ANTE LOS TRIBUNALES

Hoy vamos a seguir el proceso de rendición de cuentas de los dos agentes ante el Tribunal del Supremo Consejo.

Os invito a ir captando las diversas posturas de los dirigentes que les están juzgando.

Os recuerdo la última frase:

—Hagan pasar a declarar al agente V71

V71 estaba esperando en la sala inmediata. Aunque se sabía sospechoso como cómplice de las acusaciones hacia su compañera, confiaba en salir indultado. Pensaba hacer todo lo posible por conseguirlo, pero la verdad es que la cosa estaba muy complicada. El Supremo Consejo podría ser inflexible ante la magnitud de la empresa. Quizás se le diera otra oportunidad dado que él no era directamente culpable de los hechos; pero en el fondo no estaba seguro de poder librarse si M95 no se retractaba de sus errores. Era una mujer muy terca y estaba demasiado obsesionada con todo lo que había descubierto en esa investigación histórica, difícilmente podría él persuadirla. ¡Lo había intentado tantas veces!

Mientras se acomodaba en el lugar correspondiente, observaba al tribunal que trataba de llegar a un acuerdo y a su compañera situada en el banquillo de los acusados.

Tomó la palabra el Mayor C60 y dijo:

—Agentes M95 y V71, como promotor y último responsable de este proyecto, y en nombre del Gran Consejo, después de haber analizado la situación y tomando en consideración el buen prestigio de ambos, este Tribunal ha decidido darles una última oportunidad. Se les da dos semanas para presentar un nuevo documento corregido, teniendo en cuenta que se les exige la más estricta precisión de los hechos narrados Ni que decir tiene que está terminantemente prohibido el pronunciarse a favor o en contra de los hechos. Esa no es su encomienda. Quiten y corrijan todo lo que no sea necesario y limítense a narrar los acontecimientos con estricta objetividad.

—Permítame Mayor añadir que tienen que ser más claro en sus expresiones, hay palabras en desuso que difícilmente van a ser comprensibles para las personas a las que están designado el estudio de este trabajo.

 —Ya estábamos en ello. Pensamos añadir un glosario explicativo para los léxicos poco comunes —comentó la agente M95.

—¡Un glosario! ¿Acaso pretende también convencerles dándoles nuevos argumentos en cada vocablo? ¡Esto es el colmo!

—-Espero Señorías —intervino V71, intentando enfriar la tensión del ambiente que volvía a caldearse—, que esta vez sepamos cumplir con nuestra misión. Confíen. En Lo sucesivo nos limitaremos exclusivamente a informar con precisión, sin permitirnos ningún comentario personal y procurando hacernos lo más comprensibles posible.

 —¡Más les vale! No quisiéramos vernos obligados a dar por fracasado un proyecto tan costoso y emprendedor.

 —Y tampoco estamos interesados en tener que usar métodos desagradables contra agentes que no supieron ser fieles al Sistema.

—Dentro de 30 días —informó C60— tienen que volver a su trabajo de observación, pues se supone que M95 está de viaje aprovechando las vacaciones de invierno. Así que, durante este tiempo, ordenen y rectifiquen todo el material que hasta ahora han recogido, tratando de ir haciendo el informe según las disposiciones que en un principio les fueron dadas.

 —Por supuesto que conviene que se destruya toda la basura acumulada a través de tanta majadería y necedad sin sentido.

—Bueno —apuntó C60—, será mejor que en vez de destruirla, me entreguen los dos legajos, tanto el actual como el informe final. Quiero ver los dos textos íntegros.

—¿Por qué tanto interés Mayor? Esto les llevará el doble de tiempo.

—Pues que dupliquen las horas de trabajo. Si me dan lo actual, tendremos la certeza de que no lo usaran a espaldas de este Tribunal. Ya me encargaré yo de dar conclusión de este asunto y ver que cada cosa esté donde le corresponde.

 —Es una resolución muy sabia. Digna de la inteligencia de los miembros que formamos el gobierno de esta sociedad —y dirigiéndose a los procesados continuó—. No se permitan destruir una palabra de lo que llevan hecho.

 —Como dispongan su Señoría — determinó V71.

—Concluyendo —finalizó C60—, se presentarán a este tribunal unos días antes de su partida y me entregarán a mí personalmente el trabajo corregido y el actual.

—De todas las maneras, para que vean la buena disposición de este Tribunal, se le da 24h. para tomar una decisión e informar de su plan de trabajo

EL PRESENTE

Hoy me siento generosa y voy a comenzar el desenlace de la novela.

Esto va por los que me habéis seguido durante estos años, desde junio del 2019.

¿Cómo termina esta aventura del proyecto “Puente Histórico” donde tanto han aprendido M95 y su compañero V71?

Si estáis interesados, aún nos quedan dos capítulos que transcurrirán en su presente.

Aprovechando las vacaciones de invierno, vuelven los dos agentes a su realidad histórica y se someten a rendir cuentas ante el Supremo Consejo del Orden Mundial, como último responsable del proyecto.

—Se convoca al agente M95 para comparecer ante el Supremo Consejo del Orden Mundial.

 —Agente M95. Nos han llegado rumores de ciertas anomalías sobre el trabajo del proyecto que se le ha encomendado.

—El Tribunal del Supremo Consejo, como responsable último del bienestar y orden de esta sociedad, se ha visto obligado a convocarle para darle una oportunidad a defenderse de los cargos que se le acusa.

—Esperamos que se exprese con argumentos convincentes, para poder aceptar este Juzgado, el proceso que está siguiendo su investigación.

—Se le acusa de haberse permitido dirigir el proyecto por otras trayectorias ajenas al primitivo plan.

—Su cometido no era, ni mucho menos, enjuiciar esta sociedad, sino sólo limitarse a transcribir los acontecimientos que se le iba presentando y referirlos sin más.

—Y al parecer ha convertido su trabajo en una causa personal con respuestas y razones poco ortodoxas según los criterios de este Tribunal, autoridad suprema de sentenciar y último velador de los principios que dirigen nuestra nación.

—Esperamos que no se atreva a poner en tela de juicio los argumentos de esta legislación suprema y tenga sólidos argumentos para justificarse.

 —En ningún momento se le envió para que hiciera una investigación de crítica, desmerecimiento y desvalorización de la realidad presente.

—Con el debido respeto a sus señorías, reconozco que me he podido desviar de los planes que se proyectaron, al permitirme hacer ciertos comentarios que no venían al caso. Me temo que no he sido capaz de observar y comunicar fríamente los acontecimientos vividos. Sospecho que les he fallado.

—Luego, ¿se declara culpable?

—Antes de pronunciarme sobre este respecto, permítanme que les diga que algo superior a mí, me llevaba a reflexionar, comentar, argüir, y en suma a litigar, sobre todo los elementos objetivos en los que me he visto envuelta. A medida que iba metiéndome en aquel ambiente, me sentía más involucrada en sus motivaciones existenciales. Era una fuerza interior que me empujaba a sentirme implicada y cómplice de sus propias reacciones vitales. Surgía en mí un imperativo que me ahogaba si no hablaba, si no me manifestaba como testigo afirmativo de lo que veía y oía. Hasta tal punto que me siento impulsada a dar público testimonio de mi experiencia, de gritar que ya no soy la misma que un día fue enviada a cumplir la misión de observadora de aquel colectivo humano. Y ojalá mi pobre grito tenga resonancia primero en ustedes como líderes de esta sociedad y luego en nuestra gente.

—Pero… ¿Oyen esto sus Señorías?

—¡Qué atrevimiento! ¡Qué osadía!

—Agente M95, ¿acaso se cree transformadora de la historia presente?

—¿Quién se cree que es? ¿Cómo se atreve a darnos consejos? ¿Qué pretende dando lecciones al Supremo Tribunal?

