LAS ESPERANZA DEL CAMBIO

        Nuestra ingenuidad de que el mundo lo controlábamos los humanos se ha deshecho en unos días. El virus nos está enseñando que todos pertenecemos a la misma especie, todos somos SERES FRÁGILES QUE DEPENDEMOS DE UN ESFUERZO COMÚN PARA SOBREVIVIR.

Lo estuve pensado, y es evidente que habrá distintas respuestas ante esta situación, cada uno saldremos de ella con criterios y propósitos muy heterogéneos, pero sin duda siempre podemos tomar una u otra postura. Habrá quien está esperando que todo esto pase para volver a su vida anterior, sin que estos días les marque como oportunidad existencial, pero también creo que habrá un grupo de la gente que sacará algo de esto, que le ayude a crecer como persona. De verdad, ¿quieres salir de todo esto igual que como entraste? Yo me niego.

Aunque nos sacuda el cansancio por lo que ha supuesto el Covi-19, de confinamiento, de miedo, de alarma, de enfermedades y muertes, de soledad, de precariedad económica, de paro y hambre… creo que hemos de sentarnos seriamente para comprender qué luz voy a escoger para mi vida; en mi proceder diario. ¿Qué luz quiero que ilumine mis pasos?

Quiero ser de las personas que se apuntan a reflexionar y meditar para descubrir cómo podemos contribuir a aprender a vivir de manera más humana y solidaria después de esta pandemia

Y para ello te voy a invitar a leer el capítulo 18 de la novela “La esperanza del cambio”

Después de terminar las actividades de la tarde en el club, he estado charlando con Andrés en su despacho. Tenía una lista muy larga de interrogantes desde mi asistencia a su clase y pretendía que él me las aclarara.

—Me gusta que me expliques, eso que llamáis los deberes que tiene una ciudadanía responsable.

—Bueno, yo creo que la persona tiene que sentirse y actuar como parte constructiva de la sociedad donde vive, y nadie puede privarle de este derecho, ni ella misma debe evadirse de esa responsabilidad.

—Entonces, ¿tú apoyas eso que todas personas tienen su papel sociopolítico en la historia?

—Si, así es. Pienso que nadie se puede quejar de estar viviendo en una sociedad que no es de su agrado, si no intenta poner los medios para transformarla, si no trata al menos de mejorarla participando, como un ciudadano con responsabilidad.

—¿Crees esto fácil?

—No, no lo es. Pero las lamentaciones y quejas sin hacer un intento por ayudar no llevan a la solución de las situaciones incómodas. Esa postura pasiva son quejas estériles que terminan por engendrar pesimismo y desaliento o en el peor de los casos una indiferencia, pasotismo y aburrimiento ante la causa social, y no conducen a nada bueno.

—¿Tú crees en democracia?

—Como te decía, estoy convencido de que todo hombre tiene derecho a participar libremente en su bienestar social, y este es el principio fundamental de todo sistema democrático, la participación de todos los ciudadanos, colaborando en el perfeccionamiento del desarrollo cívico más inmediato, donde el bien de todos se ha de construir con la cooperación de cada uno.

—¿Cómo me explicas esto?

—Pues mira, en la medida en que vayamos profundizando en el valor de la auténtica democracia, no sólo a la hora de dar nuestro voto sino también a lo largo de los periodos legislativos, dando nuestras opiniones, conocimientos, apoyos y recursos al servicio del enriquecimiento de los programas políticos, estaremos actuando como ciudadanos democráticamente responsables.

—Y entonces, ¿tú crees que este es el camino de modelo de sociedad que propone la auténtica democracia?

—Si, un camino donde los dirigentes políticos ejercerán su mandato compartido con la aportación ciudadana, siempre a favor del bien común. 

—¿No es esto mucho arriesgado para los políticos?

—Pues si, pero si están de verdad por hacer un servicio a la comunidad, escucharán las demandas de cualquier ciudadano. Pero por desgracia no siempre es así, y son muchos los que buscan el puesto como plataforma de poder y enriquecimiento personal aun basándose en intriga y corrupciones de todo tipo.

—¡Esto es muy malo! ¿Es esta la causa de problemas de gobierno democrático?

—No exclusivamente del sistema democrático, pues puede ser un mal en cualquier sistema político, pero en todo caso siempre hemos de luchar por mejorar nuestros gobiernos si queremos avanzar en la construcción de una historia progresista, justa y más humana.

 —Ya entiendo.

—De todas las maneras, yo soy optimista y tengo esperanza en el cambio y el progreso. Todo diálogo político que promueva acciones de avance y mejoras ciudadanas han de ser apoyados y favorecidos.

