LO QUE HEMOS VISTO Y OÍDO

El Evangelio no es solo una historia del pasado o un cuento edificante con buenas enseñanzas morales. El propósito de la Palabra de Dios no es tanto hablar a nuestras mentes, sino que el propósito es el encuentro. Sin encuentro, el Evangelio sigue siendo una historia que leo, que me habla de un Maestro que ofrece enseñanzas sobre la vida pero que no me llega a lo más hondo de mi existencia.

En la entrada anterior os resumía el encuentro de Andrés. Hoy os presento el encuentro de otro de los protagonistas, Juan, el sacerdote del barrio.

Cuando M95 se encontrón con él se sorprende porque la imagen que ella traía de los curas no era tal como él se presentaba.

Recordemos sus palabras:

Yo tenía alguna idea sobre esta figura ya legendaria en nuestra cultura, pero me temo que mi información no corresponde a las vivencias de estas gentes. En mis estudios aprendí que el sacerdote era una persona segregada, solitaria y autoritaria. Un cacique espiritual que mantenía su poder atemorizando a la gente con amenazas de una vida eterna en medio de tremendos tormentos y calamidades si no cumplían. Se creía poseedor absoluto de la verdad y por ello actuaba con una autosuficiencia que más que convencer inspiraba un temor reverente. Engañaba a sus súbditos con supuestos poderes mágicos prometiéndoles la inmortalidad y la felicidad eterna si le eran fieles, manteniéndole económicamente y sirviéndole sin condiciones, sometiéndolos de una manera abusiva, servil y dictatorial.

Pero este sacerdote parece que no sigue este esquema. ¿Por qué?

Porque había sido también tocado por le encuentro. Y es que cuando te encuentras con el Señor en su Palabra, nace y crece un sentimiento, que ya no te deja ser la misma.

Esto es lo que le ocurrió a Juan:

Porque no basta solo con leer, no basta con escuchar, pues muchas veces ocurre que leemos un pasaje del Evangelio y luego lo volvemos a leer, y no pasa nada. Pero un día, al escuchar o releer ese mismo pasaje, nos toca el corazón y comprendemos la profundidad de lo que hemos leído o escuchado. Cogemos el Evangelio, leemos algo y en un momento determinado el Señor se revela, se manifiesta y vivimos la experiencia espiritual única del asombro, y es entonces, cuando experimentamos que el Señor se manifiesta y llena todo nuestro ser.

» Y COMENCÉ a surcar nuevos senderos donde dar  a mi existencia otro sentido más interesante que el hecho de vivir sólo para tener, dominar o simplemente para disfrutar de una forma vacía.

Necesitamos encontrarlo vivo hoy en su Palabra y en los rostros de quienes nos mueven a verlo,  para ir descubriendo lo que significa amar, acoger, escuchar… ser misericordiosos y libres como Jesús, en lugar de correr tras el poder, la ambición, las estructuras de una sociedad donde no hay espacio para él.

Por eso después de ver cómo actúa y cómo responde la gente de su persona, M95 ser atreve a decir:

Pero no me encaja toda la información que traigo con la personalidad de Juan. Es íntimo amigo de Andrés, y juntos comparten el liderazgo de este colectivo social. Es un hombre que se ha ganado el cariño de todos y tiene entre ellos una autoridad moral que nadie discute, pero parece ser que no es en absoluto ni impositivo ni dominante, sino todo lo contrario, convence por su entrega y coherencia de vida.

Juan sabe que tenemos que encontrarlo, buscándolo en el presente, a nuestro alrededor. Es necesitamos encontrarnos con Jesús vivo hoy, es importante escuchar y ver a Jesús en los Evangelios y descubrirlo en los rostros de las personas que tratamos en lo cotidiano. Es una cuestión de corazón, de miradas, de conmoción que llega a las entrañas, es descubrir más su persona que su doctrina.

Concluye Juan con estas palabras

» Cada día, antes de comenzar la jornada, nos ponemos a la escucha del espíritu del Señor. Él es el que nos comunica estos buenos consejos y nos enseña a vivir ese día desde un discernimiento comunitario, a la luz de la palabra del mismo Señor. Es ahí donde cogemos fuerzas para el caminar cotidiano. Estos momentos diarios de escucha y de intercambio con los hermanos convocados por el espíritu, es lo que alimenta nuestra vida interior y da energía a toda nuestra jornada»

Este es el secreto: No hay fe sin encuentro, porque la fe es el encuentro personal con Jesús. Porque solo así podremos transmitir lo que hemos visto, oído, lo que hemos experimentado, recogido y vivido de él. Solo así seremos testigos creíbles.

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