PODER: ¿FUERZA O AUTORIDAD?

Ya estamos en la fase 1 esto no significa que el peligro haya pasado, sino que queremos evitar la ruina económica del país, pues al estar tantos meses sin producción, hay muchas familias que ya no tienen dinero, no pueden mantenerse en casa sin ninguna entrada financiera, incluso las hay que pasan hambre y se necesitan trabajar.

El virus sigue ahí fuera y no podemos relajarnos. Aún estamos a medio camino y el peligro podría aumentar si no somos disciplinados y responsables Debemos de seguir protegiéndonos unos a otros, poniendo el mayor énfasis en el uso de mascarillas, la higiene y la distancia de seguridad. No podemos bajar la guardia.  Tampoco sabemos si habrá un rebrote o un virus nuevo. Lo único seguro es que esta pandemia no terminará hasta que no se encuentre una vacuna para atacarla, pero nunca antes.

Lo que está por ver, es qué ocurrirá cuando se abran las puertas del todo. Ojalá, que la humanidad haya reflexionado sobre su modo de estar en el mundo y trate de conquista una mejora para toda la sociedad, incluyendo el reparto y la propiedad compartida de los bienes de la tierra. Este tiempo puede ser una oportunidad y no sólo una gran tragedia, que es lo que lamentamos en estos momentos. La vida se abre paso aun en las circunstancias más difíciles.

Ahora bien, yo estoy convencida de que no habrá un cambio radical estructural, ni social, ni ecológico si no hay un cambio en el modo de entendernos, sentirnos y relacionarnos los seres humanos. Si no conquistáramos personalmente, un profundo cambio radical en nuestro enfoque ante la vida, profundizando en la idea fundamental de la equidad, la justicia, la solidaridad y la acción humanitaria en beneficio de todos.

 ¿Cómo hacer que esta experiencia se transforme en aprendizaje? Teniendo en cuenta que queremos reflexionar sobre ese cambio social, que alcance las raíces de nuestro ser en nuestro vivir cotidiano, hoy os propongo que asistamos juntos a una exposición de los alumnos de Andrés sobre: Los conceptos de gobierno político, con un equilibrio de los tres poderes públicos: el ejecutivo, el legislativo y el judicial. En él se nos presenta una propuesta social que me parece interesante a tener en cuenta.

 

Andrés me propuso asistir hoy a un debate que iban a tener sus alumnos de quinto de secundaria sobre “El hombre ante el poder ejecutivo”. Como coincidía con una hora que tengo libre acepté. La verdad es que fue muy interesante.

Prepararon el tema un grupo de doce estudiantes formados por cinco chicas y siete chicos. La presentación fue muy original, medio teatro medio discusión entre dos bandos, los que estaban a favor de crear instituciones de poder regidos por la autoridad moral y justa y los que apoyaban las instituciones que actuaran por el poder del dominio y el uso de la fuerza. El objetivo de todos era presentar los dirigentes más convincentes para crear una sociedad donde reinara el bienestar para todos, una calidad de vida donde el individuo alcanzara una posición digna dentro de su contexto cultural, pero desde puntos de vistas opuestos. La base de este poder constitutivo iría encaminada a fomentar la autodeterminación personal dentro de sus obligaciones sociales.

Con estas premisas de fondo se abrió el debate.

Todos iban caracterizados como correspondía al caso con togas y diferentes tocados según el papel que representaban.

 La escena se desarrollaba en un congreso internacional, donde cada personaje se presentaba como prototipo de la institución que representaba, además asistía un moderador que hacía de narrador.

Abrió el debate el narrador que estaba frente a las dos corrientes ideológicas:

— Señores congresistas, nos hemos reunido aquí para discernir sobre los poderes del mundo. Tenemos a los ciudadanos de la historia presente en nuestras manos. De nosotros depende el futuro de la sociedad. Son sus Señorías las instituciones dirigentes, por tanto, las resoluciones últimas de las conductas de todos los ciudadanos están en vuestras propias disposiciones. Para bien o para mal de la humanidad, aquí están sus gobernantes, son sus Señorías el poder del mundo. Y sin más les invito a que se presenten.

Comenzaron hablando los del ala derecha:

 — Nosotros representamos la autoridad. Formamos parte de cualquier institución dirigente, induciendo a nuestros ciudadanos a actuar porque nos ven coherentes, con prestigio, dando razones que convencen.

— Así es. Como somos humanistas, y nuestra causa es el bien del hombre, nuestro poder se convierte en autoridad moral.

