Y tú ¿Qué eliges?

Ni somos un ángel ni un demonio. Sencillamente, somos capaces de lo peor y de lo mejor, esa es nuestra naturaleza. Dios nos ha dado la libertad para que elijamos pero también nos da su misericordia cuando nos equivocamos.

Teniendo esto en cuenta, te invito a leer una conversación muy interesante que tiene Andrés en cierta ocasión con los jóvenes y a la que creo merece la pena prestar atención.

—Hemos de intentar poco a poco vencer las dificultades, seguros de que hemos sido llamados para ir colaborando en la transformación de la sociedad en la que vivi­mos, cada uno en su sitio y con las fuerzas que va recibiendo para cada ocasión, por eso nunca dejo de insistir en que el secreto de nuestro poder está en dejar que el maestro interior nos conduzca según sus planes, sin ser nosotros obstáculo, ni pretender ser los protagonistas. Este es el secreto, pues en cuanto queremos do­minar la situación con nuestras pobres fuerzas o nuestro corto entender, el fracaso viene seguro.

—Tú lo dices muy convencido ¿verdad?

—Sí que lo estoy. Y si vosotros también creéis firmemente en que esta es vuestra misión y actuáis en consecuencia, poco a poco lo viviréis por dentro y podréis ser sembradores de la semi­lla de un mundo nuevo.

—¿Tú crees que la gente aprecia nuestro esfuerzo?

—No se trata de que los otros lo aprecien o no. Nuestro ac­tuar no es para ser aplaudido por ellos, sino que nuestra última motivación es vivir intensamente la única vida que vale la pena vivir. Si ellos descubren que esta verdad, no es obra nuestra, sino de aquél que mueve los corazones, pero siempre respeta las de­cisiones del hombre, pues lo hizo con el riesgo de elegir y de poder equivocarse, comprenderán. El secreto está en creer que en cada ser humano el Señor interviene llamándonos en nuestra singularidad y en nuestro ser para el otro, en nuestra autonomía y en nuestra dependencia fraterna. Confiad en que su ayuda nunca os ha de faltar. Os aseguro que vale la pena intentarlo.

—Pero a veces no nos entienden y tenemos dificultades.

—Es verdad. Esto que tú nos propones puede ser más o menos sencillo entre nosotros, pero cuando alguien por ahí se pone terco y se empeña en llevarte la contraria o en ridiculizarte… entonces se te calienta la sangre y ya no es tan fácil guardar las formas.

—¿Y qué Luis? Cuando uno no quiere enfadarse, dos no se pelean. ¿Has olvidado esto?

-—No, pero…

—Mira, los psicólogos aconsejan contar hasta veinte antes de responder, pero para nosotros la solución la encontramos en re­currir a nuestra fuerza interior, al espíritu de paz y reconciliación que habita en lo más sano de nuestro ser. Si es este nuestro re­curso, vendrá a nuestros labios la palabra justa y nuestro ánimo se serenará. Y para que todo esto tenga su fundamento, vamos a escuchar lo que dice el Libro:

—Así que obremos siempre el bien, para que el mundo crea en nuestro mensaje y se anime a buscar la auténtica felicidad que es el fruto de las buenas obras. Estas son las palabras que he re­cibido hoy para que os las transmitiera.

—Y ¿qué nos aconsejas?

—Voy a leeros el consejo que el propio Libro nos da:

“Habéis de proceder de manera digna según la vocación con que habéis sido llamados. Solícitos en mantener la unidad del espíritu con el vínculo de la paz. Tenéis que renovar vuestras mentes a impulsos del espíritu que vive en vuestro interior. Convertíos en persona nueva, según sus planes, creados en justicia, en verdad y en plenitud. Despreciad lo malo y adheríos a lo bueno.  Amaos entrañablemente unos a otros. Rivalizad en aventajaros en el amor. Con nadie tengáis deuda alguna si no es la del mutuo amor. En una palabra: mientras tenemos ocasión, hemos de trabajar por el bien de todos, especialmente por el de los que formamos una misma comunidad.   No dudéis en hacer siempre el bien”

Este es el secreto de Andrés, su fuerza, su seguridad, su firmeza y convencimiento, viene de la energía de su vida interior, alimentada por la escucha de la Palabra.

La agente M95

Cuando comencé a publicar este blog, hice un primer preámbulo de sus personajes.