—¿Es clasista vuestra sociedad?

—¡Por supuesto que sí! La situación social en la que vivimos está cimentada en el tener y no en el ser. Por eso funcionamos entre las categorías de los ricos, inteligentes, poderosos…  El que tiene dinero, poder, capacidad intelectual… es el que triunfa, aunque esto lo haya adquirido de una manera poco honesta, y así no construimos positivamente el bienestar de todos, puesto que el que carece de esas cosas, a veces por no querer pactar con ciertos valores, éste se puede encontrar marginado o sencillamente quizás nunca alcance a ser influyente en la sociedad. Pues, aunque en teoría se afirme que todos somos iguales y tenemos los mismos derechos, en la práctica sabemos que no es verdad, y que en ocasiones se llega a violar los principios más elementales de los derechos humanos, por mucho que se diga que la democracia está a favor de estos principios.

—¿Y cuál es vuestra propuesta?

—Sin duda, el ir sensibilizando a los ciudadanos del deber de construir otra realidad social, siendo conscientes de sus obligaciones cívicas, contribuyendo en la cooperación solidaria, a fin de que todos disfruten de una aceptable calidad de vida, al menos con sus necesidades más elementales cubiertas

—¿Tú crees que mejoráis el futuro?

—¡Por supuesto! Ya te he dicho que la solución está en no lamentarnos inútilmente sino en ayudar al cambio para mejorar. Es verdad que la meta es muy ambiciosa, pero creo que al final el bien va a triunfar, y si nos juntamos los que tenemos esta esperanza, y trabajamos por el bien común algo conseguiremos ¿no te parece?

 —Puede ser…

—Por mi parte no quisiera pasar por la historia sin haber puesto mi grano de arena para lograrlo. Porque esto es urgente. Si, urge que nos comprometamos socialmente si queremos de verdad que suenen voces que proclamen la justicia, la solidaridad, la participación responsable… Este ha de ser nuestro empeño, ir buscando hacer el bien junto a las personas que tengan estas mismas inquietudes.

—¿Es así donde terminará la pobreza?

—Este es un tema muy complejo. Como ya te he dicho, espero que algún día caigamos en la cuenta de que todos tenemos derecho a tener cubiertas las necesidades más básicas, cosa que aún no es una realidad.

 —¿Y tú dices que la democracia es el camino?

—Bueno, es uno de los caminos, supongo que habrá otros, pero cualquiera que busque el desarrollo pleno de la humanidad, ha de optar por colaborar activamente en la construcción de un orden social acorde con las exigencias del bien común y de la distribución equitativa de los bienes del planeta.

—Esto me suena a… ¿cómo se dice… utopía?

—Quizás te parezca una meta inalcanzable, pero sabemos hasta dónde pueden llegar nuestras fuerzas y no por eso nos acobardamos ni renunciamos a la lucha.

—¿Cómo me explicas de los países donde los gobernantes buscan su bien económico propio o sólo gobiernan para mandar y dominar?

—Eso es parte de lo que te he comentado. Cuando el poder político está en manos de desaprensivos que sólo tienen miedo de perder su plataforma de poder y dominio, su cómoda existencia y su alta posición social, sin meterse en el tema de la solidaridad apoyando el bienestar de todos los ciudadanos, asistimos al descrédito y al propio suicidio de las instituciones políticas.

—¿Tú crees esto?

—Estoy completamente seguro de que el pueblo tarde o temprano se levantaría contra los que así abusan de su poder. Los gobernantes tendrían que plantearse su situación y saber que esto los llevaría a ser los primeros en perder sus privilegios. ¿No te parece?

—Si, me temo tienes razón. ¿Cómo van a responder a las necesidades más urgentes de los ciudadanos, si con esto no se benefician, sino que tienen que renunciar de lo suyo para todos?

—Veo que lo vas captando. Además, hay otro problema que es el que surge en los países donde se pone como meta la producción a consta de la explotación de los propios trabajadores.

—Si, algo leo de esto en una crítica de la sociedad de consumo.

—Son planteamientos económicos que no miran en absoluto la dignidad de la persona. Las fuerzas laborales están organizadas para obtener el máximo beneficio sin tener en cuenta las condiciones de vida de los trabajadores, que son al fin y al cabo los que hacen progresar la economía con sus esfuerzos y sudores. La persona es explotada y sólo se le mira como un instrumento más de la productividad.

—Y así sólo se enriquecen los jefes ¿verdad?

—Así es. Los beneficios del desarrollo económico siguen estando en manos de unos cuantos poderosos que mueven los hilos de toda la producción.

—Ya veo.

—Por eso es urgente hacer propuestas alternativas desde la base para cambiar el sistema, poniendo en primer eslabón en el respeto a todas y cada una de las personas que la forman.

