EL ENCUENTRO

Después del relato anterior, Andrés tiene un “encuentro místico” con S.H. que le confirma en su misión.

Escucha su información y trata de interiorizar su experiencia

» Empezaba a oscurecer cuando llegó. Yo estaba sentado debajo de un pino con un libro abierto. Me había quedado reflexionando sobre unas palabras que acababa de leer y no captaba su significado:

“Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, Entraré en su casa y cenaremos juntos”

» El forastero entró. Vino para quedarse unas horas y permaneció allí todos los restantes días de vacaciones ¿Qué pasó durante ese tiempo?

» Aquella persona no era ni más ni menos que el mismo S.H. Yo llegué a convencerme de que en él existía un poder superior por el que me sentía atraído, no a la fuerza, sino porque al ir pasando los días se iba creando entre nosotros unos fuertes lazos de profundo entendimiento. Era una relación que iba despertando en mí sentimientos de admiración y confianza. Si al principio me resultó extraño y sospechoso, poco a poco me sentía más cómodo y sereno. Su fuerte personalidad me daba seguridad. La amistad que me ofrecía me llenaba de entusiasmo y me impulsaba a grandes empresas. Si me hubiera pedido conquistar el mundo no hubiera dudado en aceptar el cometido. Fueron unos días irrepetibles, que me llevaron a descubrir facetas de mí mismo hasta entonces insospechadas.

» Fue ahí donde me lancé a dar un nuevo sentido a mi vida. Él mismo me ayudó a optar libremente por un comportamiento responsable en mi inserción social concreta. Este era el sentido personal de mi paso por la historia, tomar en peso mis posibilidades influyentes como educador de las próximas generaciones.

» ¡Este era el reto de mi existencia! Y acepté. No era un proyecto fácil, pero me arriesgué.

 ‘Bueno Andrés, estamos en la última noche, hoy cenaremos juntos y ya no me volverás a ver físicamente, aunque yo estaré contigo siempre porque te he inculcado mi espíritu. Como puedes ver, no he estado contigo estos días para transmitirte unos conocimientos, sino para despertar en ti unos sentimientos, unas motivaciones que llenen lo más profundo de tu ser con la energía de mi propia causa. Hemos creado unos lazos de amistad que te comprometen a serme fiel, a no fallarme porque yo cuento contigo y lo último que espero de ti es que me defraudes. Has llegado a entender que ese misterio que te atrae y te compromete es algo real. Ahora sabes que posees un tesoro inagotable que tienes que ir descubriéndolo y conquistándolo, no sólo para ti, sino para cuantos se relacionen contigo. Pues todos habéis sido llamados, pero cada uno tiene su puesto y su misión, como obreros de un proyecto común.

“Cada uno según se le dio. Uno planta, otro riega, pero es ÉL quien hace crecer; por tanto, ni el que planta significa nada, ni el que riega tampoco; cuenta el que hace crecer, o sea, ÉL. Ahora el salario que cobre cada cual dependerá de lo que haya trabajado. Pues de ÉL sois colaboradores”

‘Te he elegido para que anuncies todo esto a tus hermanos. Te hago mi profeta. Yo cuento contigo para que tu mundo sea más fraterno y construyan entre todos, el camino hacia la felicidad.

“El que te escuche, a mí me escucha. El que te rechace, a mí me rechaza. Y el que a mí me rechaza, rechaza al que me envió. El que no está conmigo está contra mí. He venido a prender fuego a la tierra. ¡Y cuánto anhelo que arda ya! Mi Reino irrumpe con violencia. Y los que se esfuerzan lo conquistan. Mira que te envío como oveja entre lobos. Sé, pues, prudente y precavido, pero confía en mí y no les tengas miedo. Nunca olvides que no me elegiste tú a mí, sino que yo te he elegido. Y te he destinado a que trabajes conmigo en la implantación del mi Reino. Lo que has recibido gratis, dalo gratis. A ti te daré los tesoros escondidos y las riquezas ocultas, para que sepas que se me ha dado todo poder en el cielo y aquí en la tierra, y a los que me son fieles les doy parte en mi Reino”

¿Qué pensar de todo esto?

Estamos viviendo un momento muy especial, circunstancias inesperadas que pueden desajustar nuestras actitudes más profundas y también nuestros planes inmediatos pero, que al mismo tiempo, puede ser un momento de gracia para redescubrir lo que es esencial en nuestra vida, lo que tiene verdadero valor: la fe y la esperanza, la solidaridad y el cuidado de la vida, la nuestra y la de las otras personas que nos rodean y, por supuesto, la experiencia de la felicidad verdadera, fruto de nuestra paz interior por el buen hacer, esto nada ni nadie nos lo puede quitar. 

EL ELEGIDO

Según mi corto entender, nuestra existencia tiene un sentido trascendente que sólo lo podemos vislumbrar a la luz de nuestra vida interior.

Nuestros padres fueron los primeros instrumentos de los que Dios se valió para formar en el seno materno un ser elegido para cumplir una misión específica y única en la historia de la humanidad. Cada uno tenemos un cometido único e irremplazable, que hemos de ir asumiendo a lo largo de la vida.

-TU MISIÓN- lo que tú no haces se quedará sin hacer, aunque otros hagan su parte, faltará tu colaboración y de esto, sólo de esto, el Señor te pedirá cuenta”.

Hemos de ser personas reflexivas, pues en la medida en que vamos profundizando en el porqué de nuestro vivir, se nos ilumina el conocimiento y descubrimos la verdad de nuestra existencia.

Partiendo de esta afirmación, hoy te voy a presentar cómo descubrió Andrés su misión, y aunque lo he plasmado en un episodio fantasioso, basándome en diversas selecciones bíblicas de “elegidos” que enriquecieron mi imaginación, no deja de ser el relato de una experiencia que bien podría ser realidad.

—Mi primer encuentro con ‘el misterio’, ocurrió en las vacaciones de primavera hace 15 años, tres días después de lo que te conté la otra tarde.

 » Una noche que paseaba por el campo después de cenar, gozándome en el placer de la brisa y de la soledad del campo desierto a aquellas horas, me sorprendió, a corta distancia, una luz extraña. Me acerqué a ella, y cuando estaba a un par de metros, la luz se fue agrandando hasta que quedé dentro de ella. Mi reacción primera fue tratar de huir, pero mis pies no respondieron y quedé como pegado al suelo enfrente de un hombre que me extendió su brazo y sin violencia me tomó de la mano y me llevó hacia una puerta que yo no había visto hasta ese momento. La verja se abrió automáticamente en cuanto pisamos el umbral.

» ¿Qué hacía yo allí? ¿Por qué no ponía resistencia? ¿Hacia dónde nos dirigíamos? Estaba muy confuso, pero no sentía ninguna inquietud.

» Por fin llegamos a una gran sala intensamente iluminada.

Durante la visión miré y vi que colocaban unos tronos. Un Anciano se sentó. Su vestido era blanco como nieve; su cabellera, como lana limpísima; su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas; un río impetuoso brotaba delante de él. Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes”

» Yo no sabía si estaba soñando o despierto. ¡Me parecía todo tan irreal y absurdo!

» ¿Dónde estaba realmente? ¿Era aquello un sueño o una ilusión?

» Seguí mirando. Y en mi visión nocturna vi venir

Una especie de hombre entre las nubes del cielo. Avanzó hacia el Anciano venerable y llegó hasta su presencia. A él se le dio poder, honor y el Reino.  Y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su poder es eterno, que nunca pasará. Su Reino no será destruido jamás

» Yo estaba realmente confundido, no podía salir de mi asombro, estas visiones me espantaban. No cesaba de preguntarme si todo aquello estaba sucediendo de verdad.

» Miré a mi alrededor buscando una explicación, una salida… algo que me sacara del estado en el que me encontraba. Sentía la urgencia de situarme seguro ante este evento que desbordaba mis esquemas mentales.

» Me sentía agitado por dentro, y me turbaban las visiones de mi fantasía.  

» Me acerqué a uno de los que estaban allí en pie y le pedí que me explicase todo aquello. Él me contestó exponiéndome el sentido de la visión:

‘Esto es el fin. Así ha de concluir la historia de tu mundo. Ese que ves delante del Anciano es S.H. –El Señor de la Historia-, el cual es imagen de Él-Ser y su propio Hijo. Para S.H. Él-Ser ha hecho todas las cosas y todo tiene que ir caminando hacia su propio fin, hasta hacerse dignas de ser agradable a sus ojos y a su corazón.

Todas las cosas, en el cielo y en la tierra, las visibles y las invisibles, pues todo fue creado por él y para él. Él existe con anterioridad a todo, y todo tiene en él su consistencia. En él mismo os eligió desde el principio y habéis sido destinados a entrar en su herencia y predestinados conforme al designio de quien lo realiza todo según el plan de su voluntad. El poder real y el dominio sobre todos los reinos bajo el cielo será entregado al pueblo de los santos del Altísimo. Será un reino eterno, y todos los señores de la tierra le servirán y le obedecerán

» Yo no entendía nada, -aún no se me había dado el entendimiento espiritual-

» Y oí una voz que decía:

‘¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros?