Hoy me voy a entretener en presentarte a su primera protagonista e indicarte las motivaciones que le inducían para embarcarse en esta aventura.

La agente M95 es enviada al pasado histórico situándo­se en un colectivo humano del año 2001.

Viene de una sociedad técnicamente muy avanzada, un mundo tecnológico que apoya su fe sólo en el pro­greso científico, pero con mucha pobreza en valores humanos.

Es enviada para estudiar esa civilización pretérita e informar objetivamente de todas las situaciones que acontezcan en el transcurso del tiempo que se encuen­tre entre ellos.

M95 va paso a paso metiéndose entre esos ciudada­nos y, en diálogo con ese entorno, descubre unos valo­res y un concepto de la humanidad que rompen todos los esquemas que traía.

La dimensión transcendental de la persona, las rela­ciones familiares, sociales y laborales; los conceptos de gobierno político y del poder ejecutivo; la tarea educa­dora; el valor del sufrimiento y de las personas disca­pacitadas…, todo ello le lleva a descubrir razones que, poco a poco invaden sus sentimientos y enriquecen su conocimiento sobre el ser humano, cambiando sus con­ceptos existenciales hasta el punto de enfrentarse con sus superiores y renunciar a todo por defender sus nue­vos paradigmas vitales.

La misión planificada para la agente M95 pretende, poten­ciar la conciencia de un paso en la evolución de la mente, es­tudiando el comienzo del paradigma que regía el pensamiento del colectivo humano al que se le envía. Ahora ella tratará de analizar esa realidad concreta, que al parecer había sido consi­derada como uno de los puntos más emprendedores en aquella época de transición histórica. Este periodo de la humanidad se destacó por el comienzo de un despertar nuevo, un cambio de paradigma histórico que, partiendo de su gran riqueza de pen­samiento tanto práctico como teórico, dio cauce a diferentes tipos de movimientos, asociaciones, partidos, sectas, ONGs… toda clase de tendencias filosóficas, ideologías y un sinfín de corrientes de pensamiento, conducían la mente humana y se expandían por la geografía mundial creando comunidades y asociaciones más o menos acertadas, algunas muy discutibles y otras no pocas veces sospechosas. Un mundo fragmentado, dominado por las luchas nacionales e internacionales. Donde el poder dominante era la ambición económica y por ella se disputaba entre razas, culturas e incluso entre algunos grupos religiosos.

Y como este periodo histórico que nos ocupa, es hoy consi­derado el principio desde donde se comenzó a atisbar los cam­bios que desembocaron en el presente, ella ha sido enviada para estudiar algunos de aquellos acaecimientos desde una distancia temporal suficientemente lejana como para poder observar los hechos de una manera objetiva y neutral. Con su investigación pretende no sólo conocer los acontecimientos sino también poder controlar los riesgos del presente y preve­nir hacia donde se encamina el futuro.

Como todo devenir humano aquella época siguió la ley exis­tencial de situarse entre luces y sombras, entre triunfos y fracasos, entre el bien y el mal, entre éxitos y derrotas, y se trata de des­cubrir cómo salieron adelante. Más que respuestas sociológicas buscar respuestas antropológicas, que respondan a la cuestión del sentido de la vida del hombre de cualquier época histórica.

Por tanto, la gestión concreta de la agente M95 consis­tirá en introducirse en esa sociedad, con la más exquisita discreción y naturalidad, procurando pasar entre ellos como una forastera interesada en participar de su vida cotidiana, sabiendo que le está terminantemente prohibido entrometerse en cualquier asunto que le comprometa más allá de ser buena y neutral espectadora. No ignora el riesgo que corre al poner­se en contacto con una realidad tan diferente a la suya, y es consciente de que, al tratar de convivir con esas personas, sin duda se expone a experimentar la vida desde una perspectiva cuya novedad le es prácticamente imposible de prever a pesar de su buena preparación. El saber teórico es más fácil de conocer que cualquier respuesta de la libertad humana, por eso tendrá que estar atenta a los acontecimientos que se le pre­senten durante su estancia en ese lugar, pues a pesar de todo lo aprendido, cualquier suceso personal o grupal, siempre será más rico y fiable para ir descubriendo las motivaciones exis­tenciales de esas gentes, pues eso es evidentemente lo que da sentido a los resultados evolutivos de la Historia.

