Una jornada aconsejando y
ayudando

Juan terminó su información diciéndome:

—Verdaderamente, en estos años Andrés ha ido formando su personalidad. Aquella experiencia espiritual ahondó en los cimientos de su existencia y ha ido madurado profundamente
por su relación de amistad con el Señor. Él entró en su vida experimentalmente, compartiendo sus más íntimos sentimientos y motivaciones. Una amistad que va creciendo con los años. Una
relación que es inédita en cada individuo y que no es fácil ponerle palabras porque va más allá de lo tangible. Las respuestas vitales de Andrés son dadas desde un estado permanente de su vivir
atento ante los intereses y planes que el Señor le va marcando en su jornada cotidiana. Él se sabe amigo y colaborador incondicional por la causa del Señor y como tal actúa siempre.

Por todo esto, tenía muchas ganas de saber personalmente cómo se
desenvuelve entre los jóvenes, por lo que esta tarde, antes de que alguien
llegara, me las he ingeniado para entrar en la sala donde tiene sus
reuniones en el club, y he instalado un mini-casete debajo de su silla,
para grabar la sesión con control remoto
.

—Buenas tardes. Me gustaría que hoy reflexionáramos juntos sobre nuestra responsabilidad personal de ir mostrando con actos concretos que vivimos lo que decimos. En otras palabras, ser coherentes, actuando según hablamos, pues esta es la única manera de convencer, no con lo que se dice sino con lo que se hace y se vive. Ya sabéis las palabras del Señor que por nuestros frutos nos conocerán. ¿Queremos ser levadura pequeña, silenciosa, pero capaz de fermentar toda la masa? ¿Queremos ser sal que sazona toda la comida sin que se vea, pero que se la echa de menos si está ausente
del guiso? Pues esto sólo se consigue teniendo cuidado con ser coherente con los principios que nos han inculcado.

—Pero… ¿qué podemos hacer nosotros tan pocos, un grupo tan pequeño, ante todo un ambiente muchas veces hostil?

—Hay que ser imaginativos y creativos, pero sobre todo hemos de hilar muy fino y tener las antenas del espíritu conectadas permanentemente con nuestro maestro interior. Tened la plena confianza de que cada uno de nosotros lleva en su interior una gran riqueza, aunque no siempre seamos conscientes de ello.

—Esto, no parece muy fácil.

—No digo que lo sea, pero hemos de intentar poco a poco vencer las dificultades, seguros de que hemos sido llamados para ir colaborando en la transformación de la sociedad en la que vivimos, cada uno en su sitio y con las fuerzas que va recibiendo para cada ocasión, por eso nunca dejo de insistir en que el secreto de nuestro poder está en dejar que el maestro interior nos conduzca según sus planes, sin ser nosotros obstáculo, ni pretender ser los protagonistas. Este es el secreto, pues en cuanto queremos dominar la situación con nuestras pobres fuerzas o nuestro corto entender, el fracaso viene seguro.


—Tú lo dices muy convencido ¿verdad?

—Sí que lo estoy. Y si vosotros también creéis firmemente en que esta es vuestra misión y actuáis en consecuencia, poco apoco lo viviréis por dentro y podréis ser sembradores de la semilla de un mundo nuevo. Y para que todo esto tenga su fundamento, vamos a escuchar lo que dice el Libro:


—Así que obremos siempre el bien, para que el mundo crea en nuestro mensaje y se anime a buscar la auténtica felicidad que es el fruto de las buenas obras. Estas son las palabras que he recibido hoy para que os las transmitiera.


—Y ¿qué nos aconsejas?

—Voy a leeros el consejo que el propio Libro nos da:

EN EL SIGLO XXI

¿Cómo percibo yo la presencia del Señor de la Historia en el siglo XXI? Esta novela la escribí durante muchos años de reflexión; poco a poco iba plasmando lo que el Señor me decía, viendo en mi cabeza y en mi corazón hasta los más mínimos detalles, haciendo que sus protagonistas vivan una existencia ideal, según me imaginaba que podía ser el estilo de los seguidores de Jesús del siglo XXI, en un ambiente socioeducativo.

 Es mi manera de entender la presencia del Señor en la Historia.

Andrés ha entendido que su misión es anunciar a sus coetáneos “lo que ha visto y oído” en esos días.

A partir de ahora empieza el relato de lo cotidiano, la respuesta de Andrés a su misión, el vivir día a día para hacer realidad la propuesta de S.H.

Desde entonces, todo su tiempo, toda su vida gira como respuesta a la misión que se le confió. Así lo describe su amigo Juan, el sacerdote del barrio:

—Él fue el primero, luego nos contagió poco a poco a los que le conocíamos o trabajaban cerca de él. Fuimos descubriendo por su convencimiento, que la vida tiene otro sentido más allá del tener, el placer, el poder, el egoísmo… Como supondrás, la personalidad de Andrés, que tan original te resulta, su madurez, su gran riqueza interior, es el resultado de estos años, viviendo entregado a esta causa. No es que a la vuelta de aquellos días de vacaciones ya era lo que es ahora, pero aquel encuentro marcó el principio de un camino. Fue un hacerse poco a poco, un ir calando las experiencias que iba viviendo interiormente, un ir descubriendo cada vez con más lucidez el sentido de su existencia, hasta profundidades insondables, dejándose interpelar por esa voz interior que le conduce hacia el cumplimiento cotidiano de su misión en la vida. Su misión se la marcó aquel encuentro, pero como todo comienzo, poco a poco se ha ido convirtiendo en lo que es hoy. El tiempo y su postura de permanente fidelidad a este ideal, ha ido rotulando su persona. Su sentido existencial tiene una única meta que le da capacidad para impulsar todos los elementos que constituyen su personalidad.
S.H. no modifica la naturaleza, todos somos llamados a cumplir una misión concreta en la vida, pero sólo los que con generosidad se entregan en una fidelidad cotidiana, son los
que pueden alcanzar la satisfacción de su plenitud existencial.
El Señor llama, elige, pero respeta la propia autonomía, somos libres de aceptar su propuesta, no nos presiona ni nos manipula, sencillamente pide nuestra libre colaboración en sus planes de conducir la Historia. Porque sabemos que el mundo y el hombre les pertenecen, que él es EL SEÑOR DEHISTORIA, pero busca quién le ayude libremente. Él mismo ha dispuesto el tener que valerse de nosotros para llevar a cabo su plan, por eso, llama al hombre, lo interpela en sus actitudes, impulsa sus decisiones positivas, le ayuda a tomar una opción, le facilita el camino, pero respeta totalmente su respuesta, porque le quiere libre y responsable absoluto de su futuro, no esclavo. Sólo cuando descubrimos que para Él se nos ha dado la vida, podemos conducirnos hacia nuestra auténtica meta.
La respuesta es sin condiciones. Es una empresa de por vida, que te implica en todas las demás decisiones que vayas tomando a lo largo de tu existencia. Es hacer una opción radical para ser fiel a alguien que te invita a hacer tuya su causa. En esta decisión uno se juega la vida, pero te aseguro, por experiencia personal, que vale la pena.