— Nuestra meta es la calidad de vida, el progreso y el bienestar, de cada uno de nuestros ciudadanos. Ellos lo saben porque trabajamos para no defraudarles.

 — No sean ilusos — intervino cortándoles los del ala izquierda — Nosotros somos la fuerza y esto es lo que aquí tiene eficacia, la gente sólo escucha a los que están en el poder, sin preocuparse de los medios que se utilicen para mantenerlos, con tal de saberse beneficiados. Los fuertes somos los que dominaremos la sociedad.

— Estoy de acuerdo. Las razones nadie las escucha. Hay que demostrarles quienes son los más poderosos.

— ¿A caso no somos nosotros los administradores de su bienestar? Pues hay que mantener ese poder a costa de lo que sea.

— Sí. Lo que conviene es convencerlos, atraerlos a nuestro terreno, y los beneficios serán para los que estén de nuestra parte.

— Por supuesto. Aquí se trata de no perder el mando y el dominio de la sociedad.

— Y si llega el caso de que se les olvida donde está el poder, quienes son los que mandan, también tenemos medios para que entren en razones.

— Bueno, bueno, no nos pongamos nerviosos y agresivos. Hay otras maneras más sutiles de convencer a la gente. ¿Por qué la violencia? También existen otros medios de convencerlos, ¿no os parece?

 — Es verdad, siempre se me olvida que tenemos entre nuestras filas la fuerza moral, que sabe conquistar a los indecisos ciudadanos con sus artimañas seductoras y engañosas.

— Muchas veces esto basta para convencerlos.

— Está bien — concluyó el narrador— Una vez expuestas las razones de sus argumentos filosóficos, pasemos a debatir sus actuaciones institucionales.

La fuerza física — Bien, permítanme que sea la primera. Actualmente soy tan potente como temida. Prácticamente tengo el mundo en mis manos. El poder de las armas y los recursos bélicos me hacen reinar en los países más poderosos de la tierra y ¡pobre del que se le ocurra llevarme la contraria!

Narrador — Bueno, bueno, no se crea tan potente, pues incluso su Señoría necesita de otros. ¿Quiénes son los que le ayudan a tener tanta seguridad en su fuerza?

La fuerza física — ¡Por supuesto! Yo sería impotente sin la fuerza económica y el poder científico. Todos en esta vida necesitamos apoyarnos en el polémico dinero, pero son las grandes inteligencias de la humanidad las que me van haciendo crecer. Los físicos y químicos con sus sofisticadas armas, los biólogos con los experimentos bacteriológicos… incluso los avances de la genética con su manipulación están a mi favor, ¡ah! Se me olvidaba, también tengo que contar con el campo de la psicología y la sociología como ciencias capaces de orientar las estructuras mentales de las personas. Estas son mis armas más poderosas de este momento histórico.

Narrador —Ya que su Señoría nombró al poder económico ¿Qué dicen sus representantes?

La autoridad económica —Bueno, la economía en principio debe ser una plataforma positiva, puesto que está llamada a hacer un análisis de la realidad para planificar la distribución de los recursos de una manera justa, donde todo esté distribuido equitativamente y a nadie le falte lo necesario.

La fuerza económica — ¡Espere, espere! ¿Dónde ha visto su señoría un sistema económico que se sostenga con los argumentos que aquí se expone? Siempre ha habido y habrá ricos y pobres.

La autoridad económica — ¡Sí, ya sé! Y no sé si esa realidad histórica será posible hacerla desaparecer algún día, pero tenemos que colocarnos siempre a favor del desarrollo y el bienestar de todos los ciudadanos. Nuestro primer cometido ha de ser la justa redistribución de la riqueza producida y, sin embargo, nuestra mayor vergüenza es la enorme diferencia que existe entre ricos y pobres, cuando se sabe que los recursos pueden llegar para todos.

La fuerza económica— ¡Anda tú! Lo importante para mantener nuestro estatus económico es el trabajo, la producción, el consumo, el aumento de capitales. Las grandes empresas bien saben de eso, de ahí, que se hable de las multinacionales e incluso de la globalización del mercado.

La autoridad económica — Si, ya veo por donde va. Pero esto puede ser un arma de doble filos, pues el instigar al consumo y las motivaciones del aumento del capital sólo favorece a los que ya se abastecen económicamente, pero ¿qué oportunidades damos a los menesterosos de cambiar su situación?

La fuerza económica — ¿No será que los hay muy flojos? El secreto de nuestro poder consiste en el saber cómo motivar y crear nuevas necesidades en el hombre para que siga consumiendo, para que no se tenga más remedio que seguir produciendo y así, aumentar la riqueza con el producto de las ventas.

