EL HIJO PRÓDIGO

Hoy vamos a leer un capítulo muy atrevido. Se trata de una adaptación actualizada del texto bíblico del hijo pródigo (Lc 15.11-32).

 Y dice una nota a pie de página:

(Este relato que es una copia del texto bíblico Lc 15, 11-32 lo presento aquí, como un hecho que puede ser realidad cotidiana de perdón y de acogida, en un contexto familiar donde se vive el amor que el Señor nos predicó)

Estaba una tarde M95 charlando con Dña. María cuando aquella le preguntó:

—¿Qué pasa cuando alguien con familia quiere él solo unirse a este proyecto? ¿Cómo hace para no complicar a los demás de familia?

A lo que Dña. María le respondió

—Te voy a contar un caso entre tantos que va bien para tu pregunta.

 Ocurrió hace unos cuantos años:

»Un viudo que tenía dos hijos y era de los más ricos de la ciudad, se determinó por tomar parte en nuestro proyecto. Cuando dio ese paso, valoró todos sus bienes y redactó el testamento dejando a sus hijos en herencia cuanto poseía en aquel momento, alegando que, del fruto de su trabajo en lo sucesivo, era su voluntad el no disponer de ello, ni él ni sus hijos, sin contar con las necesidades de la comunidad con la que libremente desde aquel momento se comprometía, reteniendo únicamente lo que le fuera absolutamente indispensable para su mantenimiento y el de sus hijos mientras no se independizasen. Así se dispuso, con el consentimiento de los dos hijos. Pero un día el más joven de ellos le dijo:

‘Padre, ya soy mayor de edad y quiero disponer del dinero que me pertenece, para establecerme por mi cuenta.

»Y el padre, después de sugerirle que llevara una buena administración, le dio la parte que le correspondía de la herencia.

 »Cuando el hijo adquirió la independencia económica, se marchó al extranjero. Allí, mal aconsejado, malgastó su patrimonio, viviendo disolutamente entre bebida, juego y mujeres. Pronto se encontró arruinado y solo y tuvo que optar por buscar de qué vivir. Por fin encontró trabajo en una granja al cuidado de los animales y allí se vio, mal pagado y peor alimentado. Cansado de tanta miseria, se puso a reflexionar sobre lo que había perdido al abandonar su familia y se dijo:

 ‘¡Cuánto mejor estaría en la casa de mi padre! Allí hasta el último de los jornaleros anda sobrado de comida y es respetado, mientras que yo aquí me muero de hambre y de miseria. Dejaré todo esto, volveré a mi casa y le diré a mi padre: ‘Padre, reconozco que no he obrado bien. Te he fallado. No merezco ser llamado hijo tuyo, pero al menos, trátame como a uno de tus empleados y déjame reparar mi mal sirviéndote con dignidad’.

»Como lo pensó lo hizo.

»Estaba llegando a su casa, cuando el padre le vio y se le conmovieron las entrañas. Y echando a correr salió a su encuentro, se tiró a su cuello y le besó fervientemente. El chico estaba aturdido, no se esperaba este recibimiento y después de unos segundos reaccionó y le dijo:

 ‘Padre, reconozco que te he fallado, no he sabido seguir tus consejos, sé que ya no soy digno de ser tu hijo, no merezco tener un padre que así me recibe, que así me perdona, yo…

‘Bueno, bueno, has vuelto y esto es lo que ahora importa. Olvida esta mala experiencia y vuelve a sentirte en casa como si nada hubiera pasado.

 ‘¡Pero padre…! ¿Y todo lo que he malgastado? ¡Estoy en deuda contigo! ¡Tengo que devolvértelo! Te prometo que trabajaré sin condiciones económicas y te juro que te restituiré hasta el último céntimo

‘Mira hijo, lo importante es que estás aquí de regreso y sin nada grave que lamentar. Ya verás como juntos la vida nos volverá a sonreír. Ahora entra en casa, quítate estos andrajos, báñate y vamos a celebrar tu vuelta. De lo demás ya tendremos tiempo de hablar. Eres joven y tienes toda la vida por delante para afrontarla con serenidad y honradez.

 »Mientras estaba arreglándose, le avisaron que la cena sería en el restaurante del club, porque su padre había sufrido con todos nosotros y era justo que compartiéramos juntos la alegría de su regreso.

»Cuando estábamos cenando, llegó el hijo mayor y al enterarse de lo acontecido, ser acercó al club, pero no quiso entrar y llamando al padre le dijo:

‘¡Esto no es justo! Sabes que yo siempre te he obedecido y que jamás te he fallado. Y tú nunca me lo has agradecido ofreciéndome la posibilidad de invitar a mis amigos. Y ahora llega ese, que ha derrochado tu dinero, tirándolo en las cloacas de la sociedad y has montado para él un gran banquete.

‘Hijo, es verdad que tú siempre estás conmigo, pero este también es mi hijo y tu hermano, y es lógico que nos alegremos y celebremos el haberle recuperado.

»Con estas y otras palabras, el padre intentó ablandar el corazón egoísta del muchacho, cerrado a acoger la vuelta de su hermano arrepentido. Así estuvieron un buen rato platicando y cuando el pequeño salió a saludarle, el padre le empujó disimuladamente y los dos se abrazaron. Así los tres entraron en el salón donde estábamos cenando entre gozo y alegría sincera.

