UNA BUENA NOTICIA

En un momento en el que dos de las potencias mundiales China y Estados Unidos estaban en guerra por ser la mayor economía del mundo, llega un virus que los pone de rodillas y nos manda a todos a un confinamiento obligatorio. El virus no respeta muros, ni entiende de clases sociales afecta a todo el mundo sin preferencias. De repente todo pierde valor y fuerza frente a este enemigo común y nos sitúa desnudos ante nuestra debilidad humana.

Hay gente que se pregunta ¿Dónde está Dios en todo esto? ¿Cómo descubrir su presencia hoy, en la historia presente?

“Vosotros seréis mis testigos”.

A través de nosotros, él quiere actuar. Esta es la buena noticia, que Él está aquí y nos pide que demos testimonio de su presencia. Tenemos que sabernos sus manos, sus pies, su corazón… para que el mundo crea que hoy sigue actuando. Tenemos que ser coherentes con lo que hacemos, poner nuestras capacidades y talento, nuestra imaginación y creatividad, nuestra inteligencia y energía a su servicio, todo esto hecho por amor, pues “solo el Amor es digno de Fe”, sólo así seremos creíbles.

Hoy me atrevo a presentaros la propuesta de Andrés a sus alumnos, quizás a alguien le parezca interesante.

—Busquemos por tanto el reino y su justo crecimiento y todo lo demás hay que saberlo relativizar, colocándolo en el lugar que le corresponde en la escala de valores que constituyen los peldaños para conquistar ese reino. Recordad que hemos de pasar por la historia como elegidos y amados que somos, llamados a ir hacien­do realidad el proyecto de S. H., su Reino, y que no es otro que ir sembrando para que crezca la familia de Dios, porque su reino no es de gobernadores y súbditos sino de una familia donde todos se aman sirviendo y atendiendo las necesidades de los hermanos.

—A mí siempre me llama la atención cuando hablas de que somos elegidos. ¿Acaso no hemos sido llamados, toda la huma­nidad, a ser ciudadanos del reino?

—Por supuesto. Todos somos llamados, pero no todos son conscientes de esta realidad. Y los que hemos tenido la gracia de caer en la cuenta de esta misión no podemos despreciarla o tratar de ignorarla. A eso me refiero al decir que somos elegidos, mejor sería decir que somos conscientes de la elección.

     —Es verdad que no todos responden, pero, así y todo, no me negarás que se necesita mucho coraje y mucha confianza en la ayuda del Señor para no flaquear en los momentos difíciles.

—Así es. Y sólo los que lo intentan con constancia lo con­siguen. Aunque tenéis que ser realistas, porque esto es tarea de toda la vida, y el enemigo es muy astuto y busca los puntos más débiles para atacar, pero tened ánimo, el amor de Dios puede convertir nuestra debilidad en fortaleza y si estamos llenos de estas inquietudes, nuestras palabras y nuestras obras nos han de delatar, pues de la abundancia del corazón habla la boca.

—¡Esto suena a utopía!

—Yo diría más bien a mucha tarea por hacer. Todo esto no pueden ser sólo palabras bonitas, hay que cambiar el corazón para poder aceptar a todos como hermanos y desearles lo mejor. Claro que no es fácil y por supuesto que no se consigue a fuerza de pu­ños. Pues nuestro hombre egoísta, que reina en el interior de cada uno, lucha por situarse en el puesto que tratamos de arrebatarle.

—Entonces, ¿qué nos recomiendas?

—Trabajar dando paso en nosotros al amor que se nos ha dado y que va desarrollando en nuestro ser, una nueva criatura digna de poder derramar ese amor en los demás. Este es el único camino, así conseguiremos poco a poco ganarle las batallas de esta guerra interior a nuestro cruel enemigo. Se trata pues, de ser valientes y colaborar para que triunfe el bien, con las armas de ese hombre nuevo. Armas de paz, gratuidad, comprensión, aco­gida, generosidad… En fin, es un ir creando en nosotros un estilo de vida propio de los discípulos del Señor, y solo desde ahí, el mundo podrá ir caminando por sendas donde no crezca la cizaña del egoísmo y la insolidaridad.

—No sé… Hablas con una firmeza y seguridad, que parece como si para ti todo esto resultara muy fácil.

—¡Por supuesto que no lo es! ¿Qué te crees que a mí no me cuesta?, Llevo ya muchos años en esta empresa y a fuerza de ganar y perder batallas voy conquistando terreno al bien que hay en mí y debilitando mi mal. ¿Cómo? buscando las fuerzas en la oración y en la ayuda de los hermanos. Si conseguimos una co­munidad que se aviva por la oración y la ayuda mutua, sin duda que conseguiremos nuestra meta. No podemos olvidar que todos nos complementamos y es muy sano sabernos necesarios y nece­sitados, formando un todo con los demás.

—¿Y qué pasa cuando no te lo agradecen o te interpretan mal?

—Ya os he dicho en otras ocasiones que esto es gratuito. Quiero decir que no podéis actuar según la reacción del benefi­ciario, esto ni se cobra ni se paga, es otra cosa, no podemos pre­tender alcanzar seguridades externas o buscar un reconocimiento y mucho menos actuar por ganarnos el prestigio de los otros.

—Pero supongo que, si te mueves entre personas sensatas, pronto te sabrán reconocer.

—Puede ser, pero no olvides que la envidia es muy sutil y uno de los enemigos más ocultos del ser humano, incluso entre los que se esfuerzan por ser buenos. Pero, aunque esto suceda, no podemos abandonar. Por eso mi empeño en meteros estos fun­damentos muy dentro, para que no os sorprenda el mal y sepáis como enfrentaros a él.

—¿Cómo?

—Os lo repito, con la fuerza de vuestra vida interior y la ayu­da de un buen consejo fraterno. En cuanto a la relación con los demás, hay que procurar, ir sembrando a nuestro paso gestos de respeto, comprensión, justicia, solidaridad… Que la gente se sienta feliz al compartir con nosotros el esfuerzo cotidiano. Os aseguro que no hay un camino más fácil de ser feliz que empe­ñarse en hacer felices a los que están con nosotros codo a codo.