Creo firmemente que todos somos elegidos para hacer una obra que apunta a eternidad, pero también hemos sido creado con libertad de decisión. Somos responsables de nuestras disposiciones y resoluciones mientras vamos por el camino de la vida, y aunque el trigo y la cizaña coexisten en nuestro interior, he querido, con este relato, ayudaros a optar por lo bueno de la existencia humana.

Ahora quiero invitar a cada uno/a en este momento, a que se pare en seco, y piense en lo esencial, sopese sus acciones cotidianas y analice si este es un momento de cambio de sentido que apunte a otras maneras de organizarse, de trabajar, de relacionarse… de en encontrarse consigo mismo y comenzar nuevas formas de actuar para que su vida tenga el sentido para el que fue concebido/a.  

¿seguimos soñando?

Andrés sigue contando a M95 su extraordinaria experiencia al encontrarse con ‘el misterio’ aquellos días en el que se le reveló su misión

»Una noche que paseaba por el campo después de cenar, gozándome en el placer de la brisa y de la soledad del campo desierto a aquellas horas, me sorprendió, a corta distancia, una luz extraña. Me acerqué a ella, y cuando estaba a un par de metros, la luz se fue agrandando hasta que quedé dentro de ella. Mi reacción primera fue tratar de huir, pero mis pies no respondieron y quedé como pegado al suelo enfrente de un hombre que me extendió su brazo y sin violencia me tomó de la mano y me llevó hacia una puerta que yo no había visto hasta ese momento. La verja se abrió automáticamente en cuanto pisamos el umbral.

»¿Qué hacía yo allí? ¿Por qué no ponía resistencia? ¿Hacia dónde nos dirigíamos? Estaba muy confuso, pero no sentía ninguna inquietud.

»Por fin llegamos a una gran sala inmensamente iluminada

Durante la visión miré que colocaban unos tronos.

Un anciano se sentó. Su vestido era blanco como la nieve;

Su cabellera, como lana limpísima Su trono, llamas de fuego;

Sus ruedas, llamarada; un rio impetuoso brotabas delante de él;

Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes

»Yo no sabía si estaba soñando o despierto. ¡Me parecía todo tan irreal y absurdo! »¿Dónde estaba realmente? ¿Era aquello un sueño o una ilusión? »Seguí mirando. Y en mi visión nocturna vi venir

Una especie de hombre entre las nubes del cielo.

Avanzó hacia el Anciano venerable

y llegó hasta su presencia

»Yo estaba realmente confundido, no podía salir de mi asombro, estas visiones me espantaban. No cesaba de preguntarme si todo aquello estaba sucediendo de verdad.

 »Miré a mi alrededor buscando una explicación, una salida… algo que me sacara del estado en el que me encontraba. Sentía la urgencia de situarme seguro ante este evento que desbordaba mis esquemas mentales.

 »Me sentía agitado por dentro, y me turbaban las visiones de mi fantasía.

»Me acerqué a uno de los que estaban allí en pie y le pedí que me explicase todo aquello. Él me contestó exponiéndome el sentido de la visión: ‘

‘Esto es el fin. Así ha de concluir la historia de tu mundo. Ese que ves delante del Anciano es S.H. –El Señor de la Historia-, el cual es imagen de Él-Ser y su propio Hijo. Para S.H. Él-Ser ha hecho todas las cosas y todo tiene que ir caminando hacia su propio fin, hasta hacerse dignas de ser agradable a sus ojos y a su corazón.

»Yo no entendía nada, -aún no se me había dado el entendimiento espiritual-

»Y oí una voz que decía:

‘¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros?

»Yo sin pensar la respuesta dije:

 ‘Heme aquí. Envíame.

»¿Qué había hecho? ¿Cómo se me había ocurrido responder así? ¿Habían salido de verdad esas palabras de mi boca? ¿Quién me impulsaba a tomar esa decisión tan comprometida ante una llamada que no entendía? ¿Qué sabía yo de todo aquello? ¡Cuántas preguntas en tan poco espacio de tiempo! »¿Poco tiempo?…

»¿Cuánto tiempo había transcurrido en realidad? ¿Cuánto me quedaba aún por estar ante este acontecimiento? ¿Qué iba a suceder a continuación?

»Pues sucedió que se me acercó el propio S.H. y dijo:

‘Abre la boca y come lo que te voy a dar’.

Miré y he aquí que una mano extendía hacia él un libro enrollado.

Lo desenrolló ante mi vista, estaba escrito por dentro y por fuera.

Y me dijo: ‘Come lo que se te ofrece; come este rollo,

y ve luego a hablar a tu gente sobre ello.

Nutre tu vientre y llena tus entrañas de este rollo que te doy’.

Lo comí y fue en mi boca como miel por su dulzura.

»S.H. me explicó una vez que ya había concluido:

Sea que te escuchen o que te rechacen

no les temas, porque yo estoy contigo,

Mi fuerza y mi poder te sostiene en todo momento.

Diles que los que sois míos, estaréis conmigo en mi Reino.

»Yo me daba cuenta de que algo superior a mis propias fuerzas me impulsaba a aceptar todo aquello por encima de mi entendimiento…Y me dejé conquistar. Esto me seducía… y me dejé seducir

»S.H. proseguía:

‘Yo haré de ti como muro invencible,

Combatirán contra ti, pero no te vencerán,

Porque yo estaré contigo para salvarte, para liberarte.

Porque todo colabora para bien de quien me ama,

de aquellos a quien mi Padre ha elegido’.

»Cuando S.H. terminó de decir estas cosas, yo sentí que todo me daba vueltas… ¿Era yo o eran las cosas que se movían a mi alrededor?

»… Silencio… quietud… Paz…

 »El sol estaba alto y yo me encontraba en el mismo lugar en el que había visto aquella luz… ¿Cuándo…? ¿Había sido la noche anterior…? ¿Qué tiempo había realmente transcurrido? ¿Fue un sueño?

»¡Qué disparate! ¡Qué absurdo! ¡Qué inverosímil!

 »Pero algo dentro de mí me decía que aquello había sucedido y no lo podía ignorar.

»¡Era una realidad! Me sabía portador de un mensaje, había sido llamado a realizar una misión bien concreta y exigente. Me quemaba la urgencia de contar a todo el mundo la fuerza de esta experiencia.

»Pero… ¿cómo? … ¿Quién me va a creer?