»A los postres, Juan dirigiéndose al muchacho le dijo:

 ‘Ya ves, estos acontecimientos familiares, los sufrimos y celebramos juntos y es un sentir veraz, pues te acogemos como si cada uno viviera la vuelta de nuestro propio hijo, gozosos de tenerte de nuevo entre nosotros. ¡Brindemos por ello!

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Doña María concluyó su relato diciendo:

—Esto sucedió aproximadamente hace cuatro años y en este momento, el chico tiene un trabajo digno y entrega a su padre su sueldo íntegro.

Sí que es una historia curiosa.

—Muchos son los sucesos que te podría contar. Todos ellos van marcando los avances que rotulan el vivir en fraternidad con la esperanza puesta en un final eternamente feliz.

FAVORECED EL BIEN COMÚN

Hoy vamos a situar nuestra lectura, -donde estamos recorriendo los textos bíblicos del libro-, en el aula donde la profesora de informática Kay Moor imparte clase.

Estas dos últimas semanas he estado trabajando con mis alumnos del último curso, un proyecto social que Andrés les ha mandado sobre los derechos del ciudadano y la responsabilidad del gobierno para que el estado de bienestar sea una realidad que disfrute toda persona que habita en el país. Dividí la clase en tres grupos para poder tener distintos enfoques sobre el tema. Los jóvenes buscaron información en internet, haciendo sus ajustes, y reflexiones a nivel individual y más tarde se intercambiaron sus trabajos hasta llegar a un consenso dentro del grupo, siempre valiéndose del ordenador como medio de información y comunicación.

Copio el tercer documento que termina con una reflexión bíblica

¿QUÉ DEMOCRACIA QUEREMOS?

Entendemos que el proceso democrático es asunto de todos, no podemos quejarnos de nuestra insatisfacción ciudadana si nos limitamos a un voto dado el día de las elecciones y protestamos desde el sillón de nuestra casa, lamentándonos del mal que gobiernan nuestros políticos, de que las instituciones públicas que tenemos no nos sirven porque no satisfacen nuestras necesidades, porque las pro­mesas se quedaron en las campañas electorales…

Y como creemos que lo esencial no es producir, ni lu­crarse, ni mucho menos consumir, desde aquí nos suble­vamos ante una democracia cuyos políticos están bajo el dominio del mercado. La economía financiera no puede ser lo esencial de nuestra existencia. No podemos confundir el ser con el tener, el vivir con el consumir, el existir con la conquista de un beneficio económico.

León Tolstoi, el mismo año de su muerte (1910), escribía en su diario:

“Sólo nos es dada una forma de felicidad del todo inalie­nable, la del amor. Basta con amar y todo es alegría: el cielo, los árboles, uno mismo… Y, sin embargo, la gente busca la felicidad en todas partes menos en el amor. Y es precisamen­te esta forma errónea de búsqueda de felicidad en la riqueza, en el poder, en la fama o en amor excluyente, la que no sólo no nos da felicidad, sino que nos la quita del todo”

Por eso apostamos por una transformación social don­de lo esencial es conseguir la felicidad. No se trata de una gran idea, sino de un tesoro que sólo se alcanza en la me­dida que aprendemos a amar porque nos sabemos amados, y esto no se da en un modelo de democracia donde no se trabaja en función de ir creando comunidades sociales que vivan confiadas porque se saben gobernadas por unas insti­tuciones públicas que actúan por el bienestar justo de todos los habitantes del país.

Pero existe aún otra vía por analizar, pues nuestra felici­dad irá creciendo en la medida en que cada uno nos com­prometamos a ir creando una segura y armónica sociedad, donde la convivencia y la paz tengan como fundamento el amor de hermandad universal, sólo desde este convenci­miento, podremos hablar de vivir en lo esencial y será en­tonces cuando podremos movilizarnos, ejerciendo presión política ante un sistema que nos parezca injusto y desco­nectado de los intereses de los ciudadanos.

Nos parece urgente que la ciudadanía se movilice a tra­vés de los movimientos sociales, organizaciones de veci­nos, ONGs, cooperativas laborales… porque, aun que son pequeños espacios, es ahí donde podemos ejercer nuestros derechos y defender esa soberanía del pueblo, donde poda­mos reivindicar por un futuro basado en la equidad, la jus­ticia social, la solidaridad y la protección medioambiental. El reto está en conquistar el poder de decisión desde los distintos estamentos ciudadanos para que nuestra demo­cracia sea capaz de actuar como fruto de todas las estruc­turas sociales.

¿Por dónde empezar?

Por tomar conciencia de lo importante que es la partici­pación como ciudadanos comprometidos por el bien común. Hay que comenzar por promover y participar en propuestas colectivas, donde se puedan ejercer la legitimidad política de la ciudadanía, como espacios donde desarrollar nuestra capa­cidad crítica y desde donde poder hacer presión social, como plataforma para la regeneración democrática que buscamos.

Concluiremos con unos consejos de S. Pablo a los cris­tianos de Roma:

LA GRATUIDAD DEL AMOR

Seguimos leyendo esta interesante conversación entre Juan y M95

—¿Y qué pasa cuando no entienden o no responden a vosotros?

—Entonces se pasa por la prueba de fuego del amor gratuito. Es uno de los sufrimientos más grandes. Sobre todo, si se vive la experiencia en soledad.

—Explícame.

—Mira. El fracaso, el conflicto, la incomprensión, el desaliento, el desengaño… Todo se supera si se tiene al lado el apoyo de un amigo sincero, de un hermano que te ayuda a llevar ese peso, que se acerca para compartir contigo esa carga, aunque sólo sea psicológicamente. ¿No lo has experimentado tú alguna vez? Seguro que en alguna ocasión has pasado por esta experiencia de soledad o de apoyo ¿no?