—Tienes razón. Y yo creo que poco a poco vamos entrando en esta dinámica que nos propones. ¿Verdad?

—Estoy seguro de que así es. Y no olvidéis que el gran éxito lo conseguiremos cuando tratemos de estar junto al que más lo nece­sita, para remediarle, o al menos, para darle el consuelo de compar­tir en compañía solidaria. Os aseguro que no hay mayor dolor que sufrir en solitario, pero todo esto se puede superar en la medida en que aprendáis a vivir desde lo más profundo de vuestro ser. Bueno, dejamos aquí este tema, pues ya es la hora de ir terminando.

Siempre hay algo bueno en el mundo por lo que vales la pena luchar

TIEMPOS NUEVOS

Nuestro mundo se enfrenta a un enemigo común: el COVID-19. Este virus no entiende de nacionalidad ni de etnia, facción o fe. Ataca a todos, sin tregua. (declaración de la ONU)

¿Qué está pasando? ¿A dónde nos puede llevar todo esto? Creo que es hora de sentarnos a reflexionar y pensar en que lo que venga sea tomado como oportunidad para evolucionar, cambiar y transformar nuestra existencia, si realmente queremos.

No podemos dejar pasar esta ocasión para volver a lo anterior. Es verdad que hemo de aceptar que nadie estaba preparado para esta batalla, pero me resisto a creer que es un incidente insignificante, creo mejor que es una buena oportunidad que nos da la vida, para que de esta experiencia busquemos una orientación más humana a muestra existencia.

Te propongo hoy que te sientes un ratito en la salita de doña María, para, junto con M95, valorar la vida de forma más consciente:

Yo no entender por qué aquí todo es bueno. ¿Dónde están las envidias, los intereses personales, el afán de tener, de ser los primeros…? ¿Por qué Uds. distintos? ¿Cuál es el secreto?

—No te creas que esto sale de la noche a la mañana. Son muchos años de esfuerzo para ir poco a poco sembrando hasta recoger el fruto. Te aseguro que nosotros somos personas débi­les y con las mismas malas inclinaciones que cualquier ser hu­mano, también entre nosotros ha habido fraudes, desengaños, fracasos… lo que pasa es que, los que hemos tenido la gracia de llegar hasta aquí, ha sido a fuerza de perseverancia y fidelidad hasta descubrir dónde está la energía y el poder del hombre.

¿Y dónde está?

—Está en potencia en nuestro interior, pero es una pequeña semilla que hay que cultivar con constancia para que crezca ro­busta y fuerte.

¿En el interior de todas personas?

—Si. Es un don que pertenece a todo ser humano, pero no todos tienen la suerte de descubrirlo y disfrutarlo. Nuestra fuerza y poder nos viene de la fidelidad y confianza en la empresa que el Señor nos ha confiado.

¿Qué empresa?

—Esta que nos traemos entre manos. El Señor nos ha llamado a que le ayudemos en ir abriendo caminos en la historia compro­metiéndonos en una luchar por la justicia social, como base de una sociedad feliz. Y si nos sabemos fuertes es porque creemos en nuestra misión y estamos dispuestos a sacrificarlo todo, hasta dar la vida, para que esto tenga éxito. Y en la medida que así lo vivimos, como algo gratuito y sabiéndonos meros instrumentos, consegui­mos avanzar, porque es su fuerza y su energía la que nos impulsa.

Pero… ¿Qué es este, un proyecto espiritual o social?

—Son dos caminos que pueden llevar a la misma meta, pues, en el fondo, la persona no puede consentir que le arranquen de lo más profundo de su ser su dimensión espiritual. Esta verdad in­terior que le conecta con lo sagrado, con el mismo Dios. Aunque no sea consciente de ello, se sabe programada desde este mundo temporal hacia el único Señor de su historia personal, hacia don­de todos nos dirigimos. Es una ley que todos llevamos grabada en nuestra naturaleza humana. Aunque a veces confundimos el camino. Por eso, en la medida en que nos empeñemos en ver las cosas desde una dimensión sólo materialista o simplemente so­cial, prescindiendo de la dimensión espiritual, estamos mutilando a la persona en lo más genuino de su ser.

Bueno, cada uno puede ver su vida desde muy distintas esquinas.

—Así es. Nosotros no nos sabemos los únicos, ni los más acer­tados, no somos más que un puñado de gente, que estamos con­vencidos de que el sentido de la vida es este, por eso nos empeña­mos en ser fieles a esta misión. Tenemos el mandato de colaborar con el Señor en la transformación del mundo y aquí entramos en la dimensión social de nuestra tarea. Esta es nuestra revolución.

¿Revolución? ¿Sois un cuerpo de lucha?

—No te asustes, nuestras armas son de paz y concordia. Cree­mos que al final el Señor será el vencedor, por eso es el Señor de la Historia, pero para ello busca en cada periodo histórico colaboradores que sean los que hagan visible su empeño revolu­cionario, en el sentido de trabajar por el cambio y la transforma­ción humana, que ha de comenzar en el interior de cada persona.

 —Pero… ¿Cómo sabéis tan seguros de que esto lo debéis hacer?

—No te quepa la menor duda. A pesar de nuestra torpeza y miedos, estamos convencidos de que él cuenta con nosotros. Y a medida en que nuestro ser se va convenciendo de nuestra misión como sus instrumentos, nos sentiremos llevados por la corriente de su fuerza. Poco a poco vamos perdiendo el miedo a manchar­nos las manos con el barro del camino y a jugarnos a una sola carta nuestra vida, y porque sabemos que contando con él no tememos el fracaso. Así nuestra existencia se va transformando y, en lo más profundo de nuestro ser, reconocemos el lugar privi­legiado donde experimentamos su presencia.

Esto todo es mucho interesante, pero difícil de vivir.

—Pues ¡claro que lo es! Pero como la meta que el Señor nos marca es superior a nuestras fuerzas, confiamos plenamente en que estos éxitos no son por méritos propios, sino que es el mis­mo Señor el que funciona a través de nuestras personas. Ya te digo, nosotros somos meros instrumentos en las manos del artí­fice que es el que va rotulando la historia con sus colaboradores.

¡Uf! Ese Señor me parece un superhombre.