»Y me decía a mí mismo: Esto hay que madurarlo. No puedo precipitarme. Es demasiado serio como para tomarlo a la ligera. He de darme una respuesta convincente primero a mí mismo, y cuando yo me lo crea de verdad, sabré como transmitirlo. Y con esta inquietud volví a casa. »Pasé todo el día incómodo y me decía:

‘No me acordaré más de él, y no hablaré en su nombre’.

Pero era en mi corazón fuego,

un fuego devorador retenido en mis entrañas.

No podía retenerlo y no podía soportarlo.

»Tenía la impresión de haberme metido en un callejón sin salida.

»¿Quiénes eran todas esas personas que así se habían apoderado de mí? »Sospechaba que me había puesto en contacto con seres superiores que me querían hacer cómplice de un proyecto que estaba por encima de las fuerzas humanas.

 »Por otra parte me veía impulsado a creer que había sido elegido para algo positivo para la humanidad, como mensajero del destino de la Historia.

»Confieso que esto no me disgustaba. Siempre me he sentido atraído por conocer el secreto de la existencia humana. Quizás ya lo llevaba en los genes. El caso es que ahí me encontraba yo aquel día. Con un insondable misterio ante mí. Y una misión que me seducía a la vez que me abrumaba.

»¿Qué partido tomar?

NUEVAS SENSACIONES

Después de unas semanas de convivencia de M95 con esta sociedad tan extraña para su mentalidad, se va peligrosamente adentrando en nuevas percepciones existenciales que llenan de interrogantes su vivir cotidiano. Es consciente del peligro que supone el dejarse arrastrar por estos nuevos conceptos y sensaciones, pero no acaba de tomar una convincente decisión.

He aquí un nuevo diálogo con su compañero

—¡Cómo disfruto escuchándolos! ¡Dicen tantas cosas interesantes! Aunque he de reconocer que aún hay términos que se me escapan.

—Cada cultura tiene su propio léxico y sin duda que la ciencia de esta gente requiere un específico conocimiento que esperemos poco a poco ir captando.

—Es verdad. El modo de pensar de este colectivo humano es nuevo y atrayente para mí, porque esto no lo encuentras en las informaciones teóricas.

—Por supuesto.

—Tengo que confesarte que presiento que algo se mueve en mi interior, que ya no me sé indiferente y lejana a sus conceptos. Empiezo a sospechar que estoy captando el sentido de la importancia de profundizar en el ser por encima de gastar tu tiempo en hacer o disfrutar. Poco a poco me voy metiendo en un nuevo camino existencial que sin duda me conduce hacia regiones nuevas, pero no por eso dejan de ser realidades sorprendentes y enriquecedoras. Tengo la impresión de que esta cultura, a pesar de ser más primitiva, es más rica que la nuestra en lo que respecta al conocimiento de la ser humano y al sentido de su existir.

—Agente M95, ¿te das cuenta de lo que estás diciendo? no me gusta nada tus comentarios. Nuestra postura ante esta realidad se supone que debe ser neutral y veo que cada vez estás más implicada. ¡Te estás metiendo en terreno peligroso! No nos interesa colocarnos en la cuerda floja. Tú sabes muy bien que por este camino podemos caer fácilmente en un delito penal.

—Ya esperaba tu reacción, soy consciente de que me estoy desviando de la misión que nos ha traído, pero confío en tu buena labor de redactor final para salir de esta situación.

—¡Muy amable! Ahora resulta que me tocará a mí sacarte las castañas del fuego.

—Mira, este es mi plan. Cuanto más me meta a fondo en la mente y en el vivir de esta generación, más la comprenderemos y esto nos ayudará a poder calificarla, pero para eso cuento con tu discreción y tu buen hacer.

—Me temo que no te comprendo. Nuestra capacidad cerebral ha sido educada desarrollando unas categorías mentales muy diferentes. ¿Crees que de verdad puedes llegar a entenderles a la profundidad que tú aspiras?

—Por supuesto que no ignoro que nuestra capacidad cognoscitiva funciona en direcciones diferentes a las de estas personas. Pero por esto mismo estoy asombrada de cómo voy captando los nuevos conceptos.

—Aunque así sea, ¡No te entusiasmes ante esta realidad! Bien sabes lo arriesgado que puede ser esta postura.

—Voy a confesarte algo. Al examinar los documentos que he traído desde nuestra sociedad, (que se supone tenía que servirme de base para saberme desenvolver con más o menos soltura entre esta gente), me he dado cuenta de lo incompleta y superficial que es su información e incluso sospecho que es un material manipulado, al menos desde aquí, puedo atreverme a juzgarlo como superfluo y con poco rigor científico. Pero lo que más me preocupa es que en absoluto se ocupa de las raíces que motivan a esta sociedad, y esto es donde pretendo llegar.

—Insisto en que esto no es de nuestra incumbencia. Limítate a hacer tu trabajo y punto.

—Pero ¿cómo vamos a conseguir conocer verdaderamente a esta gente si partimos de una información inepta y no tratamos de enmendarla?

—¿Te han pedido a ti que lo hagas? Ellos sabrán cuáles son sus planes. A nosotros sólo nos toca ceñirnos exclusivamente a la misión que nos solicitaron. Lo demás no es responsabilidad nuestra.

—Tienes razón. Creo que me he entusiasmado ante la novedad. Estoy demasiado fascinada por sus misterios y su visión trascendental de la existencia humana.

—Tú verás cómo sales de esta, pero lo que no puedo consentir es que tengas el atrevimiento de hacerme cómplice de tus desvaríos. Te lo repito, debes de intentar ver las cosas desde un enfoque más neutral.

—De todas formas, creo que podemos enriquecernos con los conocimientos que vamos adquiriendo. Por otra parte, ningún testimonio humano puede ser absolutamente imparcial. Tenemos inteligencia y razonamos. No somos máquinas. Eso me lleva a contar los hechos tal y como pasan por mi capacidad de información. No ignoro a lo que me expongo, es un riesgo, porque quizás no sepan interpretarlo desde mi propia cultura, pero no puedo informar sin pasión alguna, porque sería renunciar a ser persona, y además estoy convencida que es precisamente esto lo que da calor humano a la narración.

UN PROYECTO VITAL

¿Cómo reaccionó Andrés después de aquella experiencia, de aquél encuentro que cuestionaba su existencia? Pues primero de todo buscó consejo y ayuda en alguien que le merecía confianza, seguro de su comprensión y apoyo. Su amigo Juan.

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Así, hoy te invito a leer la conversación que mantuvieron Juan y M95 una tarde de los primeros días de la estancia de esta entre ellos:

—Yo estaba aún terminando mis estudios cuando un día Andrés me habló de sus inquietudes y planes. Yo me entusiasmé con la idea y juntos soñamos en hacer algo interesante. Ya sabes, los ideales de la juventud, que parece que somos los llamados a transformar el mundo. Desde entonces, comencé a frecuentar este barrio aun antes de ordenarme sacerdote. Aquí empecé mi experiencia profesional antes de estar ejerciendo oficialmente. Ya ves, lo que empezó como una idea bonita hoy es una realidad que llena de pleno nuestras vidas.

