La esperanza del cambio (2)

Siguiendo el capítulo, nos encontramos con otro tema que preocupa a M95, porque le resulta muy distinto a la experiencia que ella trae de su cultura. Se refiere al poder judicial en un país democrático donde se pretende que la justicia esté al servicio de la verdad y la equidad.

(Aunque es un tema que ya vimos en marzo del año pasado, aquí lo traigo de nuevo, para darle toda la amplitud y riqueza que tiene en el capítulo)

—Háblame del sistema judicial.

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—Este es otro punto realmente interesante para el auténtico bienestar de la nación. Este colectivo judicial tiene una tarea de mucha responsabilidad, y yo creo que el secreto de su eficiencia real está en el actuar con independencia absoluta frente a los poderes políticos, y al mismo tiempo deben destacarse por su honestidad y eficacia al servicio de su auténtica causa, la justicia.

—¿Son fácil de sobornar?

—Como en todos los campos humanos, existe el peligro de que no sean del todo honrados. Pero el que es de verdad un auténtico profesional de la justicia, no mira el soborno ni las amenazas y se juega todo por defender los derechos de los menos favorecidos, siendo portavoz de aquél que la injusticia y el egoísmo humano le ha colocado en situaciones desfavorables.

—¿Qué te parece a ti que hacen los jueces en los casos de corrupción?

—Verás, son situaciones muy delicadas. Hay casos donde se mezclan grandes fortunas, prestigiosos políticos, especuladores bursátiles… en fin, personas con poder que son muy difíciles de condenar.

—Ya veo.

—Lo cierto es que son los jueces los que deberían ayudar a poner las cosas en su sitio si se ajustaran a hacer su trabajo de defensores de la justicia y el orden. Yo creo que si el que incurre en algún acto ilícito supiera que la justicia funciona como debería, más de uno se lo pensaría antes de delinquir.

 —Yo he oído una protesta porque se libran de la cárcel los que tienen dinero para pagar la fianza.

—Así es, los delincuentes pobres que no tienen dinero para pagar las cantidades que se les adjudica por el delito cometido, esos no se libran de la prisión, los ricos y poderosos, tan culpables o más que ellos, con abonar los costes marcados por el juez, aunque sean cantidades enormes, suelen librarse de pasar un solo día en la cárcel.

—¿Y aquí también influís vosotros?

—Bueno, hay que valorar los esfuerzos de mucha gente que trabaja en diversos campos sociales promoviendo, junto con otros, estilos de vida que no están de acuerdo con el poder abusivo de unos pocos, el soborno, los privilegios, el favoritismo, la parcialidad… en fin tratamos de denunciar cualquier clase de corrupción social. Son personas que se han tomado en serio la responsabilidad personal de entregar a la futura generación un mundo más humanizado que el que estamos viviendo actualmente.

—¿Esta es vuestra filosofía?

—Así es. Tratamos de ir ayudando, para conseguir un desarrollo más humano, comprometiéndonos por atender los derechos de todos, trabajando por el bienestar del colectivo, como cauce para la realización plena de cada uno de sus miembros. Así, poco a poco, podemos demostrar con hechos lo que defendemos de palabra, pues solo un vivir coherente puede ser la confirmación de nuestra teoría.

—-Bueno, y todo esto ¿qué dicen los otros?

—Se trata de convencer con los resultados y si aquí más o menos va saliendo, quizás otros reaccionen y se animen a tomarse la vida con un estilo propio de una generación atenta a su responsabilidad social.

—¿Y tú creer que los que tienen el poder les interesa esto?

—Depende de cómo se sitúen ante su compromiso de ver la vida, como servicio a favor de los ciudadanos o como plataforma de lucro, y prepotencia.

—A mi parecer, toda autoridad quiere mantener su poder, aunque tenga que obligar y dominar para eso.

 —Si hablamos de un gobierno democrático, el primer paso es aclarar los conceptos sin manipularlos. En una democracia la autoridad viene dada por los propios ciudadanos que han confiado en que su candidato será un dirigente con el talento y la honradez suficiente para organizar un gobierno con todas sus consecuencias de justicia y equidad, sin embargo, si esto no se da, aquí pasamos a otra clase de gobierno, el abuso de poder, que viene determinado por la ambición, la manipulación, la adquisición poco honesta de la riqueza, el dominio, la fuerza… toda clase de corrupción, incluso pudiendo llegar al querer someter por las armas y la violencia. Como ves, ese prepotente y poderoso no se hace digno de ejercer la autoridad.

 —Pienso me equivoco, pero la experiencia dice tus teorías no son con la realidad, sólo son con ilusión y fantasía.

—Tal vez. Pero es que la filosofía que proponemos requiere una gratuidad que difícilmente se garantiza en los políticos. Pero ellos son personas como nosotros y alguno habrá que reaccione según estos principios. ¿No te parece?

—Si tú lo dices…

—Todo es cuestión de ponerse a tiro, para sentir, en lo mejor de sí mismo, esa voz que nos grita la urgencia de trabajar por el bien de todos y no por intereses personales o de partido. Pues con eso solo se benefician unos pocos y a veces a costa de que muchos sean marginados o explotados, hasta llegar incluso al deterioro y perdida de la dignidad de estos afectados por falta de asistencia social.

—¿Esto pasa en este país

—Veras, es muy común ver en todas las ciudades, gente pobre e indigente que no son capaces de salir de su estado de miseria porque nadie se preocupa por ellos.

—Ya entiendo

—Pero no son solos ellos, pues también los hay que por vergüenza no llegan a manifestarse así, pero que tampoco tienen cubiertas con dignidad sus más elementales necesidades y tantos unos como los otros son ciudadanos que tienen plenos derechos, no sólo al voto sino a ser escuchados y atendidos cuando exigen lo que en justicia se les debe dar para poder desarrollar dignamente su existencia.

—Si tú dices que los ciudadanos votan a sus candidatos ¿Por qué ganan los que tienen planes que no son honrados?

—Pues porque no fueron sinceros en sus programas electorales, porque engañaron al elector, porque nos prometieron y luego, una vez en el poder o no son valientes o no fueron sinceros, o no supieron ir contra corriente y temieron ser fieles a sus promesas… mil razones que no justifican ningunas el no ser honestos con los planes presentado en las campañas electorales.

—Yo leo que hay muchos grupos y organizaciones que trabajan por los derechos sociales.

—Así es. Da satisfacción ver que cada vez son más los ciudadanos que se movilizan para apostar por la construcción de una nueva sociedad auténticamente democrática. Este es nuestro empeño, estar donde se trabaja por esas nuevas formas de convivencia como único camino para conquistar un siglo XXI con las armas de la justicia y la paz para todos.

—Bueno, también se llega a la paz por el dominio y la opresión del más fuerte.

—Puede ser. Pero el orden y la paz forzada sólo se mantienen externamente, si se mantienen. Por otra parte, la corrupción y la manipulación política atacan a la armonía ciudadana y ambas cosas sólo pueden engendrar hostilidad, malestar, incluso resentimientos y odios. Por eso, no creo que sean buenas recetas para garantizar la paz auténtica y duradera, ya que pronto aparecerán brotes de rencor, odio y agresividad en esos corazones humillados, aunque aparentemente tengan sus necesidades cubiertas.

—¿Es esto luchas políticas?

—Bueno, no me gusta el término lucha porque suena a hostilidad y guerra. Por nuestra parte, queremos ofrecer otra alternativa pactando por los intereses de todos y por la construcción de una ciudadanía nueva donde se viva realmente la igualdad y se respeten los derechos de cada uno. La verdad es que esta realidad nos afecta a todos como deber de responsabilidad histórica, pero hemos de intentar que nuestras armas sean pacificadoras y de concordia Una humanidad solidaria y fraterna, comprometida con el bien común, ahí está el auténtico progreso de una nación

—¿Y cómo lo hacéis?

—Pues ya vas viendo como actuamos. Empezamos por programas de iniciación en donde los guías o maestros ayudan como primera asignatura el dominio personal.

—A ver, explícamelo.

—Mira, una persona que no sabe controlar su maldad difícilmente podrá entender, aceptar, ayudar a los otros. Si tú no has controlado tus ambiciones desordenadas, difícilmente podrás presentarte como líder para ayudar a los demás, puesto que irás movido por la ambición, el poder, el dominio. Por eso lo primero que se ha de aprender es a saber dominar el mal que crece en el interior de cada uno. Nosotros somos nuestro primer enemigo y hay que ir ganando las batallas correspondientes según las edades psicológicas. El alcanzar el equilibrio interior es tarea de toda la vida. Hay que ir orientando nuestro corazón para que no caiga en la opresión, abuso, rencores, egoísmos, envidias, odios, celos… todo esto son tumores del espíritu del mal que está en nuestra naturaleza, que van minando la capacidad de relacionarnos con amor. El conquistar un bienestar interior, hace que disfrutemos de una auténtica reconciliación con nosotros mismos, como primer peldaño para reconocer comprensivamente la realidad distinta del otro y acogerlos para buscar juntos el bien común.

