Colabora

NOTA DE PRENSA

Hoy voy a copiarte una entrevista que me hicieron cuando publiqué el libro

Mª del Carmen Múrtula debuta de la mano de Círculo Rojo con su libro “S.H. El Señor de la Historia”, una obra que, a través de viajeros en el tiempo y variados paisajes sociales, se invita al lector a formar parte de ella, para así encontrarnos cada uno con nuestra propia historia.

La autora nos explica que la obra nace ante “la inquietud por buscar respuesta a ¿Cómo ser un ciudadano comprometido en una sociedad imperfecta?

Con todo esto le preguntamos:

– ¿Cuánto tiempo llevas escribiendo? Desde muy pequeña, el hecho de gustarme enseñar y compartir, hizo que siempre tuviera necesidad de expresarme en un papel, pues a pesar de todo, siempre me he considerado tímida y me siento más cómoda escribiendo que hablando. Siempre me ha gustado escribir, mis diarios, relatos cortos, artículos en revistas, alguno que otro poema…pero no conservo casi nada de todo ello.

– ¿Por qué te decidiste a escribir esta obra? Porque me interesaba mandar un mensaje de mis vivencias existenciales a cuantas personas me quisieran leer. Me parece muy importante el reflexionar sobre nuestra responsabilidad existencial, este compromiso es lo que ha de dar sentido último a nuestras actuaciones cotidianas

– ¿Qué te ha inspirado para escribirlo?  Ante la búsqueda del sentido de mi existencia, surgió en mí un grito inquieto, al situarme frente a una realidad social que no me gustaba y al descubrir dónde estaba el error y cual podía ser la solución, opté por escribir el libro para comunicar mi deseo de animar a la humanidad presente, compartiendo con el lector la afirmación sobre el valor transcendente de cada vida humana.

– ¿Cuánto tiempo te ha llevado escribir la novela? No puedo decir, pues, aunque la comencé hace muchos años la he ido retomando en algunos momentos puntuales, cuando tenía en mi mente temas que valía la pena reflexionar y compartir. Lo he ido perfilando en mis últimos años profesionales como maestra.

 – ¿Es el primer libro que escribe? ¿Tiene pensado seguir escribiendo? Es el primer libro que he publicado, también tengo experiencia de colaboración con artículos en alguna revista, pero, aunque quisiera continuar, porque tengo argumento para rato, me está costando tanto venderlos que no me animo a seguir.

– ¿Qué es lo que más destacarías de tu libro? La inquietud por buscar respuesta a ¿Cómo ser un ciudadano comprometido en una sociedad imperfecta? Me parece muy importante nuestra responsabilidad existencial, este compromiso es lo que ha de dar sentido último a nuestras actuaciones cotidianas.

– ¿A quién va dirigido? Esta novela es esencialmente pedagógica, por lo que se recomienda a padres y educadores. Pero sobre todo va dirigida tanto a jóvenes como adultos inconformistas que se interrogan y no cesan ante la búsqueda del sentido de la vida y que quieren dar respuestas comprometidas ante el desarrollo de su historia personal.

– ¿Qué se va a encontrar el lector en tu obra? Esto no es un tratado de filosofía existencial, sino sólo una novela donde sus protagonistas se cuestionan cómo colaborar para ir construyendo una sociedad más coherente y humana, frente a unos interrogantes existenciales.

– ¿Piensa que los escritores no están valorados como se merecen? El verdadero reconocimiento ha de venir de los lectores, pues son ellos los únicos que dan vida a las páginas de un libro, pero hoy, hay que reconocer que se publica mucho, pero me da pena constatar que se lee poco.

¿Qué consejos le darías a aquellos escritores noveles que desean ver cumplido su sueño de publicar un libro? Que no se frenen ante las dificultades, un libro es una prolongación de tu persona. Estoy convencida que el escritor siempre se retrata en su obra, por tanto, algo de sí queda al descubierto en su obra y eso no tiene precio.

– ¿Es lucrativo hoy el escribir? Una cosa es escribir para lucrarse y otra por la necesidad vital de expresar tus ideas más brillantes. Yo he publicado una sola novela en la que me he volcado para expresar el sentido de la existencia desde mi punto de vista. ¿A cuánto se puede vender este relato? Para mí sin duda que no tiene precio, (de hecho, todos los beneficios son para una obra benéfica) pero me encanta ir comentándola poco a poco en mi web, donde gratuitamente me comunico con todos los que me siguen. Creo que si sientes lo que escribes no puedes poner precio a tu obra.