—Bueno… No sé… ahora, así de pronto… Todo esto es nuevo de pensar en mí. Yo nunca me pienso estas cosas… Pero dime, ¿qué pasa cuando no hay ese amigo y no poder hablar de eso con nadie?

—Entonces llegas a la culminación de tu categoría como persona. Si estás por encima de las respuestas humanas, incluso por encima de un consuelo lícito, si ante estas situaciones límites no desfalleces, es porque tus motivaciones se apoyan en el Señor, tu causa está más allá de esta vida, sino, no lo soportas.

—¿Más allá de esta vida? ¿Dónde?

—Ya te he dicho que, para nosotros la vida es un tiempo de paso, un camino que recorrer hacia una dimensión de eternidad que intuimos aquí cuando experimentamos la felicidad que proporciona el ser protagonista de un amor gratuito, porque por encima de respuestas humanas sabemos que hay un después, una respuesta infinita, eterna y gratuita. Donde reina el AMOR que no fallará porque Él nos amó primero y todo amor humano auténtico nos viene de Él.

—Te veo muy convencido.

—Así es. Yo creo firmemente en que el AMOR procede de Dios, que Él me ama incondicionalmente, por encima de mi respuesta y que su amor lo comparto con toda la humanidad porque todos somos sus hijos y de Él lo recibimos.

»¿Cómo no entregar este amor que se me ha dado gratuitamente, para que ayude a mis hermanos, a reconocer en ellos esta realidad interior que nos dignifica y nos hace tan grato a sus ojos?

—¿A todos?

—Pues sí, aunque muchos lo ignoren, todos somos amados por Dios y estamos predestinados a una vida feliz que puede empezar aquí, pero por supuesto que tiene su culmen en la otra vida.

—Entonces… ¿Tú creer en otra vida después de la muerte?

—Sí, la muerte es una realidad, pero nosotros la esperamos como una transición, aquí todo no acaba, es un paso hacia la auténtica vida, donde nada negativo tiene entrada.

—¿Por qué estás muy seguro?

—Porque lo siento en lo más profundo de mi ser. Te lo voy a decir con un poema

—¡Esto todo ser muy extraño! Yo soy muy confusa.

—Por supuesto que te puede resultar muy novedoso si no vives convencido de que hay alguien que vela por tí y no deja que sucumbas ante las incoherencias de la existencia humana. Tenemos fe en el amor gratuito y misericordioso del Señor que nos conduce a un triunfo seguro y definitivo más allá de cualquier problema o dificultad temporal, por eso nuestro amor está por encima de la respuesta humana.

—Esto es mirar la vida con otro sentido.

—Pues sí. Ya te he dicho que para nosotros esta vida no tiene la última palabra, es un caminar, más o menos acertados, más o menos convencidos, hacia una meta final. La auténtica vida, por la que vale la pena jugarse todo, está en la otra orilla, al final, después de la muerte.

—Todo esto tengo que estudiarlo. Nunca yo pienso así

—Tal vez no estás tan lejos de entender como crees, pero si nunca te has parado a pensar en este tema, te sugiero que no lo dejes ignorado en tu interior, pues ahí está el sentido auténtico de la existencia humana.

—Yo pensé que con la muerte todo se acaba.

—¡Pobre de nosotros si no vivimos con la mirada más allá de la vida terrena!


—¿Por qué tienes esa certeza?

—Mira, aunque no creyera por la fe en la revelación, si te paras a pensar en el instinto de conservación, en los sueños de eternidad, si piensas que en este mundo es difícil la justicia… todo esto te hace vivir con la esperanza de un más allá donde celebremos eternamente nuestros anhelos.

—Entonces, ¿con la muerte todo no acaba?

—Si te refieres a la experiencia material, a este cuerpo de carne, tal cual es, sí que se acaba. Nuestro cuerpo nos permite mover nos en esta vida, pero llegado al final de esta etapa habremos de dejarlo. La materia es necesaria para la existencia en este mundo de las formas, pero fuera de este entorno ya no sirve, por eso se transforma, como el gusano que se convierte en mariposa, deja su crisálida, pero es ella misma. La vida fluye como una sucesión de misteriosas transformaciones. Y en el fondo la vida y la muerte no son más que un proceso de mutación.

—Me parece que me estoy enterando.

—Me alegro de que vayas cogiendo la idea. Pues hemos de vivir con intensidad cada momento de nuestra existencia terrena, aman do y disfrutando de todo lo que la vida nos pone en el camino sin temor de concluirlo, porque al final nos espera otra dimensión donde habremos transcendido las fronteras de nuestras limitaciones. Pero para los creyentes en el Señor, en ese nuevo estado nos convertimos en ciudadanos de pleno derecho de su Reino.

Sí, ya he oído sobre ese Reino. Dime ¿de qué reino habláis?

—Bueno esta lección te la contaré otro día.

EL VERDADERO AMOR

En cierta ocasión M95 le pregunta a Juan sobre su experiencia de amar y saberse amado.

He aquí una interesante conversación.

¿Puedo preguntarte una cosa, aunque sea un poco personal?

—Por supuesto. ¡Adelante!

—Para tí, ¿qué es el amor?

 —Pues para mí, la comprensión del amor pasa por la experiencia de haberse sentido amado.

—¿Me puedes explicarme?