La autoridad económica — ¿Y su Señoría crees que va a ser fácil triunfar en los países que carecen de poder adquisitivo con esa filosofía consumista? A mí esto me suena a explotación económica y esto no cuadra con mis principios.

íLa fuerza económica — No se preocupe, con tal de tener como los otros, siempre caen en la tentación de comprar, aun los que no pueden permitirselo. Todo es cuestión de tener a nuestro servicio un buen “marketing” que estudie los intereses del individuo y desde ahí imponer las reglas de producción y mercado.

La autoridad económica — ¿No sería interesante probar la rentabilidad que puede proporcionar el resolver los grandes problemas de la escasez de los pueblos, distribuyendo los recursos que de hecho nos ofrece la Naturaleza, en vez ignorar o explotar a los menos favorecidos? Además, si hay para todos, ¿dónde está la justicia social? Yo pienso que nuestro cometido ha de ser el garantizar para todo, el acceso a la adquisición de los recursos de producción. Los bienes de la Tierra pertenecen a todos y no sólo a unos cuantos que se han tomado el título de privilegiados.

La fuerza económica — Mire, a mí lo que me interesa es pegarme donde hay sólidas y seguras finanzas y a la garantía de dinero fácil. Yo he nacido para vivir en la abundancia y no para perderme en negocios de poca monta. Eso se lo dejo para los de pocas ambiciones.

La autoridad económica — Está bien, ese es su punto de vista. Pero no puede olvidar que jugamos un papel muy importante en la satisfacción de las necesidades primarias de todos los hombres y no sólo de las de unos pocos, que son precisamente los únicos que su Señoría parece favorecer.

La fuerza económica — ¡No sea iluso! También estoy en los económicamente débiles. ¿No ve que he montado un buen negocio con eso del consumo y todos quieren disfrutar de los bienes materiales aun por encima de sus posibilidades?

La autoridad económica — ¿Y qué me dice de los 800 millones de hombres que pasan hambre, pobreza, subdesarrollo… son también sus clientes hoy día?

La fuerza económica — ¡Está bien, está bien! ¡No me maree más! Estoy de acuerdo con que mi sistema económico no es el más perfecto, pero me lo he montado con tanta eficacia y comodidad que no puedo pensar en renunciar a ninguno de mis poderes adquiridos. Por el momento no me convence ninguna de las otras alternativas que se me presentan. Tengan en cuenta que las gigantescas multinacionales operan realmente en la trastienda de la marcha de nuestros gobiernos.

La autoridad económica — Esta es mi mayor preocupación, por eso quisiera desde aquí hacer una llamada colectiva, hacia una reflexión conjunta sobre el tema. Yo sugiero que se podría empezar por una revisión del objetivo sobre el aumento desproporcionado de la distribución de la producción y el instinto compulsivo por consumir sin juicio y sin medida, lo que lleva al individuo a crearse necesidades de lo que en realidad es un valor superfluo.

(CONTINUARÁ)

Las primeras impresiones

Hoy te voy a comentar los primeros informes de M95 a su compañero el agente V71

Esto acontece durante la primera semana de estancia en esa ciudad a comienzos del siglo XXI y mi interés se centra en comunicarte las primeras impresiones de M95 ante la novedad que le rodea

Agente V71. ¿Me captas? Aquí agente M95. Llamando…. Lla­mando… Conexión con la base. Agente M95… llamando…

Sí, aquí agente V71 al habla. ¡Por fin! Te oigo perfectamente. Me tenías preocupado. Estaba impaciente por tu tardanza en comunicarte. ¿Ha habido algún contratiempo?

No, en absoluto. Ocurre que esta gente es tan hospitalaria que no he podido liberarme hasta ahora. Mi casera y su hija se empeñaron en que tenía que cenar con ellas. Pero todo ha ido muy bien. Como planeamos ha sido todo un éxito el cuento de mi procedencia. Se extrañaron al no ver una cara japonesa, pero, según lo pensado, es el mejor resorte para presentarme tan ajena a esta cultura; a pesar de mi preparación, es mejor así que dármelas de saberlo todo y cometer un fallo del que me sería más difícil salir airosa. ¡Ha sido el primer éxito! Cuando me presente igno­rante y preguntona no sospecharán, verán en mí a una forastera curiosa e interesada por conocerlos y hacerse así más cercana a la gente del lugar.

Me alegro de que todo empiece bien. ¿Tienes todo bajo control?