—¿Y cuál es tu propuesta?

—Pues verás, tenemos un programa de orientación ciudadana, en el que se informa a la gente de sus auténticos derechos. También es muy importante la educación de los valores para ir tomando conciencia de que las relaciones humanas tienen como base la igualdad, aboliendo toda forma de explotación y discriminación y por último nos interesamos por la formación de conciencias rectas, honradas, íntegras, que no se dejan embaucar por la injusticia, la inmoralidad de los ambientes que buscan el engaño y el fraude social.

—Esto suena muy interesante.

—Así es. Yo creo que es el camino por el que se podría llegar a construir una sociedad donde se respete al ser humano en toda su dignidad. Cuando el ciudadano conoce sus derechos y los exige, la autoridad ejecutiva no le queda otra alternativa que actuar en favor de esas voces.

Yo pienso como Andrés, por eso me niego a salir de esta experiencia igual que entré, creo que Dios nos da una nueva oportunidad para reflexionar sobre nuestra respuesta ciudadana. No es fácil, pero no hemos de dejar de luchar y trabajar para colaborar con responsabilidad en el cuidado del desarrollo de nuestra aldea común.

Espero que muchas cosas cambien, pero nunca nos podemos situar como meros espectadores del devenir de la Historia, somos sus protagonistas

CORRUPCIÓN ECONÓMICA

A estas alturas, después de un mes de reclusión, creo que hemos adquirido nueva conciencia del fallo de los sistemas globales. Basta un simple virus para derrotar a la presupuesta omnipotente humanidad.

No sé cómo saldremos de esta situación, ¿creemos de veras que el presente es una oportunidad para el cambio? ¿estamos realmente dispuestos a corregir nuestros errores, a sopesar nuestros intereses y optar por lo que realmente tiene que llenar de significado nuestra vida? ¿Estamos tomando en peso lo que tiene realmente sentido, por lo que nunca renunciaríamos?

Creo de veras que el beneficio asociado a esta situación de encierro familiar es que ahora todos tenemos la oportunidad de reconstruir la resiliencia en nuestras relaciones más íntimas.

No puedo dejar de pensar en esos hogares donde reina el odio, los recelos, el maltrato… y ¡todo el día juntos! esos están ya viviendo el infierno y ruego para que sean pronto redimidos.

Pero ¿y nosotros? Lo positivo de esta situación es la oportunidad de disfrutar de nuestra familia, de añorar a los que están lejos, de desear vernos, abrazarnos, cuidarnos, decirnos personalmente que nos queremos; porque nos hemos dado cuenta de que, sólo una cosa es importante, el amor que nos tenemos a pesar de nuestras diferencias.

Y todo esto quiero hoy unirlo al peligro de seguir adorando al dinero, a la ambición, a la insolidaridad, al acumular egoístamente riquezas, a la corrupción y malversación económica, … ¿seguiremos teniendo a este ídolo por nuestro señor?, de todo esto conversaron Ana y M95 una tarde en una cafetería al amparo de unas cervezas.

Yo me pregunto que el paro es un problema a nivel nacional ¿verdad?

—Así es. Cada vez aumenta más el número de empresas que quiebran o que no pueden mantener tantos empleados. Pero a mí, una de las cosas que más me preocupan es el problema de la economía sumergida que empobrece oficialmente al país al no contribuir al progreso económico de la Nación.

¿Qué es eso?

—Mira, en un país democrático, todo adulto tiene la obliga­ción de mantener la economía de la Nación según su capacidad económica, puesto que los presupuestos generales del Estado se planean según la liquidez económica que dispone el Tesoro Público, fruto de la contribución de todos los ciudadanos del país. El Ministerio de Hacienda y las Administraciones Públi­cas son las estancias encargadas del presupuesto, aplicación y gestión de la política económica del Gobierno, así como el se­guimiento, inspección y evaluación de los servicios públicos. Pues bien, si tú engañas a la Hacienda Pública y no contribuyes a mantener el Tesoro Público con el fruto de tu legítimo tra­bajo, estás cometiendo un fraude y perjudicas entre otros a los presupuestos del Estado sobre educación, sanidad, seguridad social todos los servicios públicos que quizás criticamos por­que exigimos mejoras pero que tú estás contribuyendo a esos límites cuando te mueves con tu tarea delictiva al no contribuir y prevaleces en el campo de la economía sumergida.

¡Ah! ya veo. La economía sumergida es no ayudar económicamen­te para que el Gobierno tenga dinero para los gastos económicos públicos.