» Yo sin pensar la respuesta dije:

‘Heme aquí. Envíame.

» ¿Qué había hecho? ¿Cómo se me había ocurrido responder así? ¿Habían salido de verdad esas palabras de mi boca? ¿Quién me impulsaba a tomar esa decisión tan comprometida ante una llamada que no entendía? ¿Qué sabía yo de todo aquello? ¡Cuántas preguntas en tan poco espacio de tiempo!

» ¿Poco tiempo?…  

» ¿Cuánto tiempo había transcurrido en realidad? ¿Cuánto me quedaba aún por estar ante este acontecimiento? ¿Qué iba a suceder a continuación?

» Pues sucedió que se me acercó el propio S.H. y dijo:

‘Abre la boca y come lo que te voy a dar. Miré y he aquí que una mano extendía hacia él un libro enrollado. Lo desenrolló ante mi vista; estaba escrito por dentro y por fuera. Y me dijo: ‘Come lo que se te ofrece; come este rollo, y ve luego a hablar a tu gente sobre ello. Nutre tu vientre y llena tus entrañas de este rollo que te doy’. Lo comí y fue en mi boca como la miel por su dulzura.

» S.H. me explicó una vez que ya había concluido:

‘Mira, he puesto mi ley en tu corazón. No te habrá de instruir nadie, porque yo mismo seré tu maestro. Todas las palabras que te diga acógelas en tu corazón, escúchalas atentamente. Después ve, llégate a tus hermanos y háblales diciendo: Así dice el que me ha enviado. Sea que te escuchen o que te rechacen no les temas, porque yo estoy contigo, mi fuerza y mi poder te sostienen en todo momento. Diles que a los que sois míos, estaréis conmigo en mi Reino. Yo os tomaré de todas las naciones y os reuniré de todos los países y os conduciré a vuestra tierra. Yo derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará. Y os daré un corazón nuevo. Y pondré en vosotros un espíritu nuevo. Pondré en vuestro interior mi espíritu. Y haré que sigáis mis preceptos y guardéis mis leyes.

» Yo me daba cuenta de que algo superior a mis propias fuerzas me impulsaba a aceptar todo aquello por encima de mi entendimiento…Y me dejé conquistar. Esto me seducía… y me dejé seducir

» S.H. proseguía:

‘Yo haré de ti como muro invencible, combatirán contra ti, pero no te vencerán, porque yo estaré contigo para salvarte, para liberarte. Porque todo colabora para bien de quienes me ama, de aquellos a quienes mi Padre ha elegido.

» Cuando S.H. terminó de decir estas cosas, yo sentí que todo me daba vueltas…  ¿Era yo o eran las cosas que se movían a mi alrededor?

» … Silencio… quietud… Paz…

» El sol estaba alto y yo me encontraba en el mismo lugar en el que había visto aquella luz… ¿Cuándo…? ¿Había sido la noche anterior…? ¿Qué tiempo había realmente transcurrido? ¿Fue un sueño?

» ¡Qué disparate! ¡Qué absurdo! ¡Qué inverosímil!

» Pero algo dentro de mí me decía que aquello había sucedido y no lo podía ignorar.

» ¡Era una realidad! Me sabía portador de un mensaje, había sido llamado a realizar una misión bien concreta y exigente. Me quemaba la urgencia de contar a todo el mundo la fuerza de esta experiencia.  

» Pero… ¿cómo? … ¿Quién me va a creer?

» Y me decía a mí mismo: Esto hay que madurarlo. No puedo precipitarme. Es demasiado serio como para tomarlo a la ligera. He de darme una respuesta convincente primero a mí mismo, y cuando yo me lo crea de verdad, sabré como transmitirlo. Y con esta inquietud volví a casa.

 » Pasé todo el día incómodo y me decía:

» No me acordaré más de él, y no hablaré en su nombre. Pero era en mi corazón fuego, un fuego devorador retenido en mis entrañas. No podía retenerlo y no podía soportarlo.

» Tenía la impresión de haberme metido en un callejón sin salida.

» ¿Quiénes eran todas esas personas que así se habían apoderado de mí?

» Sospechaba que me había puesto en contacto con seres superiores que me querían hacer cómplice de un proyecto que estaba por encima de las fuerzas humanas.  

» Por otra parte me veía impulsado a creer que había sido elegido para algo positivo para la humanidad, como mensajero del destino de la Historia.

» Confieso que esto no me disgustaba. Siempre me he sentido atraído por conocer el secreto de la existencia humana. Quizás ya lo llevaba en los genes. El caso es que ahí me encontraba yo aquel día. Con un insondable misterio ante mí. Y una misión que me seducía a la vez que me abrumaba.

» ¿Qué partido tomar?

(los párrafos destacados y en negrita son textos copiados de la Biblia)

CON LA BIBLIA EN LA MANO

Heme aquí de nuevo entre vosotros.

A los que vais siguiendo los comentarios sobre la trama de mi novela, es el momento de confesaros que su origen no tiene otro que el de mi convencimiento de nuestra misión existencial.

Fue en Tierra Santa, a raíz de mi encuentro con Jesucristo, en su presencia vital en las páginas de la Biblia, cuando comprendí que mi vida se llenaba de sentido si era consciente de que Él quería seguir realizando el proyecto de Dios en la Historia a través de mi existencia.

Entonces se me presentó la ocasión de idear esta novela, La escribí durante muchos años de reflexión; poco a poco iba plasmando lo que Él me decía, viendo en mi cabeza y en mi corazón hasta los más mínimos detalles, haciendo que sus protagonistas vivan una existencia ideal, según me imaginaba que podía ser el estilo de los seguidores de Jesús del siglo XXI, en un ambiente socio-educativo.

Esta novela es mi legado existencial. En ella he tratado de concretar el mensaje que Dios me inspiró para hacerlo llegar a los demás. Es mi manera de entender la presencia del Señor en la Historia. Creo que Dios fue conduciendo el camino para que su mensaje ilumine al que la lee.

Desde ahora, os iré marcando la presencia bíblica a través de sus páginas y S.H. se encargará de que su encomienda llegue tal como un día me la entregó.

“Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin de los tiempos”

Si, el Señor no nos falla, pero… » pide nuestra libre colaboración en sus planes de conducir la Historia. Porque sabemos que el mundo y el hombre les pertenecen, que él es EL SEÑOR DE LA HISTORIA, pero busca quién le ayude libremente. Él mismo ha dispuesto el tener que valerse de nosotros para llevar a cabo su plan, por eso, llama al hombre, lo interpela en sus actitudes, impulsa sus decisiones positivas, le ayuda a tomar una opción, le facilita el camino, pero respeta totalmente su respuesta, porque le quiere libre y responsable absoluto de su futuro, no esclavo. Sólo cuando descubrimos que para Él se nos ha dado la vida, podemos conducirnos hacia nuestra auténtica meta.

Creo firmemente que todos somos elegidos para hacer una obra que apunta a eternidad, pero también hemos sido creado con libertad de decisión. Somos responsables de nuestras disposiciones y resoluciones mientras vamos por el camino de la vida, y aunque el trigo y la cizaña coexisten en nuestro interior, he querido ayudaros a optar por lo bueno de la existencia humana.

Y desde aquí, quiero invitar a cada uno/a en este momento, a que se pare en seco, y piense en lo esencial, y sopese sus acciones cotidianas y analice si este es un momento de cambio de sentido que apunte a otras maneras de organizarse, de trabajar, de relacionarse… de en encontrarse consigo y comenzar nuevas formas de actuar para que tu vida tenga el sentido para el que fuiste concebido/a.

Quizás ya estés en camino, y si es así deseo de corazón que te sirva estas reflexiones para plantearte una confirmación de tu motivación ante la vida y des gracias a Dios por elegir lo mejor para ti y para los demás, pues esta es la única forma de cumplir con tu misión de colaborar en la construcción de un mundo mejor.

Confío en que este regalo de Dios nos ayude.

VACACIONES

Aprovechando que ya se puede viajar, me voy de vacaciones, así que en todo el mes de julio no me comunicaré con vosotros (aunque os seguiré leyendo desde mi móvil) porque me voy a dejar el ordenador en casa.

Para que no me echéis mucho de menos, os dejo cuatro direcciones donde podéis adquirir mi novela en formato e-book

https://www.casadellibro.com/ebook-sh-el-senor-de-la-historia-ebook/9788413045924/7694107

https://www.agapea.com/libros/S-H-EL-SEnOR-DE-LA-HISTORIA-Ebook–EB9788413045924-i.htm

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Espero que en agosto, alguno de vosotros se haya decidido a leerla y aunque yo siga comentando, tenga una visión completa del libro

PODER: ¿FUERZA O AUTORIDAD? (3)

Narrador — Muchas gracias Señorías, por tan espléndida exposición. Aquí hay otra institución de poder que aún no ha tomado la palabra.