Por ahora sí. Ya estoy casi instalada. El piso es pequeño pero cómodo. Lo mejor es la amplia terraza desde donde se domina la ma­ravilla de un mar extenso. Todos los pisos de este bloque disfrutan de esta espléndida vista en el salón y en la habitación contigua, que por supuesto es donde he colocado todo el equipo de trabajo. Ahora mismo, la combinación de la luna, el mar y la suave brisa de una noche de finales de agosto, tienen un embrujo que me fascina. Es una sensación nueva que me sugiere un futuro prometedor.

Bueno, bueno. Cuéntame lo que has hecho en estas horas sin filosofar y cuáles son tus planes próximos.

¡Oh, sí, claro! … A lo que íbamos. Como te decía, mi primer contacto con esta gente ha sido la velada de esta noche con mi casera y su hija. Al parecer esta es enfermera y tenía turno de noche en el hospital, lo que ha sido para mí un buen pretexto para poder despedirme, pues sospechaba tu inquietud esperando saber de mí. Eso es todo, les hablé del cuento de mi nacionalidad japonesa de padres americanos y de mis planes de querer tra­bajar en el colegio para tener unas entradas con las que poder mantenerme económicamente durante mi estancia entre ellos. Y eso ha sido todo. Ma­ñana, cuando vuelva de la entrevista con el director del colegio te contaré.

Ya te he comentado en otra ocasión este primer contacto con el director. Hoy me interesa la reacción de M95 ante tantas nuevas sensaciones

Ya he pasado la primera prueba y, aunque sé que es peligroso hacerse precipitadamente ilusiones, te cuento que el recibimiento ha sido muy posi­tivo; parece ser que les he causado buena impresión de algo me tiene que servir tanto tiempo de entrenamiento para poder entrar con facilidad en la psicología de estas gentes, Me cuesta creer que no seré admitida.

»El colegio está situado a unos metros de mi vivienda. Le llaman “La siembra” porque su filosofía desde un principio es el de ir inculcan­do en los alumnos la semilla de la educación y la cultura. Es un centro muy amplio, con una capacidad para 4.000 alumnos desde preescolar hasta preuniversitario. Está dividido en varias secciones por bloques de edificios, separados por jardines, campos de deportes y espacios de juegos para los distintos niveles educativos. Las dependencias administrativas y las diferentes oficinas directivas están situadas en primer plano, en­frente de las aulas de los más pequeños.

» Después de la entrevista personal con el director, donde comenta­mos mi currículum, hicimos una visita rápida por todo aquel complejo educativo, junto con otros candidatos a diferentes puestos de trabajo, pero como comprenderás de este primer vistazo poco puedo decirte. Sí que traté de mostrarles mi interés por conocer la sección de informática, dotada de veinte ordenadores y un sólo terminal, todo ello muy primi­tivo, como esperábamos.

» Mañana tengo la prueba de aptitud pedagógica. Presentaré mi plan de los tres niveles y trabajaré con un grupo de alumnos del segun­do curso. Me ha dicho el director que haga un sondeo del nivel de co­nocimientos y a la vista de los resultados presente el plan de la primera semana escolar. Espero salir airosa de todo ello, gracias al material teó­rico y práctico que preparamos anteriormente. Unos cuantos ejercicios de iniciación de lo más simple, creo que será lo adecuado. Confío en que no los hayamos juzgado erróneamente.

   » Con todo esto me temo que voy a estar muy entretenida durante toda la semana. Ya te tendré al tanto, pero si no hay ninguna novedad extra, no me comunicaré contigo hasta el jueves por la noche, hacia esta misma hora. Pues ese día me dirán si me admiten en el Centro como profesora adjunta de informática.

He sido admitida para impartir las clases a los alumnos de secun­daria, en total 12 horas semanales. Además, me han ofrecido la posibili­dad de participar en el centro cultural del barrio. Es un club de tiempo libre donde los adultos ofrecen sus conocimientos gratuitamente, para complementar la cultura de personas de diferentes edades, según sus intere­ses. En el colegio tendré que someterme a los programas oficiales, pero allí podré actuar con más libertad para ampliar los conocimientos de los que quieran innovaciones. Como lo que saben aquí es muy rudimentario, estoy segura de que cualquier propuesta mía será acogida con interés.

» Cuando me dieron el programa de enseñanza para prepararme a esta situación, comprobé que algunas teorías ya están superadas en nues­tra cultura, pero sé que no puedo modificar el proceso histórico, sino que debo ir siguiendo su ritmo, aunque conozca las soluciones, no soy yo la que tenga que darlas. Cierto que no puedo cometer errores que levanten sospechas, pues el ser mujer en esta civilización, puede traerme problemas ante la supuesta ventaja intelectual y técnica de cualquiera de mis colegas masculinos. Su natural machismo, no consentiría que me situase por en­cima de ellos y estarán pendientes de encontrarme con algún fallo, por eso he de ir con mucho tiento para ganármelos sin desairarlos, aunque en este campo de tecnología, por mucho que sepan, no pueden competir conmigo.