—¡Qué interesante!

—Si, es una buena guía en el campo psicológico de la persona, la aceptación de uno mismo tal como somos en realidad, con nuestras luces y sombras sabiendo que podemos ir conduciéndolas hacia el equilibrio interior, no sólo evita muchos males, sino que nos lleva a conquistar la verdadera satisfacción.

—A ver si me entiendo. ¿Tú dices que lo primero hay que luchar por dentro de ti?

—Lo has entendido muy bien. Pero, como te he dicho, es una asignatura para toda la vida. Pues no es el mal que viene de fuera el peor, sino que nuestro mayor enemigo es el propio desorden interior. Es la corrupción interior la que destruye toda posibilidad de ir creando paz y hermandad a nuestro paso.

—¡Vaya!

—Permíteme que te lea un párrafo de una carta de uno de nuestros primeros líderes:

«Dad muerte a todo lo terreno que hay en vosotros: la fornicación, la impureza, la pasión, la codicia y la avaricia que es una idolatría. Todo lo cual trae la cólera de Dios… Desechad también de vosotros todo esto: cólera, ira, maldad, maledicencia y palabras groseras, lejos de vuestra boca. No sigáis engañándoos unos a otros. Despojaos de la vieja condición humana, con sus obras, y revestíos de la nueva condición, que se va renovando como imagen de su creador, hasta llegar a conocerlo. …Como pueblo elegido de Dios, pueblo sagrado y amado, sea vuestro uniforme: la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga queja contra otro. El Señor os ha perdonado, haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada».

—¡Sí que es esto un buen programa de vivir!

Por eso es la primera asignatura que acatamos. Nos va la vida en esa limpieza interior. Si no comenzamos por gastar nuestras energías bélicas en combatir con nuestro propio mal, difícilmente llegaremos a ser capaces de conquistar la armonía de una convivencia ciudadana. Sólo desde una serena y constante práctica de interiorización, podemos llegar al dominio personal y desde ahí sabernos preparados para comprender y ayudar a los demás.

 —¿Es este vuestra fuerza de pacifista?

—Así lo puedes llamar. Si analizamos los motivos de los enfrentamientos humanos, el noventa y nueve por ciento tiene sus raíces en esta falta de equilibrio personal. Es el reclamo, más o menos certero, de los derechos legítimos que supuestamente le son negados. Porque en justicia no se puede permitir el querer tener más o creerse superior al otro.

—Y es así donde están los derechos humanos ¿verdad?

—Sí. Nos hemos dado cuenta de que este camino funciona. Sólo viviendo con estas actitudes conseguiremos una sociedad justa y estable, pues nunca se llegará a una sana convivencia si se ve en el otro a un competidor, un enemigo, un inferior…

—¿Y creéis que vosotros pocos, podáis cambiar toda la sociedad?

—Si sólo nos limitamos a quejarnos y a esperar pasivamente que otros actúen, por supuesto que no conseguiremos nada, pero cada uno podemos ir echando nuestra semilla en el surco, confiando en que algún día veremos nacer la planta.

—Dime alguna de esa semilla.

—Pues verás, son gestos de la vida diaria, como palabras de acogida y cercanía, en el trabajo, en casa, en la calle… estar atento a lo que el otro necesita aun antes de que lo pida, ejercitarnos en escuchar, en ser amables, tolerantes, comprensivos, solidarios… valorar a los demás demostrándoles que reconocemos sus dotes, sin envidias, sin ambiciones egoístas, desterrar de nosotros los impulsos de poder, de creernos superiores, de ignorar al otro… respetar otras opiniones, otros puntos de vista sin alterarnos… en fin, educarnos y educar a las nuevas generaciones en el desarrollo de estas actitudes que nos hacen valorar y respetar las diferencias y complementariedad de todos los ciudadanos.

—Pero no siempre es fácil estas cosas.

—Nadie dice que lo sea, incluso a veces hay que conformarse con guardar un prudente silencio ante situaciones injustas o exaltadas y esperar la próxima ocasión. Pero nunca tirar la toalla.

—¿Cómo? ¿Qué toalla?

—¡Ah! Perdona, a veces se me olvidad que tengo que usar palabras sencillas para que puedas seguir mi discurso, pero es que hay temas que me apasionan y es como si estuviera sacando de mi interior todo el fuego que llevo dentro. Pues verás, tirar la toalla significa rendirse, retirarse, dejar de actuar por cansancio, aburrimiento o por simple desilusión ante un objetivo que no se llega a alcanzar. ¿Lo entiendes?

—Sí, ahora sí. Pero quería preguntar, ¿qué haces cuando ves una injusticia?

—Mira como queremos ir buscando creativamente los caminos pacificadores de reconciliación ante los conflictos cotidianos, lo primero que hay que evitar es toda clase de irritación o agresividad, pero nunca mantenernos pasivos ni indiferentes ante ella. La mentira, la falsedad de la manipulación del poder o ante la privación de los más elementales derechos de la persona como son el ser respetado con dignidad, el recibir el trato que se merece por el sólo hecho de ser persona, el tener lo mínimo para subsistir en cualquier situación, son condiciones que nos mueven a alzar la voz contra los hechos injustos. Aquí es donde jugamos la partida más arriesgada, pues se requiere mucho tacto para poder convencer a los contrarios con mano de hierro en guante de terciopelo. ¿Entiendes lo que quiero decir?

—Sí, que hay que ser firmes, pero no agresivos.

—¡Eres una chica muy lista!

—Gracias. Explícame. ¿Si una ley permite algo que no os parece recto, vosotros podéis negaros a hacerlo?

—Como ciudadanos de una sociedad democrática tenemos que saber cuales son nuestros derechos y no acobardarnos ante una legislación que no está de acuerdo con nuestros principios morales, pues por encima de toda ley está la conciencia como última instancia que hemos de seguir a la hora de actuar y no podemos apoyar una legislación que no está a favor de la persona, un orden democrático debe respetar la conciencia de cada uno.

—¿Y si os equivocáis?

—Por eso la urgencia de una buena formación, de consultar a expertos, a personas con autoridad moral, con garantía de seriedad y rectitud de conciencia. Desde ahí es donde nos atrevemos a enfrentarnos, lo que es lo mismo, a objetar sobre una ley que consideramos injusta o incorrecta.

—¿Supongo que no todos tienen ocasión de consultar a expertos?

 —Supones bien. En cualquier caso, ante la duda de la rectitud de un comportamiento concreto, siempre hay un recurso que no falla, y es el preguntarnos qué es lo que va más a favor de la persona, qué nos hace más humanos, qué es lo que nos ayuda a vivir más dignamente.

—¿Dónde trabajáis para poder ayudar a la gente que necesita?

En cualquier estamento social, hay que ir introduciendo este estilo humanizador. Hay que vivirlo en el trabajo, en el lugar donde estudias, en casa, en fin, donde tienes ocasión de relacionarte con los demás. Pero es sobre todo en el campo de la educación y en los medios de comunicación donde nos jugamos el mayor reto, pues son lugares donde se puede ir haciendo pensamiento, donde se puede ofrecer otra alternativa para enfocar la existencia humana. Estamos allí donde son convocados los ciudadanos. Se trata de ir trazando otro camino, no sólo con la palabra sino con la coherencia de vida. Es así como tratamos de dar nuestra opinión desde el diálogo, el ejemplo y nunca desde la fuerza ni la violencia.

 —¿Y hay muchos jóvenes que os siguen?

—Pues veras, esta generación de jóvenes, lo tiene muy difícil porque son muchas las fuerzas, y de muy variados signos, las que tratan de ganarlos o confundirlos. Los jóvenes son seres aun sin criterio y por tanto fáciles de manipular, pero yo creo que el papel más influyente pueden tenerlo los padres y los educadores. La familia aún tiene un lugar privilegiado para formar el futuro de nuestra sociedad, aunque haya otras fuerzas que trabajen con energía para destruirla. Hoy por hoy, son los padres los que, con su coherencia de vida, pueden impulsar a sus niños a ser honrados, trabajadores, generosos, solidarios, porque, aun yendo en contra de las estructuras sociales, deben de luchar por conquistar para sus hijos un futuro donde todos puedan participar de una mesa fraterna.

La esperanza del cambio (1)

Este es otro capítulo interesante, donde podremos recrearnos sobre los valores cívicos y la responsabilidad social, según los criterios de Andrés, el profesor de ciencias sociales del colegio de ese barrio.
Como toda la novela, es M95 la narradora. Y no podemos olvidad que nos encontramos ante una persona que no domina, cien por cien, porque proviene de otra cultura.