Según ha sido informada, este colectivo humano tenía una organización interna y un modo de vivir muy singular; aun­que eran ciudadanos de una nación, actuaban con una liber­tad y autonomía que, aunque no podían llamarse sospechosos, al menos eran diferentes al común de sus coetáneos. Al parecer se regían como una sociedad de principios democráticos donde la mayoría actuaban a favor del individuo, saliendo a la par beneficiándose el grupo; este era uno de los motivos por lo que habían sido elegido para ser estudiados. Tenía fe en que su preparación le conduciría a detectar las motivaciones más profundas de ese organismo social y descubrir sus logros y fallos, valiéndose de todos los medios que estuviera a su alcance, según su cultura, prensa, televisión, radio, entrevistas, reportajes, con­ferencias… pero sobre todo a través de las relaciones personales con los habitantes de aquella sociedad con los que iba a convi­vir a lo largo de varios meses.

La formación de la agente M95 ha sido escrupulosamente diseñada y aplicada. No se ha puesto ningún reparo en la empresa. Sus vestidos, su alimentación, las costumbres y el dinero de aquella gente que va a tratar… todo lo que supu­siera para ella novedoso, se le ha proporcionado y facilitado para ir adaptando su persona al lugar histórico en el que se le enviaría cuando estuviera preparada para ello. Ha tenido el tiempo necesario para aprender a adaptarse al ambiente y al propio idioma permaneciendo durante el período que lo ha requerido, viviendo en un ecosistema lo más similar posible al que iba a ser enviada. Y el día que ella dijo estar prepa­rada, después de un meticuloso examen físico e intelectual, se le implantó un tatuaje digital para controlar sus constantes vitales en todo momento y se le dio luz verde para emprender esta aventura.

LA MISIÓN

Dios nos convoca para que colaboremos en el progreso de la historia, donde se va construyendo su Reino.

A cada generación se le ha dado la misión de extender el Reino en el presente histórico, de ir sembrando la buena semilla confiando en que un día dará su fruto.

Hoy te invito a entrar conmigo a una charla con Andrés y sus alumnos

—Andrés, en la charla del otro día me quedó un interrogante, que quizás pueda engancharse con lo que hoy quieres comentar­nos.

—¿De qué se trata?

—Pues verás, muchas veces te he oído hablar de la bondad del hombre y a mí me cuesta mucho a simple vista creer en esa capacidad cuando veo cómo existe tanto mal y cómo me cuesta a mí hacer las cosas bien.

—Bueno, una cosa es que el hombre es capaz de ser bueno y vencer los obstáculos para serlo y otra que lo consiga. Todo depen­de de cómo se sitúe ante su realidad. Al Señor sólo se le descubre en el interior del hombre, allí donde se desarrolla su parte positiva. Y donde está él, hay optimismo y confianza en el triunfo del bien. Pero esto requiere una actitud vigilante y paciente perseverando, aunque el camino sea largo y angosto. En dos palabras, hemos de ir descubriendo su presencia en los signos cotidianos. La co­municación del Señor con los humanos nunca se interrumpe y es de él de donde recibimos las luces y la fuerza, pero necesitamos caminar con ojos puros y con oídos de discípulos, para ver y oír dónde él nos quiere conducir. Y en ese camino, es donde puedes descubrir la cantidad de hombres y mujeres que buscan y que se hacen preguntas como tú. Una gente que camina por lo cotidiano inquieta por ir construyendo un futuro mejor. Personas en busca de sentido, que no quieren pasar por la vida como parásitos, sino que tratan de poner su grano positivo en la tierra de la historia. Esa es la buena gente que vive a nuestro alrededor. Pero hay que ir detectándolas e incluso hay que estar disponibles para ayudar a que todos descubramos nuestra misión personal.

—Cuando tú hablas todo parece muy sencillo.

—Quizás no lo sea, pero yo sé que es posible. No paséis de lardo. Porque a nosotros se nos ha dado el conocimiento al aco­ger la buena noticia y hemos de ser mensajeros y mensajeras de ella. El mundo nos está reclamando el ser eco del Señor que ha­bla en lo más íntimo de nuestros corazones.

—¡Esto es muy comprometido!

