LA MADRE

Terminemos este capítulo con un tema que ya hemos tocado en otras ocasiones, pero que ahora lo vemos en su auténtico contexto. Se trata de conocer los acontecimientos que llevaron hasta el presente la realidad de María y su hijo.

—Al año de estar trabajando en la radio, me casé y nos vinimos a vivir aquí donde ya vivía Santiago. Cuando María y Toni contrajeron matrimonio, nosotros ya teníamos una niñita de año y medio. Ellos se mudaron al 8º A y juntas volvimos a marchar cada mañana al trabajo. Toni estaba, por aquellas fechas, preparando unas oposiciones judiciales y se pasaba largas horas del día entre bibliotecas y la audiencia. Al cabo de unos meses recibimos dos buenas noticias, él aprobó las oposiciones y ella esperaba un bebé. El tiempo transcurría sin novedad. Un día, faltaban sólo dos meses para salir de cuentas del embarazo, María me comunicó que Toni estaba haciendo una investigación muy delicada sobre el tráfico de drogas en nuestro país. El asunto era muy serio, pues se sospechaba que había implicada gente de altos cargos, por ello había que llevarlo con mucho sigilo. Con este motivo, dado que el centro de las sospechas se encontraba en el norte del país, comenzó a ausentarse de la ciudad. Durante ese tiempo, María compensaba sus ausencias comunicándome su relación con su bebé. Fue entonces cuando descubrí una nueva faceta de su interioridad. ¡Qué mujer más tierna y profunda!

‘Lo sé tan mío —me decía—, que llena todos los confines de mi existencia. No sólo lo llevo en mi cuerpo, sino en mi corazón y en mi mente. Me siento portadora de algo tan grande que estaría todo el día absorbida por su presencia. Sólo el pensarlo me estremece. Desde que lo sentí en mí por primera vez, mi vida tiene un único motivo acogerle y darle vida. ¿No te pasó a tí lo mismo?

 ‘No sé —le respondí—. Quizás yo sea menos sensible… más prosaica… nunca se me ocurrió pensar así esta realidad. Por supuesto que es hermoso, pero creo que tú lo vives con un entusiasmo distinto y más bonito.

 ‘Pues yo —me confesaba con gran emoción—, le he creado un precioso lugar en mi interior y le nutro con lo mejor de mi vida. Cuando encuentro algo hermoso, trato de transmitírselo a través de ese alimento misterioso con que le voy haciendo crecer dentro de mí. En el silencio de las noches, le cuento lo bonita que es la vida, lo hermosa que es la naturaleza, lo bello que es el mar y lo deseosa que estoy de que contemple todo esto con sus propios ojitos.

» Y así me iba comunicando sus vivencias de ser madre.

 ‘Estos días en los que falta Toni —prosiguió en otra ocasión—, los vuelco más en atenciones hacia mi bebé. Le pongo música suave y melodiosa mientras estoy trajinando por la casa y cuando reposo, lo arrullo en la mecedora y le digo palabras tiernas llenas de deseos de estrecharle con mis brazos. Estoy ansiosa por oírle, ver cómo se llena la casa con sus llantos y sus gorgojos infantiles, sentir su vida fuera de mí, comentar con Toni su crecimiento cotidiano. Sueño con la deliciosa experiencia de poder juntos compartir nuestra paternidad. La casa será otra cuando nazca.

—Los meses iban pasando. Una noche en la que Toni había regresado de uno de sus viajes de incógnito, cenamos los cuatro aquí en casa. Recuerdo que la conversación terminó centrándose en su profesión. Santiago le preguntó:

 ‘¿De verdad crees que el juez es libre ante las presiones políticas?

 ‘Sin duda que el ejercicio de la jurisdicción tiene ese riesgo, que muchas veces resulta una losa aplastante. Por una parte, como cualquier ciudadano, él tiene el derecho a un pensamiento político del color que juzgue más de acuerdo con su modo de enfocar la vida, pero el peligro está cuando el poder político quiere manipularle y coacciona su libertad ante su propia decisión.

 ‘El juez que regresa a la judicatura, después de haber ejercido un puesto político, ¿no puede parecer sospechosa su parcialidad? —le pregunté.

 ‘Puede ser, pero de lo que se trata es de defender la independencia judicial. El juez jamás puede resolver una cuestión política, su tarea es el caso jurídico, y las respuestas políticas nada tienen que ver con una responsabilidad penal.

»De pronto María nos interrumpió.

 ‘Creo que me ha llegado la hora… lo presiento… tengo unas fuertes molestias…

» Toni saltó de la silla como si se hubiera sentado en el fuego y corrió hacia ella.

‘No te preocupes vida mía. Relájate. Ahora mismo nos vamos a la clínica. Precisamente he tenido que dejar el coche fuera, porque la puerta del garaje no funcionaba —le iba comentando mientras le ayudaba a ponerse en camino—. Mira por dónde, esto nos va a ahorrar unos minutos. ¡Con las pestes que he echado por este inconveniente de no poder guardar el coche!