—Así es. Se refiere a la actividad económica oculta que se ge­nera en un país al margen de la ley, de manera que la riqueza que produce no está controlada fiscalmente y por tanto no aparece oficialmente en la economía nacional.

¿Podrías decirme ejemplos?

—Pues… la venta ambulante de productos, el trabajo por ho­ras de limpieza doméstica sin dar de alta en la Seguridad Social, la falsificación en contratos y en facturas de compra y ventas, engaños en la obtención de becas, subvenciones o subsidios sin que corresponda, perjudicando con ello a otras personas que por derecho le corresponde esas ayudas… los hay que, percibiendo el subsidio de desempleo, están cobrando por actividades clan­destinas, por otras parte también es denunciable que los adminis­tradores del dinero público destinado a obras sociales, lo desvíen para su enriquecimiento personal, y los que teniendo un más o menos boyante patrimonio se escaqueen de declararlo y ocultan su fortuna para no verse obligado a compartirla, en fin, un cú­mulo de acciones ilegales que no sólo causa daño a los ingresos patrimoniales de la Nación, sino que va contra toda rectitud de conciencia.

¿Esto tiene que ver con el dinero negro?

—Pues sí, así se llama al dinero que se invierte o se recibe sin declarar a Hacienda, y esto no deja de ser una estafa, un robo a nivel nacional.

Entonces el blanqueo de dinero, ¿qué quiere decir?

—Esto es más delictivo. Es mover el dinero procedente de negocios que incumplen la legislación laboral y fiscal, de forma que una vez convertido, aparezca como dinero producto de ne­gocios legítimos. El blanqueo de capitales es un mecanismo que permite salir al dinero obtenido de actividades delictivas ocultan­do el verdadero origen de estos fondos. A gran escala, en general, suele proceder de actividades relacionadas con el tráfico de dro­gas, de armas, la trata de personas… suelen ser organizaciones de bandas armadas, terroristas, mafias… en fin el producto de los magnates que no les interesa que se sepa la procedencia de su riqueza, pero todo esto son palabras mayores.

¿Y esto es difícil de controlar?

—Bueno, la verdad es que no siempre se consigue. Hay va­rios procedimientos, para llevar a término la evasión fiscal, los delincuentes suelen tener muchas estrategias estudiadas para encubrir la procedencia del crimen como es el no llamar la aten­ción de las instituciones financieras con grandes operaciones monetarias, pues aquí, al ingresar el dinero en una entidad ban­caria, hay un control estricto y puntual y se podría detectar la procedencia sospechosa de la operación de blanqueo, pero hay otra forma de utilizar el efectivo negro y es el invertir en ciertos países que permiten la compra y venta de operaciones mercan­tiles de modo que el importe oficial que aparece en la factura no tenga que ver nada con el realmente pagado y comprado, por lo que así se puede manejar cantidades importantes del dinero en contabilidades fraudulentas. Otro camino son los llamados paraísos fiscales.

Sí, creo que algo he oído de esto

—Pues son territorios alrededor del planeta donde se paga menos impuestos que en el sitio residencial habitual de un nego­ciante. Allí van a para la mayoría de las grandes fortunas que hu­yen de hacienda. Los hay que son muy atrayentes para el crimen organizado porque no se rigen por ninguna ley internacional del mercado de finanzas. Hay empresarios y grandes fortunas que buscan negociar con la banca privada de Suiza y Andorra, por ejemplo, para ocultar su dinero sin dejar rastro. En cambio, los pequeños y medianos empresarios que quieren sacar el dinero del país buscan otros mercados, generalmente compañías asiáticas que cobran menos comisión.

¡Qué sorprendente!

—Bueno, pero con todo esto nos hemos desviado del tema, es verdad que estas actividades delictivas de evasión de impuestos de los grandes capitales son lamentables, pero hay otras gestiones que no por ser de menor escala hay que considerarlas menos pe­nales, me refiero a las empresas que se valen de trabajadores sin contrato, sin darlos de alta en la Seguridad Social, y que quizás es­tos están cobrando el subsidio de desempleo cuando la verdad es que están trabajando de manera oculta para la Hacienda Pública.

¿Y esto no se descubre? ¿No hay una fiscalía que esté atenta a estos fraudes?

—Sí que lo hay, pero no lo suficientemente eficaz como para acabar con ello. Estoy segura de que en nuestro país existen gran­des y pequeñas empresas que busca la manera de engañar a la administración pública en beneficio propio, sin ser conscientes de que el bien común a la larga les beneficia a ellos también.

¿Quieres decir que esas entidades no cumplen las normas del em­pleo?