– Es un libro que sus beneficios van destinados a la Asociación ACOMAR, ¿qué nos podría contar de la misma? ¿Y qué le une a ella? Cuando me vi con los beneficios del libro y con la sugerencia me ofrecía la editorial Círculo Rojo de su proyecto de libros solidarios, me embarqué en buscar un colectivo humano a quién beneficiar con mi recaudación, y después de consultar a personas fiables, me interesé por esa asociación, y ahora cada vez que vendo unos cuantos libros, me acerco por allí y les doy cuanto percibo.

ACOMAR es un proyecto alicantino que va dirigido a beneficiar a las personas sin hogar o en riesgo de exclusión social. Son personas que tienen en común la marginalidad y el desarraigo social, que viven en la calle, sin recursos económicos, de cualquier nacionalidad y/o raza, conocidos como “los sintecho”

– ¿Algo más por añadir? Si, que ahora toca el conectarse con mi web, donde voy a ayudar a entender cada paso de los que fui dando a lo largo de sus páginas. Quiero ayudar al lector a bucear en su filosofía confiando en que comprendas la profundidad de su mensaje. 

Sígueme cada semana en esta dirección de internet:

www. minovela.home.blog

Espero poder conectar con todos los que lo lean, segura de que se creará un vínculo imborrable entre nosotros, porque su novedad va más allá de lo cotidiano y su mensaje no os va a dejar indiferentes.

 Por último, ¿cuál es tu libro favorito? La Biblia

Como ves si eres de los que aún no has leído la novela, te sugiero que no te pierdas esta buena ocasión, incluso lo puedes adquirir por e-book.

Si no vives en Alicante, puedes conseguir un ejemplar a través de tu librería bajo demanda o directamente desde amazon.es:

TITULO: “S.H. EL SEÑOR DE LA HISTORIA”

AUTORA: Mª del Carmen Múrtula Villacieros

 EDITORIAL: CIRCULO ROJO

ASÍ EMPEZÓ TODO

Nuestra fe no se fundamenta en unos conocimientos o unos conceptos filosóficos, sino en el convencimiento de que existimos porque Dios nos ama y Jesucristo nos ha redimido, haciéndonos capaces de poder corresponder al amor incondicional de Dios.

La clave está en creer que en cada ser humano el Señor interviene amándonos en nuestra singularidad, en nuestra autonomía y en nuestra dependencia fraterna.

Este es el secreto que encierra el vivir cotidiano de este colectivo humano donde se desarrolla toda la trama de la novela.

Andrés un día se encontró con el Señor y le descubrió como eje de su existencia, haciéndole desde entonces Señor de su historia personal. Él vive para ser fiel a su misión existencial y ayudar a sus conciudadanos a descubrir esta verdad. Y aunque hace unos meses te lo presenté, hoy voy a completar la información con los comentarios que M95 va recogiendo en sus primeros contactos con sus coetáneos.

Andrés es uno de los profesores de Ciencias Sociales del colegio donde trabajo.

Según los datos que he ido recogiendo de aquí y allá, es un hombre inquieto, inconformista, entregado a su profesión hasta tal punto que tuvo que contar con este compromiso a la hora de plantearse el formar una familia. Es un idealista y como tal, parece que el mundo le necesita para ir rectificando los errores de la historia.

Lleva 18 años ejerciendo su profesión y de ellos doce en este Centro. En varias ocasiones se le ha propuesto para llevar la dirección pedagógica de secundaria, pero a lo más que ha aceptado es a ser jefe de departamento. Al parecer, su interés se centra en colaborar, más que en presidir, prefiere apoyar y ayudar al que dirige, que tener el impedimento que provoca la aceptación de sumisión de los de abajo. Parece ser que su objetivo es im­pulsar la formación humana-social de las nuevas generaciones.

Andrés es para algunos un idealista utópico, un soñador, un hom­bre que se crea obligaciones extras más allá de lo que le toca. Pero para otros es alguien genial, un tipo estupendo, inquieto y coherente, compro­metido con lo que cree, capaz de ponerse al lado del más débil, del que se puede fácilmente marginar, sin medir consecuencias personales. Los chicos no me lo saben definir, pero se encuentran bien con él. Es exigen­te, pero es un amigo sincero y reconocen que siempre trata de ayudarles.