—¡Por supuesto que no lo es!

Es que me cuesta entender todo esto. ¿Cómo es eso de que vive dentro de vosotros?

—Son términos que sólo se entienden desde la fe. Es meterte en otra dimensión y comprendo que sea esto nuevo para ti. Pero nosotros así lo vivimos y te aseguro que estamos satisfechos de cómo va saliendo.

-Sí, ya lo veo, pero me cuesta entenderlo.

—Él es el que nos impulsa en los actos concretos, en la cons­trucción de una humanidad donde todos colaboremos responsa­blemente formando una gran familia, en donde la persona más débil sea la más protegida y la primera en verse atendida, donde no exista la desidia ni la mendicidad, porque todos tienen sus necesi­dades cubiertas, porque todos se sienten solidarios y generosos… Aquí se palpan los gestos de acogida al más necesitado; los esfuer­zos por construir caminos de paz frente a la violencia y la agresivi­dad; el fomento de la reconciliación y la armonía en las relaciones interpersonales… Son gestos que llevan a facilitar la convivencia cotidiana y que nacen de un auténtico interés por ir cultivando el amor fraterno.

Y ¿todo sale bien?

—Bueno, ya te he dicho que esto no puede salir de la noche a la mañana. Son muchos años sembrando para ver frutos. Para ad­quirir este talante de vida, hemos de poner el centro de nuestros intereses, de nuestras últimas motivaciones, en el proyecto que el Señor tiene para cada ser humano. Es la empresa del Señor y él es el primer interesado en que esto vaya saliendo bien. Como ves es vivir con otras miras, en una dimensión diferente.

Esto lo veo como un sueño bonito, no puede ser verdad.

—Es verdad que es un sueño que queremos ver convertido en realidad, pero a pesar de que muchas veces no somos coherentes y responsables, incluso hemos tenido desertores, desleales, traidores y cobardes que nos han hecho sufrir mucho, hay tantas compensacio­nes con las situaciones que se han visto conquistadas, que vale la pena.

Y ¿todos sois así?

—Puede que quizás lo veas como una utopía, porque entre nosotros también hay problemas, pues no siempre somos capa­ces de ser fieles y los hay que dudan en el momento de tener que dar un paso difícil, o posponen sus intereses personales ante los de los demás, pero lo vivimos con serenidad y comprensión, pues no dejan de ser fallos humanos que no tienen la última pala­bra. Por eso sabemos ver lo cotidiano con esperanza.

Ud. que es una persona de más edad, ¿cree que vale la pena? ¿Tiene esto futuro?

—Para serte sincera te diré que estoy contenta de cómo va sa­liendo este proyecto. Año tras año veo madurar a esta gente y eso me hace crecer en confianza, a pesar de las incoherencias perso­nales. Veo que tiempos mejores están brotando entre nosotros y te lo dice alguien que ha vivido lo suficiente como para poder dar un juicio que sólo los años pueden dar. Es verdad que la sociedad cambia, pero hemos de estar atentos, para dar respuestas nuevas ante las nuevas situaciones.

¿Cuáles son los mayores enemigos?

—Yo te lo resumiría diciendo que es la maldad que hay en el interior del hombre. La ambición, el deseo de poder y dominio, el vivir para acumular riqueza, poder o prestigio. Sobre todo, el egoísmo y la soberbia. Son estos los antivalores que van debili­tando cualquier desarrollo social. Son gestos que ahogan el creci­miento de la buena semilla que hay en todo ser humano.

Y ¿se avanza?

—Por lo menos se intenta. Pero yo te diría confidencialmente que hay muchas personas que han alcanzado una madurez humana increíble. Esto supone el vivir la verdadera dimensión del hombre libre. Libre de todas las presiones sociales que esclavizan, libres para poner todos sus valores, toda su riqueza personal, al servicio de esta sociedad que entre todos queremos ir construyendo. Aun­que para ello se tenga que pasar por renuncias personales.

HOMBRE Y MUJER LOS CREÓ

 Hoy en homenaje al 8 de marzo, quiero compartir contigo unas reflexiones sobre el hecho de ser persona.

No se trata solo del ser hombre o mujer, es el ser humano que se realiza como persona, a imagen de Dios en la unidad de la pareja.

¿Cómo enfocan este tema nuestros personajes?

    —Es evidente que existe lo femenino y lo masculino, creo que somos dos modos de ser persona, dos modos que se complementan pero que no se pueden confundir. Somos complementarios. Nos necesitamos mutuamente y sabemos que juntos formamos un todo.

» Estamos aún inmersos en una sociedad patriarcal, donde la mujer sigue un paso por detrás de los varones, pero ya va siendo hora de que nos pongamos a estudiar el modo y la manera de que esto vaya cambiando»

» Tenemos que ir corrigiendo esos errores ofreciendo a las nuevas generaciones la complementariedad del hombre-mujer, aceptando las dos dimensiones de la persona humana como necesarias para que la sociedad crezca armónicamente»

La experiencia biológica de la maternidad como raíz de lo genuinamente femenino, infundirá a la ciudadanía una gran riqueza en el campo relacional. Esos valores de entrega, acogida, apertura, preocupación por el otro, atención por el más débil, inclinación por la solidaridad, la unión, la aceptación de la singularidad de cada uno… En fin, asumir la dimensión femenina en la sociedades hacer una historia más comprensiva y tolerante, abierta a aceptar la igualdad y la originalidad de cada uno de los individuos que la componemos.

Lo femenino

8 AGOSTO, 2019 MARY CARMEN MURTULA

Todas estas cualidades que aunque se les puede atribuir como femeninas, sabemos que no dejan de ser más que actitudes de lo mejor del ser humano, de ahí que aquí se trate de valorar a la persona, hombre y mujer, como seres indiscutiblemente llamados a colaborar juntos en el avance del Reino. Por eso en este diálogo que a continuación te copio, se habla de la persona adulta que es consciente de su responsabilidad histórica.

—Nosotros somos un grupo de personas que hemos descubierto la misión específica y única que todo ser humano tiene en la vida. Esta consiste en favorecer la actuación del Señor en la Historia; tratar de hacer que sus planes sobre el aquí y ahora se hagan realidad, por eso no podemos excluir a nadie, todo el que descubra su misión de ir construyendo el Reino de S.H. será bienvenido.

