La esperanza del cambio (3)

Terminemos este capítulo tocando dos temas: la globalización y la conversación que, a raíz de todo esto, tuvieron M95 y su compañero el agente V71

—Una última pregunta. ¿Qué piensas de la globalización?

—Bueno, este es un tema muy complejo, con consecuencias éticas muy importantes, pues la actividad económica no puede dejar de considerar el bienestar de toda la humanidad, por lo que se trata de buscar nuevos caminos para llegar a un desarrollo justo y sostenible, especialmente a favor de los países menos favorecidos. No se puede hablar de grandes avances en este campo cuando se siguen muriendo gente en muchos lugares del planeta por falta de alimento y atención sanitaria. Por eso yo soy partidario de la creación de organizaciones internacionales de control y guía, para que orienten la economía hacia el bien de todos los pueblos.

—¿Tú crees que la globalización es solo al campo económico?

—No, aún más, pienso que toda acción colectiva, del campo que sea, tiene que ponerse en favor de todas las personas del planeta. Cualquiera que sea el sistema, la organización social o económica ha de favorecer efectivamente la justicia y la solidaridad en favor de cualquier ser humano.

—¿Tú piensas que es la globalización para un mundo mejor?

—Todo depende de la orientación que los implicados quieran darle. El incremento de la producción, la difusión de las nuevas tecnologías, las buenas relaciones comerciales y culturales a nivel planetario, las buenas intenciones de favorecer la paz y la solidaridad entre los países, la fuerza con que se trata de aplicar los derechos humanos… son rasgos positivos que sin duda ayudan a construir una historia más humanizadora.

—¿Y ves algo negativo?

—Pues si, también hay el peligro de que se creen organizaciones mercantilistas donde se marque más las diferencias económicas entre los países, la forzada e injusta competencia, organizaciones internacionales en manos de intereses particulares, grandes poderes que configuren monopolios. Por otra parte, existe el peligro de uniformar los modelos culturales anulando las autonomías nacionales, el surgir de redes globales de terrorismo, droga, explotación de las emigraciones…

—Ya veo que es muy grande y complicado el campo de actuar.

 —Así es. Pero no soy de esos que atribuye a la globalización todos los males del mundo, pues ya se van viendo resultados positivos que hay que ir fomentando y motivando para que crezcan. Necesitamos pasar por encima de posiciones simplistas y enfocar nuestra atención sobre lo positivo que nos puede aportar este nuevo signo histórico. Creo que puede tener éxito cuando todos disfruten de sus beneficios.

—Todo esto es un programa de muy compromiso.

—Si, pero en lo que respecta al modo de enfocar nuestra responsabilidad social es mucho más profundo, porque sabemos que se nos ha dado este mandato de construir la historia presente con las actuales herramientas. Y si somos coherentes hemos de estar dispuestos a sacrificarlo todo, hasta la vida, para ser fieles a nuestra misión existencial.

M95 se está haciendo muchas preguntas que van más allá de lo tangible y sensible. Más allá de lo evidente y temporal. Le interpela el vivir de este colectivo humano y reclama respuestas. ¿Llegará a descubrir el sentido último de la historia? Por de pronto, aquí le dejamos hecha un mar de interrogantes.

—Entre unos y otros, nos van ayudando a ir comprendiendo esta realidad. Al parecer actúan en los diferentes campos de la sociedad cultural, política y económica.

—Si, vamos conociendo y valorando las características de este contexto sociocultural, los fenómenos de influencia filosófica que motivan sus comportamientos. Su presencia en las diferentes estructuras cívicas es muy comprometida, procurando ser siempre portavoz de los derechos de todos los ciudadanos. Pero ya sé que su última motivación es el compromiso que han adquirido al saberse implicados en la empresa de ese misterioso S. H., al que llaman el Señor y que según ellos tiene un plan que dicen va más allá de la Historia.

—Todo esto suena extraño y fantasioso.

—¡Si pudiera ponerme directamente en contacto con él! ¡Tengo tantas preguntas aún sin respuestas!

—¿Por ejemplo?

—Pues… por ejemplo ¿cuál es el verdadero sentido de la historia de la humanidad?

—¡Qué pregunta más transcendente!

 —¡No te burles!