 —Un poco de calma Señorías.

—Agente M95, la época que se le ha encomendado investigar, no puede ser de ninguna manera un desafío para nuestro avanzado y progresista sistema social. Nos enorgullece nuestra política de planificación ciudadana con su perfecto equilibrio demográfico y su desarrollo en asociaciones cívicas, donde todos y cada uno de los habitantes gozan de una vida cómoda y por supuesto productiva en función del desarrollo del bienestar comunitario. ¿Por qué pretender otra cosa? ¿Quién se beneficia de ello?

—Yo sólo sé y creo firmemente, que estos meses compartidos con aquellas gentes, me han servido para crecer como persona y que no podemos privar a nuestros coetáneos de esta riqueza existencial.

—¡Majaderías! No se puede concebir el creer que un sistema tan primitivo, pueda ser modelo para una sociedad tan evolutiva como la nuestra, que ha encontrado su sentido en la plenitud del desarrollo técnico-científico como camino para la comprensión de la existencia humana y como agente de cambio para la perfección del desarrollo de todo ser viviente.

—No se puede comparar aquella sociedad unifamiliar, con todos los problemas que acarreaba, con las facilidades sociales de una planificación demográfica por fecundaciones controladas y por desarrollo de la prole bajo control disciplinar, fomentando los valores cívicos y éticos de acuerdo con nuestro bienestar social. ¿No le parece más equilibrado y productivo nuestro sistema organizativo de ciudadanos estables?

—Puede ser. Pero con todos mis respetos, permítanme decirles que quizás hayamos perdido otros valores que ahora he empezado a descubrir y según mi pobre entender, merecen tenerlos en cuenta para nuestra plena realización si queremos de veras seguir avanzando en el desarrollo evolutivo de la humanidad.

—¡Patrañas! Nuestro régimen social se basa esencialmente en la conquista de un nuevo paso hacia la plenitud evolutiva del hombre y nunca una civilización anterior nos puede haber superado. En ningún momento se puede pensar que hemos o estamos retrocediendo. ¡No faltaba más!

—Si hemos puesto en marcha este proyecto, no es para poner en tela de juicio la organización social del presente, sino para descubrir los fallos de esa civilización anterior tratando de enriquecernos aprendiendo de sus errores.

—Sí, ya se. Ese era el planteamiento, pero… me temo que quizás nos pueden enseñar otras cosas positivas que no habíamos planeado porque las ignorábamos.

—Agente M95, usted sabe muy bien, pues me consta que es una de las ciudadanas más inteligentes de esta sociedad, al parecer con tantos fallos según usted, que este tribunal espera que la disciplina y fidelidad de nuestros mejores sean indiscutibles, por lo que no se le va a permitir comentarios públicos sobre opiniones personales que puedan llegar a desestabilizar los esquemas de la gente honrada y sensata que le llegue a escuchar.

—Además. Su intencionalidad delictiva queda de manifiesto al tratar continuamente de sabotear nuestro progreso con sus comentarios inadecuados, cuando esta civilización está siendo capaz de ir asumiendo todos los sistemas socio-político-económico-culturales de las más grandes culturas del pasado.

—Para eso se le envió, para estudiar esa civilización que estaba a la puerta de nuestro milenio, pero somos nosotros los que hemos de decidir que asumir o rechazar de esa época histórica.

—Y también conviene que recuerde que los desajustes provocados por actividades personales, que no tengan como meta el avance del desarrollo técnico-científico son sancionados como faltas de servicio a la sociedad.

—Señorías, con el debido respeto, me veo obligada a defenderme, comunicándoles que de ninguna manera mi trabajo durante estos meses puede clasificarse como falta cívica. De ningún modo y en ningún momento, ha sido mi intención perjudicar al sistema. En todo momento he pretendido situarme como portadora de una información que he creído iría en beneficio para mis conciudadanos. Se me ha concedido esta gran oportunidad, he descubierto una manera nueva de entender la vida, y porque me parece que es una forma más digna de concebir la existencia humana, me siento obligada a ofrecérsela a los demás. Eso es todo.

 —¡Esto es el colmo! No se puede consentir que un proyecto de tal envergadura fracase porque alguien no sea capaz de dar respuesta a la confianza que sobre ella ha depositado este Gran Consejo del Orden Mundial, esas decisiones son nuestras no suyas.

—Señorías, creo que ya hemos oído bastantes tonterías y hemos tenido demasiada paciencia. Sugiero que no se pierda más tiempo y vayamos a una conclusión rápida.

—Agente M95, se le propuso para esta misión, después de una preparación exhausta; tanto por los gastos económicos como por la inversión del personal, está resultando un proyecto muy costoso; pero como no ha sido capaz de merecer la confianza que en usted se puso, me temo que nos veremos obligados a prescindir de su trabajo.

—Hagan pasar a declarar al agente V71.

COMO LOS PRIMEROS

Hay una obra de la apologética cristiana, escrita, quizás, en las postrimerías del siglo II, que refleja el vivir de las primeras comunidades cristianas y como modelo a imitar la propongo en la novela,

Nos situamos en una conversación sostenida entre los dos agentes del futuro M95 y V71.

Este le revela que, a pesar de querer mantenerse neutral, también ha investigado por su cuenta intentando descubrir las últimas motivaciones por las que actúan esas personas a las que están tratando de conocer, llegando hasta ese documento que bien los describe.

—Bueno, ya que estamos en la última propuesta de reflexiones personales, te voy a confesar algo que hasta ahora no me he atrevido ni a decírmelo a mí mismo, porque yo también he transgredido las reglas del proyecto haciendo una investigación paralela por mi cuenta.

—¿De verdad?

—Pues sí. Ya ves que nadie es perfecto.

—¡Me encanta! ¡Cuenta, cuéntame!

—Pues veras, a medida que ibas entregándome información de los acontecimientos que vivías, yo también me sentía interpelado y ha podido más la curiosidad que la tarea árida de sólo ir recogiendo tus datos.

—¡Qué interesante! ¿Y qué has hecho?

—Recurrí a otras informaciones anteriores, llegando a descubrir algo que puede ser interesante.

—¡Me tienes en ascuas!

 —Se trata de un documento sobre la vida de los cristianos del siglo I de la era común, donde he podido obtener conclusiones muy sorprendentes.

—¿Es que te tengo que sacar las cosas con sacacorchos? ¡Dilo todo ya de golpe!

—Bien, Teniendo en cuenta de que se trata de otra civilización con una cultura muy distinta y salvando la distancia histórica, he descubierto rasgos específicos que se repiten en las dos generaciones.

Escucha esta carta dirigida a un tal Diogneto de aquella época:

Los cristianos no se distinguen de los demás hombres porque vivan en regiones diferentes, así como tampoco por su idioma o sus vestidos. Tampoco habitan en ciudades propias, ni emplean un lenguaje insólito, ni llevan una vida singular. Ni su doctrina ha sido descubierta por ellos a fuerza de reflexión o búsqueda de ingenio humano, ni se hacen, como tantos otros, los defensores de una doctrina humana. Viven en ciudades griegas o bárbaras, según donde a cada uno le ha caído en suerte; siguen las costumbres locales en su modo de vivir, de alimentarse y de comportarse, manifestando al mismo tiempo las leyes extraordinarias y verdaderamente paradójicas de su república espiritual. Son ciudadanos de sus respectivas patrias, pero sólo como extranjeros domiciliados. Cumplen con todos los deberes de ciudadanos y soportan todas las cargas como extranjeros. Se casan como todos y tienen hijos; pero no abandonan a los recién nacidos. Participan todos de la misma mesa, pero no del mismo lecho. Habitan en la tierra, pero son ciudadanos del cielo. Se atienen a las leyes establecidas, y con su estilo de vida superan las leyes. Aman a todos, y todos les persiguen. Se les ignora y se les condena; se les mata, pero son vivificados. Carecen de todo y todo les sobra. Se les insulta y bendice; les hacen ultrajes y responden honrando a los demás. Hacen el bien y los castigan como criminales; y mientras padecen el castigo, se alegran como si nacieran a la vida… Para decirlo de una vez: lo que el alma en el cuerpo eso mismo son los cristianos en el mundo… Dios fue quien los puso en tamaña condición, y no les está permitido desertar de ella.”