—Así es. Estas actividades clandestinas no respetan las normas que hay que cumplir, violando las leyes laborales y llegando a la explotación del trabajador. Son empleos ilegales que se dan en el campo de la corrupción, con mano de obra barata, que manipulan y abusan al no tener en cuenta sus derechos de operario, ocasio­nándoles daños y perjuicios, con el riesgos incluso de poder sufrir un accidente laboral y no tener derecho a ser atendido, por no ha­berle dado de alta en la Seguridad Social y además el no cotizar, les priva también del subsidio para la pensión de jubilación… en fin una serie de irregularidades que permanecen ajenos al control del Estado y que va en contra del trabajador. Todo esto son conductas del contribuyente fraudulento que busca evitar el pago del impues­to que le corresponde, valiéndose para ello de engaños y trampas para librarse de las aportaciones fiscales.

Ya veo que puede ser grave problema.

—Sí y una vergüenza pues por el fraude fiscal en este país se pierden miles de millones de Euros, fraude que repercute en ma­yores impuestos para los ciudadanos honrados. Te confieso que no me equivoco al afirmar que existe un porcentaje no desprecia­ble de personas que realmente ganan mucho, pero se las apañan para engañar a hacienda y pagar poco o al menos por debajo de lo que en justicia deberían contribuir.

¡Esto es asombroso!

—Si e indignante, añadiría yo. Si los inspectores se dedicaran a perseguir a los grandes defraudadores y no a la gente común, como parece estar haciendo, buena parte del problema econó­mico del país se resolvería. Ahora que te digo otra cosa, tampo­co el estado es inocente, porque hay ciudadanos que se niega a colaborar porque no quieren ser cómplices del mal uso que en ocasiones hace el mismo gobierno del dinero de todos los contri­buyentes, cuando aprueban leyes que van contra la vida, como el aborto o la eutanasia, o se implica en el comercio de armas o en multinacionales que van en perjuicio del bien para el hombre o el medio ambiente. En fin, que aquí hay materia para reflexionar personal y socialmente.

Confío en que aprendamos la lección y que todo esto nos sirva para comprender que el cambio sigue siendo necesario y obligatorio, que hemos de valorar la vida de forma consciente, dando prioridad a lo que realmente tiene un valor existencial como son los valores humanos, el defender los derechos de todos los ciudadanos y el salvaguardar el medio ambiente, lo demás usarlo en tanto en cuanto ayudan a estos principios sin caer en la tentación de ser esclavos de nada y nadie.

EL PODER JUDICIAL

Hoy vamos a escuchar a Andrés que nos va a hablar sobre su planteamiento ante la autoridad judicial de un sistema democrático.

Háblame del sistema judicial.

—Este es otro punto realmente interesante para el auténtico bienestar de la nación. Este colectivo judicial tiene una tarea de mucha responsabilidad, y yo creo que el secreto de su eficiencia real está en el actuar con independencia absoluta frente a los poderes políticos, y al mismo tiempo deben destacarse por su honestidad y eficacia al servicio de su auténtica causa, la justicia.

¿Son fácil de sobornar?

—Como en todos los campos humanos, existe el peligro de que no sean del todo honrados. Pero el que es de verdad un au­téntico profesional de la justicia, no mira el soborno ni las ame­nazas y se juega todo por defender los derechos de los menos fa­vorecidos, siendo portavoz de aquél que la injusticia y el egoísmo humano le ha colocado en situaciones desfavorables.

¿Qué te parece a ti que hacen los jueces en los casos de corrupción?

—Verás, son situaciones muy delicadas. Hay casos donde se mezclan grandes fortunas, prestigiosos políticos, especuladores bursátiles… en fin, personas con poder que son muy difíciles de condenar.

Ya veo.

—Lo cierto es que son los jueces los que deberían ayudar a poner las cosas en su sitio si se ajustaran a hacer su trabajo de de­fensores de la justicia y el orden. Yo creo que si el que incurre en algún acto ilícito supiera que la justicia funciona como debería, más de uno se lo pensaría antes de delinquir.

Yo he oído una protesta porque se libran de la cárcel los que tienen dinero para pagar la fianza.

—Así es, los delincuentes pobres que no tienen dinero para pagar las cantidades que se les adjudica por el delito cometido, esos no se libran de la prisión, los ricos y poderosos, tan culpa­bles o más que ellos, con abonar los costes marcados por el juez, aunque sean cantidades enormes, suelen librarse de pasar un solo día en la cárcel.

¿qué haces cuando ves una injusticia?