—Pues sencillamente, primero descubrimos el amor al sabernos amados por aquellos que nos han dado la vida, y a partir de esta experiencia somos capaces de ir conectando con empatía con las demás personas con las que nos relacionamos a través de nuestra historia personal, hasta llegar a dar una respuesta de entrega a la amistad o a un amor en exclusividad.

—¿Y si no se tenía esa primera experiencia?

—Por supuesto que existen niños huérfanos o abandonados, incluso los hay que tienen que soportar el vivir entre peleas y odios de sus adultos, pero yo creo que el don del amor forma parte de nuestra existencia y aunque lo tengas difícil, la naturaleza se cobra esta carencia social y tarde o temprano tienes que tener esta vivencia, por muy pequeña que sea, de ser estimada por alguien para poder abrirte al verdadero sentido del amor que es entregarte a la persona amada rompiendo las cadenas del egoísmo.

—Y esto… yo… no entiendo mucho.

—Mira, el amor es una entrega gratuita. Esto quiere decir que es una fuerza que impulsa a darte por encima de cualquier respuesta de la persona amada.

—Pues cuesta entender.

—Vamos a ver, si te lo sé explicar. Porque ya te he dicho que esto se aprende experimentándolo. Pero te diré que, para mí, hay gestos que reflejan su significado. Ama de verdad, el que no exige ser correspondido. Es la gratuidad de una madre, que se desvive por su hijo, a pesar de que éste le falle, y mil veces que le necesite estará disponible para acogerle, aunque no le corresponda. Es la respuesta de una fidelidad conyugal que sabe comprender, tolerar, disculpar, perdonar… que vuelve a confiar sin retornar a la herida abierta, ni guarda rencores mal curados. Es la gratuidad del que entrega todo cuanto es, por crear una sociedad armónica donde reine la comprensión y la justicia. Y yo hago de la justicia sinónima del amor, porque nadie que ama es injusto con la persona amada y ningún justo manipula el amor.

—Amar así… ¿Es fácil?

—Creo que el hombre es primeramente egoísta y posesivo, el amor requiere madurez, el niño sólo quiere poseer a los demás por su seguridad personal. Pero a medida que vas creciendo, que vas adquiriendo seguridad y autonomía, vas ganando la batalla a estas malas inclinaciones. La derrota de estos instintos es un signo de madurez. Sólo el adulto puede llegar a conquistar estos niveles, pues son metas de nuestra naturaleza humana.

—¿Y cómo se conoce esos niveles?

—Mira, está escrito que

—¿Es esto como vosotros hacéis aquí?

—Esta es la norma de nuestra convivencia. Y aunque no siempre sale, hacia ahí queremos caminar. Entre luces y sombras personales y colectivas, queremos ser coherentes y nos esforzamos por ayudarnos para hacer realidad en cada uno lo que aspiramos como grupo. ¿Qué colectivo humano no tiene fallos? Por lo menos somos conscientes de que este es el camino, y estamos abiertos a colaborar y compartir estas inquietudes con todo aquél y aquélla que pretenda hacer de la justicia-amor la causa primera en la construcción de una historia de gentes felices.

—¿Cualquiera persona?

—Toda la que sea capaz de trabajar convencida y gratuitamente por transformar la sociedad a fin de dejar a las futuras generaciones una existencia más digna de llamarse humana.

—Parece este plan tuyo muy difícil.

—Fácil no es, ya que te arriesgas a sufrir incomprensiones, mal entendidos, abandono incluso de los que más has pretendido ayudar… Por eso te he querido subrayar desde un principio que es una cuestión de amor gratuito y esto no todo el mundo lo entiende.

AMAD LA HERMANDAD

Te quiero informar sobre una charla que dio Andrés ayer tarde.

—Hoy vamos a comentar este texto del Libro:

 »En otra ocasión se decía de ellos:

»¿Qué os quiero decir con todo esto? Pues que tenemos que cuidar nuestras relaciones internas, ayudándonos según las necesidades de cada uno, poniendo nuestra riqueza al servicio de las necesidades de los demás. ¡Qué hermoso si también pudieran decir eso de nosotros, que así nos amamos siendo la admiración de cuantos nos observan!

»El sabernos hermanos y hermanas nos ayuda a caminar y a crecer. Es lo que nos da fuerza e impulso para trabajar con los otros. Aceptando a cada persona por su propia dignidad de pertenencia a la familia humana. Todos tenemos una misión personal e intransferible en la construcción de la historia, y si queremos vivir en un mundo más justo y solidario, si queremos liberar y sanear la sociedad del egoísmo que la corroe, hemos de empezar por nuestras pequeñas comunidades sociales.

—Andrés, en la charla del otro día me quedó un interrogante, que quizás pueda engancharse con lo que hoy quieres comentarnos.

 —¿De qué se trata?

—Pues verás, muchas veces te he oído hablar de la bondad del hombre y a mí me cuesta mucho a simple vista creer en esa capacidad cuando veo cómo existe tanto mal y cómo me cuesta a mí hacer las cosas bien.