¡Esto suena muy interesante!

—Pues sí, sí que lo es. Creemos que cada generación, cada cultura tiene una misión concreta dispuesta por el Señor, para ir colaborando con él en sus planes de ir recapitu­lando todas las cosas hacia la instalación eterna de su Reino. Cada uno tiene que ir descubriendo su papel existencial dentro de ese proyecto divino y entregarse por entero a ser su incondicional instrumento. Por eso nos presentamos como personas adultas que nos comprometemos a vivir el proyecto de S.H. en este presente en el que él nos ha puesto.

—¿Cualquiera persona adulta sirve?

—Por supuesto, la llamada es a cualquier persona en el espa­cio y en el tiempo, pero no todos son capaces de poner su liber­tad al servicio de una causa tan gratuita. Esto es muy exigente y requiere un temple de persona que tiene que estar dispuesta a nadar contra corriente.

¿A nadar…? ¿Cómo?

—Quiero decir que, en muchas ocasiones, pueden surgir di­ficultades ambientales o sociales ante las que es muy difíciles to­mar decisiones o que nos ponen en situaciones muy comprome­tidas incluso de incomprensión y desprestigio y aquí nos jugamos nuestro pacto con el Señor, por eso hay que tener una fortaleza interior que no se adquiere en dos días.

Ya veo.

—Está claro que nuestra misión de ir transformando la sociedad, no puede ser exclusivo de unos po­cos. S.H. llama al hombre para que colabore en su obra de ir desarrollando la Historia en un proceso ascendente hasta que él decida concluir todas las cosas. Cuando la Historia llegue a su fin, quiere encontrarse a los hombres preparados para un final feliz.

Esta es una programa muy ambiciosa ¿no?

—Puede ser, pero sabemos que el final no está a la vuelta de la esquina, nuestra misión es ayudar a las personas que el Se­ñor pone en nuestro camino, a tomar conciencia de su destino y acompañarlas hacia su propia meta.

¿Y cómo sabéis estáis haciendo lo correcto?

—Pues verás. Para que esto sea una realidad contamos con la fuerza del Señor. Él es el que nos enseña todas las cosas y condu­ce todos nuestros pasos. No solemos hacer nada sin consultarle.

¿Consultarle?

—Supongo que es muy difícil de entender para una persona aje­na a nuestra formación, pero nosotros creemos que su espíritu está en nuestro interior, que se comunica con cada uno y nos ayuda.

¿En el interior? ¡Esto cada vez más complicado!

—Vamos a ver si te lo sé explicar con palabras sencillas. Todo ser humano, que es sincero consigo mismo, se sabe pobre e inca­paz de sobrevivir por sí solo. Necesita de los otros.Todos nece­sitamos de todos y todos estamos llamados a ayudar a los demás para ir creciendo en armonía. Pero si te embarcas en una causa espiritual, te das cuenta de que las energías y la fuerza para ser eficaz en esa empresa te ha de venir de otra dimensión, la espiri­tual. Y es allí donde se realizan las auténticas batallas. Existe en nuestro interior un bien y un mal que luchan por ser el dueño de nuestra persona, por conquistar nuestra voluntad, y si optamos por nuestro bien interior, nos encontramos con el Señor como el único que puede ayudarnos a que el bien, que es él, sea el dueño y señor de nuestras decisiones. Bueno y a estos encuentros con él es lo que llamamos oración.

—¡Oh!

—Sí, es en la interiorización, en el encuentro con él en nues­tro interior donde le oímos y percibimos sus planes concretos para cada uno y para la comunidad que se reúne para escucharle. Estos términos nos sitúan exclusivamente ante la experiencia de personas creyentes, porque no se puede llegar a hacer este des­cubrimiento, sino en la medida en que tu mirada está iluminada por la fe.

¡Ahora sí que me encuentro completamente perdida! Yo no en­tiendo ese lenguaje espiritual.

—Es comprensible. Pero nosotros creemos en ello y nos va bien. Esta es la fuerza interior que nos da energía y nos hace in­trépidos y arriesgados. Estos encuentros con él y los hermanos, son los momen­tos más fuertes de la jornada. Nos reunimos para compartir los problemas y las experiencias en clima orante. Nos ayudamos y nos damos ánimo, consejo, estímulo… impulsándonos con nue­vas energías en la empresa que llevamos entre manos.

“Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt.18,20)

Y tú ¿Qué eliges?

Ni somos un ángel ni un demonio. Sencillamente, somos capaces de lo peor y de lo mejor, esa es nuestra naturaleza. Dios nos ha dado la libertad para que elijamos pero también nos da su misericordia cuando nos equivocamos.

Teniendo esto en cuenta, te invito a leer una conversación muy interesante que tiene Andrés en cierta ocasión con los jóvenes y a la que creo merece la pena prestar atención.

—Hemos de intentar poco a poco vencer las dificultades, seguros de que hemos sido llamados para ir colaborando en la transformación de la sociedad en la que vivi­mos, cada uno en su sitio y con las fuerzas que va recibiendo para cada ocasión, por eso nunca dejo de insistir en que el secreto de nuestro poder está en dejar que el maestro interior nos conduzca según sus planes, sin ser nosotros obstáculo, ni pretender ser los protagonistas. Este es el secreto, pues en cuanto queremos do­minar la situación con nuestras pobres fuerzas o nuestro corto entender, el fracaso viene seguro.

—Tú lo dices muy convencido ¿verdad?

—Sí que lo estoy. Y si vosotros también creéis firmemente en que esta es vuestra misión y actuáis en consecuencia, poco a poco lo viviréis por dentro y podréis ser sembradores de la semi­lla de un mundo nuevo.

—¿Tú crees que la gente aprecia nuestro esfuerzo?

