¿A QUÉ PROGRESO ASPIRAMOS?

Estamos hoy sin duda, ante un cambio de la vida, ante una sociedad que va a contar con antes y después de la pandemia. Hemos de ir haciéndonos a la idea de esta nueva realidad; no son unos días malos que pronto terminarán y aquí no ha pasado nada, sí está pasando, ¡son muchos meses! y a medida que transcurren los días se nos van abriendo nuevos caminos, muchos interrogantes, nuevas exigencias que hemos de ir poniéndoles nombres e ir haciéndoles un hueco en nuestra existencia.

Aunque lo que hoy te traigo de la novela no deja de ser una supuesta fantasía futurista, no viene mal el pensar que, si no mantenemos los valores culturales hasta ahora cultivados por una educación integral de toda la persona, podría llegar el caso de mutilar las mentes de las nuevas generaciones y desarrollar en ellos sólo la parte pragmática y materialista de sus capacidades cognoscitivas.

Después de un diálogo de M95 con Andrés sobre el desarrollo integral en la educación de los alumnos, ella comenta a su compañero

—¿Qué te parece todo esto? También en nuestros programas intelectuales es una prioridad la eficacia de la técnica y de las ciencias pragmáticas como centro de nuestro desarrollo intelectual. Quizás en esa cultura ya empezaban a detectar esta realidad tan necesaria para el progreso científico de la humanidad.

—Es verdad. Siempre han insistido nuestros profesores en que la única verdad aceptable es la ciencia experimental, sólo lo tangible y evidente es lo real y ante las decisiones éticas el único criterio válido es la utilidad.

—Pero ahora pienso que quizás nos están privando de otras dimensiones humanas que aquí saben valorar y que es una riqueza para cualquier persona.

—No olvides que nuestra generación posee de una bonanza nunca disfrutada en etapas históricas anteriores.

—Si, ya sé que la tan proclamada democracia conquistada en esa época fue desapareciendo por el individualismo y el olvido de luchar por el progreso social. Pero, ¿qué modelo de sociedad es la perfecta? ¿A caso crees que es la nuestra?

—¿Por qué te empeñas en ver fantasmas en todo lo nuestro? Ya te he dicho que no quiero que te metas a consideraciones que nos lleven a cuestionarnos los planteamientos de nuestra civilización. No hay verdades que pueda interesarnos fuera de lo científico y lo pragmático, así que ves con cuidado.

—Tengo que admitir que hemos alcanzado una buena altura técnica y productiva. Pero ¿por qué nos limitamos a sólo eso? ¿Es bueno reducir nuestras capacidades intelectuales al desarrollo de sólo esa dimensión humana? ¿No te parece más completa esta visión existencial que aquí tratan de desarrollar? ¿Es realmente lo nuestro un avance? ¿No sería más completa una formación, como aquí la llaman, de una educación integral que abarca todas las capacidades de la persona?

—Si quieres que te sea sincero, (y esto ha de ir fuera de la información oficial), me sorprende las actitudes de esas personas para enfrentarse con los problemas que les podría plantear su organización gubernamental, pero está por ver como terminaron, pues aún no hemos descubierto ninguna cultura que conquistara el dominio de la naturaleza como la nuestra, por eso nuestra civilización suplanta a todas las ideologías anteriores.

—Bien, pero, por otro lado, deberíamos ser suficientemente lúcidos para darnos cuenta de que el progreso técnico no puede ser el fin de la persona.

—Somos hijos de una nueva espiritualidad donde nuestro dios es la misma Naturaleza a la que adoramos descubriéndola y desarrollándola hasta el límite de nuestras capacidades existenciales. ¿No te basta esto?

—Todo esto es cierto, pero lo que a mí ahora me preocupa es el pensar cómo hemos cambiado la humanidad. ¿Dónde quedaron las figuras del filósofo, el ideólogo, el crítico? ¿Qué rigor intelectual tenemos a parte del científico? ¿Por qué no sabemos disfrutar de lo bello, lo artístico, …?

—¿A caso no has oído mil veces que eso es una pérdida de tiempo, que son reminiscencia de culturas subdesarrolladas?

—Pero, si eran personas como nosotros con la misma capacidad de acertar y errar, ¿por qué nos sorprendemos ante la manera tan peculiar de enfrentarse con la vida?

—Tendremos que estudiarles más, en algún rincón de su realidad descubriremos el secreto de su fallo existencial.

—Yo creo que no estamos lejos de ello. Aunque empiezo a dudar también de la capacidad absoluta de nuestro mundo. Sí, hemos conquistado una buena altura en la eficacia técnica y productiva, ¡y qué! ¿Aquí termina nuestro concepto de progreso? Me temo que, a fuerza de desarrollar el cerebro, hemos atrofiado el corazón.

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