—Bueno, una cosa es que el hombre es capaz de ser bueno y vencer los obstáculos para serlo y otra que lo consiga. Todo depende de cómo se sitúe ante su realidad. Al Señor sólo se le descubre en el interior del hombre, allí donde se desarrolla su parte positiva. Y donde está él, hay optimismo y confianza en el triunfo del bien. Pero esto requiere una actitud vigilante y paciente perseverando, aunque el camino sea largo y angosto. En dos palabras, hemos de ir descubriendo su presencia en los signos cotidianos. La comunicación del Señor con los humanos nunca se interrumpe y es de él de donde recibimos las luces y la fuerza, pero necesitamos caminar con ojos puros y con oídos de discípulos, para ver y oír dónde él nos quiere conducir. Y en ese camino, es donde puedes descubrir la cantidad de hombres y mujeres que buscan y que se hacen preguntas como tú. Una gente que camina por lo cotidiano inquieta por ir construyendo un futuro mejor. Personas en busca de sentido, que no quieren pasar por la vida como parásitos, sino que tratan de poner su grano positivo en la tierra de la historia. Esa es la buena gente que vive a nuestro alrededor. Pero hay que ir detectándolas e incluso hay que estar disponibles para ayudar a que todos descubramos nuestra misión personal.

—Cuando tú hablas todo parece muy sencillo.

—Quizás no lo sea, pero yo sé que es posible. Porque a nosotros se nos ha dado el conocimiento al acoger la buena noticia y hemos de ser mensajeros y mensajeras de ella. El mundo nos está reclamando el ser eco del Señor que habla en lo más íntimo de nuestros corazones.

—¡Esto es muy comprometido!

—Sí, lo es. Por eso no podemos pasar por la vida con una mirada superficial que resbala sobre la existencia de las personas y de las cosas evitando cualquier clase de compromiso.

Una jornada aconsejando y
ayudando

Juan terminó su información diciéndome:

—Verdaderamente, en estos años Andrés ha ido formando su personalidad. Aquella experiencia espiritual ahondó en los cimientos de su existencia y ha ido madurado profundamente
por su relación de amistad con el Señor. Él entró en su vida experimentalmente, compartiendo sus más íntimos sentimientos y motivaciones. Una amistad que va creciendo con los años. Una
relación que es inédita en cada individuo y que no es fácil ponerle palabras porque va más allá de lo tangible. Las respuestas vitales de Andrés son dadas desde un estado permanente de su vivir
atento ante los intereses y planes que el Señor le va marcando en su jornada cotidiana. Él se sabe amigo y colaborador incondicional por la causa del Señor y como tal actúa siempre.

Por todo esto, tenía muchas ganas de saber personalmente cómo se
desenvuelve entre los jóvenes, por lo que esta tarde, antes de que alguien
llegara, me las he ingeniado para entrar en la sala donde tiene sus
reuniones en el club, y he instalado un mini-casete debajo de su silla,
para grabar la sesión con control remoto
.

—Buenas tardes. Me gustaría que hoy reflexionáramos juntos sobre nuestra responsabilidad personal de ir mostrando con actos concretos que vivimos lo que decimos. En otras palabras, ser coherentes, actuando según hablamos, pues esta es la única manera de convencer, no con lo que se dice sino con lo que se hace y se vive. Ya sabéis las palabras del Señor que por nuestros frutos nos conocerán. ¿Queremos ser levadura pequeña, silenciosa, pero capaz de fermentar toda la masa? ¿Queremos ser sal que sazona toda la comida sin que se vea, pero que se la echa de menos si está ausente
del guiso? Pues esto sólo se consigue teniendo cuidado con ser coherente con los principios que nos han inculcado.

—Pero… ¿qué podemos hacer nosotros tan pocos, un grupo tan pequeño, ante todo un ambiente muchas veces hostil?

—Hay que ser imaginativos y creativos, pero sobre todo hemos de hilar muy fino y tener las antenas del espíritu conectadas permanentemente con nuestro maestro interior. Tened la plena confianza de que cada uno de nosotros lleva en su interior una gran riqueza, aunque no siempre seamos conscientes de ello.

—Esto, no parece muy fácil.

—No digo que lo sea, pero hemos de intentar poco a poco vencer las dificultades, seguros de que hemos sido llamados para ir colaborando en la transformación de la sociedad en la que vivimos, cada uno en su sitio y con las fuerzas que va recibiendo para cada ocasión, por eso nunca dejo de insistir en que el secreto de nuestro poder está en dejar que el maestro interior nos conduzca según sus planes, sin ser nosotros obstáculo, ni pretender ser los protagonistas. Este es el secreto, pues en cuanto queremos dominar la situación con nuestras pobres fuerzas o nuestro corto entender, el fracaso viene seguro.


—Tú lo dices muy convencido ¿verdad?

—Sí que lo estoy. Y si vosotros también creéis firmemente en que esta es vuestra misión y actuáis en consecuencia, poco apoco lo viviréis por dentro y podréis ser sembradores de la semilla de un mundo nuevo. Y para que todo esto tenga su fundamento, vamos a escuchar lo que dice el Libro:


—Así que obremos siempre el bien, para que el mundo crea en nuestro mensaje y se anime a buscar la auténtica felicidad que es el fruto de las buenas obras. Estas son las palabras que he recibido hoy para que os las transmitiera.


—Y ¿qué nos aconsejas?

—Voy a leeros el consejo que el propio Libro nos da:

EN EL SIGLO XXI

¿Cómo percibo yo la presencia del Señor de la Historia en el siglo XXI? Esta novela la escribí durante muchos años de reflexión; poco a poco iba plasmando lo que el Señor me decía, viendo en mi cabeza y en mi corazón hasta los más mínimos detalles, haciendo que sus protagonistas vivan una existencia ideal, según me imaginaba que podía ser el estilo de los seguidores de Jesús del siglo XXI, en un ambiente socioeducativo.

 Es mi manera de entender la presencia del Señor en la Historia.