‘Tengo que ir a coger el maletín —advirtió María.

‘Sin problemas. Id llamando al ascensor que nosotros nos ocupamos de lo demás.

 ‘Gracias, pero no hace falta que os molestéis —comentó Toni—. Mañana tenéis que madrugar y ya es muy tarde.

 ‘Tú ayuda a tu mujer y no te preocupes de nada más —le ordené.

 ‘Ana, he dejado el maletín en el dormitorio al pie de la cama.

 ‘Tranquila, deja todo en mis manos. Ahora mismo os seguimos.

» Mientras recogía el maletín. Santiago fue a ver si nuestra hijita estaba dormida. No tardaríamos mucho —pensaba—. En cuanto la ingresaran nos volveríamos. Pero quizás convendría que alguien se quedara con el primerizo y nervioso padre.

» Estábamos a punto de salir de casa cuando un ruido espantoso interrumpió mis pensamientos. Santi y yo nos miramos. Casi adivinamos lo ocurrido. ¿Había sido una explosión? Salimos disparados. Parecía que el ascensor se resistía a llegar a la planta baja. Llegamos. Había fragmentos del coche esparcidos por toda la calle. Los trozos de vidrio en el suelo, parecía como si hubiera caído una espesa granizada. Alguien estaba cubriendo uno de los cuerpos con una manta y un poco más allá, en la misma acera, había un grupo de gente hacia donde nos dirigimos. Vi a Marta arrodillada, tratando de sacar al niño de entre las piernas de la madre inconsciente. Al parecer, con el golpe expulsó al bebé.

  » Casi al mismo tiempo llegaban un coche de policías y una ambulancia. Los agentes mandaron a los vecinos que nos retiráramos. Marta se presentó como enfermera y pidió que le ayudaran a terminar su trabajo. En cuanto el parto estuvo en condiciones, trasladaron a la madre y al marido, junto con Marta y el bebé al sanatorio.   

 » Al día siguiente, en cuanto dejé a mi hijita en la guardería, me acerqué al hospital. Yo había informado a la radio de lo ocurrido, en cuanto desapareció la ambulancia y la policía. Por lo pronto pedí aquella mañana libre.

» Del resultado de aquel desastre, perdimos a Toni, María está en una silla de ruedas paralizada desde la cintura. Y el niño ya lo has visto. El golpe le dañó el cerebro. Todo esto fruto de la implicación corruptiva de algunos políticos en la delincuencia organizada del país, tras los cuales andaba Toni en aquel momento.

Bebió un sorbo y continuó.

—Ya han pasado casi ocho años y María, poco a poco se va haciendo más cargo de su situación. Ahora formamos una sola familia. Hemos abierto una puerta que comunica las dos viviendas y se ha adaptado una habitación para que María pueda desde casa seguir trabajando. Para ello hemos instalado una emisora conectada con la central, y desde aquí participa en nuestras tertulias interviniendo con soltura, como si estuviera presente en el estudio. También prepara algunos programas y es nuestra mejor oyente crítica. Yo por mi parte, aunque siento haber perdido una compañera de calle, sigo en busca de la noticia más interesante. Es un trabajo que a veces resulta agotador, porque hay que patear mucho al mismo tiempo que no podemos perder el contacto con todas las unidades móviles de la ciudad para ponernos en movimiento hacia el menor indicio de algo que valga la pena investigar. Una llamada puede ser una información de primer orden y hay que saber estar alerta a ella. Por otra parte, si estás presenciando algo que te parece debe de ser transmitido a la emisora, te ves obligada a conectar e informar en directo, lo que supone que, por querer dar la noticia en el mismo instante, pierdes la perspectiva del conjunto, arriesgándote a ser parcial en tus percepciones. Este riesgo no se tiene cuando se trata de informar por medio de un artículo en el periódico, ya que se redacta después de haber sido testigo directo de todo el hecho y de haber consultado con otros sobre causas y efectos. Esta es la ventaja de la prensa, se tiene la oportunidad de recrearse en la noticia y de poder aportar tu análisis crítico después de haber reflexionado sobre el hecho. En la radio cubrimos esta limitación con las tertulias, que solemos prepararlas María y yo, con las noticias más relevantes de la jornada, pero la información en directo hay que contarla tal y como se está produciendo

A continuación, pasamos a saludar a María. Estaba en una cabina radiofónica separada por una mampara de cristal de la habitación del niño que, de espaldas a nosotras, frente a la televisión, veía una película de dibujos animados. Ella escuchaba la radio con unos auriculares que se quitó cuando entramos. Me maravilló la naturalidad conque me recibió, sentada en su silla de inválida delante de una mesa llena de papeles donde hacía sus anotaciones y comentarios.

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