—No se trata de que los otros lo aprecien o no. Nuestro ac­tuar no es para ser aplaudido por ellos, sino que nuestra última motivación es vivir intensamente la única vida que vale la pena vivir. Si ellos descubren que esta verdad, no es obra nuestra, sino de aquél que mueve los corazones, pero siempre respeta las de­cisiones del hombre, pues lo hizo con el riesgo de elegir y de poder equivocarse, comprenderán. El secreto está en creer que en cada ser humano el Señor interviene llamándonos en nuestra singularidad y en nuestro ser para el otro, en nuestra autonomía y en nuestra dependencia fraterna. Confiad en que su ayuda nunca os ha de faltar. Os aseguro que vale la pena intentarlo.

—Pero a veces no nos entienden y tenemos dificultades.

—Es verdad. Esto que tú nos propones puede ser más o menos sencillo entre nosotros, pero cuando alguien por ahí se pone terco y se empeña en llevarte la contraria o en ridiculizarte… entonces se te calienta la sangre y ya no es tan fácil guardar las formas.

—¿Y qué Luis? Cuando uno no quiere enfadarse, dos no se pelean. ¿Has olvidado esto?

-—No, pero…

—Mira, los psicólogos aconsejan contar hasta veinte antes de responder, pero para nosotros la solución la encontramos en re­currir a nuestra fuerza interior, al espíritu de paz y reconciliación que habita en lo más sano de nuestro ser. Si es este nuestro re­curso, vendrá a nuestros labios la palabra justa y nuestro ánimo se serenará. Y para que todo esto tenga su fundamento, vamos a escuchar lo que dice el Libro:

—Así que obremos siempre el bien, para que el mundo crea en nuestro mensaje y se anime a buscar la auténtica felicidad que es el fruto de las buenas obras. Estas son las palabras que he re­cibido hoy para que os las transmitiera.

—Y ¿qué nos aconsejas?

—Voy a leeros el consejo que el propio Libro nos da:

“Habéis de proceder de manera digna según la vocación con que habéis sido llamados. Solícitos en mantener la unidad del espíritu con el vínculo de la paz. Tenéis que renovar vuestras mentes a impulsos del espíritu que vive en vuestro interior. Convertíos en persona nueva, según sus planes, creados en justicia, en verdad y en plenitud. Despreciad lo malo y adheríos a lo bueno.  Amaos entrañablemente unos a otros. Rivalizad en aventajaros en el amor. Con nadie tengáis deuda alguna si no es la del mutuo amor. En una palabra: mientras tenemos ocasión, hemos de trabajar por el bien de todos, especialmente por el de los que formamos una misma comunidad.   No dudéis en hacer siempre el bien”

Este es el secreto de Andrés, su fuerza, su seguridad, su firmeza y convencimiento, viene de la energía de su vida interior, alimentada por la escucha de la Palabra.

ASÍ EMPEZÓ TODO

Nuestra fe no se fundamenta en unos conocimientos o unos conceptos filosóficos, sino en el convencimiento de que existimos porque Dios nos ama y Jesucristo nos ha redimido, haciéndonos capaces de poder corresponder al amor incondicional de Dios.

La clave está en creer que en cada ser humano el Señor interviene amándonos en nuestra singularidad, en nuestra autonomía y en nuestra dependencia fraterna.

Este es el secreto que encierra el vivir cotidiano de este colectivo humano donde se desarrolla toda la trama de la novela.

Andrés un día se encontró con el Señor y le descubrió como eje de su existencia, haciéndole desde entonces Señor de su historia personal. Él vive para ser fiel a su misión existencial y ayudar a sus conciudadanos a descubrir esta verdad. Y aunque hace unos meses te lo presenté, hoy voy a completar la información con los comentarios que M95 va recogiendo en sus primeros contactos con sus coetáneos.

Andrés es uno de los profesores de Ciencias Sociales del colegio donde trabajo.

Según los datos que he ido recogiendo de aquí y allá, es un hombre inquieto, inconformista, entregado a su profesión hasta tal punto que tuvo que contar con este compromiso a la hora de plantearse el formar una familia. Es un idealista y como tal, parece que el mundo le necesita para ir rectificando los errores de la historia.

Lleva 18 años ejerciendo su profesión y de ellos doce en este Centro. En varias ocasiones se le ha propuesto para llevar la dirección pedagógica de secundaria, pero a lo más que ha aceptado es a ser jefe de departamento. Al parecer, su interés se centra en colaborar, más que en presidir, prefiere apoyar y ayudar al que dirige, que tener el impedimento que provoca la aceptación de sumisión de los de abajo. Parece ser que su objetivo es im­pulsar la formación humana-social de las nuevas generaciones.

Andrés es para algunos un idealista utópico, un soñador, un hom­bre que se crea obligaciones extras más allá de lo que le toca. Pero para otros es alguien genial, un tipo estupendo, inquieto y coherente, compro­metido con lo que cree, capaz de ponerse al lado del más débil, del que se puede fácilmente marginar, sin medir consecuencias personales. Los chicos no me lo saben definir, pero se encuentran bien con él. Es exigen­te, pero es un amigo sincero y reconocen que siempre trata de ayudarles.

—Es de los que saben escuchar y te ayuda a tomar tus propias decisiones —me comentan.

Son muchos los que le buscan por su autoridad moral.

Marta, la hija de mi casera, me ha completado esta semblanza, mientras tomábamos café esta tarde en su casa:

—Andrés está completamente dedicado a su vocación de edu­cador social. Para él es vital su compromiso personal en favor de ir colaborando a impulsar el desarrollo integral de cada persona. Está convencido de que el futuro será según el empeño colectivo de los educadores del presente. Es un hombre lleno de coraje y esperanza, y está sinceramente preocupado por la sociedad que ofrecemos a las nuevas generaciones. Él cree en lo bueno del hombre. Sabe que lo más humano es el bien que hay en cada uno y trata de descubrirlo e impulsarlo. Para él este es el sentido existencial de toda persona.

» Su meta es el formar una futura sociedad de adultos compro­metidos con su misión histórica, la concreta en la educación de los jóvenes, despertando en ellos su propio interés por ir cons­truyendo un mundo mejor y para todos. Procura ayudarles en su participación comprometida con el presente, de una manera creativa, crítica y constructiva, empeñándolos en procurar un fu­turo mejor, buscando lo permanente. Les hace tomar conciencia de los signos culturales del hoy para tratar de ir apoyando y cons­truyendo todo lo positivo de la humanidad en el vivir de cada día.