» Mañana tenemos claustro de profesores. Parece ser que éste primero siempre resulta algo magno y un poco informal pues se trata de que nos conozcamos todos y presentarnos los nuevos. Tengo entendido que somos 150 más el equipo directivo de los diferentes niveles educativos. Así que ten­dremos un primer encuentro de presentaciones, de normas generales y un in­forme sobre las novedades de principio de curso, luego nos separaremos por niveles y ya la cosa será más seria. En mi departamento somos veintitrés.

» El director de nuestra sección ha dado un discursito pedagógico recordando la filosofía del centro que resumo para que no resulte de­masiada teoría.

» Según él, y con ello digo lo que me ha parecido más novedoso, el mé­todo más importante, y que es el fondo de la línea pedagógica del centro, es convencer al alumno de que está completamente de acuerdo con la educación y la disciplina que se le imparte. Lo que llaman los psicólogos la autodeterminación. Escoger con libertad y con personal determina­ción la autoridad del profesor. Hemos de enseñar sin usar la fuerza, apelando a su curiosidad por conocer nuevas cosas y por satisfacer sus necesidades, así como despertar en los alumnos el interés por el mundo que le rodea. Estas actitudes marcarán, según ellos, el principio de una progresiva educación pues son las raíces de un buen desarrollo humano.

(Transmito textualmente un fragmento)

“Nuestro proyecto pedagógico sólo tendrá éxito si el profesor está convencido de ello y tiene un control pleno de la situación. Sabemos que la disciplina de la persona ha de venir de dentro, de una determinación personal, y como el niño no tiene su voluntad formada, ahí es donde interviene el profesor, que tiene que haber adquirido por su parte ese dominio personal, para poder transmitir a sus alumnos la semilla de su propia experiencia. Ya sé que es mucho pedir para los nuevos, pero todos habéis leído el reglamento y en teoría aceptáis esta filosofía del centro. Uno de nuestros principios es el hacer agradable la autoridad de los profe­sores a los ojos de los alumnos, y esto lo conseguiremos si ellos están convencidos de nuestro amor y entrega, si cada uno se siente amado y respetado en su persona, si se sa­ben siempre alentados y apoyados por sus profesores, no les costará seguir sus propuestas. Que le demos confianza y certeza para que nos obedezcan seguros de que esto es lo que más les conviene para satisfacer sus necesidades e intereses. Nuestra autoridad moral ha de ser tal, que nun­ca se sienta el alumno forzado por nosotros a hacer lo que le pedimos que haga. Si les persuadimos diciendo que es­tamos convencidos de que ellos quieren hacer lo que les presentamos, si les mostramos nuestra desilusión por fa­llarnos, si nos sentimos apenados al sufrir una decepción ante nuestras expectaciones respecto a sus respuestas, el resultado puede ser más eficaz que cualquier castigo. No significa esto que la autoridad desaparece o que pierde su fuerza, sino que hemos cambiado de método y en vez de forzar, sólo nos interesamos por persuadir y sugerir lo que nos interesa que el alumno acepte libremente porque par­timos de la premisa de que siempre obramos según su pro­vecho y conveniencia y esto ellos lo detectan si lo hacemos de corazón. Que se convenzan de que cuanto se le ofrece es digno de aceptarlo porque es lo mejor para su bienestar. Como aquello de que al niño se le da una medicina que le gusta porque se la presenta envuelta en agradable caramelo dulce. Ya sé que esto es un riesgo porque puede sonar a manipulación de la voluntad del alumno, pero como parti­mos de que sólo y exclusivamente actuamos movidos por el auténtico amor que les profesamos, no cabe el proceder de otro modo, pues sólo queremos actuar por su propio bien”

MEJORAR EL PRESENTE

Sin duda a ti y a todos no nos gusta el presente, pero cada uno tiene su personal reacción ante esta realidad. Unos se pasan los días lamentándose, echando la culpa a los otros, sin hacer ellos nada, otros pasan del tema con tal de tener las espaldas cubiertas y los hay que se lo toman a la tremenda y arman la marimorena con tal de hacer bronca por una situación que les sobrepasa. En fin, el presente no es perfecto, pero sin duda algo hay que hacer para mejorarlo.