Después de terminar las actividades de la tarde en el club, he estado charlando con Andrés en su despacho. Tenía una lista muy larga de interrogantes desde mi asistencia a su clase y pretendía que él me las aclarara.

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—Me gusta que me expliques, eso que llamáis los deberes que tiene una ciudadanía responsable.
—Bueno, yo creo que la persona tiene que sentirse y actuar como parte constructiva de la sociedad donde vive, y nadie puede privarle de este derecho, ni ella misma debe evadirse de esa responsabilidad.
—Entonces, ¿tú apoyas eso que todas personas tienen su papel sociopolítico en la historia?
—Si, así es. Pienso que nadie se puede quejar de estar viviendo en una sociedad que no es de su agrado, si no intenta poner los medios para transformarla, si no trata al menos de mejorarla participando, como un ciudadano con responsabilidad.
—¿Crees esto fácil?
—No, no lo es. Pero las lamentaciones y quejas sin hacer un intento por ayudar no llevan a la solución de las situaciones incómodas. Esa postura pasiva son quejas estériles que terminan por engendrar pesimismo y desaliento o en el peor de los casos una indiferencia, pasotismo y aburrimiento ante la causa social, y no conducen a nada bueno.

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—¿Tú crees en democracia?
—Como te decía, estoy convencido de que todo hombre tiene derecho a participar libremente en su bienestar social, y este es el principio fundamental de todo sistema democrático, la participación de todos los ciudadanos, colaborando en el perfeccionamiento del desarrollo cívico más inmediato, donde el bien de todos se ha de construir con la cooperación de cada uno.
—¿Cómo me explicas esto?
—Pues mira, en la medida en que vayamos profundizando en el valor de la auténtica democracia, no sólo a la hora de dar nuestro voto sino también a lo largo de los periodos legislativos, dando nuestras opiniones, conocimientos, apoyos y recursos al servicio del enriquecimiento de los programas políticos, estaremos actuando como ciudadanos democráticamente responsables.
—Y entonces, ¿tú crees que este es el camino de modelo de sociedad que propone la auténtica democracia?
—Si, un camino donde los dirigentes políticos ejercerán su mandato compartido con la aportación ciudadana, siempre a favor del bien común.


—¿No es esto mucho arriesgado para los políticos?
—Pues si, pero si están de verdad por hacer un servicio a la comunidad, escucharán las demandas de cualquier ciudadano. Pero por desgracia no siempre es así, y son muchos los que buscan el puesto como plataforma de poder y enriquecimiento personal aun basándose en intriga y corrupciones de todo tipo.
—¡Esto es muy malo! ¿Es esta la causa de problemas de gobierno democrático?
—No exclusivamente del sistema democrático, pues puede ser un mal en cualquier sistema político, pero en todo caso siempre hemos de luchar por mejorar nuestros gobiernos si queremos avanzar en la construcción de una historia progresista, justa y más humana.
—Ya entiendo.
—De todas las maneras, yo soy optimista y tengo esperanza en el cambio y el progreso. Todo diálogo político que promueva acciones de avance y mejoras ciudadanas han de ser apoyados y favorecidos.
—¿Es clasista vuestra sociedad?
—¡Por supuesto que sí! La situación social en la que vivimos está cimentada en el tener y no en el ser. Por eso funcionamos entre las categorías de los ricos, inteligentes, poderosos… El que tiene dinero, poder, capacidad intelectual… es el que triunfa, aunque esto lo haya adquirido de una manera poco honesta, y así no construimos positivamente el bienestar de todos, puesto que el que carece de esas cosas, a veces por no querer pactar con ciertos valores, éste se puede encontrar marginado o sencillamente quizás nunca alcance a ser influyente en la sociedad. Pues, aunque en teoría se afirme que todos somos iguales y tenemos los mismos derechos, en la práctica sabemos que no es verdad, y que en ocasiones se llega a violar los principios más elementales de los derechos humanos, por mucho que se diga que la democracia está a favor de estos principios.
—¿Y cuál es vuestra propuesta?

—Sin duda, el ir sensibilizando a los ciudadanos del deber de construir otra realidad social, siendo conscientes de sus obligaciones cívicas, contribuyendo en la cooperación solidaria, a fin de que todos disfruten de una aceptable calidad de vida, al menos con sus necesidades más elementales cubiertas
—¿Tú crees que mejoráis el futuro?

—¡Por supuesto! Ya te he dicho que la solución está en no lamentarnos inútilmente sino en ayudar al cambio para mejorar. Es verdad que la meta es muy ambiciosa, pero creo que al final el bien va a triunfar, y si nos juntamos los que tenemos esta esperanza, y trabajamos por el bien común algo conseguiremos ¿no te parece?



—Puede ser…
—Por mi parte no quisiera pasar por la historia sin haber puesto mi grano de arena para lograrlo. Porque esto es urgente. Si, urge que nos comprometamos socialmente si queremos de verdad que suenen voces que proclamen la justicia, la solidaridad, la participación responsable… Este ha de ser nuestro empeño, ir buscando hacer el bien junto a las personas que tengan estas mismas inquietudes.
—¿Es así donde terminará la pobreza?
—Este es un tema muy complejo. Como ya te he dicho, espero que algún día caigamos en la cuenta de que todos tenemos derecho a tener cubiertas las necesidades más básicas, cosa que aún no es una realidad.
—¿Y tú dices que la democracia es el camino?
—Bueno, es uno de los caminos, supongo que habrá otros, pero cualquiera que busque el desarrollo pleno de la humanidad, ha de optar por colaborar activamente en la construcción de un orden social acorde con las exigencias del bien común y de la distribución equitativa de los bienes del planeta.
—Esto me suena a… ¿
Cómo se dice… utopía?
—Quizás te parezca una meta inalcanzable, pero sabemos hasta dónde pueden llegar nuestras fuerzas y no por eso nos acobardamos ni renunciamos a la lucha.
—¿Cómo me explicas de los países donde los gobernantes buscan su bien económico propio o sólo gobiernan para mandar y dominar?
—Eso es parte de lo que te he comentado. Cuando el poder político está en manos de desaprensivos que sólo tienen miedo de perder su plataforma de poder y dominio, su cómoda existencia y su alta posición social, sin meterse en el tema de la solidaridad apoyando el bienestar de todos los ciudadanos, asistimos al descrédito y al propio suicidio de las instituciones políticas. —¿Tú crees esto?
—Estoy completamente seguro de que el pueblo tarde o temprano se levantaría contra los que así abusan de su poder. Los gobernantes tendrían que plantearse su situación y saber que esto los llevaría a ser los primeros en perder sus privilegios. ¿No te parece?
—Si, me temo tienes razón. ¿Cómo van a responder a las necesidades más urgentes de los ciudadanos, si con esto no se benefician, sino que tienen que renunciar de lo suyo para todos?
—Veo que lo vas captando. Además, hay otro problema que es el que surge en los países donde se pone como meta la producción a consta de la explotación de los propios trabajadores.
—Si, algo leo de esto en una crítica de la sociedad de consumo.
—Son planteamientos económicos que no miran en absoluto la dignidad de la persona. Las fuerzas laborales están organizadas para obtener el máximo beneficio sin tener en cuenta las condiciones de vida de los trabajadores, que son al fin y al cabo los que hacen progresar la economía con sus esfuerzos y sudores. La persona es explotada y sólo se le mira como un instrumento más de la productividad.
—Y así sólo se enriquecen los jefes ¿verdad?
—Así es. Los beneficios del desarrollo económico siguen estando en manos de unos cuantos poderosos que mueven los hilos de toda la producción.
Ya veo.
—Por eso es urgente hacer propuestas alternativas desde la base para cambiar el sistema, poniendo en primer eslabón en el respeto a todas y cada una de las personas que la forman.
—¿Y cuál es tu propuesta?

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—Pues verás, tenemos un programa de orientación ciudadana, en el que se informa a la gente de sus auténticos derechos. También es muy importante la educación de los valores para ir tomando conciencia de que las relaciones humanas tienen como base la igualdad, aboliendo toda forma de explotación y discriminación y por último nos interesamos por la formación de conciencias rectas, honradas, íntegras, que no se dejan embaucar por la injusticia, la inmoralidad de los ambientes que buscan el engaño y el fraude social.
—Esto suena muy interesante.
—Así es. Yo creo que es el camino por el que se podría llegar a construir una sociedad donde se respete al ser humano en toda su dignidad. Cuando el ciudadano conoce sus derechos y los exige, la autoridad ejecutiva no le queda otra alternativa que actuar en favor de esas voces.

Rotulando caminos (2)

Tenía un gran terreno para ser lo que es ahora ¿no?

—Sí, era un espacio hermoso, pero se le ha ido añadiendo al­gunas parcelas más y poco a poco ha llegado a convertirse en un buen centro educativo; gracias no sólo a subvenciones exteriores, sino que también va mejorando con el esfuerzo de los socios, que son todos los antiguos alumnos que se comprometen con una cuota anual según sus posibilidades y generosidad.

