y autónoma. Pero ten en cuenta que no se trata de una decisión voluntarista, sino de reconocer su presencia en ti. De saberte habitada por dentro, de descubrir que es él el que quiere hacerte una nueva criatura y que sólo espera tu decisión libre de convertirte en colaboradora de su obra, para que así, todo tu ser, con todas tus facultades movidas por la acción de Dios y tu libertad, conquistéis juntos esa batalla interior. Por tu parte has de intentar corresponder a su amor con una actitud de súplica confiada, segura de que es él quien te impulsa desde dentro a desprenderte de tu ser anterior, egoísta y pecador para lanzarte a amar a Dios y a los hermanos.

—¡Qué descubrimiento!

—Yo creo que estás en una disposición muy positiva para empezar la experiencia del encuentro, pero no me preguntes cuando se dará.

—-Al menos supongo que me daré cuenta cuando pase ¿no?

—Supongo que sí. Se trata de estar atenta. Es un proceso que invade suavemente todo nuestro ser y lo vamos descubriendo en nuestra mente, nuestros sentimientos, nuestras resistencias… todo tu yo. Y llegará el día en que, sin saber cómo ni por qué, te pararás a contemplarte y te reconocerás como una mujer nueva, con nuevos ojos y nuevos oídos ante la realidad humana y la vida toda, en busca de nuevos horizontes. Es entonces cuando caerás en la cuenta de que ha llegado el momento de sabes que tu existencia ha de ir por un camino distinto, por el que tienes libremente que optar generosa y gratuitamente, si quieres embarcarte en esta empresa de colaborar en construir una historia distinta, con la esperanza de que estamos avanzando con él hacia una nueva humanidad que tiene su meta en la otra vida.

 —Pero todo esto es un vivir muy distinto.

—Así es. Esto no es un mero cambio de mentalidad, se trata de algo más profundo, que afecta toda la persona, al sentido de tu vida personal y social, a tus valores, tus criterios, tus centros de interés, tus…

Nos interrumpió una llamada telefónica. Sin duda era una noticia mala por la expresión de Juan. Cuando colgó me dijo:

—Uno de nuestros muchachos ha sufrido un accidente laboral y está muy grave en el hospital. Me disculpas ¿verdad? Creo que debo acercarme allí sin perder tiempo.

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