¡MARANATHA!

V71 se hallaba en su dormitorio echado sobre la cama. Tenía los brazos detrás de la nuca y respiraba larga y serenamente. Pretendía relajarse, pero su fuerza interior le podía. Había hecho un gran esfuerzo, pero al fin su trabajo estaba concluido. Al día siguiente entregaría los dos legajos.

Sabía que no había sido él el promotor de esta nueva empresa y que era el primero en sorprenderse, pero estaba convencido de que tenía que dar su consentimiento libremente para dejarse llevar hacia su destino.

Se sabía una persona distinta, como quien empieza una vida nueva, la sentía correr por sus venas al ritmo de su propia sangre. Era el comienzo de una experiencia inaudita. No conocía la causa, pero se sabía vulnerable, frágil y al mismo tiempo con las fuerzas necesarias para cualquier cosa que el destino le tuviera designado. Era una fuerza interior que le colmaba de seguridad y valor. Se sabía completamente seguro en las manos de alguien que se había adueñado de su propia persona y le hacía ver la vida desde otra dimensión. La claridad de su visión le sorprendía. Le fascinaba la riqueza vital que todo aquello encerraba. Su mente trabajaba con nuevas categorías. Conocía sus limitaciones, pero a la vez percibía que estaba en la puerta de una gran experiencia llamada a lo transcendente y esto le llenaba de energías para cruza el umbral y caminar por sendas de libertad sabiéndose sostenido y acompañado por alguien lleno de novedad. Sentía su propio corazón latiendo con unos sentimientos que sólo unos meses atrás ignoraba, y por ello no le asustaba iniciar esa nueva senda que le cogía su ser entero.

Miró a su alrededor, las cosas seguían igual, pero percataba que una presencia oculta llenaba todo el espacio de la habitación. No estaba sólo, ya nunca se sentiría sólo, S.H. empezaba a ser el Señor de su propia historia personal. Experimentaba un sosiego, una gran paz que le daba una fuerza nueva, unos sentimientos absolutamente inusuales, era como vivir sobrecogido ante una promesa rica en experiencias inéditas e impredecibles. Tenía la certeza de que su vida sería un sí absoluto al proyecto encomendado. Y se sorprendió pensando:

—A la larga la persona no consiente que se le arranque el alma. La verdad divina es más fuerte que el ser humano. El verdadero Señor de la Historia siempre es el vencedor.

Sentía que estas palabras no provenían de su intelecto, ¿de dónde podían venir? La respuesta le sobrecogió, porque revelaba una gran agudeza que no creía poseer. Y recordó aquellas palabras que leyó en cierta ocasión:

“Yo estaré con vosotros hasta el fin de los siglos”

 A la mañana siguiente, después de entregar el informe al Supremo Consejo, se dirigió a la oficina del Mayor C60 y le dio la documentación original.

Salió radiante del edificio. En su interior escuchaba:

“No guardes bajo llave las palabras

 de este libro profético

 Porque se acerca el momento.

¡Ea! Llego pronto. Y conmigo mi galardón,

para retribuir a cada uno conforme a su proceder.

Yo soy el Alfa y el Omega, el Primero y el Último,

el Principio y el Fin “

¡MARANATHA!

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