—¿Has hecho trabajo en otros lugares?

—Sí. Empecé oficialmente trabajando como coadjutor en una parroquia de un pueblecito de la provincia, pero como ya estaba muy cogido por todo esto, en cuanto pude pedí el traslado y ya llevo diez años entre esta buena gente.

—Y entonces. ¿Andrés empezó antes que tú?

—La verdad es que él contó conmigo desde el principio, como amigo y colega siempre nos hemos entendido, aunque físicamente no me encontrara aquí, él me contaba y consultaba todo y yo procuraba hacer alguna que otra escapada para echarle personalmente una mano.

—¿Qué dices tú a mí de Andrés?

—¿A qué te refieres?

—El otro día él me dijo el cambio de su vida por una persona que fue a visitarlo hace unos años. Que se llamaba… ¿Cómo dijo…? …

—¡Ah! ¿Te lo ha contado?

—Sí, pero yo no entender mucho.

—Son muchas las cosas nuevas que una forastera puede encontrar en nuestro vivir. No porque sean raras sino porque vamos siendo capaces de comprometernos en serio, con un construir la Historia desarrollando lo mejor de la humanidad y esto cada vez está resultando más ajeno a la cultura relativista que nos invade. Ayudar a la gente a ser feliz compromete a ir colocándola en su auténtico sitio, sabiéndose aceptada y valorada tal como son. Todo esto, aunque es más humano que su contrario, parece que cuesta mucho descubrirlo, por eso, los que hemos tenido la gracia de darnos cuenta de su valor, tenemos la responsabilidad de comunicarlo a todo el que lo quiera escuchar. Esto es lo que descubrió Andrés y lo que le hizo tomar ese camino. Su proyecto de vida cambió desde aquel encuentro y aunque a veces parece que externamente todo sigue igual, sus motivaciones son otras.

—¿Y qué hacéis Andrés y todas estas personas?

—Él fue el primero, luego nos contagió poco a poco a los que le conocíamos o trabajaban cerca de él. Fuimos descubriendo por su convencimiento, que la vida tiene otro sentido más allá del tener, el placer, el poder, el egoísmo… Como supondrás, la personalidad de Andrés, que tan original te resulta, su madurez, su gran riqueza interior, es el resultado de estos años, viviendo entregado a esta causa. No es que a la vuelta de aquellos días de vacaciones ya era lo que es ahora, pero aquel encuentro marcó el principio de un camino. Fue un hacerse poco a poco, un ir calando las experiencias que iba viviendo interiormente, un ir descubriendo cada vez con más lucidez el sentido de su existencia, hasta profundidades insondables, dejándose interpelar por esa voz interior que le conduce hacia el cumplimiento cotidiano de su misión en la vida.

—¿Y esto le hace el líder de la gente?

—Así es. Su misión se la marcó aquel encuentro, pero como todo comienzo, poco a poco se ha ido convirtiendo en lo que es hoy. El tiempo y su postura de permanente fidelidad a este ideal, ha ido rotulando su persona. Su sentido existencial tiene una única meta que le da capacidad para impulsar todos los elementos que constituyen su personalidad.

—Pero él tiene naturaleza de líder ¿no?

—Mira, S.H. no modifica la naturaleza, todos somos llamados a cumplir una misión concreta en la vida, pero sólo los que con generosidad se entregan en una fidelidad cotidiana, son los que pueden alcanzar la satisfacción de su plenitud existencial.

—Esto me parece mucho difícil y comprometido.

—Así es. La respuesta es sin condiciones. Es una empresa de por vida, que te implica en todas las demás decisiones que vayas tomando a lo largo de tu existencia. Es hacer una opción radical para ser fiel a alguien que te invita a hacer tuya su causa. En esta decisión uno se juega la vida, pero te aseguro, por experiencia personal, que vale la pena. Hace cinco años, Andrés se casó con una joven de las más comprometidas en el proyecto, se llama Sara. Tienen un hijo de cuatro años y una niña de quince meses. Sara trabaja en la biblioteca municipal, situada en el edificio que el Ayuntamiento ha creado como centro cultural del barrio. Supongo que ya lo habrás visitado ¿no?

—Sí, estuve el otro día. Andrés quería conociera a Sara.

—Pues bien, como te iba diciendo, Sara trabaja allí prácticamente desde que se abrió el centro, y Andrés también colabora en el pabellón de “artes y oficios” como instructor de mecánica, esa es su afición, todos los sábados pasa la mañana entre motores y grasa. Además, lleva un seminario permanente de formación sobre “Autoconocimiento e integración social”. Pero ellos se saben con una misión más profunda, comprenden que han sido llamados a colaborar en la construcción de la Historia desde lo cotidiano, según el proyecto del Señor. Se saben implicados juntos en ir proclamando el secreto de la auténtica felicidad de todos los que se cruzan en sus vidas.

—Y, ¿cómo saber Andrés que no es víctima de la manipulación de aquel ser superior?

—Mira, el Señor llama, elige, pero respeta la propia autonomía, somos libres de aceptar su propuesta, no nos presiona ni nos manipula, sencillamente pide nuestra libre colaboración en sus planes de conducir la Historia. Porque sabemos que el mundo y el hombre les pertenecen, que él es EL SEÑOR DE LA HISTORIA, pero busca quién le ayude libremente. Él mismo ha dispuesto el tener que valerse de nosotros para llevar a cabo su plan, por eso, llama al hombre, lo interpela en sus actitudes, impulsa sus decisiones positivas, le ayuda a tomar una opción, le facilita el camino, pero respeta totalmente su respuesta, porque le quiere libre y responsable absoluto de su futuro, no esclavo. Sólo cuando descubrimos que para Él se nos ha dado la vida, podemos conducirnos hacia nuestra auténtica meta.

Juan concluye el perfil de Andrés diciendo:

—Verdaderamente, en estos años Andrés ha ido formando su personalidad. Aquella experiencia espiritual ahondó en los cimientos de su existencia y ha ido madurado profundamente por su relación de amistad con el Señor. Él entro en su vida experimentalmente, compartiendo sus más íntimos sentimientos y motivaciones. Una amistad que va creciendo con los años. Una relación que es inédita en cada individuo y que no es fácil ponerle palabras porque va más allá de lo tangible. Las respuestas vitales de Andrés son dadas desde un estado permanente de su vivir atento ante los intereses y planes que el Señor le va marcando en su jornada cotidiana. Él se sabe amigo y colaborador incondicional por la causa del Señor y como tal actúa siempre.