¿Cómo es eso?

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—Pues es una forma de colaborar muy interesante. Fue idea de la primera promoción que terminó, cuando ya el centro cubría la enseñanza hasta los catorce años. Como todos los alumnos son del barrio, se sentían muy vinculados a su colegio, y cuando fueron profesionales, pensaron en formar la asociación de antiguos alum­nos con el fin ayudar a mejorar la calidad de las instalaciones en be­neficio de las nuevas generaciones, que sin duda eran sus propios hijos. Ni que decir tiene que todas las sucesivas promociones están siendo fieles a esta demanda y cada uno mantiene el compromiso. Con todo esto hemos podido levantar nuevos pabellones de aulas, el polideportivo y se ha construido el salón de actos.

Supongo que también el barrio ha cambiado ¿verdad?

—Por supuesto. Hoy ha dejado de ser un barrio marginal, gracias al intento de mejorar el nivel cultural de sus gentes. Han aprendido a vivir con dignidad, estableciendo un proceso desde la simple supervivencia hasta la adquisición de unos conocimien­tos que les dignifica, una cultura que ha desarrollado en ellos la capacidad de poder tomar sus propias decisiones haciéndolos libres y responsables para ir forjando su futuro.

¡Qué interesante!

—Sí que lo es. Esto que hoy ves, es el resultado de nuestro empeño por ir transformando la sociedad mediante una educa­ción basada en la dignidad de la persona y en el desarrollo ple­no de sus capacidades. Y cuando han sido adultos, ellos mismos han luchado por abrirse camino y mejorar sus condiciones de vida, defendiendo sus propios derechos, llamando a las puertas oportunas, valiéndose de los contactos que poco a poco han ido creándose y emprendiendo el camino de su propio destino.

Esto es buen fruto para vosotros

—Así es. Siempre hemos procurado dar prioridad en cada alum­no al desarrollo de todo su potencial humano. Cada uno está llama­do a ir creciendo tanto física como intelectualmente al ritmo de sus capacidades personales y con ello vamos favoreciendo el progreso de una ciudadanía marcada por la autonomía y la responsabilidad.

Yo veo que tú eres satisfecho de lo logrado.

—Mucho. El resultado es fruto del esfuerzo y de la buena vo­luntad de todo el colectivo educativo, que año tras año ha sabido ser fiel a la responsabilidad de ir asumiendo el compromiso de ser agente de cambio. Y este empeño se ha visto recompensado al ver cómo el entorno ha ido poco a poco dejando de ser el ba­rrio de la periferia de la ciudad, donde empezamos nuestra tarea educativa hace ya más de treinta años.

Este es un trabajar bonito.

—Ya lo creo. No te puedes imaginar lo que era cuando em­pezamos aquí. Las gentes no tenían ni las mínimas nociones de higiene ni de interés por salir de la indigencia, y ahora puedes ver que el sector goza de una posición digna. Además, se ha creado un ambiente de amistad entre ellos muy bonita. No es un con­glomerado de individuos independientes y anónimos, sino que forman un grupo de personas y familias que se relacionan entre sí, llegando a crear lazos de empatía más o menos fraterna donde se saben escuchados y pueden con libertad expresar sus intereses e inquietudes. En fin, un grupo humano que organiza su vida planeando juntos, buscando la realización de sus sueños por un futuro mejor, sabiendo que nadie es indiferente a la suerte del otro, que todos tienen interés porque salga bien lo colectivo.

¡Qué bien!

—Y esto se debe a que los adultos son todos profesionales bien cualificados, que han sabido prosperar caminando hacia el puesto que le corresponde en la sociedad, por los conocimientos adquiridos a lo largo de sus años de estudio.

Esto si es interesante.

—Desde luego, yo creo firmemente que, con nuestro enfo­que socioeducativo, estamos colaborando a la transformación social. Hemos ido rotulando caminos nuevos, comprometién­donos en el desarrollo de una ciudadanía corresponsable, por medio de una educación innovadora y democrática. Todo esto encarnado en profesores con sólida formación pedagógica, que trabajan por una enseñanza de calidad promoviendo los valores del estudio, la investigación, la participación y la integridad.

¿Cómo os relacionáis con otras gentes que no son del barrio?

—Mira, hay que partir del principio de que sólo se puede influir en los otros en la medida que vivimos el sentido de pertenencia a una comunidad y nos implicamos en su crecimiento y desarrollo. Para que haya una relación fluida, hay que saber respetar las diferencias, acep­tando el derecho a ser únicos y diferentes a la vez que nos sabemos iguales y complementarios. Sólo desde ahí, estaremos preparados para abrirnos a un círculo más amplio como la ciudad y la nación.

¿Es esto democracia?

—Pues… verás. Para mí, un país que presume de regirse por un gobierno democrático necesita ir creando unidades menores en las cuales la soberanía popular pueda ejercitarse. La sociedad civil ha de ir acercando las distancias que separa a los políticos de la población y de los problemas del día a día.

Entonces, ¿el elegir por tu voto al líder no basta?

—Según mi modo de ver la democracia, no. Tú misma eres testigo de cómo se aprende la participación en el colegio, toman­do responsabilidades y decisiones personal y comunitariamente. Esto les va enseñando a desenvolverse en un colectivo plural que más tarde trasladarán a la comunidad de vecinos, barrio, ciudad y nación. Como has leído en nuestro programa pedagógico, consi­deramos la participación como uno de nuestros pilares educativos, porque es esencial para ir aprendiendo a tomar decisiones respon­sablemente dentro del colectivo social donde nos movemos.

Si, a mi gusta mucho el programa pedagógico que tenéis.

—Siempre hemos intentado ir actualizando el programa, pen­sando en lo que es mejor, para ir marcando cambios innovadores que afectan a las condiciones vitales de las personas y al desa­rrollo de su cultura, partiendo de metodologías innovadoras que fortalezcan el pensamiento crítico y la capacidad creativa. ¡Oh, que qué tarde que es! —dijo al tiempo que miraba el reloj y se levan­taba—. Perdona, pero, he de marcharme ya.

Rotulando caminos (1)

En este nuevo capítulo, conoceremos el colegio de este barrio, a fin de considerar su bien hacer pedagógico y valorar su ilusionado esfuerzo por transformar el lugar, después de casi cuatro décadas de constante desvelo y constancia.

 Hoy he coincidido con el director del colegio a la hora de la comida y aprovechando que estaba solo me he acercado a su mesa con mi bandeja.

¡Qué sorpresa verte!

—Hola, me alegro de encontrarte. Como ahora me he que­dado solo en casa, he decidido acercarme por aquí para comer.

Sí, ya me enteré de la boda de tu hijo pequeño.

—Así es, se casó el sábado y marchó a vivir al otro extremo de la ciudad. Ahora tengo que plantearme la vida en solitario y presiento que en lo sucesivo me convendrá tomar esta alternativa más de una vez. Pero… siéntate y charlaremos mientras comemos. ¿Te parece?

Pues claro. A mí también me gusta comer aquí y vengo muy a menudo. ¿Vives muy lejos?

—Pues verás, en coche sólo tardo quince minutos en llegar a casa, pero como esta tarde tengo que volver al colegio y no me había preparado nada, he optado por no desplazarme.

Ya veo. ¿Cuántos hijos tienes?

—Tengo tres, un chico y una chica que viven actualmente en Brasil, y este que, aunque está en la ciudad, se ha trasladado a otro barrio al casarse, así que me he quedado solo.

¿Hace mucho que murió tu esposa?

—No, solo tres meses.

¡Cuánto lo siento!

—Gracias. La verdad es que fueron muy duro sus últimos meses, pues ella era el alma del colegio y me costó mucho su en­fermedad. Aún no me hago a su ausencia.

¿Cómo empezaron el colegio?

—Fue un proyecto social del Banco de mi suegro. Comenza­ron por rehabilitar el barrio, que era uno de los más pobres de la ciudad, convirtiendo para aquellos menesterosos las chabolas en casas, sencillas pero dignas. Construyeron varios locales públicos y entre ellos también una escuela para los niños del barrio. De todo esto ya hace casi 37 años, y nosotros, que habíamos acabado ese curso la carrera superior de educación, se nos solicitó para llevar la parte pedagógica del colegio.

¡Qué interesante!

—Cuando comenzamos, este barrio estaba en los límites de la ciudad, la mayoría de las familias eran forasteras, emi­grantes de otros países, colectivos de realidades campesinas o simplemente personas que al aterrizar en esta ciudad y verse anquilosadas en un callejón sin futuro, habían perdido toda su autoestima social, vivían en situaciones de exclusión, con gran­des privaciones de todo orden, donde sobresalía la precariedad de los empleos, la ausencia de oportunidades y donde los re­cursos económicos eran escasos. En fin, esto era meternos en un ambiente de personas socialmente consideradas excluidas. El problema de la marginación, la discriminación, la violencia, eran los factores dominantes.