» Para él es fácil conectar con el mundo afectivo del otro, por­que se acerca amándolo, y se le descubre enseguida el interés por su interlocutor. Con su actitud de escucha y acogida, los jóvenes se sienten cómodos, saben que tiene real interés por cada uno. Esto indiscutiblemente les ayuda a crecer estimulados al saberse valorados y aceptados como son.

» Es de esas personas que siempre está abierta y disponible para escucharte y ayudarte a buscar juntos la solución a tus propias in­quietudes. Esta postura ante los que se acercan a él, jóvenes o adul­tos, le ha llevado a ser uno de los líderes de nuestro barrio

¿Y qué hacéis Andrés y todas estas personas? Pregunté en otra ocasión a Juan

—Él fue el primero, luego nos contagió poco a poco a los que le conocíamos o trabajaban cerca de él. Fuimos descubriendo por su convencimiento, que la vida tiene otro sentido más allá del tener, el placer, el poder, el egoísmo… Como supondrás, la personalidad de Andrés, que tan original te resulta, su madurez, su gran riqueza interior, es el resultado de estos años, viviendo entregado a esta causa. No es que a la vuelta de aquellos días de vacaciones ya era lo que es ahora, pero aquel encuentro marcó el principio de un camino. Fue un hacerse poco a poco, un ir calando las experiencias que iba viviendo interiormente, un ir descubriendo cada vez con más lucidez el sentido de su existen­cia, hasta profundidades insondables, dejándose interpelar por esa voz interior que le conduce hacia el cumplimiento cotidiano de su misión en la vida.

¿Y esto le hace el líder de la gente?

—Así es. Su misión se la marcó aquel encuentro, pero como todo comienzo, poco a poco se ha ido convirtiendo en lo que es hoy. El tiempo y su postura de permanente fidelidad a este ideal, ha ido rotulando su persona. Su sentido existencial tiene una úni­ca meta que le da capacidad para impulsar todos los elementos que constituyen su personalidad.

Juan terminó su información diciéndome:

—Verdaderamente, en estos años Andrés ha ido formando su personalidad. Aquella experiencia espiritual ahondó en los cimientos de su existencia y ha ido madurado profundamente por su relación de amistad con el Señor. Él entro en su vida ex­perimentalmente, compartiendo sus más íntimos sentimientos y motivaciones. Una amistad que va creciendo con los años. Una relación que es inédita en cada individuo y que no es fácil ponerle palabras porque va más allá de lo tangible. Las respuestas vitales de Andrés son dadas desde un estado permanente de su vivir atento ante los intereses y planes que el Señor le va marcando en su jornada cotidiana. Él se sabe amigo y colaborador incondicio­nal por la causa del Señor y como tal actúa siempre.

El día que descubrimos el sentido profundo de nuestra existencia y nos lanzamos a ser protagonista de esa hermosa aventura, reconoceremos que nuestras vidas están impulsadas por la fuerza del Espíritu Santo, y aunque éste a veces nos lleve a hacer cosas que no se entiende mucho, sabremos que son necesarias para hacer brotar aquí y ahora el Reino de Dios. Para que él sea el Señor de la Historia.

EL REINO

A estas alturas M95 sigue despistadísima, sin entender el paradigma existencial de estas personas, por eso sus comentarios pueden sorprenderte, pero yo creo que tú lector, ya habrás deducido, que la vida íntima de estas personas se mueve por una causa espiritual, cuyo objetivo es el mismo que el de Jesús de Nazaret, el anunciar la presencia del Reino.

Pero ¿qué es eso del Reino de Dios?Le pregunta M95 a Juan

—El reino que el Señor nos propone, es de orden espiritual, crece en el interior de la persona, se va desarrollando en la me­dida que va rompiendo muros y barreras que destruyen la fra­ternidad. Se trata de dejar atrás los prejuicios y las costumbres cimentadas en ideas de superioridad, separatismo y desigualdad, dominio y afán de poder, de tener, de ser más que los que nos rodean para ir construyendo el reino de la fraternidad, de la fa­milia de Dios. Hay que empezar por construir en nuestro propio interior un talante nuevo de unidad fraternal, de tolerancia con la diferencia, de solidaridad con las necesidades de todos los que la vida les ha dado menos que a mí. Hay que ir creando unos nue­vos esquemas mentales, donde se admiten a todos, no solo como útiles y necesarios sino como amados por sí mismo por el mero hecho de pertenecer a la familia de la humanidad.

Ese Reino ya está presente en el mundo, y está desarrollándose de manera misteriosa. Como la semilla pequeña, que puede llegar a convertirse en un gran árbol. Como el puñado de levadura, que fermenta una gran masa. Como el trigo que crece en medio de la cizaña, también mientras dormimos, sin que lo advirtamos. Por eso puede sorprendernos gratamente, y mostrar cómo nuestra cooperación con la gracia siempre produce fruto en el mundo.

—¿Y veis algún éxito? —Sigue preguntando la agente M95

—Por supuesto. Pero no busques resultados espectaculares. El reino de este Señor es como la sal y la levadura que son ne­cesarias en un buen guiso, pero no se perciben a simple vista. Hay señales inconfundibles y prometedoras en la sencillez de la existencia cotidiana. Señales ocultas y perseverantes de muchos hombres y mujeres anónimos que, sin ruido, están sembrando estos valores, que sin duda son semillas de nuevas relaciones hu­manas. ¿No te parece un programa muy interesante?

—Sí, parece bonito, pero… ¡es todo tan novedoso…!

—Sin duda. Pero de cómo sepamos hoy aprovechar esta fuer­za transformadora, ayudaremos a ir construyendo el futuro de las próximas generaciones.

Por eso dice Andrés a sus discípulos:

—Decíamos que el Reino está dentro de nosotros. Todos lle­vamos esa semilla en nuestro interior, pero hay que poner los medios para que se vaya desarrollando. Hay quienes no tienen interés por estas cosas y de esto se aprovecha el enemigo, para robarle o ahogar la buena simiente de su corazón. Hay otros que empiezan con ilusión y entusiasmo, pero son cobardes y en cuan­to aparece la dificultad abandonan. Los hay que les parece inte­resante el cultivar esta hermosa vida interior, pero las ambiciones mundanas del poder, la riqueza, los honores y placeres de este mundo, les pueden y renuncian a lo más importante, por esas otras luces engañosas y superficiales. Por fin hay también gente con coraje, que desarrollan lo mejor de su existencia.