—Mira como queremos ir buscando creativamente los cami­nos pacificadores de reconciliación ante los conflictos cotidia­nos, lo primero que hay que evitar es toda clase de irritación o agresividad, pero nunca mantenernos pasivos ni indiferentes ante ella. La mentira, la falsedad de la manipulación del poder o ante la privación de los más elementales derechos de la persona como son el ser respetado con dignidad, el recibir el trato que se merece por el sólo hecho de ser persona, el tener lo mínimo para subsistir en cualquier situación, son condiciones que nos mueven a alzar la voz contra los hechos injustos. Aquí es donde jugamos la partida más arriesgada, pues se requiere mucho tacto para po­der convencer a los contrarios con mano de hierro en guante de terciopelo. ¿Entiendes lo que quiero decir?

Sí, que hay que ser firmes, pero no agresivos.

—¡Eres una chica muy lista!

Gracias. Explícame. ¿Si una ley permite algo que no os parece recto, vosotros podéis negaros a hacerlo?

—Como ciudadanos de una sociedad democrática tenemos que saber cuáles son nuestros derechos y no acobardarnos ante una legislación que no está de acuerdo con nuestros principios morales, pues por encima de toda ley está la conciencia como última instancia que hemos de seguir a la hora de actuar y no po­demos apoyar una legislación que no está a favor de la persona, un orden democrático debe respetar la conciencia de cada uno.

¿Y si os equivocáis?

—Por eso la urgencia de una buena formación, de consultar a expertos, a personas con autoridad moral, con garantía de serie­dad y rectitud de conciencia. Desde ahí es donde nos atrevemos a enfrentarnos, lo que es lo mismo, a objetar sobre una ley que consideramos injusta o incorrecta.

¿Supongo que no todos tienen ocasión de consultar a expertos?

—Supones bien. En cualquier caso, ante la duda de la rectitud de un comportamiento concreto, siempre hay un recurso que no falla, y es el preguntarnos qué es lo que va más a favor de la persona, qué nos hace más humanos, qué es lo que nos ayuda a vivir más dignamente.

¿Dónde trabajáis para poder ayudar a la gente que necesita?

—En cualquier estamento social, hay que ir introduciendo este estilo humanizador. Hay que vivirlo en el trabajo, en el lugar donde estudias, en casa, en fin, donde tienes ocasión de relacionarte con los demás. Pero es sobre todo en el campo de la educación y en los medios de comunicación donde nos jugamos el mayor reto, pues son lugares donde se puede ir haciendo pensamiento, donde se puede ofrecer otra alternativa para enfocar la existencia humana. Estamos allí donde son convocados los ciudadanos. Se trata de ir trazando otro camino, no sólo con la palabra sino con la coheren­cia de vida. Es así como tratamos de dar nuestra opinión desde el diálogo, el ejemplo y nunca desde la fuerza ni la violencia.

¿Y hay muchos jóvenes que os siguen?

—Pues veras, esta generación de jóvenes, lo tiene muy difícil porque son muchas las fuerzas, y de muy variados signos, las que tratan de ganarlos o confundirlos. Los jóvenes son seres aun sin criterio y por tanto fáciles de manipular, pero yo creo que el papel más influyente pueden tenerlo los padres y los educadores. La fa­milia aún tiene un lugar privilegiado para formar el futuro de nues­tra sociedad, aunque haya otras fuerzas que trabajen con energía para destruirla. Hoy por hoy, son los padres los que, con su cohe­rencia de vida, pueden impulsar a sus niños a ser honrados, traba­jadores, generosos, solidarios, porque, aun yendo en contra de las estructuras sociales, deben de luchar por conquistar para sus hijos un futuro donde todos puedan participar de una mesa fraterna.

Para terminar, permíteme que te copie un documento resultado de un trabajo de sus alumnos del último curso de bachiller

LOS DERECHOS DE LA CIUDADANÍA

“En un país que presume de llamarse democrático, el Estado debe velar porque todos sus habitantes tengan to­das sus necesidades básicas cubiertas.

Todo ciudadano posee unos derechos básicos, que im­plica al gobierno del país en justicia, a que se les facilite, a fin de adquirir unas condiciones de vida digna de un estado democrático.

La falta de atención al cumplimiento de estos derechos fomenta la desigualdad y genera la indigencia, con el agra­vante que supone el potenciar con ello la delincuencia y el pillaje por la carencia de medios de los más excluidos.

Es por ello por lo que pretendemos tomar conciencia de que la construcción del estado de bienestar se conseguirá a partir de un sistema en el que se garantice el derecho de toda persona a tener un nivel de recursos básicos cubiertos, de acuerdo con su dignidad humana. Un sistema que promue­va la igualdad, la solidaridad, la sostenibilidad ecológica, los derechos sociales y económicos, que faciliten el desarrollo pleno de cada individuo, es digno de llamarse justo.