Y entonces comenzasteis esto para cambiarlo.

—Así fue, somos testigos directos de haber sido parte de los agentes de cambio de esta gente. La transformación social ha sido posible gracias a la educación recibida en nuestro centro entre otros factores.

Si, yo veo que el barrio ya no es marginal

—Así es. Fue una idea brillante y aquí nos vinimos. Con la ilusión e intrepidez de los novatos, presentamos una propues­ta pedagógica donde nuestro último objetivo era hacer personas dignas, cultas y responsables de aquella gente sencilla e ignorante. Tuve la suerte de tener por esposa una fuera de serie que, siempre fue el alma de este proyecto educativo.

Supongo que en todos estos años habéis trabajado mucho.

—Pues sí, como te decía, comenzamos con una pequeña es­cuelita a la que llamamos “La siembra”, porque este era nues­tro propósito, sembrar educación en esa gente tan necesitada de todo. Y con sólo cuatro aulas, dos de niñas y dos de niños, a dos niveles cada una, nos lanzamos a esta maravillosa aventura. El colegio era sólo un bloque de dos alturas, en el centro de la planta baja estaba la dirección y secretaría y en el piso superior, separaba las dos aulas una biblioteca que era a su vez la sala de profesores, de reuniones… en fin, lo que ahora llamaríamos sala multiusos. En el exterior, rodeando el edificio había un jardín y un patio de recreo que hacía a su vez de campo de deportes, Esto era todo.

LA CONDICIÓN FEMENINA (6)

Vamos a dar por terminado este capítulo con el diálogo de M95 y su compañero V71. ¿Qué les dice a ellos todas estas novedades existenciales?

Quiero destacar aquí la pobreza relacional de esa civilización.

Porque hoy, con la experiencia de la pandemia, tenemos que reconocer que la distancia, el aislamiento social y el confinamiento que se nos impone como instrumentos indiscutibles para velar por nuestra propia salud, puede llegar a quebrar nuestros vínculos, generando incomunicación, insensibilidad afectiva, y desmoralización, induciéndonos a vivir de una forma que, por cultura, no nos pertenece. ¿Qué va a pasar con mis relaciones interpersonales, mis amistades…? ¿A dónde nos puede conducir todo esto?

Pasemos a leer el diálogo futurista de esas dos personas

—¡Este es el secreto de esta gente, el móvil que les impulsa a construir la historia con los ojos puestos más allá de la misma historia! ¡Qué diferente planteamiento a la programación establecida en nuestra civilización!

—¿Ya estamos de nuevo hablando despropósitos?

—Bueno, tienes que reconocer que es una manera distinta de mirar la vida. Es verdad que a nosotros se nos proporciona cuanto necesitamos, pero nuestras necesidades e intereses no pasan de ser superficiales. Tenemos el alimento necesario y abundante, se nos atiende en nuestras enfermedades, disfrutamos de todas las comodidades que precisa una persona de nuestro siglo y eso en el ámbito universal, pues nadie sabe lo que significa ser pobre o menesteroso materialmente hablando, pero ¡qué pobres son nuestras relaciones interpersonales! ¿Dónde están nuestros sentimientos? Me parece que estoy empezando a despertar del letargo de satisfecha-engañada, y siento que me va la vida en escuchar las voces de estas gentes que me orientan hacia la única meta que para mí ahora mismo tiene sentido. ¿A quién le interesa que todo siga tal como está?

—Entre otras personas a mí. ¿No te das cuenta de que no puedes seguir así, desacreditando tan descaradamente nuestra civilización?

 —Pienso que esto se debe a que hemos sido educados en determinados principios que controlan nuestras capacidades intelectuales y emotivas, pero ahora caigo en la cuenta de que esto no es lo correcto. No está previsto que los ciudadanos se aparten de esas normativas que se han hecho hábito en nuestro comportamiento, pero ¿dónde queda nuestra libertad de expresión y de escoger?

—¡Qué ganas de complicarte la vida!

—Quizás, pero dime, ¿quién es capaz en nuestra sociedad, de pasarse un rato con un amigo compartiendo las penas y las alegrías?

—¿Para qué? Hay otras formas de solucionar estas cosas.

—¡Por supuesto! Cuando te ves en conflicto, vas al orientador de turno y te resuelve el tema. ¿Verdad?

—¿Qué malo hay en ello?

—No, si todo esto está muy bien. Pero yo te pregunto ¿Has llamado alguna vez a la puerta de tu vecino porque necesitabas algo de él?

— ¡Nunca lo he necesitado!

— ¡Ahí esta! Hemos perdido la capacidad de necesitar al otro. Ya no podemos saber lo que significa la alegría de ser útil, el gozo de poder compartir, la belleza de la íntima relación con el misterio de cada uno.

—¡Patochadas! Yo no echo en falta nada de esto.

—¡Eso es lo malo! Ahogaron nuestras necesidades relacionales. Esa acogida de la amistad es ajena a nuestra sociedad. Ese trato personal que he descubierto en esta gente, creo que es una riqueza que hemos perdido y que convendría recuperar.

—¡Tonterías! Tú no eres quien debe decidir esto.

—¡Por supuesto que no! Pero reconoce que es más humano el poder conectar con los mismos sentimientos que tu compañero de empresa.

—¿Para qué?

—Pues para poder tomarte tu trabajo con otro interés, porque te sabes haciendo camino junto con otros que tienen la misma meta. Tratar de no ver en el otro un enemigo que te puede denunciar, traicionar o simplemente hundirte en una competencia de poder. Aquí he visto todo lo contrario. He descubierto que en esta sociedad viven atentos a ir juntos construyendo la marcha de la historia. Una historia que ahora me parece más humana.

—¡Estupideces!

—¿A quién se le ocurre en nuestro ambiente preocuparse por lo simple y lo inútil? Aquí he descubierto la ilusión por lo pequeño, lo simple, el detalle. El valor de lo menos útil, la acogida y rehabilitación del minusválido, la comprensión del menos dotado, la aceptación de lo diferente como un valor a respetar, por venir de un ser humano… ¿No habremos perdido algo positivo de las civilizaciones pretéritas? ¿Por qué tantos prejuicios?

—¡Bobadas! Está visto que tienes la cabeza embotada con tanta novedad.

 —Quizás, pero ¿no te llama a ti también la atención que no demos importancia a las relaciones interpersonales, a lo afectivo, a los valores relacionales?

—Supongo que serán cosas de otro siglo.

—Puede ser que la explicación esté en que ignoramos la transcendencia de esta vida y no profundizamos en la hondura del ser humano, porque no reconocemos su dimensión espiritual. Por eso me cuesta tanto seguir el diálogo de estas gentes cuando hablan de cosas tan profundas que según ellos no podemos percibirlo porque sólo se puede juzgar con criterios del espíritu.

—Oye. ¿No tienes miedo de cansarme y que sea yo el que te denuncie dando la voz de alarma a la base del proyecto?

—Es posible. Esto es un riesgo, que soy consciente he de asumir si quiero desahogar con alguien todo lo que estoy viviendo. Así que sólo me queda esperar que no me defraudes y me escuches sin prejuicios ni temores.

—No sé hasta cuando seré capaz de aguantar tanta necedad.

—Bueno, ¿qué me dices de la desigualdad de género que existía en esta sociedad que estamos estudiando?

—No me negarás que en esto hemos avanzado

—Por su puesto. Aunque en donde estoy residiendo no puedo experimentar estas diferencias, al parecer seguía siendo una asignatura pendiente a escala prácticamente mundial en esta época, de ahí los congresos y las reuniones internacionales que van tomando conciencia de esta realidad. Como ves, aquí puedo apuntar en favor de nuestra civilización. Hemos conquistado la igualdad de sexos, el no hacer diferencias ni valoraciones partidarias entre hombre-mujer. Podemos estar orgullosos del resultado generacional al haber conseguido dejar atrás la idea de superioridad de un sexo sobre el otro. ¡En este campo les hemos aventajado!

—¡Menos mal que hemos progresado en algo!

—No seas sarcástico. Claro que hemos adquirido nuevos conceptos valorativos de la persona, al considerarla en su aspecto de eficacia y productividad. Esto ha hecho que se rompieran aquellos esquemas. Pero tienes que reconocer que aquí sólo cuenta tu capacidad para ser útil al progreso y al bienestar de esta sociedad.

—¡Ya lo has estropeado!

—Pues es verdad, pero en la época que estamos estudiando, esta diferencia era el motivo de una lucha, a veces hasta violenta por parte de la mujer, por conseguir ser reconocida, escuchada y valorada.

—¡Vaya, barbaros!