—Sí, lo es. Por eso no podemos pasar por la vida con una mirada superficial que resbala sobre la existencia de las personas y de las cosas evitando cualquier clase de compromiso.

—Y en todo esto, ¿dónde colocas el mal?

—Por supuesto que el pecado y el mal siguen estando ahí. Pero el reino viene a romper su dinamismo y todo su poder ame­nazante de destrucción y mentira. Pues sabemos con certeza que el mal no tiene la última palabra. Vosotros procurad hacer el bien y sin duda que experimentaréis gestos de batallas ganadas al ene­migo interior.

—Esto requiere una exigencia muy grande.

—Sí, pero no es para asustarse ni acobardarse, al contrario, ¿no te parece bonito e interesante el saber que todos nos ne­cesitamos mutuamente y podemos colaborar en ir creando un entorno más positivo?

—¿Y qué pasa cuando somos nosotros mismos los que mete­mos la pata y no hacemos las cosas bien?

—¡Por supuesto! Como humanos que somos, nuestras limita­ciones y nuestras debilidades, también nos juegan malas pasadas, pero no hay que desfallecer por ello, el Señor sabe de qué barro es­tamos hechos, y esto sirve para que nos mantengamos en nuestro sitio y confiemos siempre en su fuerza. Nosotros solos, nada po­demos hacer. Por eso os digo que nuestra existencia transcurre en una continua lucha entre el bien que nos pone el Señor en nuestro interior y el mal que siembra el enemigo en el mismo lugar.

—Yo creo que todo esto es muy difícil.

—Ya he dicho que puede ser una tarea ardua, pero es el riesgo de nuestra libertad. La capacidad de elección del hombre, le hace vivir en ese continuo discernimiento. Si estuviéramos coacciona­dos hacia una sola dirección perderíamos la facultad más digna del ser humano, la libertad.

—Que también es muy comprometida.

—Así es. Existencialmente la persona es una conciencia libre que conoce la angustia ante la elección, pues nunca puede prever sus consecuencias.

—Entonces, nuestras pequeñas decisiones de cada día, que tie­nen repercusiones inmediatas ¿van proyectando nuestro futuro?

—Sí. Cada acto presente es una semilla en nuestra existencia y cada uno de esos brotes van formando nuestra historia per­sonal. Por supuesto que no podemos prever el futuro, pero sin duda que lo condicionamos con nuestro presente. Es verdad que mientras hay vida tenemos tiempo para reparar nuestros fallos, pero lo que se omite o se hierra se sustituye, pero no se recupera. Por eso es interesante tener esto en cuenta para ir haciendo el bien mientras de nosotros dependa.

—Pero a veces resulta muy difícil, el ambiente no nos ayu­da. Aquí es distinto porque nos estimulamos mutuamente pero fuera…

—Tienes razón, aquí puede ser más fácil, pero si todos nos quejamos y criticamos lo negativo sin poner de nuestra parte para contrastar u ofrecer otra alternativa ¿a quién le pediremos la responsabilidad del cambio de las estructuras que no nos gustan? Esto es obligación de todos y lo que tú no haces se quedará sin hacer, aunque otros hagan su parte, faltará tu colaboración y de esto, sólo de esto, el Señor te pedirá cuenta.

—Me has convencido, pero hasta ahora no se me había ocu­rrido pensar en lo importante que es cada uno en su misión per­sonal.

—Es verdad. Esto es muy serio y a mí me parece que vale la pena tenerlo en cuenta para dar sentido a nuestros actos diarios.

—Como veis, es necesario, no sólo hacer una crítica exigente de todo aquello que falsea y paraliza el avance positivo de la his­toria, sino que hemos de tratar de poner en ella lo positivo que nos corresponde.

—Esto quiere decir que, si todos los que vamos descubriendo el sentido auténtico del bien que está en potencia en la humanidad, nos ponemos a vivir a tope esta verdad, iremos creando un ambiente más sano, un entorno más fraterno, donde poco a poco la contami­nación de la maldad humana irá perdiendo su fuerza ¿verdad?

—¡Bravo! Has hecho un resumen perfecto.

>>Todos tenemos una misión personal e intransferible en la construcción de la historia, y si queremos vivir en un mundo más justo y solidario, si queremos liberar y sanear la sociedad del egoísmo que la corroe, hemos de empezar por nuestras pequeñas comunidades sociales.