—Es de los que saben escuchar y te ayuda a tomar tus propias decisiones —me comentan.

Son muchos los que le buscan por su autoridad moral.

Marta, la hija de mi casera, me ha completado esta semblanza, mientras tomábamos café esta tarde en su casa:

—Andrés está completamente dedicado a su vocación de edu­cador social. Para él es vital su compromiso personal en favor de ir colaborando a impulsar el desarrollo integral de cada persona. Está convencido de que el futuro será según el empeño colectivo de los educadores del presente. Es un hombre lleno de coraje y esperanza, y está sinceramente preocupado por la sociedad que ofrecemos a las nuevas generaciones. Él cree en lo bueno del hombre. Sabe que lo más humano es el bien que hay en cada uno y trata de descubrirlo e impulsarlo. Para él este es el sentido existencial de toda persona.

» Su meta es el formar una futura sociedad de adultos compro­metidos con su misión histórica, la concreta en la educación de los jóvenes, despertando en ellos su propio interés por ir cons­truyendo un mundo mejor y para todos. Procura ayudarles en su participación comprometida con el presente, de una manera creativa, crítica y constructiva, empeñándolos en procurar un fu­turo mejor, buscando lo permanente. Les hace tomar conciencia de los signos culturales del hoy para tratar de ir apoyando y cons­truyendo todo lo positivo de la humanidad en el vivir de cada día.

» Para él es fácil conectar con el mundo afectivo del otro, por­que se acerca amándolo, y se le descubre enseguida el interés por su interlocutor. Con su actitud de escucha y acogida, los jóvenes se sienten cómodos, saben que tiene real interés por cada uno. Esto indiscutiblemente les ayuda a crecer estimulados al saberse valorados y aceptados como son.

» Es de esas personas que siempre está abierta y disponible para escucharte y ayudarte a buscar juntos la solución a tus propias in­quietudes. Esta postura ante los que se acercan a él, jóvenes o adul­tos, le ha llevado a ser uno de los líderes de nuestro barrio

¿Y qué hacéis Andrés y todas estas personas? Pregunté en otra ocasión a Juan

—Él fue el primero, luego nos contagió poco a poco a los que le conocíamos o trabajaban cerca de él. Fuimos descubriendo por su convencimiento, que la vida tiene otro sentido más allá del tener, el placer, el poder, el egoísmo… Como supondrás, la personalidad de Andrés, que tan original te resulta, su madurez, su gran riqueza interior, es el resultado de estos años, viviendo entregado a esta causa. No es que a la vuelta de aquellos días de vacaciones ya era lo que es ahora, pero aquel encuentro marcó el principio de un camino. Fue un hacerse poco a poco, un ir calando las experiencias que iba viviendo interiormente, un ir descubriendo cada vez con más lucidez el sentido de su existen­cia, hasta profundidades insondables, dejándose interpelar por esa voz interior que le conduce hacia el cumplimiento cotidiano de su misión en la vida.

¿Y esto le hace el líder de la gente?

—Así es. Su misión se la marcó aquel encuentro, pero como todo comienzo, poco a poco se ha ido convirtiendo en lo que es hoy. El tiempo y su postura de permanente fidelidad a este ideal, ha ido rotulando su persona. Su sentido existencial tiene una úni­ca meta que le da capacidad para impulsar todos los elementos que constituyen su personalidad.

Juan terminó su información diciéndome:

—Verdaderamente, en estos años Andrés ha ido formando su personalidad. Aquella experiencia espiritual ahondó en los cimientos de su existencia y ha ido madurado profundamente por su relación de amistad con el Señor. Él entro en su vida ex­perimentalmente, compartiendo sus más íntimos sentimientos y motivaciones. Una amistad que va creciendo con los años. Una relación que es inédita en cada individuo y que no es fácil ponerle palabras porque va más allá de lo tangible. Las respuestas vitales de Andrés son dadas desde un estado permanente de su vivir atento ante los intereses y planes que el Señor le va marcando en su jornada cotidiana. Él se sabe amigo y colaborador incondicio­nal por la causa del Señor y como tal actúa siempre.