Andrés ha entendido que su misión es anunciar a sus coetáneos «lo que ha visto y oído» en esos días.

A partir de ahora empieza el relato de lo cotidiano, la respuesta de Andrés a su misión, el vivir día a día para hacer realidad la propuesta de S.H.

Desde entonces, todo su tiempo, toda su vida gira como respuesta a la misión que se le confió. Así lo describe su amigo Juan, el sacerdote del barrio:

—Él fue el primero, luego nos contagió poco a poco a los que le conocíamos o trabajaban cerca de él. Fuimos descubriendo por su convencimiento, que la vida tiene otro sentido más allá del tener, el placer, el poder, el egoísmo… Como supondrás, la personalidad de Andrés, que tan original te resulta, su madurez, su gran riqueza interior, es el resultado de estos años, viviendo entregado a esta causa. No es que a la vuelta de aquellos días de vacaciones ya era lo que es ahora, pero aquel encuentro marcó el principio de un camino. Fue un hacerse poco a poco, un ir calando las experiencias que iba viviendo interiormente, un ir descubriendo cada vez con más lucidez el sentido de su existencia, hasta profundidades insondables, dejándose interpelar por esa voz interior que le conduce hacia el cumplimiento cotidiano de su misión en la vida. Su misión se la marcó aquel encuentro, pero como todo comienzo, poco a poco se ha ido convirtiendo en lo que es hoy. El tiempo y su postura de permanente fidelidad a este ideal, ha ido rotulando su persona. Su sentido existencial tiene una única meta que le da capacidad para impulsar todos los elementos que constituyen su personalidad.
S.H. no modifica la naturaleza, todos somos llamados a cumplir una misión concreta en la vida, pero sólo los que con generosidad se entregan en una fidelidad cotidiana, son los
que pueden alcanzar la satisfacción de su plenitud existencial.
El Señor llama, elige, pero respeta la propia autonomía, somos libres de aceptar su propuesta, no nos presiona ni nos manipula, sencillamente pide nuestra libre colaboración en sus planes de conducir la Historia. Porque sabemos que el mundo y el hombre les pertenecen, que él es EL SEÑOR DEHISTORIA, pero busca quién le ayude libremente. Él mismo ha dispuesto el tener que valerse de nosotros para llevar a cabo su plan, por eso, llama al hombre, lo interpela en sus actitudes, impulsa sus decisiones positivas, le ayuda a tomar una opción, le facilita el camino, pero respeta totalmente su respuesta, porque le quiere libre y responsable absoluto de su futuro, no esclavo. Sólo cuando descubrimos que para Él se nos ha dado la vida, podemos conducirnos hacia nuestra auténtica meta.
La respuesta es sin condiciones. Es una empresa de por vida, que te implica en todas las demás decisiones que vayas tomando a lo largo de tu existencia. Es hacer una opción radical para ser fiel a alguien que te invita a hacer tuya su causa. En esta decisión uno se juega la vida, pero te aseguro, por experiencia personal, que vale la pena.

Creo firmemente que todos somos elegidos para hacer una obra que apunta a eternidad, pero también hemos sido creado con libertad de decisión. Somos responsables de nuestras disposiciones y resoluciones mientras vamos por el camino de la vida, y aunque el trigo y la cizaña coexisten en nuestro interior, he querido, con este relato, ayudaros a optar por lo bueno de la existencia humana.

Ahora quiero invitar a cada uno/a en este momento, a que se pare en seco, y piense en lo esencial, sopese sus acciones cotidianas y analice si este es un momento de cambio de sentido que apunte a otras maneras de organizarse, de trabajar, de relacionarse… de en encontrarse consigo mismo y comenzar nuevas formas de actuar para que su vida tenga el sentido para el que fue concebido/a.  

ESTOY A LA PUERTA

La puerta es el muro que nos separa o nos comunica con Dios. Lo transcendente de la vida se encuentra detrás de ella. Muchos son los pasajes bíblicos que la mencionan. En nuestro relato también hablo de ella:

»Empezaba a oscurecer cuando llegó. Yo estaba sentado debajo de un pino con un libro abierto. Me había quedado reflexionando sobre unas palabras que acababa de leer y no captaba su significado:

»El forastero entró. Vino para quedarse unas horas y permaneció allí todos los restantes días de vacaciones ¿Qué pasó durante ese tiempo?
»Aquella persona no era ni más ni menos que el mismo S.H. Yo llegué a convencerme de que en él existía un poder superior por el que me sentía atraído, no a la fuerza, sino porque al ir pasando los días se iba creando entre nosotros unos fuertes lazos de profundo entendimiento. Era una relación que iba despertando en mí sentimientos de admiración y confianza. Si al principio me resultó extraño y sospechoso, poco a poco me sentía más cómodo y sereno. Su
fuerte personalidad me daba seguridad. La amistad que me ofrecía me llenaba de entusiasmo y me impulsaba a grandes empresas. Si me hubiera pedido conquistar el mundo no hubiera dudado en aceptar el cometido. Fueron unos días irrepetibles, que me llevaron a descubrir facetas de mí mismo hasta entonces insospechadas.
»Fue ahí donde me lancé a dar un nuevo sentido a mi vida. Él mismo me ayudó a optar libremente por un comportamiento responsable en mi inserción social concreta. Este era el sentido personal de mi paso por la historia, tomar en peso mis posibilidades influyentes como educador de las próximas generaciones.

»¡Este era el reto de mi existencia! Y acepté. No era un proyecto fácil, pero me arriesgué.