—¡Auténticamente asombroso!

—¿Verdad que tenía razón? Me he saltado algunos párrafos, la carta es más larga, pero más o menos te puedes hacer una idea con lo que te acabo de leer.

—Estando como estamos en umbral del siglo XXI, no esperaba encontrarme con esta semejanza con tantos siglos de distancia. Hombres y mujeres insertos en el mundo, comprometidos en la transformación de la sociedad en la que viven.

—Así es. Parece que fuera un comentario sobre esta generación que estamos estudiando ¿verdad?

—El caso es que, según la información que nuestros profesores nos han impartido, el cristianismo estaba en decadencia en esta generación dividida por tantas sectas y grupos contestatarios que abusaban y se contradecían con el Evangelio en la mano; también los sistemas capitalistas y los avances científicos habían ganado la batalla a la vieja iglesia; nuevas creencias y nuevas filosofías iban tomando cuerpo colocando a la sociedad en el camino recto hacia nuestro progreso pragmático y funcional donde poco tenía que ver con el mensaje de esa filosofía cristiana..

—Sí, al parecer hay algo que no encaja.

—Puede ser que, no todos los colectivos humanos de esa época actuaran según la información que teníamos antes de venir.

—Vistos en perspectiva, me atrevo a pensar que el vivir de esta gente que estamos tratando, es la confirmación de que en cualquier época de la Historia es posible dar el salto hacia lo transcendente buscando la plenitud humana más allá de la misma Historia, como aquí afirman.

—Estos acontecimientos me están dejando perpleja. Mañana, en la primera ocasión que tenga, voy a preguntar abiertamente a alguno de los líderes de esta comunidad si ellos son los cristianos descendientes de aquella primera sociedad y si S.H. tiene algo que ver con ese Jesús de Nazaret.

—Sí, si. Investiga si toda la sabiduría de esta gente tiene sus respuestas en un libro donde, según los datos de aquellos cristianos, se recogieron todos los dichos y hechos de ese Jesús que, al parecer, después de haber sido matado, resucitó y predicaban que estaba vivo.

—Si es así, no me extrañaría que ese Jesús sea el Señor de la Historia, y por eso permanece a través de ella.

DESCUBRIENDO CAMINOS

Hoy te invito a que presencies una de las clases de Andrés, donde hace un comentario sobre un pasaje del Evangelio

—Vamos a continuar el tema que comentábamos el último día.

 »Decíamos que el reino está dentro de nosotros. Todos llevamos esa semilla en nuestro interior, pero hay que poner los medios para que se vaya desarrollando. Hay quienes no tienen interés por estas cosas y de esto se aprovecha el enemigo, para robarle o ahogar la buena simiente de su corazón. Hay otros que empiezan con ilusión y entusiasmo, pero son cobardes y en cuanto aparece la dificultad abandonan. Los hay que les parece interesante el cultivar esta hermosa vida interior, pero las ambiciones mundanas del poder, la riqueza, los honores y placeres de este mundo, les pueden y renuncian a lo más importante, por esas otras luces engañosas y superficiales. Por fin hay también gente con coraje, que desarrollan lo mejor de su existencia.

»Busquemos por tanto el reino y su justo crecimiento y todo lo demás hay que saberlo relativizar, colocándolo en el lugar que le corresponde en la escala de valores que constituyen los peldaños para conquistar ese reino. Recordad que hemos de pasar por la historia como elegidos y amados que somos, llamados a ir haciendo realidad el proyecto de S. H., su Reino, y que no es otro que ir sembrando para que crezca la familia de Dios, porque su reino no es de gobernadores y súbditos sino de una familia donde todos se aman sirviendo y atendiendo las necesidades de los hermanos.

—A mí siempre me llama la atención cuando hablas de que somos elegidos. ¿Acaso no hemos sido llamados, toda la humanidad, a ser ciudadanos del reino?

—Por supuesto. Todos somos llamados, pero no todos son conscientes de esta realidad. Y los que hemos tenido la gracia de caer en la cuenta de esta misión no podemos despreciarla o tratar de ignorarla. A eso me refiero al decir que somos elegidos, mejor sería decir que somos conscientes de la elección.

—A veces es una tarea costosa.

—Por supuesto que exige renunciar a muchas cosas, a muchos ídolos que atan nuestro corazón, por eso hay tantos que abandonan. Pues en el fondo es cuestión de generosidad, de comprender el valor del amor desinteresado y gratuito, pero nunca se nos impondrá, es una decisión libre y voluntaria. Pero el Señor no se deja ganar en generosidad, y cuando ve nuestro interés y nuestro esfuerzo, se pone de nuestra parte.

—Es verdad que no todos responden, pero, así y todo, no me negarás que se necesita mucho coraje y mucha confianza en la ayuda del Señor para no flaquear en los momentos difíciles.

—Así es. Y sólo los que lo intentan con constancia lo consiguen. Aunque tenéis que ser realistas, porque esto es tarea de toda la vida, y el enemigo es muy astuto y busca los puntos más débiles para atacar, pero tened ánimo, el amor de Dios puede convertir nuestra debilidad en fortaleza y si estamos llenos de estas inquietudes, nuestras palabras y nuestras obras nos han de delatar, pues de la abundancia del corazón habla la boca.

—Aunque al oírte no lo parece, la verdad es que en realidad no es tan sencillo. ¿Cómo hacer para que todas nuestras inquietudes y nuestros deseos estén enfocados hacia los intereses del Señor exclusivamente?

—Ya os lo he dicho, con paciencia y perseverancia. Poniendo nuestra confianza en el espíritu del Señor que nos guía y nos da fuerza. Se trata de romper con todo de una vez, y optar con determinación a caminar en lo sucesivo, hacia esta meta. Pero esto no se hace de una por todas. Hay que intentarlo cada día, empeñarnos en cada nueva situación por la causa que nos convoca. Levantándonos en las caídas y no hundirnos ante el fracaso. Poco a poco se va adquiriendo más conciencia de ello y se crea en nuestro interior unos hábitos que favorecen el actuar cada vez con menos tensión y más confianza en la fuerza de su espíritu que nos habita.

—A mí a veces me da la sensación de que estamos viviendo contra corriente, pues nuestra sociedad te bombardea constantemente con otros valores y sólo aquí me encuentro seguro.

—De acuerdo, pero recuerda lo del tesoro escondido. Cuando uno lo encuentra y es capaz de medir su valor, nada ni nadie se le pone como obstáculo para poder conseguirlo. Aunque a los ojos de los demás sea una locura, él vende cuanto posee, se desprende de todo, olvida cuanto tiene con tal de conseguir lo que para él es algo que vale la pena aun al precio de perderlo todo. Si esto es lo que da sentido a tu vida, vale la pena arriesgarte y dejar todo lo demás. ¿No te parece?

 —Sí. Yo estoy de acuerdo contigo, pero ¿por qué somos tan pocos?

—Este es uno de los grandes misterios de la condición humana. Pero a nosotros se nos pide el proclamar esta verdad, quizás si fuéramos más responsables de anunciar y vivir lo que hemos descubierto, más personas se convencerían de esta realidad, puesto que todos somos llamados al Reino.