—Ríete cuanto quieras, aunque reconozco que nosotros hemos aprendido a mirar con otros ojos y a escuchar con otros oídos, y el resultado ha sido el acostumbrarnos a oír y ver sin distinción entre un hombre o una mujer, en un trato que bien podríamos llamar neutro.

—¿Y eso es bueno o malo para ti?

—Si sigues lanzándome esos dardos tan irónicos. Mejor será que demos por concluido aquí nuestro informe de hoy.

Es tiempo de reflexionar, de profundizar en el sentido de lo que está pasando y no permitir el habituarnos a prescindir de la riqueza que supone el ver en el otro un referente complementario de nuestro mundo afectivo, emocional, o simplemente relacional.

LA CONDICIÓN FEMENINA (5)

Hemos llegado a un punto de la conversación donde el ser humano toca fondo. ¿Cuál es el sentido último de nuestra existencia? ¿Yo para qué nací? ¿Por qué y para qué existo? ¿Cuál es mi destino?

Ya no importa ser hombre o mujer. Todo ser humano tiene un compromiso trascendente. Todas estas preguntas tienen una sola respuesta: mi responsabilidad existencial

—Luego, según tú, todos tenemos una misión que cumplir.

—Así es. No hemos nacido por un simple hecho físico. Estamos aquí para ir construyendo la historia según nuestro destino. El matrimonio está llamado a colaborar en la prolongación de la especie al engendrar con responsabilidad, por eso es esencialmente temporal, pero por encima de nuestra misión histórica, existe un absoluto eterno que es el único que puede saciar todas nuestras más profundas aspiraciones humanas y que sabemos que sólo se dará fuera de la historia, esto es en la otra vida, por eso,  tanto el que se une a otro para prolongar la estirpe como el que opta por hacer suya la familia humana, han de ayudar a ir haciendo una sociedad digna, con proyección de eternidad.

Entonces, si yo entiendo bien, esto de hacer una sociedad fraternal, ¿no es vuestra meta?

—Me has entendido perfectamente. Nuestra aportación a la construcción de una historia digna de llamarse humana no es el fin que nos proponemos, porque nuestra empresa no termina con la muerte.

—Eso siempre a mí llamar la atención en vosotros.

—Pues así es. No podemos empeñarnos en buscar el desarrollo de la persona, con fines únicamente materiales, sería mutilarle al no reconocer su dimensión trascendente que le encamina más allá de su existencia terrena donde culminará su inmortalidad. Estamos creados para lo infinito, lo eterno, lo inmutable.  Nosotros creemos que tenemos un principio, pero no un fin. Por eso nuestras aspiraciones nunca se sacian con lo mejor de este pasar por la historia.

—¿Entonces esta vida es un paso a otra nueva vida?

—Veo que vas captando bien la idea. La vida presente es sólo un camino que desemboca en la vida eterna, donde no existen las limitaciones ni las frustraciones que tanto nos acongojan y los deseos que tanto nos cuestan aquí conquistar. Esa meta es la que nos da aliento y empuje para seguir aceptando todas las sorpresas existenciales. Creemos que allí resolveremos todas nuestras aspiraciones. Este es nuestro fin y la meta hacia donde queremos dirigir todos nuestros esfuerzos.

—¡Me maravilla esta seguridad de creer las cosas tan extrañas!

—Pues así es, aunque a ti te parezca raro por lo novedoso, nosotros creemos en ello y tratamos de ser coherente con nuestra fe. Porque entendemos que esas ansias que Dios ha puesto en lo más profundo de nuestro ser, no se puede saciar aquí por las limitaciones de nuestro cuerpo mortal, pero cuando nos hayamos liberado de ello con la muerte, ya nada será obstáculo para alcanzar lo que con tanto anhelo aspiramos.

—Verdaderamente este un mundo extraño para mí.

—No te preocupes, quizás estés más cerca de entender de lo que te crees.

—Yo pienso que vuestra vida es muy difícil.

—Bueno, yo diría que es muy exigente y radical. Es verdad que no se consiguen estas propuestas vitales de repente y que tienes que tratar de mantenerte en una sociedad donde tus criterios son antipopulares, pero te aseguro que vale la pena. Tan sólo sea por el apoyo comunitario que nos hace vivir en una armonía grupal. A veces se tienen experiencias difíciles que uno solo no puede afrontar y el contar con la familia, con los más allegados, te hace sentir capaz de vencer cualquier obstáculo. ¿No te parece?

—Supongo…  pero… es que todo es distinto a mi vivida antes.

—Te comprendo. Pero por mi propia experiencia te digo que creo que nuestra existencia humana es esencialmente comunitaria y que, por eso mismo, tiene como parte insustituible el compartir y el ayudar. De aquí que nos sentimos a gusto al sabernos ayudados y a la vez poder ser necesarios para ayudar a otros.

—Si eso funciona así, la vida será más fácil para todos, pero me temo que todo el mundo no piensa así.

—Por supuesto que es una hermosa utopía el pretender que toda la humanidad de una respuesta afirmativa, pero sí van brotando aquí y allá núcleos de personas que acuden con generosidad a la invitación del Señor, y por ellas el mundo y la historia podrían dar un giro de 360 grados. ¿No te parece interesante?

—Sí que lo es. Pero… me resulta tan extraño…

—Puede parecértelo, pero el secreto está en tomarte en serio tus intereses vitales y asumir tu propia historia con responsabilidad.

—¿Tú crees que sale bien?

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—Esta es la pena, que somos frágiles y a veces no nos sale. Pero, aunque no somos perfectos, ¡qué ser humano lo es!, ya te habrás dado cuenta durante este tiempo que estás con nosotros, que no son meras palabras o bonitas reflexiones; aquí, aunque a veces no nos salga, tratamos de ser coherentes en nuestro vivir cotidiano con lo que decimos.

—Esto es verdad. Y ¿qué pasa cuando no lo haces?

—Somos seres libres, y este es el riesgo más grato y a la vez más conflictivo y exigente del ser humano. El Señor no obliga ni fuerza, te invita, pero quiere que seas tú la responsable de tu decisión. Toda opción tiene su riesgo, cuando eliges algo renuncias a lo otro, por eso es muy importante estudiar con discernimiento nuestras elecciones.

LA CONDICIÓN FEMENINA (4)

Esta semana se nos plantean tres comentarios a reflexionar: La entrega como instinto maternal de la mujer adulta. El bucear en la interioridad para encontrar el sentido transcendente de la vida. La fidelidad a tu destino para ser auténticamente feliz.

Tres propuestas que vale la pena tener en cuenta a la hora de tomar el pulso a nuestra existencia.

—Y hablando otra vez de Marta, ¿quieres explicarme cómo ve ella eso de ser madre?

—Pues Sí. En ella su propia condición femenina le lleva a enfocar la entrega y abnegación desde su instinto maternal. Es una mujer adulta consagrada por completo a entregarse a los otros y con ello se siente realizando su potencial de hacer familia, dedicándose plenamente a este nuevo modo de ir construyendo una historia más fraterna.

¡Qué interesante!

—Sí que lo es. Para ella el construir una familia, una hermandad con todos los que trata, pasa por delante de sus intereses personales. Por otra parte, es una mujer que está habituada a mirar los acontecimientos cotidianos con ojos contemplativos.

—¿Cómo? Perdón, yo no entender muy bien eso.

—Quiero decir que ante cualquier cosa que sucede, Marta rápidamente sabe hacer una referencia sobrenatural. Para ella no existe la casualidad, todo tiene un por qué trascendente, por eso además de su instinto femenino, se entrega abandonada ante la presencia del Señor que todo lo ve y lo permite.

—¡Uf! Creo que estas son palabras misteriosas para mí.

—Supongo que sí, estamos hablando en términos que a nivel puramente humano puede parecer absurdos.

—¿Cómo de absurdos?

—Verás. Cuando hablamos de verdades espirituales a personas que no están iniciadas en estos temas, puede resultar difícil porque nos situamos desde distintas posturas ante la mente humana. Cuando explicamos verdades espirituales a personas de espíritu, no las exponemos en el lenguaje que enseña el saber humano, sino que nos situamos en un nivel espiritual.

—Entonces, para comprender ¿tengo que aprender un vocabulario especial?

—No se trata sólo de términos de vocabulario sino de conceptos mentales que únicamente lo captan los familiarizados con los criterios del espíritu. Los que vivimos con los ojos puesto en el Señor de la Historia, somos capaces de detectar esas emisiones de señales diferentes que nos descubren, en los acontecimientos cotidianos, dónde se encuentra la presencia del Señor.

—Me parece que estoy perdida.

—A ver cómo te lo explico. Mira, por encima de los sucesos cotidiano y ordinario, donde se suele dar una opinión de una mirada rápida y superficial, hay personas iniciadas en la comunicación con lo trascendental, que saben descifrar ese particular código de señales que anuncia la presencia del Señor. Personas que tienen experiencia de interiorizar el vivir

—¡Uf! ¿Y Marta es así?