‘Bueno Andrés, estamos en la última noche, hoy cenaremos juntos y ya no me volverás a ver físicamente, aunque yo estaré contigo siempre porque te he inculcado mi espíritu. Como puedes ver, no he estado contigo estos días para transmitirte unos conocimientos, sino para despertar en ti unos sentimientos, unas motivaciones que llenen lo más profundo de tu ser con la energía de mi propia causa. Hemos creado unos lazos de amistad que te comprometen a serme fiel, a no fallarme porque yo cuento contigo y lo último que espero de ti es que me defraudes. Has llegado a entender que ese misterio que te atrae y te compromete es algo real. Ahora sabes que posees un tesoro inagotable que tienes que ir descubriéndolo y conquistándolo, no sólo para ti, sino para cuantos se relacionen contigo. Pues todos habéis sido llamados, pero cada uno tiene su puesto y su misión, como obreros de un proyecto común.

‘Te he elegido para que anuncies todo esto a tus hermanos. Te hago mi profeta. Yo cuento contigo para que tu mundo sea más fraterno y construyan entre todos, el camino hacia la felicidad.

El que te escuche, a mí me escucha. El que te rechace, a mí me rechaza. Y el que a mí me rechaza, rechaza al que me envió. El que no está conmigo está contra mí.

Mi Reino irrumpe con violencia. Y los que se esfuerzan lo conquistan.

Mira que te envío como oveja entre lobos. Sé, pues, prudente y precavido, pero confía en mí y no les tengas miedo.

¿seguimos soñando?

Andrés sigue contando a M95 su extraordinaria experiencia al encontrarse con ‘el misterio’ aquellos días en el que se le reveló su misión

»Una noche que paseaba por el campo después de cenar, gozándome en el placer de la brisa y de la soledad del campo desierto a aquellas horas, me sorprendió, a corta distancia, una luz extraña. Me acerqué a ella, y cuando estaba a un par de metros, la luz se fue agrandando hasta que quedé dentro de ella. Mi reacción primera fue tratar de huir, pero mis pies no respondieron y quedé como pegado al suelo enfrente de un hombre que me extendió su brazo y sin violencia me tomó de la mano y me llevó hacia una puerta que yo no había visto hasta ese momento. La verja se abrió automáticamente en cuanto pisamos el umbral.

»¿Qué hacía yo allí? ¿Por qué no ponía resistencia? ¿Hacia dónde nos dirigíamos? Estaba muy confuso, pero no sentía ninguna inquietud.

»Por fin llegamos a una gran sala inmensamente iluminada

Durante la visión miré que colocaban unos tronos.

Un anciano se sentó. Su vestido era blanco como la nieve;

Su cabellera, como lana limpísima Su trono, llamas de fuego;

Sus ruedas, llamarada; un rio impetuoso brotabas delante de él;

Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes

»Yo no sabía si estaba soñando o despierto. ¡Me parecía todo tan irreal y absurdo! »¿Dónde estaba realmente? ¿Era aquello un sueño o una ilusión? »Seguí mirando. Y en mi visión nocturna vi venir

Una especie de hombre entre las nubes del cielo.

Avanzó hacia el Anciano venerable

y llegó hasta su presencia

»Yo estaba realmente confundido, no podía salir de mi asombro, estas visiones me espantaban. No cesaba de preguntarme si todo aquello estaba sucediendo de verdad.

 »Miré a mi alrededor buscando una explicación, una salida… algo que me sacara del estado en el que me encontraba. Sentía la urgencia de situarme seguro ante este evento que desbordaba mis esquemas mentales.

 »Me sentía agitado por dentro, y me turbaban las visiones de mi fantasía.

»Me acerqué a uno de los que estaban allí en pie y le pedí que me explicase todo aquello. Él me contestó exponiéndome el sentido de la visión: ‘

‘Esto es el fin. Así ha de concluir la historia de tu mundo. Ese que ves delante del Anciano es S.H. –El Señor de la Historia-, el cual es imagen de Él-Ser y su propio Hijo. Para S.H. Él-Ser ha hecho todas las cosas y todo tiene que ir caminando hacia su propio fin, hasta hacerse dignas de ser agradable a sus ojos y a su corazón.

»Yo no entendía nada, -aún no se me había dado el entendimiento espiritual-

»Y oí una voz que decía:

‘¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros?

»Yo sin pensar la respuesta dije:

 ‘Heme aquí. Envíame.

»¿Qué había hecho? ¿Cómo se me había ocurrido responder así? ¿Habían salido de verdad esas palabras de mi boca? ¿Quién me impulsaba a tomar esa decisión tan comprometida ante una llamada que no entendía? ¿Qué sabía yo de todo aquello? ¡Cuántas preguntas en tan poco espacio de tiempo! »¿Poco tiempo?…

»¿Cuánto tiempo había transcurrido en realidad? ¿Cuánto me quedaba aún por estar ante este acontecimiento? ¿Qué iba a suceder a continuación?

»Pues sucedió que se me acercó el propio S.H. y dijo:

‘Abre la boca y come lo que te voy a dar’.

Miré y he aquí que una mano extendía hacia él un libro enrollado.

Lo desenrolló ante mi vista, estaba escrito por dentro y por fuera.

Y me dijo: ‘Come lo que se te ofrece; come este rollo,

y ve luego a hablar a tu gente sobre ello.

Nutre tu vientre y llena tus entrañas de este rollo que te doy’.

Lo comí y fue en mi boca como miel por su dulzura.