—Sí, pienso que hemos de ser más audaces y no acobardarnos al primer desplante.

—No lo dudes, si has captado esta buena noticia, no puedes ya seguir viviendo como antes, porque has descubierto la única verdad que merece ser seguida. Este es tu tesoro que tienes que ir conquistando y anunciando.

—Esto supone una gran responsabilidad.

—Por supuesto. Pero el día que te convenzas de que es el mismo espíritu del Señor el que va moldeando tu corazón y haciendo crecer tu semilla interior, te será todo más fácil.

¡sorprendente pero real! Así sigue Andrés comunicando su mensaje, como si nada ajeno al tema ocupara su mente y sus sentimientos

—Las primicias del Reino se está manifestando en esta nueva sociedad que entre todos queremos construir. Una sociedad que responda al proyecto que el Señor tiene sobre la humanidad. Una humanidad solidaria y fraterna. Una sociedad donde todos ten[1]gamos un sitio digno, donde todos nos sepamos personas aceptadas tal como somos, con nuestras luces y sombras, pero con perseverancia y con confianza, a la vez que nos sabemos con el compromiso de colaborar por la felicidad de los otros

—¡Esto suena a utopía!

—Yo diría más bien a mucha tarea por hacer. Todo esto no pueden ser sólo palabras bonitas, hay que cambiar el corazón para poder aceptar a todos como hermanos y desearles lo mejor. Claro que no es fácil y por supuesto que no se consigue a fuerza de puños. Pues nuestro hombre egoísta, que reina en el interior de cada uno, lucha por situarse en el puesto que tratamos de arrebatarle.

—Entonces, ¿qué nos recomiendas?

 —Trabajar dando paso en nosotros al amor que se nos ha dado y que va desarrollando en nuestro ser, una nueva criatura digna de poder derramar ese amor en los demás. Este es el único camino, así conseguiremos poco a poco ganarle las batallas de esta guerra interior a nuestro cruel enemigo. Se trata pues, de ser valientes y colaborar para que triunfe el bien, con las armas de ese hombre nuevo. Armas de paz, gratuidad, comprensión, acogida, generosidad… En fin, es un ir creando en nosotros un estilo de vida propio de los discípulos del Señor, y solo desde ahí, el mundo podrá ir caminando por sendas donde no crezca la cizaña del egoísmo y la insolidaridad.

 —No sé… Hablas con una firmeza y seguridad, que parece como si para ti todo esto resultara muy fácil.

 —¡Por supuesto que no lo es! ¿Qué te crees que a mí no me cuesta?, Llevo ya muchos años en esta empresa y a fuerza de ganar y perder batallas voy conquistando terreno al bien que hay en mí y debilitando mi mal. ¿Cómo? buscando las fuerzas en la oración y en la ayuda de los hermanos. Si conseguimos una comunidad que se aviva por la oración y la ayuda mutua, sin duda que conseguiremos nuestra meta. No podemos olvidar que todos nos complementamos y es muy sano sabernos necesarios y necesitados, formando un todo con los demás.

—¿Y qué pasa cuando no te lo agradecen o te interpretan mal?

 —Ya os he dicho en otras ocasiones que esto es gratuito. Quiero decir que no podéis actuar según la reacción del beneficiario, esto ni se cobra ni se paga, es otra cosa, no podemos pretender alcanzar seguridades externas o buscar un reconocimiento y mucho menos actuar por ganarnos el prestigio de los otros.

—Pero supongo que, si te mueves entre personas sensatas, pronto te sabrán reconocer.

—Puede ser, pero no olvides que la envidia es muy sutil y uno de los enemigos más ocultos del ser humano, incluso entre los que se esfuerzan por ser buenos. Pero, aunque esto suceda, no podemos abandonar. Por eso mi empeño en meteros estos fundamentos muy dentro, para que no os sorprenda el mal y sepáis como enfrentaros a él.

—¿Cómo?

—Os lo repito, con la fuerza de vuestra vida interior y la ayuda de un buen consejo fraterno. En cuanto a la relación con los demás, hay que procurar, ir sembrando a nuestro paso gestos de respeto, comprensión, justicia, solidaridad… Que la gente se sienta feliz al compartir con nosotros el esfuerzo cotidiano. Os aseguro que no hay un camino más fácil de ser feliz que empeñarse en hacer felices a los que están con nosotros codo a codo.

—Tienes razón. Y yo creo que poco a poco vamos entrando en esta dinámica que nos propones. ¿Verdad?

—Estoy seguro de que así es. Y no olvidéis que el gran éxito lo conseguiremos cuando tratemos de estar junto al que más lo necesita, para remediarle, o al menos, para darle el consuelo de compartir en compañía solidaria. Os aseguro que no hay mayor dolor que sufrir en solitario, pero todo esto se puede superar en la medida en que aprendáis a vivir desde lo más profundo de vuestro ser. Bueno, dejamos aquí este tema, pues ya es la hora de ir terminando.

Una jornada aconsejando y
ayudando

Juan terminó su información diciéndome:

—Verdaderamente, en estos años Andrés ha ido formando su personalidad. Aquella experiencia espiritual ahondó en los cimientos de su existencia y ha ido madurado profundamente
por su relación de amistad con el Señor. Él entró en su vida experimentalmente, compartiendo sus más íntimos sentimientos y motivaciones. Una amistad que va creciendo con los años. Una
relación que es inédita en cada individuo y que no es fácil ponerle palabras porque va más allá de lo tangible. Las respuestas vitales de Andrés son dadas desde un estado permanente de su vivir
atento ante los intereses y planes que el Señor le va marcando en su jornada cotidiana. Él se sabe amigo y colaborador incondicional por la causa del Señor y como tal actúa siempre.

Por todo esto, tenía muchas ganas de saber personalmente cómo se
desenvuelve entre los jóvenes, por lo que esta tarde, antes de que alguien
llegara, me las he ingeniado para entrar en la sala donde tiene sus
reuniones en el club, y he instalado un mini-casete debajo de su silla,
para grabar la sesión con control remoto
.

—Buenas tardes. Me gustaría que hoy reflexionáramos juntos sobre nuestra responsabilidad personal de ir mostrando con actos concretos que vivimos lo que decimos. En otras palabras, ser coherentes, actuando según hablamos, pues esta es la única manera de convencer, no con lo que se dice sino con lo que se hace y se vive. Ya sabéis las palabras del Señor que por nuestros frutos nos conocerán. ¿Queremos ser levadura pequeña, silenciosa, pero capaz de fermentar toda la masa? ¿Queremos ser sal que sazona toda la comida sin que se vea, pero que se la echa de menos si está ausente
del guiso? Pues esto sólo se consigue teniendo cuidado con ser coherente con los principios que nos han inculcado.

—Pero… ¿qué podemos hacer nosotros tan pocos, un grupo tan pequeño, ante todo un ambiente muchas veces hostil?

—Hay que ser imaginativos y creativos, pero sobre todo hemos de hilar muy fino y tener las antenas del espíritu conectadas permanentemente con nuestro maestro interior. Tened la plena confianza de que cada uno de nosotros lleva en su interior una gran riqueza, aunque no siempre seamos conscientes de ello.

—Esto, no parece muy fácil.

—No digo que lo sea, pero hemos de intentar poco a poco vencer las dificultades, seguros de que hemos sido llamados para ir colaborando en la transformación de la sociedad en la que vivimos, cada uno en su sitio y con las fuerzas que va recibiendo para cada ocasión, por eso nunca dejo de insistir en que el secreto de nuestro poder está en dejar que el maestro interior nos conduzca según sus planes, sin ser nosotros obstáculo, ni pretender ser los protagonistas. Este es el secreto, pues en cuanto queremos dominar la situación con nuestras pobres fuerzas o nuestro corto entender, el fracaso viene seguro.