El poder religioso — Si, soy la voz de la conciencia humana. Prácticamente gobierno en solitario pues no suelo tener poder físico ni económico como para enfrentarme con las otras instituciones. Mi campo suele ser el intelectual y el del pensamiento. Prácticamente suelo identificarme con la autoridad moral.

La fuerza moral — Bueno, pero yo también estoy aquí. No puede olvidar su Señoría que me tiene a su lado, que le he sacado de muchos apuros a lo largo de la historia, pues a veces se ha mostrado algo débil.

El poder religioso — Está bien, he de admitir esto como cierto. Cuando no convenzo a las buenas con sólo mis argumentos, a veces he echado mano de la fuerza moral, que es en realidad mi único recurso para ganarme a las personas en los tiempos difíciles. Cuando me veo sin prestigio por no actuar con la dignidad que corresponde a mi cargo de líder religioso, a veces he caído en la tentación de usar recursos indignos como son las fuerzas de mi poder.

La fuerza moral — Bueno, no se trata aquí de defender mi causa, pero hay que reconocer que muchísimas veces le he sacado a su Señoría de hundirse a través de la Historia.

La autoridad moral — Es cierto, y ¡cuántos disparates hemos hecho juntos escudándonos en nuestro prestigio de representantes de Dios y acudiendo a una sinceridad falsa!

 La fuerza moral — Así es. Y yo he aprovechado la coyuntura para ganarme con destreza la voluntad de las personas sencillas que se fiaban de una autoridad sincera.

El poder religioso — Si, las autoridades religiosas poseemos un poder muy grande de credibilidad antes nuestros fieles y aunque no solemos actuar con intrigas o chantajes, a veces, se mete ese por en medio, usurpando mi puesto,  y se vale de nuestro prestigio para coaccionar a la gente sencilla que confía en nuestro saber y honradez.

La fuerza moral — La verdad es que yo actúo en cualquier estamento de poder, tratando siempre de ganarme a la gente con mis artes de conquistador público.

La autoridad moral — Por eso, para librarse de las pretensiones amorales de su Señoría, toda persona tiene que estar bien formada e informada, intentando estar permanentemente al día de los acontecimientos cívicos y religiosos, para saber hacer frente a los desvíos de cualquier orden, tanto en un campo como en otro, pues usted usa su astucia y sus artes en todos los órdenes. Somos humanos y podemos, desde cualquier estamento institucional o privado, abusar de nuestro poder.

La fuerza moral — Por mucho que se empeñe, yo sé cómo convencer con mi simpatía y mi capacidad seductora en cualquier estamento de pensamiento.

La autoridad moral — De ahí mi insistencia. Quiero advertir a todos los ciudadanos para que estén alertas ante las sutilezas ideológicas que puedan confundir nuestros esquemas mentales. ¡Estad atentos a la manipulación de esa fuerza moral que actúa en cualquier ámbito social! Y no pocas veces nos tragamos su malicia aun inconscientemente.

La fuerza moral — ¡Je, je, je…! Yo soy como una sutil tela de araña que sigilosamente se apodera de la opinión pública y cambio la mente de los inocentes ciudadanos.

La autoridad moral — Como podéis comprobar, este es un ser peligroso, por lo que os aconsejo que intentéis ser más precavidos con él, mejorando el nivel cultural y buscando siempre una sana información. Así evitaremos el ser utilizados por los intereses particulares de las fuerzas de poder imperantes.

La Fuerza moral — Mire, si es capaz de guardar un secreto, le diré que yo sólo funciono por mis propios intereses, que en el fondo sólo pretendo el poder para gozar de prestigio, dominio y riqueza personal, todo esto es lo que busco con mis artimañas de poder convincente. Y le aseguro que estoy bastante satisfecho de cómo me van las cosas, en todos los campos del poder.

El poder religioso — Bueno, pero no olvide que cuando actúa en mi campo se convierte en un hereje condenable por la causa divina. Por su poder ansioso de dominar las voluntades de mis fieles, en el “nombre de Dios” ha hecho muchas barbaridades a lo largo de la historia. Yo propongo hoy que su santo nombre no sea pronunciado más que en la humilde escucha del Espíritu. Él nos librará de tantas manipulaciones sospechosas.

La fuerza moral — ¡Vamos, no se ponga tan dramático! ¡No es para tanto!

La autoridad moral — ¡Calle, que sus decisiones nunca son según el proyecto de Dios, a quien solo quiero servir! ¡Quien cae en sus redes tiene que saber que se condena a vivir en una existencia rastrera y falsa!

La fuerza moral — Ya veo que está muy caliente.

La autoridad moral — Llámelo como quiera, pero le aseguro que cualquier persona bien preparada, es capaz de desenmascararle. Su capacidad de emitir juicios personales, le coloca en una situación ventajosa ante las solicitudes engañosas de los poderosos.

La fuerza moral — Está visto que eternamente seremos enemigos. Nunca me deja su Señoría campo libre para salirme con la mía. ¡Le odio!

 Narrador — ¡Bien, bien, señores! Cortemos las luchas por el poder y demos por terminada la sesión con paz y armonía.

Confiamos en que estos meses de confinamiento, sirvan de experiencia y aprendizaje. Tengo noticia de que, en estos momentos tan críticos, están surgiendo propuestas de redes de cooperación y reflexiones que apuntan a cambios necesarios para construir una sociedad más justa, donde el primer valor sea la vida digna de todas las personas.

 Y yo me pregunto: ¿cuáles son mis pensamientos, mis preocupaciones, mis intereses, mis búsquedas?

 Ojalá que todo esto desemboque en nuevos frutos y nuevo impulso para construir un mundo más fraterno.

PODER: ¿FUERZA O AUTORIDAD? (2)

Narrador — Veamos como los señores políticos plantean su programa de gobierno.

El poder científico — ¡Un momento! Ya que la fuerza física me nombró como su colaborador, quisiera tener la oportunidad de exponer mi postura a favor del progreso.

Narrador — ¡Adelante!

El poder científico — Alego que en principio no se puede ver a la ciencia como una enemiga de la humanidad. Me siento orgullosa de poderme considerar uno de los padres del progreso. Yo he colaborado muchísimo en el avance de la historia con mis descubrimientos, con mi incansable entrega a una labor investigadora dura y muchas veces poco reconocida. ¿Qué me dicen de las comodidades que disfrutamos hoy? Pregúntenles a nuestros antepasados si vivían mejor sin luz eléctrica, sin agua corriente, sin tantos aparatos electrodomésticos, sin tanta facilidad para mantener la salud, para ser intervenidos quirúrgicamente, con aquellos incómodos medios de transporte, sin tantas facilidades de comunicación como hoy puede utilizar cualquier ciudadano… En fin, que la ciencia está para liberar al hombre de sus limitaciones y esclavitudes. Pero he de reconocer que a veces, generalmente por culpa de las necesidades económicas, hemos caído en las redes del poder político o económico, olvidándonos de que nuestra única misión específica es la de servir a la humanidad ayudándole a su propio bienestar. Es en estas situaciones cuando pierdo mi propia identidad y me convierto en la fuerza científica colaboradora de los poderes impositivos.

Narrador — Muy buena intervención, ¡sí señor! Ahora oigamos a los señores políticos.

La autoridad política —Empezaré definiendo la política como la actividad humana que mira a un orden de convivencia mediante el poder decisorio.

La fuerza política — Permítame añadir que nuestro poder siempre tiene que ir respaldado por la fuerza armada y la económica. Una buena administración política se cubre con un ejército bien disciplinado y un campo financiero boyante.

La autoridad política — La verdad es que no estoy al cien por cien de acuerdo con mi colega. Pero tengo que aclarar que, puesto que nuestro poder es decisorio, tenemos que tener mucha autoridad, ser un líder con capacidad de arrastre y ganarnos al ciudadano porque confía en nuestro programa organizativo, en nuestro empeño por mejorar la Nación, teniendo como meta su progreso y desarrollo, a favor del bienestar de todos y cada uno. Y todo esto, hemos de demostrárselo con hechos que avalen nuestras palabras.

La fuerza política — Esto suena muy bien, pero para organizar la sociedad ideal, hay que empezar por pedir a cada ciudadano que se fíe de nuestro programa y secunden nuestras decisiones, después ya veremos como lo llevamos a cabo.

La autoridad política — Estoy de acuerdo, pero no olvidemos que nuestro papel es el de servir al bien común y que cuanto emprendamos ha de ir enfocado a satisfacer los intereses legítimos de todos los ciudadanos que han puesto su confianza en nuestro poder de decisión.

La fuerza política — Creo que debemos de concretar a que intereses nos referimos.

La autoridad política — Sin duda a los intereses que cubren las necesidades de todos nuestros ciudadanos. Primero de todo, la persona debe estar satisfecha, no sólo por subsistir sino por poder disfrutar de una existencia estable y digna, que abarque la alimentación, el vestido, la vivienda, la salud, la educación, el trabajo… Por eso hemos de ponernos en diálogo con nuestros compañeros del poder económico y llegar a una buena organización de distribución de bienes y recursos.

