Las primeras impresiones

Hoy te voy a comentar los primeros informes de M95 a su compañero el agente V71

Esto acontece durante la primera semana de estancia en esa ciudad a comienzos del siglo XXI y mi interés se centra en comunicarte las primeras impresiones de M95 ante la novedad que le rodea

Agente V71. ¿Me captas? Aquí agente M95. Llamando…. Lla­mando… Conexión con la base. Agente M95… llamando…

Sí, aquí agente V71 al habla. ¡Por fin! Te oigo perfectamente. Me tenías preocupado. Estaba impaciente por tu tardanza en comunicarte. ¿Ha habido algún contratiempo?

No, en absoluto. Ocurre que esta gente es tan hospitalaria que no he podido liberarme hasta ahora. Mi casera y su hija se empeñaron en que tenía que cenar con ellas. Pero todo ha ido muy bien. Como planeamos ha sido todo un éxito el cuento de mi procedencia. Se extrañaron al no ver una cara japonesa, pero, según lo pensado, es el mejor resorte para presentarme tan ajena a esta cultura; a pesar de mi preparación, es mejor así que dármelas de saberlo todo y cometer un fallo del que me sería más difícil salir airosa. ¡Ha sido el primer éxito! Cuando me presente igno­rante y preguntona no sospecharán, verán en mí a una forastera curiosa e interesada por conocerlos y hacerse así más cercana a la gente del lugar.

Me alegro de que todo empiece bien. ¿Tienes todo bajo control?

Por ahora sí. Ya estoy casi instalada. El piso es pequeño pero cómodo. Lo mejor es la amplia terraza desde donde se domina la ma­ravilla de un mar extenso. Todos los pisos de este bloque disfrutan de esta espléndida vista en el salón y en la habitación contigua, que por supuesto es donde he colocado todo el equipo de trabajo. Ahora mismo, la combinación de la luna, el mar y la suave brisa de una noche de finales de agosto, tienen un embrujo que me fascina. Es una sensación nueva que me sugiere un futuro prometedor.

Bueno, bueno. Cuéntame lo que has hecho en estas horas sin filosofar y cuáles son tus planes próximos.

¡Oh, sí, claro! … A lo que íbamos. Como te decía, mi primer contacto con esta gente ha sido la velada de esta noche con mi casera y su hija. Al parecer esta es enfermera y tenía turno de noche en el hospital, lo que ha sido para mí un buen pretexto para poder despedirme, pues sospechaba tu inquietud esperando saber de mí. Eso es todo, les hablé del cuento de mi nacionalidad japonesa de padres americanos y de mis planes de querer tra­bajar en el colegio para tener unas entradas con las que poder mantenerme económicamente durante mi estancia entre ellos. Y eso ha sido todo. Ma­ñana, cuando vuelva de la entrevista con el director del colegio te contaré.

Ya te he comentado en otra ocasión este primer contacto con el director. Hoy me interesa la reacción de M95 ante tantas nuevas sensaciones

Ya he pasado la primera prueba y, aunque sé que es peligroso hacerse precipitadamente ilusiones, te cuento que el recibimiento ha sido muy posi­tivo; parece ser que les he causado buena impresión de algo me tiene que servir tanto tiempo de entrenamiento para poder entrar con facilidad en la psicología de estas gentes, Me cuesta creer que no seré admitida.

»El colegio está situado a unos metros de mi vivienda. Le llaman “La siembra” porque su filosofía desde un principio es el de ir inculcan­do en los alumnos la semilla de la educación y la cultura. Es un centro muy amplio, con una capacidad para 4.000 alumnos desde preescolar hasta preuniversitario. Está dividido en varias secciones por bloques de edificios, separados por jardines, campos de deportes y espacios de juegos para los distintos niveles educativos. Las dependencias administrativas y las diferentes oficinas directivas están situadas en primer plano, en­frente de las aulas de los más pequeños.

» Después de la entrevista personal con el director, donde comenta­mos mi currículum, hicimos una visita rápida por todo aquel complejo educativo, junto con otros candidatos a diferentes puestos de trabajo, pero como comprenderás de este primer vistazo poco puedo decirte. Sí que traté de mostrarles mi interés por conocer la sección de informática, dotada de veinte ordenadores y un sólo terminal, todo ello muy primi­tivo, como esperábamos.

» Mañana tengo la prueba de aptitud pedagógica. Presentaré mi plan de los tres niveles y trabajaré con un grupo de alumnos del segun­do curso. Me ha dicho el director que haga un sondeo del nivel de co­nocimientos y a la vista de los resultados presente el plan de la primera semana escolar. Espero salir airosa de todo ello, gracias al material teó­rico y práctico que preparamos anteriormente. Unos cuantos ejercicios de iniciación de lo más simple, creo que será lo adecuado. Confío en que no los hayamos juzgado erróneamente.

   » Con todo esto me temo que voy a estar muy entretenida durante toda la semana. Ya te tendré al tanto, pero si no hay ninguna novedad extra, no me comunicaré contigo hasta el jueves por la noche, hacia esta misma hora. Pues ese día me dirán si me admiten en el Centro como profesora adjunta de informática.