—A veces es una tarea costosa.

—Por supuesto que exige renunciar a muchas cosas, a muchos ídolos que atan nuestro corazón, por eso hay tantos que abando­nan. Pues en el fondo es cuestión de generosidad, de compren­der el valor del amor desinteresado y gratuito, pero nunca se nos impondrá, es una decisión libre y voluntaria. Pero el Señor no se deja ganar en generosidad, y cuando ve nuestro interés y nuestro esfuerzo, se pone de nuestra parte.

—Aunque al oírte no lo parece, la verdad es que en realidad no es tan sencillo. ¿Cómo hacer para que todas nuestras inquie­tudes y nuestros deseos estén enfocados hacia los intereses del Señor exclusivamente?

—Ya os lo he dicho, con paciencia y perseverancia. Poniendo nuestra confianza en el espíritu del Señor que nos guía y nos da fuerza. Se trata de romper con todo de una vez, y optar con deter­minación a caminar en lo sucesivo, hacia esta meta. Pero esto no se hace de una por todas. Hay que intentarlo cada día, empeñarnos en cada nueva situación por la causa que nos convoca. Levantán­donos en las caídas y no hundirnos ante el fracaso. Poco a poco se va adquiriendo más conciencia de ello y se crea en nuestro interior unos hábitos que favorecen el actuar cada vez con menos tensión y más confianza en la fuerza de su espíritu que nos habita.

—A mí a veces me da la sensación de que estamos viviendo contra corriente, pues nuestra sociedad te bombardea constante­mente con otros valores y sólo aquí me encuentro seguro.

—De acuerdo, pero recuerda lo del tesoro escondido. Cuando uno lo encuentra y es capaz de medir su valor, nada ni nadie se le pone como obstáculo para poder conseguirlo. Aunque a los ojos de los demás sea una locura, él vende cuanto posee, se desprende de todo, olvida cuanto tiene con tal de conseguir lo que para él es algo que vale la pena aun al precio de perderlo todo. Si esto es lo que da sentido a tu vida, vale la pena arriesgarte y dejar todo lo demás. ¿No te parece?

—Sí. Yo estoy de acuerdo contigo, pero ¿por qué somos tan pocos?

—Este es uno de los grandes misterios de la condición hu­mana. Pero a nosotros se nos pide el proclamar esta verdad, qui­zás si fuéramos más responsables de anunciar y vivir lo que he­mos descubierto, más personas se convencerían de esta realidad, puesto que todos somos llamados al Reino.

—Sí, pienso que hemos de ser más audaces y no acobardar­nos al primer desplante.

—No lo dudes, si has captado esta buena noticia, no puedes ya seguir viviendo como antes, porque has descubierto la única verdad que merece ser seguida. Este es tu tesoro que tienes que ir conquistando y anunciando.

 —Esto supone una gran responsabilidad.

—Por supuesto. Pero el día que te convenzas de que es el mis­mo espíritu del Señor el que va moldeando tu corazón y haciendo crecer tu semilla interior, te será todo más fácil.

 —Tienes razón

—Estoy seguro de ello. Las primicias del Reino se están manifestando en esta nueva sociedad que entre todos queremos construir. Una sociedad que responda al proyecto que el Señor tiene sobre la humanidad. Una humanidad solidaria y fraterna. Una sociedad donde todos ten­gamos un sitio digno, donde todos nos sepamos personas acep­tadas tal como somos, con nuestras luces y sombras, pero con perseverancia y con confianza, a la vez que nos sabemos con el compromiso de colaborar por la felicidad de los otros.

 “El reino de Dios está en medio de vosotros”

El Reino de Dios tiene un camino y ese camino es Jesús. El encuentro con su persona, su palabra y su vida, nos descubre el Reino. Él quiere ser el Señor de la Historia, vivir en medio de nuestra historia personal y solamente desde Él comprenderemos lo que es verdaderamente el Reino de Dios.

QUIEN ES SARA

Hace cinco años, Andrés se casó con una joven de las más comprometidas en el proyecto, se llama Sara. Tienen un hijo de cuatro años y una niña de quince meses. Sara trabaja en la biblioteca municipal, situada en el edificio que el Ayuntamiento ha creado como centro cultural del barrio. Sara trabaja allí práctica­mente desde que se abrió el centro, y Andrés también colabora en el pabellón de “artes y oficios” como instructor de mecánica, esa es su afición, todos los sábados pasa la mañana entre motores y grasa. Además, lleva un seminario permanente de formación sobre “Autoconocimiento e integración social”. Pero ellos se sa­ben con una misión más profunda, comprenden que han sido llamados a colaborar en la construcción de la Historia desde lo cotidiano, según el proyecto del Señor. Se saben implicados jun­tos en ir proclamando el secreto de la auténtica felicidad de todos los que se cruzan en sus vidas.

Te voy a presentar una de sus facetas más íntimas a través de una conversación que tuvo con M95


¿Sois muy exigentes en la selección de los candidatos?

—Verás, para llegar a hacer oficialmente el compromiso, se requiere haber estado un tiempo entre no­sotros conociéndonos y demostrando ser persona idónea. Esto quiere decir que debe estar dispuesta a renunciar a la vida egoísta y vacía que promueve la sociedad actual. Desde ese momento, su vida estará al servicio de las necesidades de los que se le acer­que, compartiendo su tiempo y todos sus bienes, tanto materiales como intelectuales y espirituales. En fin, ha de colocar su vida privada en segundo plano, para vivir exclusivamente por implan­tar la fraternidad en el mundo como único camino para la paz, la justicia y la felicidad de todos.

Esto lo veo muy exigente, ¿ya no cuentas en la vida personal?

—Yo no diría que nos privamos de la vida personal, sino que nos percatamos de que la vida tiene otro sentido al que hemos de ser fieles y coherentes, desde el momento en el que somos cons­cientes de ello. Todo es posible cuando pones el corazón en lo que te parece trascendente y todo lo demás lo consideras secundario.