La fuerza política — O sea que, según su Señoría, empezaríamos por una justicia social ¿no

La autoridad política — A sí es. Después vendría el segundo paso. A la persona le interesa relacionarse armónicamente con sus conciudadanos, por lo que le debemos ofrecer el llegar a una convivencia pacífica y corresponsable, donde el enriquecimiento sea recíproco en un clima de solidaridad y libertad para todos.

 La fuerza política — Esto es muy bonito, pero dígame, ¿cómo soluciona los problemas que suelen causar los ciudadanos inadaptados, los insocialmente conformistas, los que causan problemas al bienestar común?

 La autoridad política — Pues… entonces… Hay que acudir al poder judicial, que en principio debe ser justo y proceder por encima de prejuicios y cualquier elemento corruptivo.

La fuerza política — ¡Eso es! Aquí entrarían las fuerzas armadas del orden público, la policía y el poder judicial. ¡Duro con ellos!

La autoridad política — ¡Hombre, tampoco se trata de ser agresivos! Pero por desgracia, no estamos en el paraíso, y en todo orden social se requiere del ejercicio del poder judicial, para controlar los desvíos de los ciudadanos que no aceptan las reglas civiles. Aunque yo no lo plantearía como una amenaza pública, sino como una administración de la justicia en el más pacífico de sus manifestaciones. Como un deber social para mantener el orden cívico.

La fuerza política — Está bien. Volvamos a los hechos. ¿Ya ha terminado sus propuestas para cubrir las necesidades de los ciudadanos?

 La autoridad política — No, existe un tercer y último nivel, que es el más humanizadora. Se trata de cultivar en la persona los intereses por el desarrollo de los valores que más le dignifica.

Puedes tener una sociedad muy bien alimentada, vestida, cómoda y en buenas relaciones con sus vecinos, si se para aquí tu organización social, habrás alcanzado un estado de bienestar de muy escaso nivel. El hombre es mucho más que eso. Hay que proporcionar al ciudadano la riqueza del arte, poesía, ética, estética… filosofía y religión. Hay que ayudarle con todo esto a cultivar su riqueza interior. Si nos planteamos el colaborar socialmente a su desarrollo integral, tendremos que planear y operar en estos tres niveles. Y si olvidamos este último, habremos atrofiado su parte más genuinamente humana.

La fuerza política — ¡Y yo que me hice político para conseguir poder, prestigio y un buen dominio de la sociedad!

La autoridad política — Pues me temo que se equivocó de carrera. Porque cuando el poder político no está a favor de todos los ciudadanos, se expone a llevar la sociedad hacia el fin de una convivencia civil. Este es el riesgo de la toma de decisiones políticas.

La fuerza política — Si esto es así, ¿Cuál es nuestro poder real de decisión?

 La autoridad política — Nuestra capacidad real de decisión debe tener en cuenta siempre el protagonismo de los ciudadanos. De tal manera que las decisiones objetivas estarán en función de las demandas de la sociedad civil.

La fuerza política — O no le he entendido bien o me parece que quiere decir que hay que conducirse haciendo caso a lo que la gente desea o piensa.

La autoridad política — ¿Por qué no? El protagonismo civil acrecienta la participación de la población y si nuestras decisiones tienen que estar al servicio de las necesidades del ciudadano ¿dónde mejor buscar lo que necesitan si no es a través de sus demandas?

(CONTINUARÁ…)

PODER: ¿FUERZA O AUTORIDAD?

Ya estamos en la fase 1 esto no significa que el peligro haya pasado, sino que queremos evitar la ruina económica del país, pues al estar tantos meses sin producción, hay muchas familias que ya no tienen dinero, no pueden mantenerse en casa sin ninguna entrada financiera, incluso las hay que pasan hambre y se necesitan trabajar.

El virus sigue ahí fuera y no podemos relajarnos. Aún estamos a medio camino y el peligro podría aumentar si no somos disciplinados y responsables Debemos de seguir protegiéndonos unos a otros, poniendo el mayor énfasis en el uso de mascarillas, la higiene y la distancia de seguridad. No podemos bajar la guardia.  Tampoco sabemos si habrá un rebrote o un virus nuevo. Lo único seguro es que esta pandemia no terminará hasta que no se encuentre una vacuna para atacarla, pero nunca antes.

Lo que está por ver, es qué ocurrirá cuando se abran las puertas del todo. Ojalá, que la humanidad haya reflexionado sobre su modo de estar en el mundo y trate de conquista una mejora para toda la sociedad, incluyendo el reparto y la propiedad compartida de los bienes de la tierra. Este tiempo puede ser una oportunidad y no sólo una gran tragedia, que es lo que lamentamos en estos momentos. La vida se abre paso aun en las circunstancias más difíciles.

Ahora bien, yo estoy convencida de que no habrá un cambio radical estructural, ni social, ni ecológico si no hay un cambio en el modo de entendernos, sentirnos y relacionarnos los seres humanos. Si no conquistáramos personalmente, un profundo cambio radical en nuestro enfoque ante la vida, profundizando en la idea fundamental de la equidad, la justicia, la solidaridad y la acción humanitaria en beneficio de todos.

 ¿Cómo hacer que esta experiencia se transforme en aprendizaje? Teniendo en cuenta que queremos reflexionar sobre ese cambio social, que alcance las raíces de nuestro ser en nuestro vivir cotidiano, hoy os propongo que asistamos juntos a una exposición de los alumnos de Andrés sobre: Los conceptos de gobierno político, con un equilibrio de los tres poderes públicos: el ejecutivo, el legislativo y el judicial. En él se nos presenta una propuesta social que me parece interesante a tener en cuenta.

 

Andrés me propuso asistir hoy a un debate que iban a tener sus alumnos de quinto de secundaria sobre “El hombre ante el poder ejecutivo”. Como coincidía con una hora que tengo libre acepté. La verdad es que fue muy interesante.

Prepararon el tema un grupo de doce estudiantes formados por cinco chicas y siete chicos. La presentación fue muy original, medio teatro medio discusión entre dos bandos, los que estaban a favor de crear instituciones de poder regidos por la autoridad moral y justa y los que apoyaban las instituciones que actuaran por el poder del dominio y el uso de la fuerza. El objetivo de todos era presentar los dirigentes más convincentes para crear una sociedad donde reinara el bienestar para todos, una calidad de vida donde el individuo alcanzara una posición digna dentro de su contexto cultural, pero desde puntos de vistas opuestos. La base de este poder constitutivo iría encaminada a fomentar la autodeterminación personal dentro de sus obligaciones sociales.

Con estas premisas de fondo se abrió el debate.

Todos iban caracterizados como correspondía al caso con togas y diferentes tocados según el papel que representaban.

 La escena se desarrollaba en un congreso internacional, donde cada personaje se presentaba como prototipo de la institución que representaba, además asistía un moderador que hacía de narrador.

Abrió el debate el narrador que estaba frente a las dos corrientes ideológicas:

— Señores congresistas, nos hemos reunido aquí para discernir sobre los poderes del mundo. Tenemos a los ciudadanos de la historia presente en nuestras manos. De nosotros depende el futuro de la sociedad. Son sus Señorías las instituciones dirigentes, por tanto, las resoluciones últimas de las conductas de todos los ciudadanos están en vuestras propias disposiciones. Para bien o para mal de la humanidad, aquí están sus gobernantes, son sus Señorías el poder del mundo. Y sin más les invito a que se presenten.

Comenzaron hablando los del ala derecha:

 — Nosotros representamos la autoridad. Formamos parte de cualquier institución dirigente, induciendo a nuestros ciudadanos a actuar porque nos ven coherentes, con prestigio, dando razones que convencen.

— Así es. Como somos humanistas, y nuestra causa es el bien del hombre, nuestro poder se convierte en autoridad moral.

— Nuestra meta es la calidad de vida, el progreso y el bienestar, de cada uno de nuestros ciudadanos. Ellos lo saben porque trabajamos para no defraudarles.

 — No sean ilusos — intervino cortándoles los del ala izquierda — Nosotros somos la fuerza y esto es lo que aquí tiene eficacia, la gente sólo escucha a los que están en el poder, sin preocuparse de los medios que se utilicen para mantenerlos, con tal de saberse beneficiados. Los fuertes somos los que dominaremos la sociedad.

— Estoy de acuerdo. Las razones nadie las escucha. Hay que demostrarles quienes son los más poderosos.

— ¿A caso no somos nosotros los administradores de su bienestar? Pues hay que mantener ese poder a costa de lo que sea.

— Sí. Lo que conviene es convencerlos, atraerlos a nuestro terreno, y los beneficios serán para los que estén de nuestra parte.

— Por supuesto. Aquí se trata de no perder el mando y el dominio de la sociedad.

— Y si llega el caso de que se les olvida donde está el poder, quienes son los que mandan, también tenemos medios para que entren en razones.

— Bueno, bueno, no nos pongamos nerviosos y agresivos. Hay otras maneras más sutiles de convencer a la gente. ¿Por qué la violencia? También existen otros medios de convencerlos, ¿no os parece?