Hoy te voy a comentar parte de la primera entrevista de M95 con el director del colegio

¿Estáis contentos de la democracia del país?

—Bueno, ningún gobierno es perfecto. Hay que tener en cuenta que muchas veces en nombre de una idea se hacen mu­chos disparates, y eso le puede pasar a la democracia, del decir y prometer al actuar por un compromiso realista…; no siempre en la práctica se trabaja por buscar el bien de los que forman la población. El sistema no funciona si los dirigentes no actúan por el bienestar de todos y cada uno de los ciudadanos y por desgra­cia es más frecuente comprobar que en la práctica, digan lo que digan en sus programas electorales, la meta de muchos suele ser la del beneficio personal o del partido.

Eso suena a fraude electoral.

—Y lo es.

¿Por qué?

—Pienso que el problema está cuando las personas no han madurado en el valor de la gratuidad y del servicio a la comuni­dad, cosa que me parece imprescindible en un político que pre­sume de ser demócrata. No se puede trabajar por buscar unos resultados partidistas, por tener más interés en perpetuarse en el poder que en ayudar a la sociedad. No se puede reducir la par­ticipación ciudadana a un simple voto, desvinculando así de sus responsabilidades. No se puede actuar procurando el máximo beneficio personal ignorando los derechos del pueblo. Y si me apuras, no estoy nada de acuerdo cuando veo a mi alrededor la pasividad y la inercia por parte del ciudadano.

Y todo esto cambiáis con educación ¿verdad?

—Veo que vas cogiendo la idea. Como educadores compro­metidos con nuestra labor, nos creemos con la obligación de pre­parar al alumno para ser persona consciente de su dignidad y de la de los otros, a fin de que pueda defender sus derechos y com­prometerse con sus obligaciones. Esto lo vemos como algo esen­cial para tener éxito en sus futuras relaciones sociales. Tratamos de proporcionarles los instrumentos necesarios para que sean capaces de reconocer, cuestionar y gestionar situaciones múlti­ples y complejas que les vayan capacitando para desenvolverse en un futuro inmediato con responsabilidad, comprometiéndose en su participación como ciudadano, sabiendo cómo luchar por mejorar la sociedad, reclamando los derechos de cada individuo en beneficio de todos, no de unos pocos.

Si, yo leo que la educación es un camino para hacer un cambio social.

—Exacto. Hay otros caminos, pero este es el nuestro. Nues­tras sociedades están experimentando profundas transformacio­nes, que pueden llevarnos a un cambio de era con la entrada del nuevo siglo, y nosotros queremos contribuir a ese cambio social entendiendo la educación como un proceso de aprendizaje vinculado a cada contexto y con una intención transformadora. Hay que desarrollar la iniciativa y la autonomía de los alumnos, favoreciendo la flexibilidad y la planificación en la enseñanza, utilizando nuevas técnicas e incluso atreviéndose a innovar.

Todo esto yo tengo estudiar.

—Sí, conviene que lo reflexiones detenidamente y si necesitas aclaraciones no dudes en pedirlas, pues es necesario que entien­das bien nuestra postura educativa.

Sí, yo veo.

—Todo esto tendrá éxito si estamos convencidos de lo que hacemos. Si nuestra última intención es estar al servicio de una enseñanza que favorezca el progreso de cada individuo. Nuestra aportación como educadores nos ha de llevar a la mejora del fu­turo inmediato de todos los ciudadanos que pasan por nuestras aulas.

¡Esta es mucha obligación!

—Así es, pero si creemos que hemos sido llamados a poner lo mejor de nosotros al servicio del cambio por un mundo mejor, lo conseguiremos. Si nos empeñamos por trabajar por una sociedad más justa y respetuosa con los derechos de todos, lo conseguire­mos. Sabiendo que el mundo mejor que logremos siempre será imperfecto, con contradicciones y conflictos propios de la con­dición humana. Aunque nunca se llegará a alcanzar sociedades perfectas, sí que hemos de ser conscientes de que hemos sido llamados a mejorar el presente.

Yo pienso que esto tiene que tener un grupo de profesores muy buenos.

—Sí, esto es un reto para el Centro, pero tenemos la suerte de poder seleccionar al profesorado y prepararlo para que se inte­rese y se comprometa con nuestro ideario educativo. Tienen que estar entusiasmados por una educación que apoye la transforma­ción personal y social, convencidos de que el cambio es posible y que nos hemos embarcado para ser alternancia social. Los pro­fesores han de pretender, desde su tarea cotidiana, favorecer las relaciones entre todos, potenciar y defender los derechos de los alumnos y del colectivo. Con su manera de pensar y actuar, han de ser forjadores de culturas solidarias, sembrando esperanza de un mundo mejor. En una palabra, educadores convencidos de que son llamados a despertar en sus alumnos el deseo de cono­cer, saber y compartir, desarrollando sus capacidades.