»S.H. me explicó una vez que ya había concluido:

Sea que te escuchen o que te rechacen

no les temas, porque yo estoy contigo,

Mi fuerza y mi poder te sostiene en todo momento.

Diles que los que sois míos, estaréis conmigo en mi Reino.

»Yo me daba cuenta de que algo superior a mis propias fuerzas me impulsaba a aceptar todo aquello por encima de mi entendimiento…Y me dejé conquistar. Esto me seducía… y me dejé seducir

»S.H. proseguía:

‘Yo haré de ti como muro invencible,

Combatirán contra ti, pero no te vencerán,

Porque yo estaré contigo para salvarte, para liberarte.

Porque todo colabora para bien de quien me ama,

de aquellos a quien mi Padre ha elegido’.

»Cuando S.H. terminó de decir estas cosas, yo sentí que todo me daba vueltas… ¿Era yo o eran las cosas que se movían a mi alrededor?

»… Silencio… quietud… Paz…

 »El sol estaba alto y yo me encontraba en el mismo lugar en el que había visto aquella luz… ¿Cuándo…? ¿Había sido la noche anterior…? ¿Qué tiempo había realmente transcurrido? ¿Fue un sueño?

»¡Qué disparate! ¡Qué absurdo! ¡Qué inverosímil!

 »Pero algo dentro de mí me decía que aquello había sucedido y no lo podía ignorar.

»¡Era una realidad! Me sabía portador de un mensaje, había sido llamado a realizar una misión bien concreta y exigente. Me quemaba la urgencia de contar a todo el mundo la fuerza de esta experiencia.

»Pero… ¿cómo? … ¿Quién me va a creer?

»Y me decía a mí mismo: Esto hay que madurarlo. No puedo precipitarme. Es demasiado serio como para tomarlo a la ligera. He de darme una respuesta convincente primero a mí mismo, y cuando yo me lo crea de verdad, sabré como transmitirlo. Y con esta inquietud volví a casa. »Pasé todo el día incómodo y me decía:

‘No me acordaré más de él, y no hablaré en su nombre’.

Pero era en mi corazón fuego,

un fuego devorador retenido en mis entrañas.

No podía retenerlo y no podía soportarlo.

»Tenía la impresión de haberme metido en un callejón sin salida.

»¿Quiénes eran todas esas personas que así se habían apoderado de mí? »Sospechaba que me había puesto en contacto con seres superiores que me querían hacer cómplice de un proyecto que estaba por encima de las fuerzas humanas.

 »Por otra parte me veía impulsado a creer que había sido elegido para algo positivo para la humanidad, como mensajero del destino de la Historia.

»Confieso que esto no me disgustaba. Siempre me he sentido atraído por conocer el secreto de la existencia humana. Quizás ya lo llevaba en los genes. El caso es que ahí me encontraba yo aquel día. Con un insondable misterio ante mí. Y una misión que me seducía a la vez que me abrumaba.

»¿Qué partido tomar?

A MODO DE SUEÑO BÍBLICO

De todos es sabido que el Dios bíblico se comunica en muchas ocasiones con el hombre a través de sueños. Abraham (Gn 15,12), Abimelek (Gn 20,3), Jacob (Gn 28,10-22), José (Gn 37, 5-10), Samuel, Salomón,  Daniel, …incluso a José el esposo de María, por eso me he atrevido empezar esta novela a partir de un sueño de Andrés, donde se le reveló su vocación.

—Voy a contarte el principio de todas las cosas para que no te coja desprevenida y te vayas haciendo una idea de la realidad que te vas a encontrar.

»Aquella noche tuve un extraño sueño.

»Me encontraba durmiendo en una cueva situada en un monte y he aquí que oí una voz que me decía:

“¿Qué haces aquí Andrés? »

Yo respondí:

“He cruzado el umbral y quiero conocer el Misterio.

Sal y ponte de pie delante de la cueva.

He aquí que Él pasará.

Un viento muy fuerte sacudió la montaña y rompió la roca,

pero en el viento no lo descubrí.

Y después del viento un temblor.

Tampoco allí le vi.

Y después del temblor, fuego.

No estaba Él en el fuego.

Después del fuego oí un susurro

el ruido ligero de una brisa suave.

Cuando lo oí, me cubrí el rostro

y reconocí que en esa brisa estaba Él.

»Su presencia me llegó hasta los huesos. Fue entonces cuando advertí que le oía desde mi interior. Su voz la sentía brotar desde lo más profundo de mi propio ser:

“Pídeme lo que quieras.

“¿Qué he de pedirte? …

Dame un corazón que escuche atento,

Para que sepa descubrir las necesidades

de los que me rodean

Y sabiduría para poderles ayudar a discernir

entre el bien y el mal.

»Parece que le gustó mis deseos. Y prosiguió:

Llámame y te responderé,

te revelaré cosas grandes, inaccesibles,

que tú no conoces.

»Me desperté. Estaba amaneciendo, la ventana se había abierto y la brisa de la mañana me daba en el rostro.

»Yo sentía que aquello había sido algo más que un simple sueño. Había de verdad entrado en un ámbito misterioso, en un ‘espacio’ distinto, que nunca había experimentado. Todos los objetos de la habitación estaban allí, externamente todo permanecía igual, nada estaba alterado, pero… ‘algo’ o ‘alguien’ lo hacía diferente.

»Se había abierto una puerta invisible ante mí y yo había atravesado su umbral. Un umbral que me llevaba a otra dimensión, a ser diferente y definitivo”.