 — Es verdad, siempre se me olvida que tenemos entre nuestras filas la fuerza moral, que sabe conquistar a los indecisos ciudadanos con sus artimañas seductoras y engañosas.

— Muchas veces esto basta para convencerlos.

— Está bien — concluyó el narrador— Una vez expuestas las razones de sus argumentos filosóficos, pasemos a debatir sus actuaciones institucionales.

La fuerza física — Bien, permítanme que sea la primera. Actualmente soy tan potente como temida. Prácticamente tengo el mundo en mis manos. El poder de las armas y los recursos bélicos me hacen reinar en los países más poderosos de la tierra y ¡pobre del que se le ocurra llevarme la contraria!

Narrador — Bueno, bueno, no se crea tan potente, pues incluso su Señoría necesita de otros. ¿Quiénes son los que le ayudan a tener tanta seguridad en su fuerza?

La fuerza física — ¡Por supuesto! Yo sería impotente sin la fuerza económica y el poder científico. Todos en esta vida necesitamos apoyarnos en el polémico dinero, pero son las grandes inteligencias de la humanidad las que me van haciendo crecer. Los físicos y químicos con sus sofisticadas armas, los biólogos con los experimentos bacteriológicos… incluso los avances de la genética con su manipulación están a mi favor, ¡ah! Se me olvidaba, también tengo que contar con el campo de la psicología y la sociología como ciencias capaces de orientar las estructuras mentales de las personas. Estas son mis armas más poderosas de este momento histórico.

Narrador —Ya que su Señoría nombró al poder económico ¿Qué dicen sus representantes?

La autoridad económica —Bueno, la economía en principio debe ser una plataforma positiva, puesto que está llamada a hacer un análisis de la realidad para planificar la distribución de los recursos de una manera justa, donde todo esté distribuido equitativamente y a nadie le falte lo necesario.

La fuerza económica — ¡Espere, espere! ¿Dónde ha visto su señoría un sistema económico que se sostenga con los argumentos que aquí se expone? Siempre ha habido y habrá ricos y pobres.

La autoridad económica — ¡Sí, ya sé! Y no sé si esa realidad histórica será posible hacerla desaparecer algún día, pero tenemos que colocarnos siempre a favor del desarrollo y el bienestar de todos los ciudadanos. Nuestro primer cometido ha de ser la justa redistribución de la riqueza producida y, sin embargo, nuestra mayor vergüenza es la enorme diferencia que existe entre ricos y pobres, cuando se sabe que los recursos pueden llegar para todos.

La fuerza económica— ¡Anda tú! Lo importante para mantener nuestro estatus económico es el trabajo, la producción, el consumo, el aumento de capitales. Las grandes empresas bien saben de eso, de ahí, que se hable de las multinacionales e incluso de la globalización del mercado.

La autoridad económica — Si, ya veo por donde va. Pero esto puede ser un arma de doble filos, pues el instigar al consumo y las motivaciones del aumento del capital sólo favorece a los que ya se abastecen económicamente, pero ¿qué oportunidades damos a los menesterosos de cambiar su situación?

La fuerza económica — ¿No será que los hay muy flojos? El secreto de nuestro poder consiste en el saber cómo motivar y crear nuevas necesidades en el hombre para que siga consumiendo, para que no se tenga más remedio que seguir produciendo y así, aumentar la riqueza con el producto de las ventas.

La autoridad económica — ¿Y su Señoría crees que va a ser fácil triunfar en los países que carecen de poder adquisitivo con esa filosofía consumista? A mí esto me suena a explotación económica y esto no cuadra con mis principios.

íLa fuerza económica — No se preocupe, con tal de tener como los otros, siempre caen en la tentación de comprar, aun los que no pueden permitirselo. Todo es cuestión de tener a nuestro servicio un buen “marketing” que estudie los intereses del individuo y desde ahí imponer las reglas de producción y mercado.

La autoridad económica — ¿No sería interesante probar la rentabilidad que puede proporcionar el resolver los grandes problemas de la escasez de los pueblos, distribuyendo los recursos que de hecho nos ofrece la Naturaleza, en vez ignorar o explotar a los menos favorecidos? Además, si hay para todos, ¿dónde está la justicia social? Yo pienso que nuestro cometido ha de ser el garantizar para todo, el acceso a la adquisición de los recursos de producción. Los bienes de la Tierra pertenecen a todos y no sólo a unos cuantos que se han tomado el título de privilegiados.

La fuerza económica — Mire, a mí lo que me interesa es pegarme donde hay sólidas y seguras finanzas y a la garantía de dinero fácil. Yo he nacido para vivir en la abundancia y no para perderme en negocios de poca monta. Eso se lo dejo para los de pocas ambiciones.

La autoridad económica — Está bien, ese es su punto de vista. Pero no puede olvidar que jugamos un papel muy importante en la satisfacción de las necesidades primarias de todos los hombres y no sólo de las de unos pocos, que son precisamente los únicos que su Señoría parece favorecer.

La fuerza económica — ¡No sea iluso! También estoy en los económicamente débiles. ¿No ve que he montado un buen negocio con eso del consumo y todos quieren disfrutar de los bienes materiales aun por encima de sus posibilidades?

La autoridad económica — ¿Y qué me dice de los 800 millones de hombres que pasan hambre, pobreza, subdesarrollo… son también sus clientes hoy día?

La fuerza económica — ¡Está bien, está bien! ¡No me maree más! Estoy de acuerdo con que mi sistema económico no es el más perfecto, pero me lo he montado con tanta eficacia y comodidad que no puedo pensar en renunciar a ninguno de mis poderes adquiridos. Por el momento no me convence ninguna de las otras alternativas que se me presentan. Tengan en cuenta que las gigantescas multinacionales operan realmente en la trastienda de la marcha de nuestros gobiernos.

La autoridad económica — Esta es mi mayor preocupación, por eso quisiera desde aquí hacer una llamada colectiva, hacia una reflexión conjunta sobre el tema. Yo sugiero que se podría empezar por una revisión del objetivo sobre el aumento desproporcionado de la distribución de la producción y el instinto compulsivo por consumir sin juicio y sin medida, lo que lleva al individuo a crearse necesidades de lo que en realidad es un valor superfluo.

(CONTINUARÁ)

CONVIVIR CON LA VIOLENCIA

Hoy voy a reflexionar sobre otra cara del confinamiento. Hemos visto a familias unidas, disfrutando de estar más tiempo juntas, organizándose el día con las tareas escolares, con actividades artísticas, lúdicas e incluso participando en las tareas de la casa y cocinando en familia. Cuando se les ha permitido salir a los niños, los hemos visto que la mayoría lo hacían con bicicletas, patinetes y diferentes juguetes. Pero pocas veces hemos tenido noticias de las dificultades de convivencia que puede haber entre padres e hijos. Casi no se ha hablado de niños, niñas e incluso adolescentes que tienen que convivir en un ambiente de violencia y maltrato. Por supuesto que no será fácil cohabitan en esas circunstancias en un espacio del que les es imposible salir. Yo me niego a que esta realidad resulte invisible a los ojos de la sociedad.

Por eso hoy quiero traerlo aquí, como una buena ocasión para sensibilizarnos ante este problema, que quizás porque no lo palpamos directamente no somos conscientes de su gravedad. Para ello voy a ayudarme de una entrevista con un médico forense a la que asistió M95

—Creo que te va a gustar. Se trata de venir conmigo a una cita que tengo cerca de aquí, con un médico forense. Le he pedido una entrevista sobre los abusos y mal tratos ejercidos en menores. ¿Qué te parece el programa?

—La verdad que soy contenta. Ya sabes que me gusta mucho conocer vuestro ambiente.

—Por eso no he dudado en invitarte, en cuanto te he visto vagando aburrida por esta alocada ciudad.

—Dime, ¿qué es un médico forense?le pregunté cuando subíamos en el ascensor.

—Es un médico que trabaja en los tribunales jurídicos, ayudando a los jueces con su criterio ante los casos penales.

Una vez ante el forense, Ana comenzó la entrevista activando su magnetofón. Por supuesto que yo también tenía conectado el mío:

—El tema que nos ocupa es siempre interesante pues, aunque los derechos del menor están ahí, ¿no le parece que debemos de sensibilizarnos con más información ante tan grave y real problema?

 —Pienso que sí. En mi opinión y con la experiencia de tantos años en este trabajo, puedo asegurarles que no son pocos los casos en los que la violencia sobre los niños llega a causarles lesiones indelebles físicas, e incluso psicológicas, y éstas son aún más difíciles de tratar.

 —¿Podría indicarnos los actos más significativos de violencia? 

—Son muchos. Algunos increíbles de imaginar. Pero por señalar algunos enumeraré la violación, abusos deshonestos, malos tratos y lesiones físicas, agresiones y acometimientos, acoso psíquico con amenazas e insultos… en fin, un sin número de tratos violentos. Hay una larga lista de la que quizás lo más penoso es la secuela psicológica que puede marcar a la víctima para toda su vida.