¿Y las familias colaboran?

—Cada vez más. Ten en cuenta que la mayoría de nuestros alumnos actuales son hijos de aquellos primeros, testigos de su propia transformación humana y social, y ya han pasado 30 pro­mociones. Esto favorece mucho al progreso de la formación de las nuevas generaciones porque nuestro éxito está en la perfecta colaboración familia-escuela.

Si, que estáis haciendo una buena labor educativa para esta sociedad

—Eso es lo que pretendemos. Creemos que la primera res­ponsabilidad de la familia es su misión educadora y como tal está llamada a ser la primera en participar como agente de transfor­mación social, de aquí nuestro empeño en trabajar al unísono por esa meta común.

Bueno, yo ahora ya estoy parte de este colegio

—Si y recuerda que has de cuidar mucho la participación, que hagan proyectos en grupo, que investiguen y sobre todo que aprendan a tomar decisiones personales y comunitarias. Con esto se ejercitarán para desenvolverse en un colectivo plural y más tarde les servirá para actuar en la comunidad de vecinos, barrio, ciudad, nación…

Transformación social

Sin duda que, una de las fuerzas más interesantes para cambiar una sociedad es la educación. Los profesores con su formación y dedicación son los primeros agentes de cambio.

He aquí el testimonio del director del colegio del barrio.

—Cuando comenzamos, este barrio estaba en los límites de la ciudad, la mayoría de las familias eran forasteras, emi­grantes de otros países, colectivos de realidades campesinas o simplemente personas que al aterrizar en esta ciudad y verse anquilosadas en un callejón sin futuro, habían perdido toda su autoestima social, vivían en situaciones de exclusión, con gran­des privaciones de todo orden, donde sobresalía la precariedad de los empleos, la ausencia de oportunidades y donde los re­cursos económicos eran escasos. En fin, esto era meternos en un ambiente de personas socialmente consideradas excluidas. El problema de la marginación, la discriminación, la violencia, eran los factores dominantes.

» Fue una idea brillante y aquí nos vinimos. Con la ilusión e intrepidez de los novatos, presentamos una propues­ta pedagógica donde nuestro último objetivo era hacer personas dignas, cultas y responsables de aquella gente sencilla e ignorante. Tuve la suerte de tener por esposa una fuera de serie que, siempre fue el alma de este proyecto educativo.

» Comenzamos con una pequeña es­cuelita a la que llamamos “La siembra”, porque este era nues­tro propósito, sembrar educación en esa gente tan necesitada de todo.

      » Siempre hemos procurado dar prioridad en cada alum­no al desarrollo de todo su potencial humano. Cada uno está llama­do a ir creciendo tanto física como intelectualmente al ritmo de sus capacidades personales y con ello vamos favoreciendo el progreso de una ciudadanía marcada por la autonomía y la responsabilidad.

  » El resultado es fruto del esfuerzo y de la buena vo­luntad de todo el colectivo educativo, que año tras año ha sabido ser fiel a la responsabilidad de ir asumiendo el compromiso de ser agente de cambio. Y este empeño se ha visto recompensado al ver cómo el entorno ha ido poco a poco dejando de ser el ba­rrio de la periferia de la ciudad, donde empezamos nuestra tarea educativa hace ya más de treinta años.

     » Esto que hoy ves, es el resultado de nuestro empeño por ir transformando la sociedad mediante una educa­ción basada en la dignidad de la persona y en el desarrollo ple­no de sus capacidades. Y cuando han sido adultos, ellos mismos han luchado por abrirse camino y mejorar sus condiciones de vida, defendiendo sus propios derechos, llamando a las puertas oportunas, valiéndose de los contactos que poco a poco han ido creándose y emprendiendo el camino de su propio destino.

» No te puedes imaginar lo que era cuando em­pezamos aquí. Las gentes no tenían ni las mínimas nociones de higiene ni de interés por salir de la indigencia, y ahora puedes ver que el sector goza de una posición digna. Además, se ha creado un ambiente de amistad entre ellos muy bonita. No es un con­glomerado de individuos independientes y anónimos, sino que forman un grupo de personas y familias que se relacionan entre sí, llegando a crear lazos de empatía más o menos fraterna donde se saben escuchados y pueden con libertad expresar sus intereses e inquietudes. En fin, un grupo humano que organiza su vida planeando juntos, buscando la realización de sus sueños por un futuro mejor, sabiendo que nadie es indiferente a la suerte del otro, que todos tienen interés porque salga bien lo colectivo.