UNA BUENA NOTICIA

En un momento en el que dos de las potencias mundiales China y Estados Unidos estaban en guerra por ser la mayor economía del mundo, llega un virus que los pone de rodillas y nos manda a todos a un confinamiento obligatorio. El virus no respeta muros, ni entiende de clases sociales afecta a todo el mundo sin preferencias. De repente todo pierde valor y fuerza frente a este enemigo común y nos sitúa desnudos ante nuestra debilidad humana.

Hay gente que se pregunta ¿Dónde está Dios en todo esto? ¿Cómo descubrir su presencia hoy, en la historia presente?

“Vosotros seréis mis testigos”.

A través de nosotros, él quiere actuar. Esta es la buena noticia, que Él está aquí y nos pide que demos testimonio de su presencia. Tenemos que sabernos sus manos, sus pies, su corazón… para que el mundo crea que hoy sigue actuando. Tenemos que ser coherentes con lo que hacemos, poner nuestras capacidades y talento, nuestra imaginación y creatividad, nuestra inteligencia y energía a su servicio, todo esto hecho por amor, pues “solo el Amor es digno de Fe”, sólo así seremos creíbles.

Hoy me atrevo a presentaros la propuesta de Andrés a sus alumnos, quizás a alguien le parezca interesante.

—Busquemos por tanto el reino y su justo crecimiento y todo lo demás hay que saberlo relativizar, colocándolo en el lugar que le corresponde en la escala de valores que constituyen los peldaños para conquistar ese reino. Recordad que hemos de pasar por la historia como elegidos y amados que somos, llamados a ir hacien­do realidad el proyecto de S. H., su Reino, y que no es otro que ir sembrando para que crezca la familia de Dios, porque su reino no es de gobernadores y súbditos sino de una familia donde todos se aman sirviendo y atendiendo las necesidades de los hermanos.

—A mí siempre me llama la atención cuando hablas de que somos elegidos. ¿Acaso no hemos sido llamados, toda la huma­nidad, a ser ciudadanos del reino?

—Por supuesto. Todos somos llamados, pero no todos son conscientes de esta realidad. Y los que hemos tenido la gracia de caer en la cuenta de esta misión no podemos despreciarla o tratar de ignorarla. A eso me refiero al decir que somos elegidos, mejor sería decir que somos conscientes de la elección.

     —Es verdad que no todos responden, pero, así y todo, no me negarás que se necesita mucho coraje y mucha confianza en la ayuda del Señor para no flaquear en los momentos difíciles.

—Así es. Y sólo los que lo intentan con constancia lo con­siguen. Aunque tenéis que ser realistas, porque esto es tarea de toda la vida, y el enemigo es muy astuto y busca los puntos más débiles para atacar, pero tened ánimo, el amor de Dios puede convertir nuestra debilidad en fortaleza y si estamos llenos de estas inquietudes, nuestras palabras y nuestras obras nos han de delatar, pues de la abundancia del corazón habla la boca.

—¡Esto suena a utopía!

—Yo diría más bien a mucha tarea por hacer. Todo esto no pueden ser sólo palabras bonitas, hay que cambiar el corazón para poder aceptar a todos como hermanos y desearles lo mejor. Claro que no es fácil y por supuesto que no se consigue a fuerza de pu­ños. Pues nuestro hombre egoísta, que reina en el interior de cada uno, lucha por situarse en el puesto que tratamos de arrebatarle.

—Entonces, ¿qué nos recomiendas?

—Trabajar dando paso en nosotros al amor que se nos ha dado y que va desarrollando en nuestro ser, una nueva criatura digna de poder derramar ese amor en los demás. Este es el único camino, así conseguiremos poco a poco ganarle las batallas de esta guerra interior a nuestro cruel enemigo. Se trata pues, de ser valientes y colaborar para que triunfe el bien, con las armas de ese hombre nuevo. Armas de paz, gratuidad, comprensión, aco­gida, generosidad… En fin, es un ir creando en nosotros un estilo de vida propio de los discípulos del Señor, y solo desde ahí, el mundo podrá ir caminando por sendas donde no crezca la cizaña del egoísmo y la insolidaridad.

—No sé… Hablas con una firmeza y seguridad, que parece como si para ti todo esto resultara muy fácil.

—¡Por supuesto que no lo es! ¿Qué te crees que a mí no me cuesta?, Llevo ya muchos años en esta empresa y a fuerza de ganar y perder batallas voy conquistando terreno al bien que hay en mí y debilitando mi mal. ¿Cómo? buscando las fuerzas en la oración y en la ayuda de los hermanos. Si conseguimos una co­munidad que se aviva por la oración y la ayuda mutua, sin duda que conseguiremos nuestra meta. No podemos olvidar que todos nos complementamos y es muy sano sabernos necesarios y nece­sitados, formando un todo con los demás.

—¿Y qué pasa cuando no te lo agradecen o te interpretan mal?

—Ya os he dicho en otras ocasiones que esto es gratuito. Quiero decir que no podéis actuar según la reacción del benefi­ciario, esto ni se cobra ni se paga, es otra cosa, no podemos pre­tender alcanzar seguridades externas o buscar un reconocimiento y mucho menos actuar por ganarnos el prestigio de los otros.

—Pero supongo que, si te mueves entre personas sensatas, pronto te sabrán reconocer.

—Puede ser, pero no olvides que la envidia es muy sutil y uno de los enemigos más ocultos del ser humano, incluso entre los que se esfuerzan por ser buenos. Pero, aunque esto suceda, no podemos abandonar. Por eso mi empeño en meteros estos fun­damentos muy dentro, para que no os sorprenda el mal y sepáis como enfrentaros a él.

—¿Cómo?

—Os lo repito, con la fuerza de vuestra vida interior y la ayu­da de un buen consejo fraterno. En cuanto a la relación con los demás, hay que procurar, ir sembrando a nuestro paso gestos de respeto, comprensión, justicia, solidaridad… Que la gente se sienta feliz al compartir con nosotros el esfuerzo cotidiano. Os aseguro que no hay un camino más fácil de ser feliz que empe­ñarse en hacer felices a los que están con nosotros codo a codo.

—Tienes razón. Y yo creo que poco a poco vamos entrando en esta dinámica que nos propones. ¿Verdad?

—Estoy seguro de que así es. Y no olvidéis que el gran éxito lo conseguiremos cuando tratemos de estar junto al que más lo nece­sita, para remediarle, o al menos, para darle el consuelo de compar­tir en compañía solidaria. Os aseguro que no hay mayor dolor que sufrir en solitario, pero todo esto se puede superar en la medida en que aprendáis a vivir desde lo más profundo de vuestro ser. Bueno, dejamos aquí este tema, pues ya es la hora de ir terminando.