 —¿Hay muchas denuncias por estos delitos?

—Por desgracia no todas las que deberían ser. A pesar de que nuestra legislación les protege, existe una enorme desproporción entre los casos reales de daño a menores y aquellos que llegan a los tribunales.

—¿Qué pasa cuando son dañados de gravedad?

—Normalmente a nosotros suelen llegarnos los casos peores. Cuando las agresiones son leves, se pueden ir ocultando, pero si se les va la mano ya es más difícil.

—¿A qué se refiere?

 —Verá, cuando un menor es presentado al médico, generalmente va acompañado por la madre o en su ausencia otra persona adulta, y esta trata de justificar las lesiones como resultado de una caída o cualquier otro accidente.

—¿Quiere decir que siempre es encubierta la causa?

—Generalmente, cuando la agresión se produce en el ámbito familiar sí. Esto se explica porque saben que el doctor está obligado por ley a denunciar el hecho a la justicia, cosa que no suele favorecer a la acompañante de la víctima.

 —¿Se dan muchos casos de violencia fuera del entorno familiar?

—También los hay, pero éstas son más fáciles de detectar, porque suelen ser denunciadas por los mismos familiares, a no ser que el agresor tenga un poder dominante sobre ellos y se vean forzados a guardar silencio.

—¿Cuáles son los mecanismos que generan estos abusos y violencias?

 —Normalmente son mecanismos psicológicos de dominio y agresividad que instigan al menor por la fuerza hasta llegar a la violencia si se tercia.

—También puede darse el caso de un sentimiento de frustración ¿verdad?

—Pues sí. Este es sin duda, uno de los motivos más complejos. Cuando el adulto advierte que sus deseos o apetencias no se realizan, su reacción es de deshacerse del obstáculo que se interpone entre él y el deseo. A veces es un fracaso real de ilusiones puestas en el menor, pero no siempre. E incluso se da el caso de que la víctima es el blanco de un desahogo o revancha contra el más débil, aunque él no sea el verdadero causante de dicha frustración.

—¿Y qué me dice de los acosos psicológicos?

—Esto es más difícil de detectar si no va acompañado de mal trato físico, pero son sin duda tanto o más peligrosos, al tener tan pocos recursos de defensa. El menor desprestigiado, humillado y lastimado, que se sabe no querido y despreciado en su entorno, nunca sabrá valorarse como persona, su autoestima queda completamente destruida.

—¿Son más frecuentes los daños causados por el sexo masculino?

—En mi trabajo al servicio de la justicia, he podido comprobar que casi nunca es la mujer sola la causante de estas agresiones, aunque a veces exista consentimiento o coparticipación de ambos, suele ser más frecuente el trato abusivo por parte del hombre.

—¿Qué consecuencias traumáticas señalaría como las más relevantes?

—La violencia engendra violencia. Un niño que ha sido víctima es en potencia un futuro agresor. Son muchos los casos de adultos que, al estudiar su historial, descubrimos que fue mal tratado en su infancia.

—¿Qué nos puede decir de la muerte de menores por esas agresiones?

—Sí. Por desgracia también puedo señalar homicidios, parricidios o incluso accidentes que provocan la muerte como resultado de los malos tratos.

—Supongo que habrá conocido casos escalofriantes. ¿Qué les pasa a esos adultos?

—Por lo general suelen ser problemas patológicos, y a veces llegan a acciones verdaderamente macabras. Pero, como siempre, la víctima es el más indefenso. Además de los malos tratos, hay bebés que son echados a los contenedores de basura; otros que son vendidos para ser material en el tráfico de órganos, o para ser adoptados ilegalmente; o simplemente se les abandona a malvivir en las calles.

—¿Por qué tener hijos para eso? —me atreví a decir.

—Eso mismo estaba pensando yo. ¿Dónde quedan los sentimientos de esos padres? —comentó Ana.

—Sí, verdaderamente es incomprensible que se llegue a esas bajezas, pero por desgracia mi experiencia profesional me lo confirma.

—¿Cuáles son los pasos por seguir para denunciar estos crímenes?

—Primero hay que acudir al médico, después, denunciar el caso ante las fuerzas de seguridad. Desde ahí se verá atendida la víctima por el jurado y será reconocida por el médico forense quien legalizará el diagnóstico de las lesiones.

—¿Cuál es la función concreta del médico forense?

—Somos facultativos que pertenecemos al Cuerpo Nacional de Peritos Médicos, adscritos al Ministerio de Justicia. Nuestra función es asesorar a jueces, magistrados, tribunales y fiscales en materias propias de nuestra especialidad

Después de agradecer al doctor la atención que nos prestó, nos dirigimos en coche a la universidad para asistir a la rueda de prensa en la facultad de ciencias.

—¿En qué vas pensando? —me preguntó Ana en el trayecto.

—En todo lo que he aprendido en este tiempo que estoy aquí, sobre las relaciones familiares y las cosas que nos cuenta el médico forense, me parecen dos mundos distintos.

—Sí, ¿verdad? ¡Es incomprensible, pero cierto! Vivimos en una misma realidad social, pero cada entorno tiene sus luces y sus sombras. Son las dos caras de la moneda de nuestra actual sociedad —hizo una pequeña pausa y prosiguió—. Gracias a Dios, aún existen muchísimas familias con valores morales dignos de ser aplaudidos. Por lo general esas atrocidades son minoritarias, pero ahí están. Cuando nos dejamos conducir por nuestras inclinaciones egoístas, los resultados pueden ser demenciales. Una persona que no ama, es capaz de no ver más allá de su capricho o interés mezquino, y pasa por todo con tal de conseguir lo que quiere, aun a costa de hundir a sus más allegados.

¡Ah! Yo no comprendo para qué tienen hijos si no los quieren.

—Yo tampoco lo entiendo. Quizás para explotarlos. ¡Qué sé yo! De todas las maneras, me cuesta aceptar que una madre, después de haber engendrado un hijo y haberlo ido tratando durante nueve meses dentro de ella, sea capaz de abandonarlo cuando nace o manifestarse cruel con él. A no ser que el bebé le haya decepcionado.

 —De verdad soy sorprendida.

 —Te comprendo.

CONSTRUIR UNA HISTORIA DISTINTA

Si miramos a nuestro presente, hemos de reconocer que el sistema que gobierna el mundo en estos momentos no se puede calificar como modélico de humanidad solidaria, ya que conduce a una minoría de privilegiados a un bienestar desequilibrado y deshumanizador, y arruina gravemente la vida de muchas personas, conduciéndolas a ser cada vez más pobres y vulnerables. Las profundas injusticias de nuestras sociedades no hacen viable el objetivo del bien común de la humanidad y por este camino nunca conseguiremos hacer de nuestra Tierra la casa saludable y próspera para todos.

¿Quién es más que quién? ¿Qué tipo de mundo queremos dejar a nuestros niños? ¿Cómo podemos colaborar a la construcción de una historia distinta? Esta situación pide un esfuerzo conjunto que apela a nuestros mejores valores comunitarios.

Necesitamos, si de verdad queremos salir adelante, hacer de este mundo un lugar mejor para el bienestar de todos, colaborando en lo cotidiano para que sea realidad el bien común. Para que juntos construyamos un futuro más justo y sostenible. Da igual quien gobierne, si no cambiamos nuestra actitud y empezamos cada uno a poner lo mejor de nuestro a ser, los valores y dones recibidos en favor de la causa común, terminaremos destruyendo esta humanidad que se nos ha dado para desarrollarla con amor. Es verdad que todos somos llamados a esta tarea, pero no todos saben o quieren comprometerse en este proyecto existencial.

Si te das una vuelta por mi blog, verás que describo a un colectivo humano que prácticamente se ha tomado en serio esta tarea. Hoy voy a trasmitirte una conversación que espero enriquecerá lo que ya vengo comentando.  

 Me parece que nos estamos acercando al centro de las motivaciones existenciales de esta gente. Hace unos días volvía por la tarde del colegio, cuando me encontré con Dña. María, la madre de Marta; iba yo a coger el ascensor cuando me llamó y me invitó a tomar un café. Yo, sin más urgencia que hacer, acepté, pues me apetecía tener la oportunidad de charlar con alguien de su experiencia.

—Hay una cosa que me viene a la cabeza desde que estoy aquí y cuando más voy conociendo más me preocupo.

—¿De qué se trata?

—Pues verá. Yo quiero saber cómo ven los de fuera todo esto que aquí vivís.

—¿Los de fuera? … ¿Qué quiere decir?

 —Bueno, que quiero saber qué dicen de este modo de vivir las personas que no pertenecen a este grupo.

—¡Ah, ya! Pues mira, hay de todo. A veces les parece que obramos bien, pero no siempre. Eso de luchar por los derechos de los demás, el denunciar las injusticias, el poner en evidencia los intereses egoístas de los poderosos que explotan a los pobres sin voz… en fin, todas estas cosas, como comprenderás, no pueden agradar a los que se ven acusados. Es natural que estas denuncias les resulten incómodas. Por eso se tropieza con muchas dificultades y riesgos.