El día que descubrimos el sentido profundo de nuestra existencia y nos lanzamos a ser protagonista de esa hermosa aventura, reconoceremos que nuestras vidas están impulsadas por la fuerza del Espíritu Santo, y aunque éste a veces nos lleve a hacer cosas que no se entiende mucho, sabremos que son necesarias para hacer brotar aquí y ahora el Reino de Dios. Para que él sea el Señor de la Historia.

EL REINO

A estas alturas M95 sigue despistadísima, sin entender el paradigma existencial de estas personas, por eso sus comentarios pueden sorprenderte, pero yo creo que tú lector, ya habrás deducido, que la vida íntima de estas personas se mueve por una causa espiritual, cuyo objetivo es el mismo que el de Jesús de Nazaret, el anunciar la presencia del Reino.

Pero ¿qué es eso del Reino de Dios?Le pregunta M95 a Juan

—El reino que el Señor nos propone, es de orden espiritual, crece en el interior de la persona, se va desarrollando en la me­dida que va rompiendo muros y barreras que destruyen la fra­ternidad. Se trata de dejar atrás los prejuicios y las costumbres cimentadas en ideas de superioridad, separatismo y desigualdad, dominio y afán de poder, de tener, de ser más que los que nos rodean para ir construyendo el reino de la fraternidad, de la fa­milia de Dios. Hay que empezar por construir en nuestro propio interior un talante nuevo de unidad fraternal, de tolerancia con la diferencia, de solidaridad con las necesidades de todos los que la vida les ha dado menos que a mí. Hay que ir creando unos nue­vos esquemas mentales, donde se admiten a todos, no solo como útiles y necesarios sino como amados por sí mismo por el mero hecho de pertenecer a la familia de la humanidad.

Ese Reino ya está presente en el mundo, y está desarrollándose de manera misteriosa. Como la semilla pequeña, que puede llegar a convertirse en un gran árbol. Como el puñado de levadura, que fermenta una gran masa. Como el trigo que crece en medio de la cizaña, también mientras dormimos, sin que lo advirtamos. Por eso puede sorprendernos gratamente, y mostrar cómo nuestra cooperación con la gracia siempre produce fruto en el mundo.

—¿Y veis algún éxito? —Sigue preguntando la agente M95

—Por supuesto. Pero no busques resultados espectaculares. El reino de este Señor es como la sal y la levadura que son ne­cesarias en un buen guiso, pero no se perciben a simple vista. Hay señales inconfundibles y prometedoras en la sencillez de la existencia cotidiana. Señales ocultas y perseverantes de muchos hombres y mujeres anónimos que, sin ruido, están sembrando estos valores, que sin duda son semillas de nuevas relaciones hu­manas. ¿No te parece un programa muy interesante?

—Sí, parece bonito, pero… ¡es todo tan novedoso…!

—Sin duda. Pero de cómo sepamos hoy aprovechar esta fuer­za transformadora, ayudaremos a ir construyendo el futuro de las próximas generaciones.

Por eso dice Andrés a sus discípulos:

—Decíamos que el Reino está dentro de nosotros. Todos lle­vamos esa semilla en nuestro interior, pero hay que poner los medios para que se vaya desarrollando. Hay quienes no tienen interés por estas cosas y de esto se aprovecha el enemigo, para robarle o ahogar la buena simiente de su corazón. Hay otros que empiezan con ilusión y entusiasmo, pero son cobardes y en cuan­to aparece la dificultad abandonan. Los hay que les parece inte­resante el cultivar esta hermosa vida interior, pero las ambiciones mundanas del poder, la riqueza, los honores y placeres de este mundo, les pueden y renuncian a lo más importante, por esas otras luces engañosas y superficiales. Por fin hay también gente con coraje, que desarrollan lo mejor de su existencia.

—A veces es una tarea costosa.

—Por supuesto que exige renunciar a muchas cosas, a muchos ídolos que atan nuestro corazón, por eso hay tantos que abando­nan. Pues en el fondo es cuestión de generosidad, de compren­der el valor del amor desinteresado y gratuito, pero nunca se nos impondrá, es una decisión libre y voluntaria. Pero el Señor no se deja ganar en generosidad, y cuando ve nuestro interés y nuestro esfuerzo, se pone de nuestra parte.