Siempre hay algo bueno en el mundo por lo que vales la pena luchar

TIEMPOS NUEVOS

Nuestro mundo se enfrenta a un enemigo común: el COVID-19. Este virus no entiende de nacionalidad ni de etnia, facción o fe. Ataca a todos, sin tregua. (declaración de la ONU)

¿Qué está pasando? ¿A dónde nos puede llevar todo esto? Creo que es hora de sentarnos a reflexionar y pensar en que lo que venga sea tomado como oportunidad para evolucionar, cambiar y transformar nuestra existencia, si realmente queremos.

No podemos dejar pasar esta ocasión para volver a lo anterior. Es verdad que hemo de aceptar que nadie estaba preparado para esta batalla, pero me resisto a creer que es un incidente insignificante, creo mejor que es una buena oportunidad que nos da la vida, para que de esta experiencia busquemos una orientación más humana a muestra existencia.

Te propongo hoy que te sientes un ratito en la salita de doña María, para, junto con M95, valorar la vida de forma más consciente:

Yo no entender por qué aquí todo es bueno. ¿Dónde están las envidias, los intereses personales, el afán de tener, de ser los primeros…? ¿Por qué Uds. distintos? ¿Cuál es el secreto?

—No te creas que esto sale de la noche a la mañana. Son muchos años de esfuerzo para ir poco a poco sembrando hasta recoger el fruto. Te aseguro que nosotros somos personas débi­les y con las mismas malas inclinaciones que cualquier ser hu­mano, también entre nosotros ha habido fraudes, desengaños, fracasos… lo que pasa es que, los que hemos tenido la gracia de llegar hasta aquí, ha sido a fuerza de perseverancia y fidelidad hasta descubrir dónde está la energía y el poder del hombre.

¿Y dónde está?

—Está en potencia en nuestro interior, pero es una pequeña semilla que hay que cultivar con constancia para que crezca ro­busta y fuerte.

¿En el interior de todas personas?

—Si. Es un don que pertenece a todo ser humano, pero no todos tienen la suerte de descubrirlo y disfrutarlo. Nuestra fuerza y poder nos viene de la fidelidad y confianza en la empresa que el Señor nos ha confiado.

¿Qué empresa?

—Esta que nos traemos entre manos. El Señor nos ha llamado a que le ayudemos en ir abriendo caminos en la historia compro­metiéndonos en una luchar por la justicia social, como base de una sociedad feliz. Y si nos sabemos fuertes es porque creemos en nuestra misión y estamos dispuestos a sacrificarlo todo, hasta dar la vida, para que esto tenga éxito. Y en la medida que así lo vivimos, como algo gratuito y sabiéndonos meros instrumentos, consegui­mos avanzar, porque es su fuerza y su energía la que nos impulsa.

Pero… ¿Qué es este, un proyecto espiritual o social?

—Son dos caminos que pueden llevar a la misma meta, pues, en el fondo, la persona no puede consentir que le arranquen de lo más profundo de su ser su dimensión espiritual. Esta verdad in­terior que le conecta con lo sagrado, con el mismo Dios. Aunque no sea consciente de ello, se sabe programada desde este mundo temporal hacia el único Señor de su historia personal, hacia don­de todos nos dirigimos. Es una ley que todos llevamos grabada en nuestra naturaleza humana. Aunque a veces confundimos el camino. Por eso, en la medida en que nos empeñemos en ver las cosas desde una dimensión sólo materialista o simplemente so­cial, prescindiendo de la dimensión espiritual, estamos mutilando a la persona en lo más genuino de su ser.

Bueno, cada uno puede ver su vida desde muy distintas esquinas.

—Así es. Nosotros no nos sabemos los únicos, ni los más acer­tados, no somos más que un puñado de gente, que estamos con­vencidos de que el sentido de la vida es este, por eso nos empeña­mos en ser fieles a esta misión. Tenemos el mandato de colaborar con el Señor en la transformación del mundo y aquí entramos en la dimensión social de nuestra tarea. Esta es nuestra revolución.

¿Revolución? ¿Sois un cuerpo de lucha?

—No te asustes, nuestras armas son de paz y concordia. Cree­mos que al final el Señor será el vencedor, por eso es el Señor de la Historia, pero para ello busca en cada periodo histórico colaboradores que sean los que hagan visible su empeño revolu­cionario, en el sentido de trabajar por el cambio y la transforma­ción humana, que ha de comenzar en el interior de cada persona.

 —Pero… ¿Cómo sabéis tan seguros de que esto lo debéis hacer?

—No te quepa la menor duda. A pesar de nuestra torpeza y miedos, estamos convencidos de que él cuenta con nosotros. Y a medida en que nuestro ser se va convenciendo de nuestra misión como sus instrumentos, nos sentiremos llevados por la corriente de su fuerza. Poco a poco vamos perdiendo el miedo a manchar­nos las manos con el barro del camino y a jugarnos a una sola carta nuestra vida, y porque sabemos que contando con él no tememos el fracaso. Así nuestra existencia se va transformando y, en lo más profundo de nuestro ser, reconocemos el lugar privi­legiado donde experimentamos su presencia.

Esto todo es mucho interesante, pero difícil de vivir.

—Pues ¡claro que lo es! Pero como la meta que el Señor nos marca es superior a nuestras fuerzas, confiamos plenamente en que estos éxitos no son por méritos propios, sino que es el mis­mo Señor el que funciona a través de nuestras personas. Ya te digo, nosotros somos meros instrumentos en las manos del artí­fice que es el que va rotulando la historia con sus colaboradores.

¡Uf! Ese Señor me parece un superhombre.

—¡Por supuesto que no lo es!

Es que me cuesta entender todo esto. ¿Cómo es eso de que vive dentro de vosotros?

—Son términos que sólo se entienden desde la fe. Es meterte en otra dimensión y comprendo que sea esto nuevo para ti. Pero nosotros así lo vivimos y te aseguro que estamos satisfechos de cómo va saliendo.

-Sí, ya lo veo, pero me cuesta entenderlo.

—Él es el que nos impulsa en los actos concretos, en la cons­trucción de una humanidad donde todos colaboremos responsa­blemente formando una gran familia, en donde la persona más débil sea la más protegida y la primera en verse atendida, donde no exista la desidia ni la mendicidad, porque todos tienen sus necesi­dades cubiertas, porque todos se sienten solidarios y generosos… Aquí se palpan los gestos de acogida al más necesitado; los esfuer­zos por construir caminos de paz frente a la violencia y la agresivi­dad; el fomento de la reconciliación y la armonía en las relaciones interpersonales… Son gestos que llevan a facilitar la convivencia cotidiana y que nacen de un auténtico interés por ir cultivando el amor fraterno.

Y ¿todo sale bien?