—Ya veo.

—Hay que obrar con mucha cautela y tacto en estos casos, pues sin duda hemos de reconocer que se necesita mucho valor para enfrentarse a ciertas situaciones, pero no por eso se puede dejar de hacer lo que en conciencia se cree que es un deber de todo hombre de buena voluntad. 

—Sí, pienso que no siempre es fácil. Pero también hay gente que lo ve bien ¿no?

—¡Por supuesto! Gracias a Dios, también las hay. Y suelen ser las personas más sanas. Algunas lo aprueban, pero no quieren comprometerse, nos miran desde lejos y nos aplauden, pero nada más. Otras prometen, pero luego se desentienden o lo van posponiendo. Pero también las hay que nos acogen con agrado, nos ayudan e incluso se unen implicándose de por vida en esta causa. 

—¡Qué bien!

—Sí. Poco a poco nos van conociendo y se va ganando terreno, pues nuestro empeño, no es ni más ni menos, que el de cualquier persona que vive incómoda entre una ciudadanía insolidaria y le gustaría construir una historia distinta, donde todos los hombres y mujeres se vean tratados con justicia y dignidad dentro de una sociedad libremente democrática.

Hizo una pausa para beber un sorbo de té y prosiguió:

—Por eso, la gente nos respeta y se admiran de nuestra forma de vivir, pero no todos nos comprenden y a veces nos encontramos ante puertas cerradas o gestos despectivos, cuando no agresivos.

—¿No tenéis enemigos? Quiero decir ¿gente que no esté de acuerdo y os haga mal?

—¿Qué sociedad no los tiene? Pero como nuestro empeño es construir la justicia con las armas de la paz, intentamos no enfrentarnos con los que nos provocan.

—¿Por qué si todo parece tan positivo os atacan?

—Pienso que porque somos una denuncia a su modo negativo de actuar.  Además, tienes que tener en cuenta que no siempre nos salen las cosas bien, pues somos humanos y aunque tratamos de ir conquistando terreno al mal que hay dentro de nosotros, no siempre se ganan las batallas inmediatas. Esto es una lucha de por vida, por lo que tenemos que ser humildes y contar con nuestros fallos personales y comunitarios y esto puede dar pie a tergiversaciones, malentendidos o inclusos ataques.

—¿Y cómo se castiga al que obra mal?

—Bueno, ya te he dicho que nuestra revolución es pacifista por tanto cuando alguien comete un delito, preferimos negociar la reconciliación por medio de un diálogo en el que está, por nuestra parte, asegurado el perdón.

 —Entonces ¿nunca usan castigo?

—Nunca. ¿Te sorprende?

—Pues sí.

—Mira, perdonar desde lo más profundo, es un acto que está ligado al amor gratuito. Como humanos aquí también nos enfrentamos con el mal. Hay que saber reconocerlo para corregirlo, pero la experiencia nos va enseñando que nunca se puede llegar a una aceptación de las debilidades y fallos del otro si no aceptamos el ser tan frágil nosotros mismos, como los demás. Al ponerte a censurar los errores ajenos, es muy sano empezar por reconocer tu propia realidad, ponerte en lugar de él, preguntarte cómo verías la situación si tú fueras el acusado, así seguro que serás más benévolo y misericordioso ante las equivocaciones del otro. Por eso, para restaurar la convivencia empezamos por intentar limpiar en nuestro interior todo el resentimiento que nos han producido los daños causados por el hermano que trato de perdonar, entonces es cuando estamos preparados para denunciar el mal y declarar sentencia sin rechazar a su autor.

 —Todo esto es extraño. Yo sigo pensando que el delincuente debe pagar con el castigo.

—Quizás eso saldrá bien con los animales que no razonan, pero creemos que las personas son capaces de llegar a descubrir sus fallos y enmendarse si alcanzan a ver el mal en sí mismo, hemos de darles una segunda oportunidad a pesar del riesgo de que, como humano que es, vuelva a caer.

—Sí, veo que ese riesgo existe.

 —De todas las maneras, aunque puede haber otros métodos más satisfactorios a corto plazo, preferimos correr el riesgo y embarcarnos en el camino del perdón como única vía de la reconciliación fraterna. El arrepentimiento y la rehabilitación del que ha delinquido, nos parece que tiene que estar conectada con la auténtica acogida del perdón, sin pasar nunca factura. Te aseguro que los resultados son buenos e incluso en ocasiones mejor que los que conocemos por otros métodos penitenciales.

—Esto rompe todos mis esquemas judiciales.

—Tal vez, pero cuando tengas detrás una buena carga de experiencia de vida vivida con más o menos cicatrices, espero que puedas llegar a desmitizar muchos esquemas.

—Eso espero.

—Mira, los años me han enseñado que la sabiduría no está en el castigo ni en la humillación del delincuente, sino en su profunda conciencia de rehabilitación y arrepentimiento. Así que ¿por qué actuar con dominio autoritario y violencia cuando lo que se busca es una reconciliación con la sociedad?

 —Y ¿qué pasa cuando vuestros métodos fallan?

—Nunca se puede olvidar que el trigo y la mala hierba crecen juntos en nuestro interior, y que hay que intentar por todos los medios que triunfe el bien, pero no siempre se consigue, ahí está en juego la propia libertad, y entonces lo único que nos queda es condenar la falta, pero nunca al sujeto

—Ud. que es una persona de más edad, ¿cree que vale la pena? ¿Tiene esto futuro?

 —Para serte sincera te diré que estoy contenta de cómo va saliendo este proyecto. Año tras año veo madurar a esta gente y eso me hace crecer en confianza, a pesar de las incoherencias personales. Veo que tiempos mejores están brotando entre nosotros y te lo dice alguien que ha vivido lo suficiente como para poder dar un juicio que sólo los años pueden dar. Es verdad que la sociedad cambia, pero hemos de estar atentos, para dar respuestas nuevas ante las nuevas situaciones.

—¿Cuáles son los mayores enemigos?

—Yo te lo resumiría diciendo que es la maldad que hay en el interior del hombre. La ambición, el deseo de poder y dominio, el vivir para acumular riqueza, poder o prestigio. Sobre todo, el egoísmo y la soberbia. Son estos los antivalores que van debilitando cualquier desarrollo social. Son gestos que ahogan el crecimiento de la buena semilla que hay en todo ser humano.

 —Y ¿se avanza?

—Por lo menos se intenta. Pero yo te diría confidencialmente que hay muchas personas que han alcanzado una madurez humana increíble. Esto supone el vivir la verdadera dimensión del hombre libre. Libre de todas las presiones sociales que esclavizan, libres para poner todos sus valores, toda su riqueza personal, al servicio de esta sociedad que entre todos queremos ir construyendo. Aunque para ello se tenga que pasar por renuncias personales.

Creo que hay que tomarse la vida en serio siendo responsable de nuestros actos, asumiendo lo que hemos hecho mal hasta hoy y modificando nuestras actitudes para colaborar en construir un futuro mejor para el conjunto de los humanos. Porque con cada pequeño acto individual se refuerza la unidad de la sociedad, siendo más justos, menos egoístas y más solidarios con todo el mundo colaboramos a establecer el bien común de toda la humanidad, comenzando por los que tratamos cotidianamente. 

Pienso que estos momentos extraordinarios que estamos viviendo, pueden ser la puerta de un tiempo nuevo. Muchas cosas pueden cambiar. Pero ten la certeza de que la vida nos está haciendo una nueva propuesta en el quehacer rutinario. ¿Sabremos entenderla? ¿Creemos que un mundo mejor es posible?

LAS ESPERANZA DEL CAMBIO

        Nuestra ingenuidad de que el mundo lo controlábamos los humanos se ha deshecho en unos días. El virus nos está enseñando que todos pertenecemos a la misma especie, todos somos SERES FRÁGILES QUE DEPENDEMOS DE UN ESFUERZO COMÚN PARA SOBREVIVIR.

Lo estuve pensado, y es evidente que habrá distintas respuestas ante esta situación, cada uno saldremos de ella con criterios y propósitos muy heterogéneos, pero sin duda siempre podemos tomar una u otra postura. Habrá quien está esperando que todo esto pase para volver a su vida anterior, sin que estos días les marque como oportunidad existencial, pero también creo que habrá un grupo de la gente que sacará algo de esto, que le ayude a crecer como persona. De verdad, ¿quieres salir de todo esto igual que como entraste? Yo me niego.

Aunque nos sacuda el cansancio por lo que ha supuesto el Covi-19, de confinamiento, de miedo, de alarma, de enfermedades y muertes, de soledad, de precariedad económica, de paro y hambre… creo que hemos de sentarnos seriamente para comprender qué luz voy a escoger para mi vida; en mi proceder diario. ¿Qué luz quiero que ilumine mis pasos?

Quiero ser de las personas que se apuntan a reflexionar y meditar para descubrir cómo podemos contribuir a aprender a vivir de manera más humana y solidaria después de esta pandemia

Y para ello te voy a invitar a leer el capítulo 18 de la novela “La esperanza del cambio”

Después de terminar las actividades de la tarde en el club, he estado charlando con Andrés en su despacho. Tenía una lista muy larga de interrogantes desde mi asistencia a su clase y pretendía que él me las aclarara.