—Sí. Su vida tiene un permanente interlocutor y vive pendiente de serle fiel colaboradora. Por eso su entrega va más allá de ser una ayuda para el otro. Es una disponibilidad incondicional a la misión para la que se sabe llamada por el Señor, y desde esa actitud vital, intenta ir construyendo la parcela existencial que se le ha confiado, tratando de ser coherente con sus propias convicciones.

—Y entonces, ¿esto es mejor que ser casada?

—Ni mejor ni peor. Son como las dos caras de una misma moneda, dos maneras de realizarse propio del ser adulto. Cada uno ha de saber encontrar su equilibrio en el propio camino para cumplir su destino. Reconozco que en ocasiones el matrimonio puede ser una limitación para estar disponible, pero también tiene otras compensaciones que no son ni mejores ni peores, sino según tu inclinación vocacional. Todos tenemos un cometido que cumplir en la sociedad, nadie se puede evadir de ella si quieres ser auténticamente feliz y sentirte realizándote en plenitud, por eso tienes que encontrarlo y seguir fiel en tu puesto.

LA CONDICIÓN FEMENINA (3)

Hoy Sera nos va a argumentar sobre su concepto de igualdad entre el hombre y la mujer y la riqueza que supone para la historia que la mujer tome parte en el devenir de la sociedad.

—Entonces, ¿tú eres de las feministas?

 —Bueno, no soy de las que van reivindicando para la mujer unos derechos de igualdad con el varón. Sencillamente creo que somos dos modos de ser persona, dos modos que se complementan pero que no se pueden confundir. Somos equivalentes, pero no iguales. Ahora bien, otra cosa es que, como ser humano, ante la ley y demás, todos debemos ser personas con los mismos derechos y deberes. Es evidente que existe lo femenino y lo masculino, pero no podemos verlo como castas o diferentes niveles del ser, sino como complementarios que se necesitan mutuamente, porque saben que juntos forman un todo.

—Sin embargo, en muchos de los países aún es la mujer como ciudadano de segunda categoría. ¿No?

—Sí, esta es una triste realidad. Pero es gratificante el pensar que parte de la sociedad mundial está ya despertando ante la evidencia. Lamentablemente, a lo largo de la historia poco se ha tenido en cuenta el valor de esta complementariedad y ha sido tremendamente machista. Pero sin duda que es un signo de nuestro tiempo el ir tomando conciencia de la riqueza que la mujer puede aportar a la marcha de la historia. Tenemos que ir corrigiendo esos errores ofreciendo a las nuevas generaciones la complementariedad del hombre-mujer, aceptando las dos dimensiones de la persona humana como necesarias para que la sociedad crezca armónicamente.

—Esto es un camino muy largo para recorrer aún, ¿verdad?

—Por supuesto. Estamos aún inmersas en una sociedad patriarcal, donde la mujer sigue un paso por detrás de los varones, pero ya va siendo hora de que nos pongamos a estudiar el modo y la manera de que esto vaya cambiando. Hay que ir transformando las mentes hacia la aceptación de la participación igualitaria de hombres y mujeres a todos los niveles cívicos. De hecho, ya se van abriendo cauces en las estructuras políticas, económicas y profesionales, dando paso, incluso en los campos directivos, a la participación femenina. Aún los hombres tienden a elegir a sus iguales, los varones, porque actúan como ellos y a veces la lógica de las mujeres les descoloca. Pero sin duda que, con el reconocimiento de la mujer, la sociedad se verá muy pronto beneficiada. Su aceptación en las tareas públicas la está convirtiendo en agente de transformación de la sociedad y yo creo que es un signo de progreso de la historia.

—Y dime, ¿cómo ven los líderes de este país esta problema?

—Aún hay mucho que hacer, pero se va tomando conciencia de ello. Es verdad que nuestro concepto de hombre y mujer, como ya hemos comentado, tiene raíces muy machistas y es muy difícil eliminarlos en una primera generación, pero te aseguro que estoy satisfecha de los pequeños pasos que se están dando, tanto en el ámbito social, laboral e incluso educacional.

—¿Y qué cambiará la sociedad por la mujer?

—Pues verás, tomando el tema desde sus raíces existenciales, la experiencia biológica de la maternidad como raíz de lo genuinamente femenino, infundiría a la ciudadanía una gran riqueza en el campo relacional. Esos valores de entrega, acogida, apertura, preocupación por el otro, atención por el más débil, inclinación por la solidaridad, la unión, la aceptación de la singularidad de cada uno… en fin, asumir la dimensión femenina en la sociedad es hacer una historia más comprensiva y tolerante, abierta a aceptar la igualdad y la originalidad de cada uno de los individuos que la componemos.

—Me temo que tiene mucho que girar nuestra planeta para ser esto una verdad universal. ¿No te parece?

—Pues sí. Pero ya es hora de que nos vayamos dando cuenta de que excluyéndonos no sale ganando la historia. Esto es irreversible, y es una realidad que la presencia femenina en todos los ámbitos de la sociedad enriquece al bien común.

—Pero yo creo que también hay mujeres muy severas y duras ¿no son femeninas?

—Bueno, estos criterios femeninos no son exclusivos de la mujer, ni tampoco lo son los contrarios del hombre. El ser humano es muy complejo y el equilibrio femenino-masculino no se da con toda pureza en nadie, somos imperfectos y cada uno tiene sus inclinaciones que le hace único y genuino.

LA CONDICIÓN FEMENINA (2)

Hoy Sara nos vas a presentar dos modos de ser mujer. Nos va a hablar de la mujer célibe, la que hace de su vida una opción exclusiva por el Reino y la que elije ser esposa y madre. Son dos formas de realizarse como mujer adulta, que no es mejor ni peor, sino más bien yo diría que cada mujer tiene que proyectar su existencia de acuerdo con los planes que Dios dispuso al crearla. Sólo así se podrá sentir satisfecha al alcanzar sus motivaciones vitales

—Hay una cosa que no entiendo.

—Tú dirás.

—¿Por qué si valoráis tanto a la familia, Marta y Juan no son casados?

—Como Andrés y yo por ejemplo ¿no?

—Sí. ¿No es algo negativo no tener una familia para prolongar este sentido de vivir? Yo no puedo entender. ¿No es una fallar, alguien que no ayuda a que la historia siga con vuestras esquemas etnográficas?

—Puede ser que desde fuera así parezca, y respeto tu punto de vista, pero tienes que saber que para nosotros tiene un profundo sentido la opción de estas personas por renunciar a crear su propia familia en favor del desarrollo del Reino.

— ¿Me lo puedes explicar más fácil?

—Veras. Me refiero que, ellos han renunciado a algo tan valioso como es la familia para poder dedicarse en exclusividad a la empresa que nos convoca en libertad y disponibilidad. Pues sin duda que están más libres al no tener que condicionar sus decisiones al bien de los suyos y de nadie son responsables familiarmente hablando, por eso pueden estar al servicio de los demás sin las condiciones que reclama la familia. Además, son signos que nos recuerdan, dónde está lo absoluto en nuestra vida cotidiana. Ellos, con su estilo de vida, nos ayudan a relativizar todas las cosas y los acontecimientos, pues todo, por muy importante y necesario que nos parezca, tiene un valor limitado y no debemos absolutizarlo. Hay veces que hacemos de nuestros intereses familiares nuestros dioses, estos se convierten en los ídolos del siglo, y luchamos por ellos como si nos fuera la existencia en tenerlos satisfechos. Por eso, las personas célibes, quiero decir, las que optan por no casarse por esta causa, son dignas de nuestra admiración y respeto si ponen su libertad al servicio del Reino.

—Pero yo oír mucho en contra de la vida de los curas por eso que llamáis célibe.

—Es verdad, hay mucha polémica sobre este tema del celibato, aunque por otra parte también se critica la maternidad o la paternidad responsable. Corremos unos tiempos de inconformismo y de cuestionar todo, y si hiciéramos caso a tanta protesta y critica negativa, esto sería un caos de esclavos, pues la manipulación y propaganda de los medios, a veces, lo únicos que consiguen es confundir, no aclarar con otras alternativas.

—¡Qué novedoso!

—¿Te lo parece? Pues te diré más. Aunque te cueste creerlo, muchas veces, la actitud de estas personas célibes por la causa del Señor me interpela, incluso para medir mi entrega conyugal y mi responsabilidad maternal.

—¡A ver, a ver! Explícame eso.

—Pues verás. Nuestras responsabilidades como pareja nos llevan a ayudarnos mutuamente. Cada mañana, al despertarnos renovamos nuestros compromisos y nos animamos a ser fieles en la tarea cotidiana y por la noche, en la intimidad de nuestro lecho nos tomamos cuenta de cómo nos ha ido la jornada.