—Tú lo dices muy convencido ¿verdad?

—Sí que lo estoy. Y si vosotros también creéis firmemente en que esta es vuestra misión y actuáis en consecuencia, poco apoco lo viviréis por dentro y podréis ser sembradores de la semilla de un mundo nuevo. Y para que todo esto tenga su fundamento, vamos a escuchar lo que dice el Libro:


—Así que obremos siempre el bien, para que el mundo crea en nuestro mensaje y se anime a buscar la auténtica felicidad que es el fruto de las buenas obras. Estas son las palabras que he recibido hoy para que os las transmitiera.


—Y ¿qué nos aconsejas?

—Voy a leeros el consejo que el propio Libro nos da:

EN EL SIGLO XXI

¿Cómo percibo yo la presencia del Señor de la Historia en el siglo XXI? Esta novela la escribí durante muchos años de reflexión; poco a poco iba plasmando lo que el Señor me decía, viendo en mi cabeza y en mi corazón hasta los más mínimos detalles, haciendo que sus protagonistas vivan una existencia ideal, según me imaginaba que podía ser el estilo de los seguidores de Jesús del siglo XXI, en un ambiente socioeducativo.

 Es mi manera de entender la presencia del Señor en la Historia.

Andrés ha entendido que su misión es anunciar a sus coetáneos «lo que ha visto y oído» en esos días.

A partir de ahora empieza el relato de lo cotidiano, la respuesta de Andrés a su misión, el vivir día a día para hacer realidad la propuesta de S.H.

Desde entonces, todo su tiempo, toda su vida gira como respuesta a la misión que se le confió. Así lo describe su amigo Juan, el sacerdote del barrio:

—Él fue el primero, luego nos contagió poco a poco a los que le conocíamos o trabajaban cerca de él. Fuimos descubriendo por su convencimiento, que la vida tiene otro sentido más allá del tener, el placer, el poder, el egoísmo… Como supondrás, la personalidad de Andrés, que tan original te resulta, su madurez, su gran riqueza interior, es el resultado de estos años, viviendo entregado a esta causa. No es que a la vuelta de aquellos días de vacaciones ya era lo que es ahora, pero aquel encuentro marcó el principio de un camino. Fue un hacerse poco a poco, un ir calando las experiencias que iba viviendo interiormente, un ir descubriendo cada vez con más lucidez el sentido de su existencia, hasta profundidades insondables, dejándose interpelar por esa voz interior que le conduce hacia el cumplimiento cotidiano de su misión en la vida. Su misión se la marcó aquel encuentro, pero como todo comienzo, poco a poco se ha ido convirtiendo en lo que es hoy. El tiempo y su postura de permanente fidelidad a este ideal, ha ido rotulando su persona. Su sentido existencial tiene una única meta que le da capacidad para impulsar todos los elementos que constituyen su personalidad.
S.H. no modifica la naturaleza, todos somos llamados a cumplir una misión concreta en la vida, pero sólo los que con generosidad se entregan en una fidelidad cotidiana, son los
que pueden alcanzar la satisfacción de su plenitud existencial.
El Señor llama, elige, pero respeta la propia autonomía, somos libres de aceptar su propuesta, no nos presiona ni nos manipula, sencillamente pide nuestra libre colaboración en sus planes de conducir la Historia. Porque sabemos que el mundo y el hombre les pertenecen, que él es EL SEÑOR DEHISTORIA, pero busca quién le ayude libremente. Él mismo ha dispuesto el tener que valerse de nosotros para llevar a cabo su plan, por eso, llama al hombre, lo interpela en sus actitudes, impulsa sus decisiones positivas, le ayuda a tomar una opción, le facilita el camino, pero respeta totalmente su respuesta, porque le quiere libre y responsable absoluto de su futuro, no esclavo. Sólo cuando descubrimos que para Él se nos ha dado la vida, podemos conducirnos hacia nuestra auténtica meta.
La respuesta es sin condiciones. Es una empresa de por vida, que te implica en todas las demás decisiones que vayas tomando a lo largo de tu existencia. Es hacer una opción radical para ser fiel a alguien que te invita a hacer tuya su causa. En esta decisión uno se juega la vida, pero te aseguro, por experiencia personal, que vale la pena.

Creo firmemente que todos somos elegidos para hacer una obra que apunta a eternidad, pero también hemos sido creado con libertad de decisión. Somos responsables de nuestras disposiciones y resoluciones mientras vamos por el camino de la vida, y aunque el trigo y la cizaña coexisten en nuestro interior, he querido, con este relato, ayudaros a optar por lo bueno de la existencia humana.

Ahora quiero invitar a cada uno/a en este momento, a que se pare en seco, y piense en lo esencial, sopese sus acciones cotidianas y analice si este es un momento de cambio de sentido que apunte a otras maneras de organizarse, de trabajar, de relacionarse… de en encontrarse consigo mismo y comenzar nuevas formas de actuar para que su vida tenga el sentido para el que fue concebido/a.  

¿seguimos soñando?

Andrés sigue contando a M95 su extraordinaria experiencia al encontrarse con ‘el misterio’ aquellos días en el que se le reveló su misión

»Una noche que paseaba por el campo después de cenar, gozándome en el placer de la brisa y de la soledad del campo desierto a aquellas horas, me sorprendió, a corta distancia, una luz extraña. Me acerqué a ella, y cuando estaba a un par de metros, la luz se fue agrandando hasta que quedé dentro de ella. Mi reacción primera fue tratar de huir, pero mis pies no respondieron y quedé como pegado al suelo enfrente de un hombre que me extendió su brazo y sin violencia me tomó de la mano y me llevó hacia una puerta que yo no había visto hasta ese momento. La verja se abrió automáticamente en cuanto pisamos el umbral.

»¿Qué hacía yo allí? ¿Por qué no ponía resistencia? ¿Hacia dónde nos dirigíamos? Estaba muy confuso, pero no sentía ninguna inquietud.

»Por fin llegamos a una gran sala inmensamente iluminada

Durante la visión miré que colocaban unos tronos.

Un anciano se sentó. Su vestido era blanco como la nieve;

Su cabellera, como lana limpísima Su trono, llamas de fuego;

Sus ruedas, llamarada; un rio impetuoso brotabas delante de él;

Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes

»Yo no sabía si estaba soñando o despierto. ¡Me parecía todo tan irreal y absurdo! »¿Dónde estaba realmente? ¿Era aquello un sueño o una ilusión? »Seguí mirando. Y en mi visión nocturna vi venir

Una especie de hombre entre las nubes del cielo.

Avanzó hacia el Anciano venerable

y llegó hasta su presencia

»Yo estaba realmente confundido, no podía salir de mi asombro, estas visiones me espantaban. No cesaba de preguntarme si todo aquello estaba sucediendo de verdad.

 »Miré a mi alrededor buscando una explicación, una salida… algo que me sacara del estado en el que me encontraba. Sentía la urgencia de situarme seguro ante este evento que desbordaba mis esquemas mentales.

 »Me sentía agitado por dentro, y me turbaban las visiones de mi fantasía.

»Me acerqué a uno de los que estaban allí en pie y le pedí que me explicase todo aquello. Él me contestó exponiéndome el sentido de la visión: ‘

‘Esto es el fin. Así ha de concluir la historia de tu mundo. Ese que ves delante del Anciano es S.H. –El Señor de la Historia-, el cual es imagen de Él-Ser y su propio Hijo. Para S.H. Él-Ser ha hecho todas las cosas y todo tiene que ir caminando hacia su propio fin, hasta hacerse dignas de ser agradable a sus ojos y a su corazón.

»Yo no entendía nada, -aún no se me había dado el entendimiento espiritual-

»Y oí una voz que decía:

‘¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros?