    » Yo no me puedo quejar de que me falte una relación íntima y reservada con mi fa­milia. Esto es otra cosa. Hay entre nosotros espacios sagrados de una intimidad personal como ley elemental de todo ser humano, y nunca pretendemos violar ningún valor natural, lo que no po­demos es retirarnos egoístamente cuando alguien nos necesita. Cualquier persona es sagrada para mí y si está en juego su estabilidad per­sonal, yo he de saber renunciar incluso a mi derecho de intimidad si llegara el caso. Pero es una exigencia personal que a nadie se le puede obligar desde fuera. Sólo tú lo mides y tomas la decisión. Tu vida, tu tiempo libre, tus espacios… tú, sólo tú eres libre y responsable para tomar decisiones ante la entrega a la misión a la que te sabes llamada.

    » En muchas ocasiones, pueden surgir di­ficultades ambientales o sociales ante las que es muy difíciles to­mar decisiones o que nos ponen en situaciones muy comprome­tidas incluso de incomprensión y desprestigio y aquí nos jugamos nuestro pacto con el Señor, por eso hay que tener una fortaleza interior que no se adquiere en dos días.

Esta es una programa muy ambiciosa ¿no?

—Puede ser, pero sabemos que el final no está a la vuelta de la esquina, nuestra misión es ayudar a las personas que el Se­ñor pone en nuestro camino, a tomar conciencia de su destino y acompañarlas hacia su propia meta.

¿Y cómo sabéis estáis haciendo lo correcto?

—Pues verás. Para que esto sea una realidad contamos con la fuerza del Señor. Él es el que nos enseña todas las cosas y condu­ce todos nuestros pasos. No solemos hacer nada sin consultarle.

¿Consultarle?

 —Supongo que es muy difícil de entender para una persona aje­na a nuestra formación, pero nosotros creemos que su espíritu está en nuestro interior, que se comunica con cada uno y nos ayuda.

¿En el interior? ¡Esto cada vez más complicado!

—Bueno a estos encuentros con él es lo que llamamos oración.

    » Sí, es en la interiorización, en el encuentro con él en nues­tro interior donde le oímos y percibimos sus planes concretos para cada uno y para la comunidad que se reúne para escucharle. Estos términos nos sitúan exclusivamente ante la experiencia de personas creyentes, porque no se puede llegar a hacer este des­cubrimiento, sino en la medida en que tu mirada está iluminada por la fe.

¡Ahora sí que me encuentro completamente perdida! Yo no en­tiendo ese lenguaje espiritual.

—Es comprensible. Pero nosotros creemos en ello y nos va bien. Esta es la fuerza interior que nos da energía y nos hace in­trépidos y arriesgados.

     » Estos encuentros con él y los hermanos, son los momen­tos más fuertes de la jornada. Nos reunimos para compartir los problemas y las experiencias en clima orante. Nos ayudamos y nos damos ánimo, consejo, estímulo… impulsándonos con nue­vas energías en la empresa que llevamos entre manos.

    » Es como acercarse a la fuente con los labios secos y salir reconfortada, saciada por esa agua espiritual que brota del ma­nantial interior de cada uno de los hermanos.

    » Ahora bien, esta riqueza interior, que tan gratuitamente se nos da, sabemos que tenemos la misión de comunicarla, de com­partir con todo el que llama a nuestra puerta, para confirmarles que el Señor está presente en el corazón de todos los hombres y en el centro de todo acontecimiento. Por eso nuestra vida ha de ser el reflejo de esta interiorización.

“Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis”

¿Quién es Juan?

Veamos el comentario que hace de él M95:

Otro personaje que interesa tener en cuenta, por su influencia en este contorno, es el sacerdote.

Yo tenía alguna idea sobre esta figura ya legendaria en nuestra cultura, pero me temo que mi información no corresponde a las vivencias de estas gentes. En mis estudios aprendí que el sacerdote era una persona segregada, solitaria y autoritaria. Un cacique espiritual que mantenía su poder atemorizando a la gente con amenazas de una vida eterna en medio de tremendos tormentos y calamidades si no cumplían. Se creía poseedor absoluto de la verdad y por ello actuaba con una autosuficiencia que más que convencer inspiraba un temor reverente. Engañaba a sus súbditos con supuestos poderes mágicos prometiéndoles la inmortalidad y la felicidad eterna si le eran fieles, manteniéndole económicamente y sirviéndole sin condiciones, sometiéndolos de una manera abusiva, servil y dictatorial.

Pero no me encaja toda esta información con la personalidad de Juan.

Es íntimo amigo de Andrés, y juntos comparten el liderazgo de este colectivo social. Es un hombre que se ha ganado el cariño de todos y tiene entre ellos una autoridad moral que nadie discute, pero parece ser que no es en absoluto ni impositivo ni dominante, sino todo lo contrario, convence por su entrega y coherencia de vida.

Ahora examinemos cómo Juan se define a sí mismo:

—Un día empecé a creer en la capacidad positiva que había en mí mismo y decidí dedicarme a desarrollarla evitando todo lo negativo que también vi en mí. Empecé reflexionando en un orden nuevo, en una humanidad donde el bien de cada uno venciera al mal que la naturaleza, por sí imperfecta, ha colocado en nuestro interior.

 » Vi más allá de una existencia tangible, algo que no se puede apoyar en lo evidente, en lo demostrable, pero que existe y se manifiesta en lo mejor de cada uno de nosotros.

   » Y COMENCÉ a surcar nuevos senderos donde dar a mi existencia otro sentido más interesante que el hecho de vivir sólo para tener, dominar o simplemente para disfrutar de una forma vacía.

Y es que Juan sabe que es una respuesta al amor de Dios que le eligió para ser su testigo fiel.

Jn15:16 No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca.

Desde ahí, él ha aprendido a mirar su vida con los ojos del corazón, reconociéndose habitado por el Espíritu que conduce toda su existencia cotidiana, y nunca toma una decisión sin preguntarse cómo actuar, para ir colaborando en la construcción de la Historia según los planes del Señor.