¿seguimos soñando?

Andrés sigue contando a M95 su extraordinaria experiencia al encontrarse con ‘el misterio’ aquellos días en el que se le reveló su misión

»Una noche que paseaba por el campo después de cenar, gozándome en el placer de la brisa y de la soledad del campo desierto a aquellas horas, me sorprendió, a corta distancia, una luz extraña. Me acerqué a ella, y cuando estaba a un par de metros, la luz se fue agrandando hasta que quedé dentro de ella. Mi reacción primera fue tratar de huir, pero mis pies no respondieron y quedé como pegado al suelo enfrente de un hombre que me extendió su brazo y sin violencia me tomó de la mano y me llevó hacia una puerta que yo no había visto hasta ese momento. La verja se abrió automáticamente en cuanto pisamos el umbral.

»¿Qué hacía yo allí? ¿Por qué no ponía resistencia? ¿Hacia dónde nos dirigíamos? Estaba muy confuso, pero no sentía ninguna inquietud.

»Por fin llegamos a una gran sala inmensamente iluminada

Durante la visión miré que colocaban unos tronos.

Un anciano se sentó. Su vestido era blanco como la nieve;

Su cabellera, como lana limpísima Su trono, llamas de fuego;

Sus ruedas, llamarada; un rio impetuoso brotabas delante de él;

Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes

»Yo no sabía si estaba soñando o despierto. ¡Me parecía todo tan irreal y absurdo! »¿Dónde estaba realmente? ¿Era aquello un sueño o una ilusión? »Seguí mirando. Y en mi visión nocturna vi venir

Una especie de hombre entre las nubes del cielo.

Avanzó hacia el Anciano venerable

y llegó hasta su presencia

»Yo estaba realmente confundido, no podía salir de mi asombro, estas visiones me espantaban. No cesaba de preguntarme si todo aquello estaba sucediendo de verdad.

 »Miré a mi alrededor buscando una explicación, una salida… algo que me sacara del estado en el que me encontraba. Sentía la urgencia de situarme seguro ante este evento que desbordaba mis esquemas mentales.

 »Me sentía agitado por dentro, y me turbaban las visiones de mi fantasía.

»Me acerqué a uno de los que estaban allí en pie y le pedí que me explicase todo aquello. Él me contestó exponiéndome el sentido de la visión: ‘

‘Esto es el fin. Así ha de concluir la historia de tu mundo. Ese que ves delante del Anciano es S.H. –El Señor de la Historia-, el cual es imagen de Él-Ser y su propio Hijo. Para S.H. Él-Ser ha hecho todas las cosas y todo tiene que ir caminando hacia su propio fin, hasta hacerse dignas de ser agradable a sus ojos y a su corazón.

»Yo no entendía nada, -aún no se me había dado el entendimiento espiritual-

»Y oí una voz que decía:

‘¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros?

»Yo sin pensar la respuesta dije:

 ‘Heme aquí. Envíame.

»¿Qué había hecho? ¿Cómo se me había ocurrido responder así? ¿Habían salido de verdad esas palabras de mi boca? ¿Quién me impulsaba a tomar esa decisión tan comprometida ante una llamada que no entendía? ¿Qué sabía yo de todo aquello? ¡Cuántas preguntas en tan poco espacio de tiempo! »¿Poco tiempo?…

»¿Cuánto tiempo había transcurrido en realidad? ¿Cuánto me quedaba aún por estar ante este acontecimiento? ¿Qué iba a suceder a continuación?

»Pues sucedió que se me acercó el propio S.H. y dijo:

‘Abre la boca y come lo que te voy a dar’.

Miré y he aquí que una mano extendía hacia él un libro enrollado.

Lo desenrolló ante mi vista, estaba escrito por dentro y por fuera.

Y me dijo: ‘Come lo que se te ofrece; come este rollo,

y ve luego a hablar a tu gente sobre ello.

Nutre tu vientre y llena tus entrañas de este rollo que te doy’.

Lo comí y fue en mi boca como miel por su dulzura.

»S.H. me explicó una vez que ya había concluido:

Sea que te escuchen o que te rechacen

no les temas, porque yo estoy contigo,

Mi fuerza y mi poder te sostiene en todo momento.

Diles que los que sois míos, estaréis conmigo en mi Reino.

»Yo me daba cuenta de que algo superior a mis propias fuerzas me impulsaba a aceptar todo aquello por encima de mi entendimiento…Y me dejé conquistar. Esto me seducía… y me dejé seducir

»S.H. proseguía:

‘Yo haré de ti como muro invencible,

Combatirán contra ti, pero no te vencerán,

Porque yo estaré contigo para salvarte, para liberarte.

Porque todo colabora para bien de quien me ama,

de aquellos a quien mi Padre ha elegido’.

»Cuando S.H. terminó de decir estas cosas, yo sentí que todo me daba vueltas… ¿Era yo o eran las cosas que se movían a mi alrededor?

»… Silencio… quietud… Paz…

 »El sol estaba alto y yo me encontraba en el mismo lugar en el que había visto aquella luz… ¿Cuándo…? ¿Había sido la noche anterior…? ¿Qué tiempo había realmente transcurrido? ¿Fue un sueño?

»¡Qué disparate! ¡Qué absurdo! ¡Qué inverosímil!

 »Pero algo dentro de mí me decía que aquello había sucedido y no lo podía ignorar.

»¡Era una realidad! Me sabía portador de un mensaje, había sido llamado a realizar una misión bien concreta y exigente. Me quemaba la urgencia de contar a todo el mundo la fuerza de esta experiencia.

»Pero… ¿cómo? … ¿Quién me va a creer?

»Y me decía a mí mismo: Esto hay que madurarlo. No puedo precipitarme. Es demasiado serio como para tomarlo a la ligera. He de darme una respuesta convincente primero a mí mismo, y cuando yo me lo crea de verdad, sabré como transmitirlo. Y con esta inquietud volví a casa. »Pasé todo el día incómodo y me decía:

‘No me acordaré más de él, y no hablaré en su nombre’.

Pero era en mi corazón fuego,

un fuego devorador retenido en mis entrañas.

No podía retenerlo y no podía soportarlo.

»Tenía la impresión de haberme metido en un callejón sin salida.

»¿Quiénes eran todas esas personas que así se habían apoderado de mí? »Sospechaba que me había puesto en contacto con seres superiores que me querían hacer cómplice de un proyecto que estaba por encima de las fuerzas humanas.

 »Por otra parte me veía impulsado a creer que había sido elegido para algo positivo para la humanidad, como mensajero del destino de la Historia.

»Confieso que esto no me disgustaba. Siempre me he sentido atraído por conocer el secreto de la existencia humana. Quizás ya lo llevaba en los genes. El caso es que ahí me encontraba yo aquel día. Con un insondable misterio ante mí. Y una misión que me seducía a la vez que me abrumaba.

»¿Qué partido tomar?

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