»Yo sin pensar la respuesta dije:

 ‘Heme aquí. Envíame.

»¿Qué había hecho? ¿Cómo se me había ocurrido responder así? ¿Habían salido de verdad esas palabras de mi boca? ¿Quién me impulsaba a tomar esa decisión tan comprometida ante una llamada que no entendía? ¿Qué sabía yo de todo aquello? ¡Cuántas preguntas en tan poco espacio de tiempo! »¿Poco tiempo?…

»¿Cuánto tiempo había transcurrido en realidad? ¿Cuánto me quedaba aún por estar ante este acontecimiento? ¿Qué iba a suceder a continuación?

»Pues sucedió que se me acercó el propio S.H. y dijo:

‘Abre la boca y come lo que te voy a dar’.

Miré y he aquí que una mano extendía hacia él un libro enrollado.

Lo desenrolló ante mi vista, estaba escrito por dentro y por fuera.

Y me dijo: ‘Come lo que se te ofrece; come este rollo,

y ve luego a hablar a tu gente sobre ello.

Nutre tu vientre y llena tus entrañas de este rollo que te doy’.

Lo comí y fue en mi boca como miel por su dulzura.

»S.H. me explicó una vez que ya había concluido:

Sea que te escuchen o que te rechacen

no les temas, porque yo estoy contigo,

Mi fuerza y mi poder te sostiene en todo momento.

Diles que los que sois míos, estaréis conmigo en mi Reino.

»Yo me daba cuenta de que algo superior a mis propias fuerzas me impulsaba a aceptar todo aquello por encima de mi entendimiento…Y me dejé conquistar. Esto me seducía… y me dejé seducir

»S.H. proseguía:

‘Yo haré de ti como muro invencible,

Combatirán contra ti, pero no te vencerán,

Porque yo estaré contigo para salvarte, para liberarte.

Porque todo colabora para bien de quien me ama,

de aquellos a quien mi Padre ha elegido’.

»Cuando S.H. terminó de decir estas cosas, yo sentí que todo me daba vueltas… ¿Era yo o eran las cosas que se movían a mi alrededor?

»… Silencio… quietud… Paz…

 »El sol estaba alto y yo me encontraba en el mismo lugar en el que había visto aquella luz… ¿Cuándo…? ¿Había sido la noche anterior…? ¿Qué tiempo había realmente transcurrido? ¿Fue un sueño?

»¡Qué disparate! ¡Qué absurdo! ¡Qué inverosímil!

 »Pero algo dentro de mí me decía que aquello había sucedido y no lo podía ignorar.

»¡Era una realidad! Me sabía portador de un mensaje, había sido llamado a realizar una misión bien concreta y exigente. Me quemaba la urgencia de contar a todo el mundo la fuerza de esta experiencia.

»Pero… ¿cómo? … ¿Quién me va a creer?

»Y me decía a mí mismo: Esto hay que madurarlo. No puedo precipitarme. Es demasiado serio como para tomarlo a la ligera. He de darme una respuesta convincente primero a mí mismo, y cuando yo me lo crea de verdad, sabré como transmitirlo. Y con esta inquietud volví a casa. »Pasé todo el día incómodo y me decía:

‘No me acordaré más de él, y no hablaré en su nombre’.

Pero era en mi corazón fuego,

un fuego devorador retenido en mis entrañas.

No podía retenerlo y no podía soportarlo.

»Tenía la impresión de haberme metido en un callejón sin salida.

»¿Quiénes eran todas esas personas que así se habían apoderado de mí? »Sospechaba que me había puesto en contacto con seres superiores que me querían hacer cómplice de un proyecto que estaba por encima de las fuerzas humanas.

 »Por otra parte me veía impulsado a creer que había sido elegido para algo positivo para la humanidad, como mensajero del destino de la Historia.

»Confieso que esto no me disgustaba. Siempre me he sentido atraído por conocer el secreto de la existencia humana. Quizás ya lo llevaba en los genes. El caso es que ahí me encontraba yo aquel día. Con un insondable misterio ante mí. Y una misión que me seducía a la vez que me abrumaba.

»¿Qué partido tomar?

NUEVAS SENSACIONES

Después de unas semanas de convivencia de M95 con esta sociedad tan extraña para su mentalidad, se va peligrosamente adentrando en nuevas percepciones existenciales que llenan de interrogantes su vivir cotidiano. Es consciente del peligro que supone el dejarse arrastrar por estos nuevos conceptos y sensaciones, pero no acaba de tomar una convincente decisión.

He aquí un nuevo diálogo con su compañero

—¡Cómo disfruto escuchándolos! ¡Dicen tantas cosas interesantes! Aunque he de reconocer que aún hay términos que se me escapan.

—Cada cultura tiene su propio léxico y sin duda que la ciencia de esta gente requiere un específico conocimiento que esperemos poco a poco ir captando.

—Es verdad. El modo de pensar de este colectivo humano es nuevo y atrayente para mí, porque esto no lo encuentras en las informaciones teóricas.

—Por supuesto.

—Tengo que confesarte que presiento que algo se mueve en mi interior, que ya no me sé indiferente y lejana a sus conceptos. Empiezo a sospechar que estoy captando el sentido de la importancia de profundizar en el ser por encima de gastar tu tiempo en hacer o disfrutar. Poco a poco me voy metiendo en un nuevo camino existencial que sin duda me conduce hacia regiones nuevas, pero no por eso dejan de ser realidades sorprendentes y enriquecedoras. Tengo la impresión de que esta cultura, a pesar de ser más primitiva, es más rica que la nuestra en lo que respecta al conocimiento de la ser humano y al sentido de su existir.

—Agente M95, ¿te das cuenta de lo que estás diciendo? no me gusta nada tus comentarios. Nuestra postura ante esta realidad se supone que debe ser neutral y veo que cada vez estás más implicada. ¡Te estás metiendo en terreno peligroso! No nos interesa colocarnos en la cuerda floja. Tú sabes muy bien que por este camino podemos caer fácilmente en un delito penal.

—Ya esperaba tu reacción, soy consciente de que me estoy desviando de la misión que nos ha traído, pero confío en tu buena labor de redactor final para salir de esta situación.

—¡Muy amable! Ahora resulta que me tocará a mí sacarte las castañas del fuego.

—Mira, este es mi plan. Cuanto más me meta a fondo en la mente y en el vivir de esta generación, más la comprenderemos y esto nos ayudará a poder calificarla, pero para eso cuento con tu discreción y tu buen hacer.

—Me temo que no te comprendo. Nuestra capacidad cerebral ha sido educada desarrollando unas categorías mentales muy diferentes. ¿Crees que de verdad puedes llegar a entenderles a la profundidad que tú aspiras?

—Por supuesto que no ignoro que nuestra capacidad cognoscitiva funciona en direcciones diferentes a las de estas personas. Pero por esto mismo estoy asombrada de cómo voy captando los nuevos conceptos.

—Aunque así sea, ¡No te entusiasmes ante esta realidad! Bien sabes lo arriesgado que puede ser esta postura.

—Voy a confesarte algo. Al examinar los documentos que he traído desde nuestra sociedad, (que se supone tenía que servirme de base para saberme desenvolver con más o menos soltura entre esta gente), me he dado cuenta de lo incompleta y superficial que es su información e incluso sospecho que es un material manipulado, al menos desde aquí, puedo atreverme a juzgarlo como superfluo y con poco rigor científico. Pero lo que más me preocupa es que en absoluto se ocupa de las raíces que motivan a esta sociedad, y esto es donde pretendo llegar.

—Insisto en que esto no es de nuestra incumbencia. Limítate a hacer tu trabajo y punto.