—Aunque al oírte no lo parece, la verdad es que en realidad no es tan sencillo. ¿Cómo hacer para que todas nuestras inquie­tudes y nuestros deseos estén enfocados hacia los intereses del Señor exclusivamente?

—Ya os lo he dicho, con paciencia y perseverancia. Poniendo nuestra confianza en el espíritu del Señor que nos guía y nos da fuerza. Se trata de romper con todo de una vez, y optar con deter­minación a caminar en lo sucesivo, hacia esta meta. Pero esto no se hace de una por todas. Hay que intentarlo cada día, empeñarnos en cada nueva situación por la causa que nos convoca. Levantán­donos en las caídas y no hundirnos ante el fracaso. Poco a poco se va adquiriendo más conciencia de ello y se crea en nuestro interior unos hábitos que favorecen el actuar cada vez con menos tensión y más confianza en la fuerza de su espíritu que nos habita.

—A mí a veces me da la sensación de que estamos viviendo contra corriente, pues nuestra sociedad te bombardea constante­mente con otros valores y sólo aquí me encuentro seguro.

—De acuerdo, pero recuerda lo del tesoro escondido. Cuando uno lo encuentra y es capaz de medir su valor, nada ni nadie se le pone como obstáculo para poder conseguirlo. Aunque a los ojos de los demás sea una locura, él vende cuanto posee, se desprende de todo, olvida cuanto tiene con tal de conseguir lo que para él es algo que vale la pena aun al precio de perderlo todo. Si esto es lo que da sentido a tu vida, vale la pena arriesgarte y dejar todo lo demás. ¿No te parece?

—Sí. Yo estoy de acuerdo contigo, pero ¿por qué somos tan pocos?

—Este es uno de los grandes misterios de la condición hu­mana. Pero a nosotros se nos pide el proclamar esta verdad, qui­zás si fuéramos más responsables de anunciar y vivir lo que he­mos descubierto, más personas se convencerían de esta realidad, puesto que todos somos llamados al Reino.

—Sí, pienso que hemos de ser más audaces y no acobardar­nos al primer desplante.

—No lo dudes, si has captado esta buena noticia, no puedes ya seguir viviendo como antes, porque has descubierto la única verdad que merece ser seguida. Este es tu tesoro que tienes que ir conquistando y anunciando.

 —Esto supone una gran responsabilidad.

—Por supuesto. Pero el día que te convenzas de que es el mis­mo espíritu del Señor el que va moldeando tu corazón y haciendo crecer tu semilla interior, te será todo más fácil.

 —Tienes razón

—Estoy seguro de ello. Las primicias del Reino se están manifestando en esta nueva sociedad que entre todos queremos construir. Una sociedad que responda al proyecto que el Señor tiene sobre la humanidad. Una humanidad solidaria y fraterna. Una sociedad donde todos ten­gamos un sitio digno, donde todos nos sepamos personas acep­tadas tal como somos, con nuestras luces y sombras, pero con perseverancia y con confianza, a la vez que nos sabemos con el compromiso de colaborar por la felicidad de los otros.

 “El reino de Dios está en medio de vosotros”

El Reino de Dios tiene un camino y ese camino es Jesús. El encuentro con su persona, su palabra y su vida, nos descubre el Reino. Él quiere ser el Señor de la Historia, vivir en medio de nuestra historia personal y solamente desde Él comprenderemos lo que es verdaderamente el Reino de Dios.

MÁS ALLÁ DE LA VIDA

En este mes de noviembre, quiero compartir contigo mis reflexiones existencialistas sobre el fin de esta vida, y qué mejor que hacerlo a través de estos personajes, fruto de mis consideraciones más íntimas.

—Cada ser humano adulto es responsable de su destino actual y futuro. El hombre, y por supuesto la mujer, son seres inmortales; estamos hechos para la eternidad, por eso nuestro afán de liberarnos de las limitaciones físicas y temporales, pues en nuestro fuero interno luchamos por conquistar la libertad me­tafísica. Pero eso sólo se alcanza en plenitud con la muerte física.

Esto quiere decir que para ti la muerte es la liberación de las limitaciones humanas. ¿Entendido bien?