Por tanto nos pronunciamos a favor de todo ciudadano, abogando por sus derechos al pleno desarrollo de una vida digna, haciendo hincapié en el sistema de protección social del Estado, para defender en justicia los derechos cívicos de cada persona, velando porque se le proporcione una vi­vienda, un empleo, un salario y una jubilación digna, una atención sanitaria y una educación que le abra las puertas para el acceso a la cultura y a todos los ámbitos de la vida pública, convencidos como estamos de que el estudio y la formación son elementos claves en la transformación y el progreso de la sociedad.

Todo esto es un toque de atención, no sólo para reflexio­nar sino para actuar e incluso para denunciar, ante las si­tuaciones de injusticia si procede, porque es compromiso de todos el conseguir una sociedad equilibrada y armonio­sa, apoyando los procesos de transformación social y cultu­ral, pero es deber del Estado el garantizar este progreso con unos servicios públicos, que velen por el cumplimiento de los derechos de los habitantes del país”

UN MUNDO MEJOR

El anhelo de un mundo mejor es lo radicalmente cristiano. No podemos avergonzarnos, de decir y proclamar que creemos en el Señor de la Historia, que queremos que él sea el protagonista de nuestra existencia.

¿Cómo plantea Andrés este tema?

—Hay que valorar los esfuerzos de mucha gente que trabaja en diversos campos sociales promoviendo, junto con otros, estilos de vida que no están de acuerdo con el poder abu­sivo de unos pocos, el soborno, los privilegios, el favoritismo, la parcialidad… en fin tratamos de denunciar cualquier clase de co­rrupción social. Son personas que se han tomado en serio la res­ponsabilidad personal de entregar a la futura generación un mun­do más humanizado que el que estamos viviendo actualmente.

¿Esta es vuestra filosofía? —Le pregunta M95

—Así es. Tratamos de ir ayudando, para conseguir un desarro­llo más humano, comprometiéndonos por atender los derechos de todos, trabajando por el bienestar del colectivo, como cauce para la realización plena de cada uno de sus miembros. Así, poco a poco, podemos demostrar con hechos lo que defendemos de palabra, pues solo un vivir coherente puede ser la confirmación de nuestra teoría.

¿Y tú creer que los que tienen el poder les interesa esto?

—Depende de cómo se sitúen ante su compromiso de ver la vida, como servicio a favor de los ciudadanos o como plataforma de lucro, y prepotencia.

Y entonces, ¿tú crees que este es el camino de modelo de sociedad que propone la auténtica democracia?

—Si, un camino donde los dirigentes políticos ejercerán su mandato compartido con la aportación ciudadana, siempre a fa­vor del bien común.

¿No es esto mucho arriesgado para los políticos?

—Pues si, pero si están de verdad por hacer un servicio a la comunidad, escucharán las demandas de cualquier ciudada­no. Pero por desgracia no siempre es así, y son muchos los que buscan el puesto como plataforma de poder y enriquecimiento personal aun basándose en intriga y corrupciones de todo tipo.

¡Esto es muy malo! ¿Es esta la causa de problemas de gobierno democrático?

—No exclusivamente del sistema democrático, pues puede ser un mal en cualquier sistema político, pero en todo caso siempre he­mos de luchar por mejorar nuestros gobiernos si queremos avanzar en la construcción de una historia progresista, justa y más humana.

Ya entiendo.

 —De todas las maneras, yo soy optimista y tengo esperanza en el cambio y el progreso. Todo diálogo político que promueva acciones de avance y mejoras ciudadanas han de ser apoyados y favorecidos.

Pienso me equivoco, pero la experiencia dice tus teorías no son con la realidad, sólo son con ilusión y fantasía.

—Tal vez. Pero es que la filosofía que proponemos requiere una gratuidad que difícilmente se garantiza en los políticos. Pero ellos son personas como nosotros y alguno habrá que reaccione según estos principios. ¿No te parece?

Si tú lo dices…

 —Todo es cuestión de ponerse a tiro, para sentir, en lo mejor de sí mismo, esa voz que nos grita la urgencia de trabajar por el bien de todos y no por intereses personales o de partido. Pues con eso solo se benefician unos pocos y a veces a costa de que muchos sean marginados o explotados, hasta llegar incluso al de­terioro y perdida de la dignidad de estos afectados por falta de asistencia social.

¿Esto pasa en este país?

—Veras, es muy común ver en todas las ciudades, gente pobre e indigente que no son capaces de salir de su estado de miseria porque nadie se preocupa por ellos.