—Pero ¿cómo vamos a conseguir conocer verdaderamente a esta gente si partimos de una información inepta y no tratamos de enmendarla?

—¿Te han pedido a ti que lo hagas? Ellos sabrán cuáles son sus planes. A nosotros sólo nos toca ceñirnos exclusivamente a la misión que nos solicitaron. Lo demás no es responsabilidad nuestra.

—Tienes razón. Creo que me he entusiasmado ante la novedad. Estoy demasiado fascinada por sus misterios y su visión trascendental de la existencia humana.

—Tú verás cómo sales de esta, pero lo que no puedo consentir es que tengas el atrevimiento de hacerme cómplice de tus desvaríos. Te lo repito, debes de intentar ver las cosas desde un enfoque más neutral.

—De todas formas, creo que podemos enriquecernos con los conocimientos que vamos adquiriendo. Por otra parte, ningún testimonio humano puede ser absolutamente imparcial. Tenemos inteligencia y razonamos. No somos máquinas. Eso me lleva a contar los hechos tal y como pasan por mi capacidad de información. No ignoro a lo que me expongo, es un riesgo, porque quizás no sepan interpretarlo desde mi propia cultura, pero no puedo informar sin pasión alguna, porque sería renunciar a ser persona, y además estoy convencida que es precisamente esto lo que da calor humano a la narración.

UN PROYECTO VITAL

¿Cómo reaccionó Andrés después de aquella experiencia, de aquél encuentro que cuestionaba su existencia? Pues primero de todo buscó consejo y ayuda en alguien que le merecía confianza, seguro de su comprensión y apoyo. Su amigo Juan.

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Así, hoy te invito a leer la conversación que mantuvieron Juan y M95 una tarde de los primeros días de la estancia de esta entre ellos:

—Yo estaba aún terminando mis estudios cuando un día Andrés me habló de sus inquietudes y planes. Yo me entusiasmé con la idea y juntos soñamos en hacer algo interesante. Ya sabes, los ideales de la juventud, que parece que somos los llamados a transformar el mundo. Desde entonces, comencé a frecuentar este barrio aun antes de ordenarme sacerdote. Aquí empecé mi experiencia profesional antes de estar ejerciendo oficialmente. Ya ves, lo que empezó como una idea bonita hoy es una realidad que llena de pleno nuestras vidas.

—¿Has hecho trabajo en otros lugares?

—Sí. Empecé oficialmente trabajando como coadjutor en una parroquia de un pueblecito de la provincia, pero como ya estaba muy cogido por todo esto, en cuanto pude pedí el traslado y ya llevo diez años entre esta buena gente.

—Y entonces. ¿Andrés empezó antes que tú?

—La verdad es que él contó conmigo desde el principio, como amigo y colega siempre nos hemos entendido, aunque físicamente no me encontrara aquí, él me contaba y consultaba todo y yo procuraba hacer alguna que otra escapada para echarle personalmente una mano.

—¿Qué dices tú a mí de Andrés?

—¿A qué te refieres?

—El otro día él me dijo el cambio de su vida por una persona que fue a visitarlo hace unos años. Que se llamaba… ¿Cómo dijo…? …

—¡Ah! ¿Te lo ha contado?

—Sí, pero yo no entender mucho.

—Son muchas las cosas nuevas que una forastera puede encontrar en nuestro vivir. No porque sean raras sino porque vamos siendo capaces de comprometernos en serio, con un construir la Historia desarrollando lo mejor de la humanidad y esto cada vez está resultando más ajeno a la cultura relativista que nos invade. Ayudar a la gente a ser feliz compromete a ir colocándola en su auténtico sitio, sabiéndose aceptada y valorada tal como son. Todo esto, aunque es más humano que su contrario, parece que cuesta mucho descubrirlo, por eso, los que hemos tenido la gracia de darnos cuenta de su valor, tenemos la responsabilidad de comunicarlo a todo el que lo quiera escuchar. Esto es lo que descubrió Andrés y lo que le hizo tomar ese camino. Su proyecto de vida cambió desde aquel encuentro y aunque a veces parece que externamente todo sigue igual, sus motivaciones son otras.

—¿Y qué hacéis Andrés y todas estas personas?

—Él fue el primero, luego nos contagió poco a poco a los que le conocíamos o trabajaban cerca de él. Fuimos descubriendo por su convencimiento, que la vida tiene otro sentido más allá del tener, el placer, el poder, el egoísmo… Como supondrás, la personalidad de Andrés, que tan original te resulta, su madurez, su gran riqueza interior, es el resultado de estos años, viviendo entregado a esta causa. No es que a la vuelta de aquellos días de vacaciones ya era lo que es ahora, pero aquel encuentro marcó el principio de un camino. Fue un hacerse poco a poco, un ir calando las experiencias que iba viviendo interiormente, un ir descubriendo cada vez con más lucidez el sentido de su existencia, hasta profundidades insondables, dejándose interpelar por esa voz interior que le conduce hacia el cumplimiento cotidiano de su misión en la vida.

—¿Y esto le hace el líder de la gente?

—Así es. Su misión se la marcó aquel encuentro, pero como todo comienzo, poco a poco se ha ido convirtiendo en lo que es hoy. El tiempo y su postura de permanente fidelidad a este ideal, ha ido rotulando su persona. Su sentido existencial tiene una única meta que le da capacidad para impulsar todos los elementos que constituyen su personalidad.

—Pero él tiene naturaleza de líder ¿no?

—Mira, S.H. no modifica la naturaleza, todos somos llamados a cumplir una misión concreta en la vida, pero sólo los que con generosidad se entregan en una fidelidad cotidiana, son los que pueden alcanzar la satisfacción de su plenitud existencial.

—Esto me parece mucho difícil y comprometido.

—Así es. La respuesta es sin condiciones. Es una empresa de por vida, que te implica en todas las demás decisiones que vayas tomando a lo largo de tu existencia. Es hacer una opción radical para ser fiel a alguien que te invita a hacer tuya su causa. En esta decisión uno se juega la vida, pero te aseguro, por experiencia personal, que vale la pena. Hace cinco años, Andrés se casó con una joven de las más comprometidas en el proyecto, se llama Sara. Tienen un hijo de cuatro años y una niña de quince meses. Sara trabaja en la biblioteca municipal, situada en el edificio que el Ayuntamiento ha creado como centro cultural del barrio. Supongo que ya lo habrás visitado ¿no?

—Sí, estuve el otro día. Andrés quería conociera a Sara.

—Pues bien, como te iba diciendo, Sara trabaja allí prácticamente desde que se abrió el centro, y Andrés también colabora en el pabellón de “artes y oficios” como instructor de mecánica, esa es su afición, todos los sábados pasa la mañana entre motores y grasa. Además, lleva un seminario permanente de formación sobre “Autoconocimiento e integración social”. Pero ellos se saben con una misión más profunda, comprenden que han sido llamados a colaborar en la construcción de la Historia desde lo cotidiano, según el proyecto del Señor. Se saben implicados juntos en ir proclamando el secreto de la auténtica felicidad de todos los que se cruzan en sus vidas.

—Y, ¿cómo saber Andrés que no es víctima de la manipulación de aquel ser superior?

—Mira, el Señor llama, elige, pero respeta la propia autonomía, somos libres de aceptar su propuesta, no nos presiona ni nos manipula, sencillamente pide nuestra libre colaboración en sus planes de conducir la Historia. Porque sabemos que el mundo y el hombre les pertenecen, que él es EL SEÑOR DE LA HISTORIA, pero busca quién le ayude libremente. Él mismo ha dispuesto el tener que valerse de nosotros para llevar a cabo su plan, por eso, llama al hombre, lo interpela en sus actitudes, impulsa sus decisiones positivas, le ayuda a tomar una opción, le facilita el camino, pero respeta totalmente su respuesta, porque le quiere libre y responsable absoluto de su futuro, no esclavo. Sólo cuando descubrimos que para Él se nos ha dado la vida, podemos conducirnos hacia nuestra auténtica meta.