—Bueno, ya te he dicho que esto no puede salir de la noche a la mañana. Son muchos años sembrando para ver frutos. Para ad­quirir este talante de vida, hemos de poner el centro de nuestros intereses, de nuestras últimas motivaciones, en el proyecto que el Señor tiene para cada ser humano. Es la empresa del Señor y él es el primer interesado en que esto vaya saliendo bien. Como ves es vivir con otras miras, en una dimensión diferente.

Esto lo veo como un sueño bonito, no puede ser verdad.

—Es verdad que es un sueño que queremos ver convertido en realidad, pero a pesar de que muchas veces no somos coherentes y responsables, incluso hemos tenido desertores, desleales, traidores y cobardes que nos han hecho sufrir mucho, hay tantas compensacio­nes con las situaciones que se han visto conquistadas, que vale la pena.

Y ¿todos sois así?

—Puede que quizás lo veas como una utopía, porque entre nosotros también hay problemas, pues no siempre somos capa­ces de ser fieles y los hay que dudan en el momento de tener que dar un paso difícil, o posponen sus intereses personales ante los de los demás, pero lo vivimos con serenidad y comprensión, pues no dejan de ser fallos humanos que no tienen la última pala­bra. Por eso sabemos ver lo cotidiano con esperanza.

Ud. que es una persona de más edad, ¿cree que vale la pena? ¿Tiene esto futuro?

—Para serte sincera te diré que estoy contenta de cómo va sa­liendo este proyecto. Año tras año veo madurar a esta gente y eso me hace crecer en confianza, a pesar de las incoherencias perso­nales. Veo que tiempos mejores están brotando entre nosotros y te lo dice alguien que ha vivido lo suficiente como para poder dar un juicio que sólo los años pueden dar. Es verdad que la sociedad cambia, pero hemos de estar atentos, para dar respuestas nuevas ante las nuevas situaciones.

¿Cuáles son los mayores enemigos?

—Yo te lo resumiría diciendo que es la maldad que hay en el interior del hombre. La ambición, el deseo de poder y dominio, el vivir para acumular riqueza, poder o prestigio. Sobre todo, el egoísmo y la soberbia. Son estos los antivalores que van debili­tando cualquier desarrollo social. Son gestos que ahogan el creci­miento de la buena semilla que hay en todo ser humano.

Y ¿se avanza?

—Por lo menos se intenta. Pero yo te diría confidencialmente que hay muchas personas que han alcanzado una madurez humana increíble. Esto supone el vivir la verdadera dimensión del hombre libre. Libre de todas las presiones sociales que esclavizan, libres para poner todos sus valores, toda su riqueza personal, al servicio de esta sociedad que entre todos queremos ir construyendo. Aun­que para ello se tenga que pasar por renuncias personales.

HOMBRE Y MUJER LOS CREÓ

 Hoy en homenaje al 8 de marzo, quiero compartir contigo unas reflexiones sobre el hecho de ser persona.

No se trata solo del ser hombre o mujer, es el ser humano que se realiza como persona, a imagen de Dios en la unidad de la pareja.

¿Cómo enfocan este tema nuestros personajes?

    —Es evidente que existe lo femenino y lo masculino, creo que somos dos modos de ser persona, dos modos que se complementan pero que no se pueden confundir. Somos complementarios. Nos necesitamos mutuamente y sabemos que juntos formamos un todo.

» Estamos aún inmersos en una sociedad patriarcal, donde la mujer sigue un paso por detrás de los varones, pero ya va siendo hora de que nos pongamos a estudiar el modo y la manera de que esto vaya cambiando»

» Tenemos que ir corrigiendo esos errores ofreciendo a las nuevas generaciones la complementariedad del hombre-mujer, aceptando las dos dimensiones de la persona humana como necesarias para que la sociedad crezca armónicamente»

La experiencia biológica de la maternidad como raíz de lo genuinamente femenino, infundirá a la ciudadanía una gran riqueza en el campo relacional. Esos valores de entrega, acogida, apertura, preocupación por el otro, atención por el más débil, inclinación por la solidaridad, la unión, la aceptación de la singularidad de cada uno… En fin, asumir la dimensión femenina en la sociedades hacer una historia más comprensiva y tolerante, abierta a aceptar la igualdad y la originalidad de cada uno de los individuos que la componemos.

Lo femenino

8 AGOSTO, 2019 MARY CARMEN MURTULA

Todas estas cualidades que aunque se les puede atribuir como femeninas, sabemos que no dejan de ser más que actitudes de lo mejor del ser humano, de ahí que aquí se trate de valorar a la persona, hombre y mujer, como seres indiscutiblemente llamados a colaborar juntos en el avance del Reino. Por eso en este diálogo que a continuación te copio, se habla de la persona adulta que es consciente de su responsabilidad histórica.

—Nosotros somos un grupo de personas que hemos descubierto la misión específica y única que todo ser humano tiene en la vida. Esta consiste en favorecer la actuación del Señor en la Historia; tratar de hacer que sus planes sobre el aquí y ahora se hagan realidad, por eso no podemos excluir a nadie, todo el que descubra su misión de ir construyendo el Reino de S.H. será bienvenido.

¡Esto suena muy interesante!

—Pues sí, sí que lo es. Creemos que cada generación, cada cultura tiene una misión concreta dispuesta por el Señor, para ir colaborando con él en sus planes de ir recapitu­lando todas las cosas hacia la instalación eterna de su Reino. Cada uno tiene que ir descubriendo su papel existencial dentro de ese proyecto divino y entregarse por entero a ser su incondicional instrumento. Por eso nos presentamos como personas adultas que nos comprometemos a vivir el proyecto de S.H. en este presente en el que él nos ha puesto.

—¿Cualquiera persona adulta sirve?

—Por supuesto, la llamada es a cualquier persona en el espa­cio y en el tiempo, pero no todos son capaces de poner su liber­tad al servicio de una causa tan gratuita. Esto es muy exigente y requiere un temple de persona que tiene que estar dispuesta a nadar contra corriente.

¿A nadar…? ¿Cómo?

—Quiero decir que, en muchas ocasiones, pueden surgir di­ficultades ambientales o sociales ante las que es muy difíciles to­mar decisiones o que nos ponen en situaciones muy comprome­tidas incluso de incomprensión y desprestigio y aquí nos jugamos nuestro pacto con el Señor, por eso hay que tener una fortaleza interior que no se adquiere en dos días.

Ya veo.

—Está claro que nuestra misión de ir transformando la sociedad, no puede ser exclusivo de unos po­cos. S.H. llama al hombre para que colabore en su obra de ir desarrollando la Historia en un proceso ascendente hasta que él decida concluir todas las cosas. Cuando la Historia llegue a su fin, quiere encontrarse a los hombres preparados para un final feliz.

Esta es una programa muy ambiciosa ¿no?