—Me gusta que me expliques, eso que llamáis los deberes que tiene una ciudadanía responsable.

—Bueno, yo creo que la persona tiene que sentirse y actuar como parte constructiva de la sociedad donde vive, y nadie puede privarle de este derecho, ni ella misma debe evadirse de esa responsabilidad.

—Entonces, ¿tú apoyas eso que todas personas tienen su papel sociopolítico en la historia?

—Si, así es. Pienso que nadie se puede quejar de estar viviendo en una sociedad que no es de su agrado, si no intenta poner los medios para transformarla, si no trata al menos de mejorarla participando, como un ciudadano con responsabilidad.

—¿Crees esto fácil?

—No, no lo es. Pero las lamentaciones y quejas sin hacer un intento por ayudar no llevan a la solución de las situaciones incómodas. Esa postura pasiva son quejas estériles que terminan por engendrar pesimismo y desaliento o en el peor de los casos una indiferencia, pasotismo y aburrimiento ante la causa social, y no conducen a nada bueno.

—¿Tú crees en democracia?

—Como te decía, estoy convencido de que todo hombre tiene derecho a participar libremente en su bienestar social, y este es el principio fundamental de todo sistema democrático, la participación de todos los ciudadanos, colaborando en el perfeccionamiento del desarrollo cívico más inmediato, donde el bien de todos se ha de construir con la cooperación de cada uno.

—¿Cómo me explicas esto?

—Pues mira, en la medida en que vayamos profundizando en el valor de la auténtica democracia, no sólo a la hora de dar nuestro voto sino también a lo largo de los periodos legislativos, dando nuestras opiniones, conocimientos, apoyos y recursos al servicio del enriquecimiento de los programas políticos, estaremos actuando como ciudadanos democráticamente responsables.

—Y entonces, ¿tú crees que este es el camino de modelo de sociedad que propone la auténtica democracia?

—Si, un camino donde los dirigentes políticos ejercerán su mandato compartido con la aportación ciudadana, siempre a favor del bien común. 

—¿No es esto mucho arriesgado para los políticos?

—Pues si, pero si están de verdad por hacer un servicio a la comunidad, escucharán las demandas de cualquier ciudadano. Pero por desgracia no siempre es así, y son muchos los que buscan el puesto como plataforma de poder y enriquecimiento personal aun basándose en intriga y corrupciones de todo tipo.

—¡Esto es muy malo! ¿Es esta la causa de problemas de gobierno democrático?

—No exclusivamente del sistema democrático, pues puede ser un mal en cualquier sistema político, pero en todo caso siempre hemos de luchar por mejorar nuestros gobiernos si queremos avanzar en la construcción de una historia progresista, justa y más humana.

 —Ya entiendo.

—De todas las maneras, yo soy optimista y tengo esperanza en el cambio y el progreso. Todo diálogo político que promueva acciones de avance y mejoras ciudadanas han de ser apoyados y favorecidos.

—¿Es clasista vuestra sociedad?

—¡Por supuesto que sí! La situación social en la que vivimos está cimentada en el tener y no en el ser. Por eso funcionamos entre las categorías de los ricos, inteligentes, poderosos…  El que tiene dinero, poder, capacidad intelectual… es el que triunfa, aunque esto lo haya adquirido de una manera poco honesta, y así no construimos positivamente el bienestar de todos, puesto que el que carece de esas cosas, a veces por no querer pactar con ciertos valores, éste se puede encontrar marginado o sencillamente quizás nunca alcance a ser influyente en la sociedad. Pues, aunque en teoría se afirme que todos somos iguales y tenemos los mismos derechos, en la práctica sabemos que no es verdad, y que en ocasiones se llega a violar los principios más elementales de los derechos humanos, por mucho que se diga que la democracia está a favor de estos principios.

—¿Y cuál es vuestra propuesta?

—Sin duda, el ir sensibilizando a los ciudadanos del deber de construir otra realidad social, siendo conscientes de sus obligaciones cívicas, contribuyendo en la cooperación solidaria, a fin de que todos disfruten de una aceptable calidad de vida, al menos con sus necesidades más elementales cubiertas

—¿Tú crees que mejoráis el futuro?

—¡Por supuesto! Ya te he dicho que la solución está en no lamentarnos inútilmente sino en ayudar al cambio para mejorar. Es verdad que la meta es muy ambiciosa, pero creo que al final el bien va a triunfar, y si nos juntamos los que tenemos esta esperanza, y trabajamos por el bien común algo conseguiremos ¿no te parece?

 —Puede ser…

—Por mi parte no quisiera pasar por la historia sin haber puesto mi grano de arena para lograrlo. Porque esto es urgente. Si, urge que nos comprometamos socialmente si queremos de verdad que suenen voces que proclamen la justicia, la solidaridad, la participación responsable… Este ha de ser nuestro empeño, ir buscando hacer el bien junto a las personas que tengan estas mismas inquietudes.

—¿Es así donde terminará la pobreza?

—Este es un tema muy complejo. Como ya te he dicho, espero que algún día caigamos en la cuenta de que todos tenemos derecho a tener cubiertas las necesidades más básicas, cosa que aún no es una realidad.

 —¿Y tú dices que la democracia es el camino?

—Bueno, es uno de los caminos, supongo que habrá otros, pero cualquiera que busque el desarrollo pleno de la humanidad, ha de optar por colaborar activamente en la construcción de un orden social acorde con las exigencias del bien común y de la distribución equitativa de los bienes del planeta.

—Esto me suena a… ¿cómo se dice… utopía?

—Quizás te parezca una meta inalcanzable, pero sabemos hasta dónde pueden llegar nuestras fuerzas y no por eso nos acobardamos ni renunciamos a la lucha.

—¿Cómo me explicas de los países donde los gobernantes buscan su bien económico propio o sólo gobiernan para mandar y dominar?

—Eso es parte de lo que te he comentado. Cuando el poder político está en manos de desaprensivos que sólo tienen miedo de perder su plataforma de poder y dominio, su cómoda existencia y su alta posición social, sin meterse en el tema de la solidaridad apoyando el bienestar de todos los ciudadanos, asistimos al descrédito y al propio suicidio de las instituciones políticas.

—¿Tú crees esto?

—Estoy completamente seguro de que el pueblo tarde o temprano se levantaría contra los que así abusan de su poder. Los gobernantes tendrían que plantearse su situación y saber que esto los llevaría a ser los primeros en perder sus privilegios. ¿No te parece?

—Si, me temo tienes razón. ¿Cómo van a responder a las necesidades más urgentes de los ciudadanos, si con esto no se benefician, sino que tienen que renunciar de lo suyo para todos?

—Veo que lo vas captando. Además, hay otro problema que es el que surge en los países donde se pone como meta la producción a consta de la explotación de los propios trabajadores.

—Si, algo leo de esto en una crítica de la sociedad de consumo.

—Son planteamientos económicos que no miran en absoluto la dignidad de la persona. Las fuerzas laborales están organizadas para obtener el máximo beneficio sin tener en cuenta las condiciones de vida de los trabajadores, que son al fin y al cabo los que hacen progresar la economía con sus esfuerzos y sudores. La persona es explotada y sólo se le mira como un instrumento más de la productividad.

—Y así sólo se enriquecen los jefes ¿verdad?

—Así es. Los beneficios del desarrollo económico siguen estando en manos de unos cuantos poderosos que mueven los hilos de toda la producción.

—Ya veo.

—Por eso es urgente hacer propuestas alternativas desde la base para cambiar el sistema, poniendo en primer eslabón en el respeto a todas y cada una de las personas que la forman.

—¿Y cuál es tu propuesta?

—Pues verás, tenemos un programa de orientación ciudadana, en el que se informa a la gente de sus auténticos derechos. También es muy importante la educación de los valores para ir tomando conciencia de que las relaciones humanas tienen como base la igualdad, aboliendo toda forma de explotación y discriminación y por último nos interesamos por la formación de conciencias rectas, honradas, íntegras, que no se dejan embaucar por la injusticia, la inmoralidad de los ambientes que buscan el engaño y el fraude social.

—Esto suena muy interesante.

—Así es. Yo creo que es el camino por el que se podría llegar a construir una sociedad donde se respete al ser humano en toda su dignidad. Cuando el ciudadano conoce sus derechos y los exige, la autoridad ejecutiva no le queda otra alternativa que actuar en favor de esas voces.

Yo pienso como Andrés, por eso me niego a salir de esta experiencia igual que entré, creo que Dios nos da una nueva oportunidad para reflexionar sobre nuestra respuesta ciudadana. No es fácil, pero no hemos de dejar de luchar y trabajar para colaborar con responsabilidad en el cuidado del desarrollo de nuestra aldea común.

Espero que muchas cosas cambien, pero nunca nos podemos situar como meros espectadores del devenir de la Historia, somos sus protagonistas