    » Hoy ha dejado de ser un barrio marginal, gracias al intento de mejorar el nivel cultural de sus gentes. Han aprendido a vivir con dignidad, estableciendo un proceso desde la simple supervivencia hasta la adquisición de unos conocimien­tos que les dignifica, una cultura que ha desarrollado en ellos la capacidad de poder tomar sus propias decisiones haciéndolos libres y responsables para ir forjando su futuro.

   » Y esto se debe a que los adultos son todos profesionales bien cualificados, que han sabido prosperar caminando hacia el puesto que le corresponde en la sociedad, por los conocimientos adquiridos a lo largo de sus años de estudio.

        » Yo creo firmemente que, con nuestro enfo­que socioeducativo, estamos colaborando a la transformación social. Hemos ido rotulando caminos nuevos, comprometién­donos en el desarrollo de una ciudadanía corresponsable, por medio de una educación innovadora y democrática. Todo esto encarnado en profesores con sólida formación pedagógica, que trabajan por una enseñanza de calidad promoviendo los valores del estudio, la investigación, la participación y la integridad.

   —Somos testigos directos de haber sido parte de los agentes de cambio de esta gente. La transformación social ha sido posible gracias a la educación recibida en nuestro centro entre otros factores.

Una educación transformadora

 “La educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo” Nelso Mandela

Este es el alma, la columna vertebral, de toda mi novela, volcarnos en una educación de las nuevas generaciones que transforme los esquemas de la futura sociedad.

¿Queremos cambiar el mundo? cambiemos la educación.

La sociedad no tiene ningún futuro sin personas formadas profesionalmente que marquen el camino de un progreso real. Por eso he querido, señalar la responsabilidad de los adultos que se preocupan seriamente de sus niños y jóvenes.

Somos ciudadanos que hemos tomado en serio la responsabilidad personal de entregar a la futura generación un mundo más humanizado que el que estamos viviendo actualmente.

Desgraciadamente, hay un colectivo humano de esta sociedad que se está convirtiendo en un gran mercado de analfabetos a los que no les interesa saber quiénes somos, para qué estamos hechos, hacia dónde vamos…Que se mueven por dinero sospechoso y prefieren la comodidad de ser borregos. ¿A quién le interesa mantener a la gente engañada e ignorante?

—Verás, los ciudadanos poco preparados intelectualmente, los que arrastran una falta de conocimientos culturales, son los más fáciles de manejar y engañar, de ahí que esto se puede usar como estrategia política muy poco honesta. Bien saben esto los manipuladores de turno. Es la masa débil que no se rebela contra nada y se cree todo lo que los medios de comunicación les dice como si fuera palabra sagrada, así no hay problema de oposición ni de disminución de votos.

» De ahí la urgencia de procurar que estén bien preparados para no caer en las redes de políticos desaprensivos, que les puedan manejar como marionetas, movidos por sus intereses particulares sin tener en cuenta los bienes de los ciudadanos.

El perfil del estudiante que desea conocer, que disfruta aprendiendo como un fin en sí mismo, que le preocupa su crecimiento integral, que busca interpretar el mundo, la historia y la cultura, desde una dimensión transcendente, es el futuro de una sociedad que camina hacer un mundo mejor.

—Se trata de planificar una educación integral para cada joven según sus capacidades personales, ayudándoles a ser ellos mismos, desarrollando su autonomía al tiempo que progresan en su capacidad crítica y avanzan en el análisis reflexi­vo ante las situaciones puntuales. Todo esto va encaminado a conquistar la identidad personal y social de su madurez humana, conduciéndoles al descubrimiento de su misión histórica, a la vez que les ayuda a saber responder ante ella. Nos interesa pues, ir formando ciudadanos capaces de enfrentarse con el entorno, sin caer en sus redes manipuladoras, sino con capacidad de modifi­carlo si viene el caso.           

» Este es el último objetivo de nuestra tarea como educado­res. Nos proponemos formar ciudadanos capaces de enfrentarse a la realidad, sin caer en sus redes, sino con capacidad de ir mo­dificando el propio ambiente.

No quiero terminar esta página sin denunciar la falta de un reconocimiento social de los maestros que contrasta con la nobleza y dificultad de su trabajo. Ninguna profesión se ocupa de un objeto más valioso, ni siquiera la medicina, puesto que en sus manos está el futuro de nuestra historia.