Juan concluye el perfil de Andrés diciendo:

—Verdaderamente, en estos años Andrés ha ido formando su personalidad. Aquella experiencia espiritual ahondó en los cimientos de su existencia y ha ido madurado profundamente por su relación de amistad con el Señor. Él entro en su vida experimentalmente, compartiendo sus más íntimos sentimientos y motivaciones. Una amistad que va creciendo con los años. Una relación que es inédita en cada individuo y que no es fácil ponerle palabras porque va más allá de lo tangible. Las respuestas vitales de Andrés son dadas desde un estado permanente de su vivir atento ante los intereses y planes que el Señor le va marcando en su jornada cotidiana. Él se sabe amigo y colaborador incondicional por la causa del Señor y como tal actúa siempre.

UNA BUENA NOTICIA

En un momento en el que dos de las potencias mundiales China y Estados Unidos estaban en guerra por ser la mayor economía del mundo, llega un virus que los pone de rodillas y nos manda a todos a un confinamiento obligatorio. El virus no respeta muros, ni entiende de clases sociales afecta a todo el mundo sin preferencias. De repente todo pierde valor y fuerza frente a este enemigo común y nos sitúa desnudos ante nuestra debilidad humana.

Hay gente que se pregunta ¿Dónde está Dios en todo esto? ¿Cómo descubrir su presencia hoy, en la historia presente?

“Vosotros seréis mis testigos”.

A través de nosotros, él quiere actuar. Esta es la buena noticia, que Él está aquí y nos pide que demos testimonio de su presencia. Tenemos que sabernos sus manos, sus pies, su corazón… para que el mundo crea que hoy sigue actuando. Tenemos que ser coherentes con lo que hacemos, poner nuestras capacidades y talento, nuestra imaginación y creatividad, nuestra inteligencia y energía a su servicio, todo esto hecho por amor, pues “solo el Amor es digno de Fe”, sólo así seremos creíbles.

Hoy me atrevo a presentaros la propuesta de Andrés a sus alumnos, quizás a alguien le parezca interesante.

—Busquemos por tanto el reino y su justo crecimiento y todo lo demás hay que saberlo relativizar, colocándolo en el lugar que le corresponde en la escala de valores que constituyen los peldaños para conquistar ese reino. Recordad que hemos de pasar por la historia como elegidos y amados que somos, llamados a ir hacien­do realidad el proyecto de S. H., su Reino, y que no es otro que ir sembrando para que crezca la familia de Dios, porque su reino no es de gobernadores y súbditos sino de una familia donde todos se aman sirviendo y atendiendo las necesidades de los hermanos.

—A mí siempre me llama la atención cuando hablas de que somos elegidos. ¿Acaso no hemos sido llamados, toda la huma­nidad, a ser ciudadanos del reino?

—Por supuesto. Todos somos llamados, pero no todos son conscientes de esta realidad. Y los que hemos tenido la gracia de caer en la cuenta de esta misión no podemos despreciarla o tratar de ignorarla. A eso me refiero al decir que somos elegidos, mejor sería decir que somos conscientes de la elección.

     —Es verdad que no todos responden, pero, así y todo, no me negarás que se necesita mucho coraje y mucha confianza en la ayuda del Señor para no flaquear en los momentos difíciles.

—Así es. Y sólo los que lo intentan con constancia lo con­siguen. Aunque tenéis que ser realistas, porque esto es tarea de toda la vida, y el enemigo es muy astuto y busca los puntos más débiles para atacar, pero tened ánimo, el amor de Dios puede convertir nuestra debilidad en fortaleza y si estamos llenos de estas inquietudes, nuestras palabras y nuestras obras nos han de delatar, pues de la abundancia del corazón habla la boca.

—¡Esto suena a utopía!

—Yo diría más bien a mucha tarea por hacer. Todo esto no pueden ser sólo palabras bonitas, hay que cambiar el corazón para poder aceptar a todos como hermanos y desearles lo mejor. Claro que no es fácil y por supuesto que no se consigue a fuerza de pu­ños. Pues nuestro hombre egoísta, que reina en el interior de cada uno, lucha por situarse en el puesto que tratamos de arrebatarle.

—Entonces, ¿qué nos recomiendas?

—Trabajar dando paso en nosotros al amor que se nos ha dado y que va desarrollando en nuestro ser, una nueva criatura digna de poder derramar ese amor en los demás. Este es el único camino, así conseguiremos poco a poco ganarle las batallas de esta guerra interior a nuestro cruel enemigo. Se trata pues, de ser valientes y colaborar para que triunfe el bien, con las armas de ese hombre nuevo. Armas de paz, gratuidad, comprensión, aco­gida, generosidad… En fin, es un ir creando en nosotros un estilo de vida propio de los discípulos del Señor, y solo desde ahí, el mundo podrá ir caminando por sendas donde no crezca la cizaña del egoísmo y la insolidaridad.

—No sé… Hablas con una firmeza y seguridad, que parece como si para ti todo esto resultara muy fácil.

—¡Por supuesto que no lo es! ¿Qué te crees que a mí no me cuesta?, Llevo ya muchos años en esta empresa y a fuerza de ganar y perder batallas voy conquistando terreno al bien que hay en mí y debilitando mi mal. ¿Cómo? buscando las fuerzas en la oración y en la ayuda de los hermanos. Si conseguimos una co­munidad que se aviva por la oración y la ayuda mutua, sin duda que conseguiremos nuestra meta. No podemos olvidar que todos nos complementamos y es muy sano sabernos necesarios y nece­sitados, formando un todo con los demás.

—¿Y qué pasa cuando no te lo agradecen o te interpretan mal?

—Ya os he dicho en otras ocasiones que esto es gratuito. Quiero decir que no podéis actuar según la reacción del benefi­ciario, esto ni se cobra ni se paga, es otra cosa, no podemos pre­tender alcanzar seguridades externas o buscar un reconocimiento y mucho menos actuar por ganarnos el prestigio de los otros.

—Pero supongo que, si te mueves entre personas sensatas, pronto te sabrán reconocer.

—Puede ser, pero no olvides que la envidia es muy sutil y uno de los enemigos más ocultos del ser humano, incluso entre los que se esfuerzan por ser buenos. Pero, aunque esto suceda, no podemos abandonar. Por eso mi empeño en meteros estos fun­damentos muy dentro, para que no os sorprenda el mal y sepáis como enfrentaros a él.

—¿Cómo?

—Os lo repito, con la fuerza de vuestra vida interior y la ayu­da de un buen consejo fraterno. En cuanto a la relación con los demás, hay que procurar, ir sembrando a nuestro paso gestos de respeto, comprensión, justicia, solidaridad… Que la gente se sienta feliz al compartir con nosotros el esfuerzo cotidiano. Os aseguro que no hay un camino más fácil de ser feliz que empe­ñarse en hacer felices a los que están con nosotros codo a codo.

—Tienes razón. Y yo creo que poco a poco vamos entrando en esta dinámica que nos propones. ¿Verdad?

—Estoy seguro de que así es. Y no olvidéis que el gran éxito lo conseguiremos cuando tratemos de estar junto al que más lo nece­sita, para remediarle, o al menos, para darle el consuelo de compar­tir en compañía solidaria. Os aseguro que no hay mayor dolor que sufrir en solitario, pero todo esto se puede superar en la medida en que aprendáis a vivir desde lo más profundo de vuestro ser. Bueno, dejamos aquí este tema, pues ya es la hora de ir terminando.

Siempre hay algo bueno en el mundo por lo que vales la pena luchar