—Ten cuidado con tus impulsos, no te entusiasmes con tanta vehemencia. Recuerda que las grandes ideologías religiosas no colmaron las expectativas de sus creyentes, más bien les llevó al fanatismo y a la guerra en nombre de su dios. ¡Cuántas guerras santas han llenado la tierra de sangre y la historia de odio!

—Es cierto, pero parece ser que aquí no es el caso

—Bueno, algo habrá que no nos convenza.

—Puede ser, pero creo que hemos descubierto algo que no nos puede cegar ante una verdad que parece tenemos olvidada.

 —¿A qué te refieres?

 

—Pues a que la vida no se puede reducir sólo a las cosas que captamos a simple vista. Ahora veo que esto no es la única realidad, hay algo más allá. Pero si somos todos de la misma naturaleza ¿por qué nos comportamos con unas respuestas tan distintas? ¡Aquí falla algo! ¿Quién está en lo cierto? ¿Cuál es el camino correcto? ¿Acaso hemos de recuperar los criterios existenciales de esta gente y que parece que nuestra civilización ha perdido?

—M95, te lo repito no te metas a filosofa, no es tu cometido.

—Pero creo que todos tenemos derecho a descubrir la verdad. Esta es una aventura que implica no sólo a la inteligencia y a las emociones, sino que requiere una escucha interior que nos hace trascender, que nos lleva más allá de los meros instintos y sensaciones por los que hasta ahora hemos funcionado. Entiendo que hemos sido educados en un nivel muy superficial que nos lleva a tomar decisiones muy poco comprometidas existencialmente, pensamientos débiles, meras opiniones, simples datos… Creo que hemos de dar el salto a otra dimensión olvidada, la dimensión del espíritu

 —¡Sí…? Bueno… ¿y qué?

—Pues que ya no puedo conformarme con meras opiniones que nos hacen esclavos de la manipulación arbitraria de los más fuertes. Necesito respuestas más inapreciables, más profundas.

—Me parece que lo único que vas a conseguir es complicarnos la vida a los dos. Tú por tanto discurrir y yo por consentírtelo.

—Bueno, todo esto bien puede ser el precio de la conquista de nuestra libertad ¿no?

 —No sé, es un riesgo muy grande que no me atrevo a asumir. Es verdad que yo tampoco me he planteado estas cosas hasta ahora. Quizás nunca se me había presentado la ocasión, pero se nos está complicando la vida con tanta novedad sobre el sentido de la existencia humana, con opiniones tan distintas a lo que estamos habituados a escuchar. Sinceramente, no quiero meterme en este juego.

—Pues yo sigo teniendo muchas preguntas: ¿Qué puede haber de cierto en una utópica eternidad? ¿Es posible que esta no sea la única vida que vamos a vivir? ¿Cuál es el fin de nuestra existencia? ¿Tenemos un futuro más allá de la muerte o (como se nos dice) somos puro producto genético con una finalidad meramente física?

—Todo esto suena inquietante, pero te insisto en que es muy peligroso buscar respuestas.

—Sinceramente, me siento aturdida ante la exigencia de replantearme el significado de mi propia existencia humana. ¿Por qué existo realmente? ¿Qué sentido tiene mi vida? ¿Para qué he nacido?

—¡Quieres dejarlo ya!

—¡No puedo! ¡Se me ha metido en mis propias entrañas! Al menos déjame que te lo verbalice.

—Tú verás lo que haces, ya te digo que no quiero verme implicado en tu locura.

—Llámalo como quieras, pero recuerda que esta gente afirma que la existencia actual es un recorrer un largo camino hasta la puerta que nos separa de la auténtica vida, que se nos promete eterna y feliz desde que cruzamos definitivamente el umbral del más allá, después de la muerte.

—Mira, si esto fuera cierto, ya la humanidad con tantos siglos de pensamiento tendría menos respeto a la llegada de esa hora, ¿quién ha vuelto del otro lado de esa puerta que se supone es la muerte, para tener esa certeza?

 —¡Otra pregunta para hacer! Pero sólo sé que esta es la primera vez en mi vida en la que me he parado a reflexionar sobre esa posibilidad. A medida en que me voy metiendo en esta sociedad me veo impulsada más y más a confrontar mis últimas razones existenciales.

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