—Perfectamente. Yo creo que estamos aquí de paso. Vamos haciendo el camino personal que nos ha sido encomendado a cada uno, para llegar a alcanzar la libertad plena al término de nuestro recorrido terreno. Sólo luego, al final de esta etapa exis­tencial, seremos capaces de poseer en plenitud eso que tanto an­helamos en esta vida. Será entonces cuando, libres de toda atadu­ra y limitación, veremos colmadas nuestras ansias de perfección.

Esto es mirar la vida con otro sentido.

—Pues sí. Ya te he dicho que para nosotros esta vida no tiene la última palabra, es un caminar, más o menos acertados, más o menos convencidos, hacia una meta final. La auténtica vida, por la que vale la pena jugarse todo, está en la otra orilla, al final, después de la muerte.

Todo esto tengo que estudiarlo. Nunca yo pienso así.

—Tal vez no estás tan lejos de entender como crees, pero si nunca te has parado a pensar en este tema, te sugiero que no lo dejes ignorado en tu interior, pues ahí está el sentido auténtico de la existencia humana.

Yo pensé que con la muerte todo se acaba.

—¡Pobre de nosotros si no vivimos con la mirada más allá de la vida terrena!

 —Entonces, ¿qué es en realidad la muerte? ¿Qué sentido tiene el sufrimiento?

—Indudablemente, para los que no esperan una existencia eterna más allá de esta vida, donde la felicidad será plena, el vivir terreno es tremendamente absurdo cuando constatamos que hay más eventos negativos que dichosos. Y como te vengo diciendo, ni alcanzan la felicidad aquí, ni confían en poderla alcanzar después.

Si esto es así, mejor es morir que seguir vivo ¿no?

—Es curioso, el que no tiene fe en un más allá, es el que más pronto se cansa de vivir e intenta cortar por lo sano deseándo­se o procurándose la muerte. El suicida, no es precisamente el hombre que busca su bien después de la muerte, busca tan sólo librarse del mal presente que le abruma. La persona que vive una existencia de esperanza en una felicidad eterna sabe que primero tiene que permanecer aquí el tiempo necesario para ir entrenán­dose en amar y así estar a punto para captar la auténtica dicha.

¿Y la muerte de los niños? ¿Qué tiempo tienen de entrenar?

—Humanamente se nos parte el corazón cuando un ser que­rido que acaba de llegar a este mundo nos abandona, sin poder disfrutar de los buenos momentos de esta vida, pero, mirándolo con los ojos de la fe, ¿no son acaso los primeros bienaventurados? ¿Los privilegiadamente escogidos? ¿Los que no han manchado sus túnicas con el barro de esta vida? Ellos disfrutan de la felici­dad eterna, sin haber pasado por la experiencia de lo negativo de nuestra existencia, sin haber padecido el sufrimiento y el dolor que tanto nos abruma y deprime. Pero de todas las maneras, no deja de ser un misterio que va más allá de nuestras categorías existenciales.

¿Por qué tienes esa certeza?

—Mira, aunque no creyera por la fe en la revelación, si te paras a pensar en el instinto de conservación, en los sueños de eternidad, si piensas que en este mundo es difícil la justicia… todo esto te hace vivir con la esperanza de un más allá donde celebremos eternamente nuestros anhelos.

Entonces, ¿con la muerte todo no acaba?

—Si te refieres a la experiencia material, a este cuerpo de carne, tal cual es, sí que se acaba. Nuestro cuerpo nos permite mover­nos en esta vida, pero llegado al final de esta etapa habremos de dejarlo. La materia es necesaria para la existencia en este mundo de las formas, pero fuera de este entorno ya no sirve, por eso se transforma, como el gusano que se convierte en mariposa, deja su crisálida, pero es ella misma. La vida fluye como una sucesión de misteriosas transformaciones. Y en el fondo la vida y la muerte no son más que un proceso de mutación.

Me parece que me estoy enterando.

—Me alegro de que vayas cogiendo la idea. Pues hemos de vivir con intensidad cada momento de nuestra existencia terrena, aman­do y disfrutando de todo lo que la vida nos pone en el camino sin temor de concluirlo, porque al final nos espera otra dimensión donde habremos transcendido las fronteras de nuestras limitacio­nes. Pero para los creyentes en el Señor, en ese nuevo estado nos convertimos en ciudadanos de pleno derecho de su Reino.

Sí, ya he oído sobre ese Reino. Dime ¿de qué reino habláis?

—Bueno esta lección te la contaré otro día.