—Y ellos célibes, ¿cómo lo llevan?

—Bueno, ellos tienen otros recursos, el caso es vivir  entregado por el bien de los demás. Porque, ¿qué es para ti la maternidad?

—Pues… la verdad… Bueno…, en realidad es tema interesante, pero pienso que tú eres la que tienes la experiencia ¿no?

—Seguramente. Pero por el hecho de ser mujer adulta, estás predispuesta a comprender las motivaciones más profundas del instinto maternal que todas llevamos por naturaleza. Porque no es sólo el hecho físico en sí, sino que, con nuestro desarrollo corporal, va creciendo en nosotras unas capacidades y unos valores, incluso unos sentimientos, que son propios de nuestro ser de mujer. Rasgos meramente femeninos, maternos, que no son mejores ni peores que los masculinos pero que son los propios nuestros. Es una manera de sentir, pensar y expresar nuestras vivencias relacionales desde dentro de nosotras mismas. Es algo indiscutible del género femenino que nos hace sintonizar con las otras mujeres. Somos como cómplices de unas actitudes que debemos compartir con el hombre pero que nos caracteriza, que nos hace femeninas, distintas y complementarias con la otra parte de la humanidad que es el varón.

—¿Cómo es eso?

—Pues verás. Pienso que toda mujer está existencialmente hecha para acoger, sufrir con el otro, sentir y expresar ternura y compasión, ser paciente y servicial, cariñosa y tolerante, cercana, desinteresada y gratuita, en fin, una serie de valores humanos que son propios de la experiencia de sentir en nuestro interior la vida de otro ser. Por eso es para nosotras más fácil el ser solidarias, acogedoras, comprensivas, pacientes, cercanas… nos mueve la sensibilidad, la piedad, la compasión, la ternura… en fin una serie de valores que, aunque son rasgos genuinos de la humanidad, son indiscutiblemente propios de la condición femenina. Y esto no necesariamente se da a partir de la experiencia física de la maternidad, aunque supongo que lo favorece, sino que es algo que toda mujer adulta, por el simple hecho de serlo, ya lo posee en potencia y hemos de tratar de despertarlo y desarrollarlo hasta concluir en la entrega total. Esto, como te digo, no sólo dando nuestro cuerpo para ser procreadoras, sino cuando en la madurez de tu ser femenino, te das toda tú a la construcción de los lazos relacionales según la intuición que nos caracteriza y nos hace capaces de formar una familia con las personas que nos rodean. Como ves, esto va más allá del simple papel de madre y esposa.

LA CONDICIÓN FEMENINA (1)

Vamos hoy a comenzar un nuevo capítulo que nos llevará unas cuantas semanas, pero vale la pena recrearnos en su lectura porque describen el talante interesante de la personalidad de Marta, la enfermera del grupo.

Es su amiga Sara la que la va definiendo y con ella va marcando un modelo de mujer entregada a servir a los demás.

Encabeza M95 el capítulo narrando sus primeras impresiones sobre esta persona tan interesante.

Marta es una gran mujer, amiga incondicional de todo aquel que se le acerca. Vive con su madre, pero ésta sabe que tiene que asumir el estilo peculiar de los compromisos existenciales de su hija y procura ser una buena colaboradora en todas sus actividades. Su casa está siempre abierta para todo el que la requiera y más de un/a joven con problemas ha pasado el tiempo que ha necesitado, compartiendo sus preocupaciones con estas dos mujeres. Marta les inculca la ilusión por la vida, les hace descubrir los valores por los que uno tiene que ser capaz de jugarse el tipo, trata de ayudarles a comprender que la paz y la alegría de vivir dependen de las motivaciones que llenan la existencia de cada uno. Y así, poco a poco, les va llevando a cambiar de actitud frente a las dificultades que sin duda seguirán encontrando, pero que, desde esa relación, se saben con nuevas fuerzas para enfrentarse a ellas. Todos reconocen que allí siempre encontrarán unas desinteresadas amigas dispuestas a echarles una mano. Marta es compañera de Sara desde la infancia. Juntas pasaron las primeras peripecias de la niñez adolescencia y juntas conocieron a Andrés y su manera de enfocar la vida. Cuando ellos decidieron formar una familia, Marta se les unión incondicionalmente, formando un trío de una fuerte influencia en el ambiente donde se mueven. Más tarde, cuando terminó sus estudios de enfermera, decidieron juntos la conveniencia de especializarse en el campo de la drogadicción. Como todos ellos, dedica su tiempo libre a dar gratuitamente una orientación formativa de su especialidad en el club del barrio. Seminarios de medicina preventiva, planificación familiar, primeros auxilios… Después de la conversación que tuve con ella, a raíz de los acontecimientos anteriores, me interesaba saber de su persona, por eso he pensado que la más indicada para darme la información perfecta era Sara.

Aprovechando que tenía la mañana libre, pues mis alumnos se han ido a visitar el museo Prehistórico de la ciudad, me he acercado a la biblioteca a probar suerte y la he tenido, pues son pocas las personas que acostumbran a usarla a esas horas de la mañana y hemos podido conversar prácticamente sin interrupciones. Era el primer día que la veía después de lo ocurrido a su hijo la semana pasada.

(El niño quedó ciego a consecuencia de una meningitis bacteriana)

—¿Qué tal estás?

—Pues mira, haciéndome el ánimo, porque esto es algo que te viene y te coge de sorpresa, pero no puedes darte porrazos contra la pared, la vida te da duros golpes y hay que ir aprendiendo a asumirlos y a ir caminando con ello.

—¿Y cómo está el niño?

—¡Imagínate!  A él le cuesta más que a mí, pues a su edad no se tiene los recursos que podemos buscar los adultos, pero hemos tenido la suerte de que Elsa lo sabe llevar muy bien y parece que va adaptándose a su nueva realidad.

—¡Ah sí! Ya recuerdo que Elsa está trabajando de niñera con tus hijos.

—Sí, ha sido un buen regalo, pues es una chica muy responsable y se ha encariñado mucho con los pequeños.

—Es suerte por las dos partes, pues para ti también es un descanso.

—Ya lo creo, además Marta quiere, aprovechando su condición de enfermera, asistir a un curso de educadores de invidentes, que se va a impartir en las vacaciones de invierno, para poder luego orientarnos en la tarea de ayudar a Daniel a desenvolverse con habilidad en su nueva situación.

—Pero, me contó su madre, pensaba pasar las vacaciones con ella en un balneario en el norte del país. ¿Cómo va a poder estar en las dos cosas?

—Bueno. No es la primera vez que sus planes pasan a segundo término cuando alguien la requiere. Estoy segura de que lo hubiera hecho por cualquiera de nosotros. Se sabe miembro corresponsable en esta gran familia que estamos entre todos construyendo. Por eso sus intereses, tanto personales como familiares y profesionales, están siempre en función de las urgencias que le pide el ir favoreciendo la hermandad comunitaria que intentamos vivir.

—¡Ah! Por eso ayudar a vosotros pasó antes de sus vacaciones ¿no?

—Exacto. Esta tarde mismo va a cancelar el viaje y a matricularse en ese curso. Su talante de vida solidaria se descubre en estos gestos concretos de disponibilidad.

—Pero ¿esto lo que hacéis todos o es algo de ella?

—Mira, aquí a nadie se le obliga a dar más de lo que su propia generosidad le exige. Pero tratamos de ir creando en nosotros una conciencia opuesta al individualismo, para liberarnos de ataduras egoístas y buscamos estilos de vida propios de la agilidad de los que han puesto su existencia al servicio del hermano que te reclama por su necesidad.

—¡Esto es muy obligado!

—Pues sí. A esta gestión, que nos coge la vida, consagramos, no sólo nuestro tiempo libre, sino toda nuestra existencia. Por eso, cuando llega el caso, pasa por delante de nuestros planes personales.

—Una cosa así, supone mirar primero a los problemas de los otros.

—Ya veo que lo vas entendiendo. Nosotros pretendemos ser sal de la tierra. Sal que hace su servicio sin ser notada, que no se ve pero que se necesita y se le hecha de menos si falta; sal que se hecha mano de ella para que dé buen sabor, para que el conjunto del guiso se beneficie al estar allí, sin ser visible pero útil. O como la levadura, que se sabe de su presencia porque es la que hace crecer. Todo esto es imprescindible para que la fraternidad vaya desarrollándose.

—Así dices tú que es Marta ¿verdad? Como la sal y como la levadura en esta sociedad.

—Sí, somos amigas de toda la vida, por eso creo que hago justicia al definirla así. Este es el estilo de Marta. Tiene la gracia de estar siempre disponible, a punto para sacar a cualquiera de un apuro. Está siempre ahí para echar una mano, para cubrir una necesidad, incluso para remediar un desagravio. Está ahí siendo sal, luz, levadura… en fin construyendo el Reino con sus actitudes de disponibilidad.