He sido admitida para impartir las clases a los alumnos de secun­daria, en total 12 horas semanales. Además, me han ofrecido la posibili­dad de participar en el centro cultural del barrio. Es un club de tiempo libre donde los adultos ofrecen sus conocimientos gratuitamente, para complementar la cultura de personas de diferentes edades, según sus intere­ses. En el colegio tendré que someterme a los programas oficiales, pero allí podré actuar con más libertad para ampliar los conocimientos de los que quieran innovaciones. Como lo que saben aquí es muy rudimentario, estoy segura de que cualquier propuesta mía será acogida con interés.

» Cuando me dieron el programa de enseñanza para prepararme a esta situación, comprobé que algunas teorías ya están superadas en nues­tra cultura, pero sé que no puedo modificar el proceso histórico, sino que debo ir siguiendo su ritmo, aunque conozca las soluciones, no soy yo la que tenga que darlas. Cierto que no puedo cometer errores que levanten sospechas, pues el ser mujer en esta civilización, puede traerme problemas ante la supuesta ventaja intelectual y técnica de cualquiera de mis colegas masculinos. Su natural machismo, no consentiría que me situase por en­cima de ellos y estarán pendientes de encontrarme con algún fallo, por eso he de ir con mucho tiento para ganármelos sin desairarlos, aunque en este campo de tecnología, por mucho que sepan, no pueden competir conmigo.

» Mañana tenemos claustro de profesores. Parece ser que éste primero siempre resulta algo magno y un poco informal pues se trata de que nos conozcamos todos y presentarnos los nuevos. Tengo entendido que somos 150 más el equipo directivo de los diferentes niveles educativos. Así que ten­dremos un primer encuentro de presentaciones, de normas generales y un in­forme sobre las novedades de principio de curso, luego nos separaremos por niveles y ya la cosa será más seria. En mi departamento somos veintitrés.

» El director de nuestra sección ha dado un discursito pedagógico recordando la filosofía del centro que resumo para que no resulte de­masiada teoría.

» Según él, y con ello digo lo que me ha parecido más novedoso, el mé­todo más importante, y que es el fondo de la línea pedagógica del centro, es convencer al alumno de que está completamente de acuerdo con la educación y la disciplina que se le imparte. Lo que llaman los psicólogos la autodeterminación. Escoger con libertad y con personal determina­ción la autoridad del profesor. Hemos de enseñar sin usar la fuerza, apelando a su curiosidad por conocer nuevas cosas y por satisfacer sus necesidades, así como despertar en los alumnos el interés por el mundo que le rodea. Estas actitudes marcarán, según ellos, el principio de una progresiva educación pues son las raíces de un buen desarrollo humano.

(Transmito textualmente un fragmento)

“Nuestro proyecto pedagógico sólo tendrá éxito si el profesor está convencido de ello y tiene un control pleno de la situación. Sabemos que la disciplina de la persona ha de venir de dentro, de una determinación personal, y como el niño no tiene su voluntad formada, ahí es donde interviene el profesor, que tiene que haber adquirido por su parte ese dominio personal, para poder transmitir a sus alumnos la semilla de su propia experiencia. Ya sé que es mucho pedir para los nuevos, pero todos habéis leído el reglamento y en teoría aceptáis esta filosofía del centro. Uno de nuestros principios es el hacer agradable la autoridad de los profe­sores a los ojos de los alumnos, y esto lo conseguiremos si ellos están convencidos de nuestro amor y entrega, si cada uno se siente amado y respetado en su persona, si se sa­ben siempre alentados y apoyados por sus profesores, no les costará seguir sus propuestas. Que le demos confianza y certeza para que nos obedezcan seguros de que esto es lo que más les conviene para satisfacer sus necesidades e intereses. Nuestra autoridad moral ha de ser tal, que nun­ca se sienta el alumno forzado por nosotros a hacer lo que le pedimos que haga. Si les persuadimos diciendo que es­tamos convencidos de que ellos quieren hacer lo que les presentamos, si les mostramos nuestra desilusión por fa­llarnos, si nos sentimos apenados al sufrir una decepción ante nuestras expectaciones respecto a sus respuestas, el resultado puede ser más eficaz que cualquier castigo. No significa esto que la autoridad desaparece o que pierde su fuerza, sino que hemos cambiado de método y en vez de forzar, sólo nos interesamos por persuadir y sugerir lo que nos interesa que el alumno acepte libremente porque par­timos de la premisa de que siempre obramos según su pro­vecho y conveniencia y esto ellos lo detectan si lo hacemos de corazón. Que se convenzan de que cuanto se le ofrece es digno de aceptarlo porque es lo mejor para su bienestar. Como aquello de que al niño se le da una medicina que le gusta porque se la presenta envuelta en agradable caramelo dulce. Ya sé que esto es un riesgo porque puede sonar a manipulación de la voluntad del alumno, pero como parti­mos de que sólo y exclusivamente actuamos movidos por el auténtico amor que les profesamos, no cabe el proceder de otro modo, pues sólo queremos actuar por su propio bien”