—Puede ser, pero sabemos que el final no está a la vuelta de la esquina, nuestra misión es ayudar a las personas que el Se­ñor pone en nuestro camino, a tomar conciencia de su destino y acompañarlas hacia su propia meta.

¿Y cómo sabéis estáis haciendo lo correcto?

—Pues verás. Para que esto sea una realidad contamos con la fuerza del Señor. Él es el que nos enseña todas las cosas y condu­ce todos nuestros pasos. No solemos hacer nada sin consultarle.

¿Consultarle?

—Supongo que es muy difícil de entender para una persona aje­na a nuestra formación, pero nosotros creemos que su espíritu está en nuestro interior, que se comunica con cada uno y nos ayuda.

¿En el interior? ¡Esto cada vez más complicado!

—Vamos a ver si te lo sé explicar con palabras sencillas. Todo ser humano, que es sincero consigo mismo, se sabe pobre e inca­paz de sobrevivir por sí solo. Necesita de los otros.Todos nece­sitamos de todos y todos estamos llamados a ayudar a los demás para ir creciendo en armonía. Pero si te embarcas en una causa espiritual, te das cuenta de que las energías y la fuerza para ser eficaz en esa empresa te ha de venir de otra dimensión, la espiri­tual. Y es allí donde se realizan las auténticas batallas. Existe en nuestro interior un bien y un mal que luchan por ser el dueño de nuestra persona, por conquistar nuestra voluntad, y si optamos por nuestro bien interior, nos encontramos con el Señor como el único que puede ayudarnos a que el bien, que es él, sea el dueño y señor de nuestras decisiones. Bueno y a estos encuentros con él es lo que llamamos oración.

—¡Oh!

—Sí, es en la interiorización, en el encuentro con él en nues­tro interior donde le oímos y percibimos sus planes concretos para cada uno y para la comunidad que se reúne para escucharle. Estos términos nos sitúan exclusivamente ante la experiencia de personas creyentes, porque no se puede llegar a hacer este des­cubrimiento, sino en la medida en que tu mirada está iluminada por la fe.

¡Ahora sí que me encuentro completamente perdida! Yo no en­tiendo ese lenguaje espiritual.

—Es comprensible. Pero nosotros creemos en ello y nos va bien. Esta es la fuerza interior que nos da energía y nos hace in­trépidos y arriesgados. Estos encuentros con él y los hermanos, son los momen­tos más fuertes de la jornada. Nos reunimos para compartir los problemas y las experiencias en clima orante. Nos ayudamos y nos damos ánimo, consejo, estímulo… impulsándonos con nue­vas energías en la empresa que llevamos entre manos.

“Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt.18,20)

Y tú ¿Qué eliges?

Ni somos un ángel ni un demonio. Sencillamente, somos capaces de lo peor y de lo mejor, esa es nuestra naturaleza. Dios nos ha dado la libertad para que elijamos pero también nos da su misericordia cuando nos equivocamos.

Teniendo esto en cuenta, te invito a leer una conversación muy interesante que tiene Andrés en cierta ocasión con los jóvenes y a la que creo merece la pena prestar atención.

—Hemos de intentar poco a poco vencer las dificultades, seguros de que hemos sido llamados para ir colaborando en la transformación de la sociedad en la que vivi­mos, cada uno en su sitio y con las fuerzas que va recibiendo para cada ocasión, por eso nunca dejo de insistir en que el secreto de nuestro poder está en dejar que el maestro interior nos conduzca según sus planes, sin ser nosotros obstáculo, ni pretender ser los protagonistas. Este es el secreto, pues en cuanto queremos do­minar la situación con nuestras pobres fuerzas o nuestro corto entender, el fracaso viene seguro.

—Tú lo dices muy convencido ¿verdad?

—Sí que lo estoy. Y si vosotros también creéis firmemente en que esta es vuestra misión y actuáis en consecuencia, poco a poco lo viviréis por dentro y podréis ser sembradores de la semi­lla de un mundo nuevo.

—¿Tú crees que la gente aprecia nuestro esfuerzo?

—No se trata de que los otros lo aprecien o no. Nuestro ac­tuar no es para ser aplaudido por ellos, sino que nuestra última motivación es vivir intensamente la única vida que vale la pena vivir. Si ellos descubren que esta verdad, no es obra nuestra, sino de aquél que mueve los corazones, pero siempre respeta las de­cisiones del hombre, pues lo hizo con el riesgo de elegir y de poder equivocarse, comprenderán. El secreto está en creer que en cada ser humano el Señor interviene llamándonos en nuestra singularidad y en nuestro ser para el otro, en nuestra autonomía y en nuestra dependencia fraterna. Confiad en que su ayuda nunca os ha de faltar. Os aseguro que vale la pena intentarlo.

—Pero a veces no nos entienden y tenemos dificultades.

—Es verdad. Esto que tú nos propones puede ser más o menos sencillo entre nosotros, pero cuando alguien por ahí se pone terco y se empeña en llevarte la contraria o en ridiculizarte… entonces se te calienta la sangre y ya no es tan fácil guardar las formas.

—¿Y qué Luis? Cuando uno no quiere enfadarse, dos no se pelean. ¿Has olvidado esto?

-—No, pero…

—Mira, los psicólogos aconsejan contar hasta veinte antes de responder, pero para nosotros la solución la encontramos en re­currir a nuestra fuerza interior, al espíritu de paz y reconciliación que habita en lo más sano de nuestro ser. Si es este nuestro re­curso, vendrá a nuestros labios la palabra justa y nuestro ánimo se serenará. Y para que todo esto tenga su fundamento, vamos a escuchar lo que dice el Libro:

—Así que obremos siempre el bien, para que el mundo crea en nuestro mensaje y se anime a buscar la auténtica felicidad que es el fruto de las buenas obras. Estas son las palabras que he re­cibido hoy para que os las transmitiera.

—Y ¿qué nos aconsejas?

—Voy a leeros el consejo que el propio Libro nos da:

“Habéis de proceder de manera digna según la vocación con que habéis sido llamados. Solícitos en mantener la unidad del espíritu con el vínculo de la paz. Tenéis que renovar vuestras mentes a impulsos del espíritu que vive en vuestro interior. Convertíos en persona nueva, según sus planes, creados en justicia, en verdad y en plenitud. Despreciad lo malo y adheríos a lo bueno.  Amaos entrañablemente unos a otros. Rivalizad en aventajaros en el amor. Con nadie tengáis deuda alguna si no es la del mutuo amor. En una palabra: mientras tenemos ocasión, hemos de trabajar por el bien de todos, especialmente por el de los que formamos una misma comunidad.   No dudéis en hacer siempre el bien”

Este es el secreto de Andrés, su fuerza, su seguridad, su firmeza y convencimiento, viene de la energía de su vida interior, alimentada por la escucha de la Palabra.