Ya entiendo

—Pero no son solos ellos, pues también los hay que por ver­güenza no llegan a manifestarse así, pero que tampoco tienen cubiertas con dignidad sus más elementales necesidades y tantos unos como los otros son ciudadanos que tienen plenos derechos, no sólo al voto sino a ser escuchados y atendidos cuando exigen lo que en justicia se les debe dar para poder desarrollar digna­mente su existencia.

Si tú dices que los ciudadanos votan a sus candidatos ¿Por qué ganan los que tienen planes que no son honrados?

—Pues porque no fueron sinceros en sus programas electora­les, porque engañaron al elector, porque nos prometieron y lue­go, una vez en el poder o no son valientes o no fueron sinceros, o no supieron ir contra corriente y temieron ser fieles a sus prome­sas… mil razones que no justifican ningunas el no ser honestos con los planes presentado en las campañas electorales.

Yo leo que hay muchos grupos y organizaciones que trabajan por los derechos sociales.

—Así es. Da satisfacción ver que cada vez son más los ciu­dadanos que se movilizan para apostar por la construcción de una nueva sociedad auténticamente democrática. Este es nuestro empeño, estar donde se trabaja por esas nuevas formas de convi­vencia como único camino para conquistar un siglo XXI con las armas de la justicia y la paz para todos.

Bueno, también se llega a la paz por el dominio y la opresión del más fuerte.

—Puede ser. Pero el orden y la paz forzada sólo se mantienen externamente, si se mantienen. Por otra parte, la corrupción y la manipulación política atacan a la armonía ciudadana y ambas cosas sólo pueden engendrar hostilidad, malestar, incluso resen­timientos y odios. Por eso, no creo que sean buenas recetas para garantizar la paz auténtica y duradera, ya que pronto aparecerán brotes de rencor, odio y agresividad en esos corazones humilla­dos, aunque aparentemente tengan sus necesidades cubiertas.

¿Es esto luchas políticas?

—Bueno, no me gusta el término lucha porque suena a hos­tilidad y guerra. Por nuestra parte, queremos ofrecer otra alter­nativa pactando por los intereses de todos y por la construcción de una ciudadanía nueva donde se viva realmente la igualdad y se respeten los derechos de cada uno. La verdad es que esta reali­dad nos afecta a todos como deber de responsabilidad histórica, pero hemos de intentar que nuestras armas sean pacificadoras y de concordia. Una humanidad solidaria y fraterna, comprometida con el bien común, ahí está el auténtico progreso de una nación.

¿Y cómo lo hacéis?

Dijo un sabio que para arreglar el mundo se tenía que empezar por arreglar el hombre. La sociedad no funciona si el hombre no se plantea la perfección de su humanismo. Cuando somos fieles a nuestros valores y estos los desarrollamos en favor del crecimiento de la justicia y el amor fraterno, el mundo mejora.  De ahí la respuesta de Andrés:

—Pues ya vas viendo como actuamos. Empezamos por pro­gramas de iniciación en donde los guías o maestros ayudan como primera asignatura el dominio personal.

¿Y creéis que vosotros pocos, podáis cambiar toda la sociedad?

—Si sólo nos limitamos a quejarnos y a esperar pasivamente que otros actúen, por supuesto que no conseguiremos nada, pero cada uno podemos ir echando nuestra semilla en el surco, con­fiando en que algún día veremos nacer la planta.

Dime alguna de esa semilla.

—Pues verás, son gestos de la vida diaria, como palabras de acogida y cercanía, en el trabajo, en casa, en la calle… estar atento a lo que el otro necesita aun antes de que lo pida, ejer­citarnos en escuchar, en ser amables, tolerantes, comprensivos, solidarios… valorar a los demás demostrándoles que reconoce­mos sus dotes, sin envidias, sin ambiciones egoístas, desterrar de nosotros los impulsos de poder, de creernos superiores, de ignorar al otro… respetar otras opiniones, otros puntos de vista sin alterarnos… en fin, educarnos y educar a las nuevas ge­neraciones en el desarrollo de estas actitudes que nos hacen valorar y respetar las diferencias y complementariedad de todos los ciudadanos.

Hay que mantenerse prevenidos, porque el reinado de Dios es una demanda crítica que nunca será aceptada en muchos ambientes de esta sociedad. Los poderosos quieren ocupar el lugar de Dios en la Historia, por eso los cristianos debemos saber que entraremos en conflicto con los que pretenden dominar el mundo, pero no olvidemos que Jesús dijo: 

“En el mundo tendréis grandes tribulaciones: pero tened confianza: Yo he vencido al mundo.”

Y en otra ocasión afirma S. Pablo:

“Si Dios con nosotros ¿quién contra nosotros?”

Porque el Reino de Dios al que Jesús le dedicó su vida, nos trae la justicia y el amor que son la esencia de un mundo mejor.