La esperanza del cambio (3)

Terminemos este capítulo tocando dos temas: la globalización y la conversación que, a raíz de todo esto, tuvieron M95 y su compañero el agente V71

—Una última pregunta. ¿Qué piensas de la globalización?

—Bueno, este es un tema muy complejo, con consecuencias éticas muy importantes, pues la actividad económica no puede dejar de considerar el bienestar de toda la humanidad, por lo que se trata de buscar nuevos caminos para llegar a un desarrollo justo y sostenible, especialmente a favor de los países menos favorecidos. No se puede hablar de grandes avances en este campo cuando se siguen muriendo gente en muchos lugares del planeta por falta de alimento y atención sanitaria. Por eso yo soy partidario de la creación de organizaciones internacionales de control y guía, para que orienten la economía hacia el bien de todos los pueblos.

—¿Tú crees que la globalización es solo al campo económico?

—No, aún más, pienso que toda acción colectiva, del campo que sea, tiene que ponerse en favor de todas las personas del planeta. Cualquiera que sea el sistema, la organización social o económica ha de favorecer efectivamente la justicia y la solidaridad en favor de cualquier ser humano.

—¿Tú piensas que es la globalización para un mundo mejor?

—Todo depende de la orientación que los implicados quieran darle. El incremento de la producción, la difusión de las nuevas tecnologías, las buenas relaciones comerciales y culturales a nivel planetario, las buenas intenciones de favorecer la paz y la solidaridad entre los países, la fuerza con que se trata de aplicar los derechos humanos… son rasgos positivos que sin duda ayudan a construir una historia más humanizadora.

—¿Y ves algo negativo?

—Pues si, también hay el peligro de que se creen organizaciones mercantilistas donde se marque más las diferencias económicas entre los países, la forzada e injusta competencia, organizaciones internacionales en manos de intereses particulares, grandes poderes que configuren monopolios. Por otra parte, existe el peligro de uniformar los modelos culturales anulando las autonomías nacionales, el surgir de redes globales de terrorismo, droga, explotación de las emigraciones…

—Ya veo que es muy grande y complicado el campo de actuar.

 —Así es. Pero no soy de esos que atribuye a la globalización todos los males del mundo, pues ya se van viendo resultados positivos que hay que ir fomentando y motivando para que crezcan. Necesitamos pasar por encima de posiciones simplistas y enfocar nuestra atención sobre lo positivo que nos puede aportar este nuevo signo histórico. Creo que puede tener éxito cuando todos disfruten de sus beneficios.

—Todo esto es un programa de muy compromiso.

—Si, pero en lo que respecta al modo de enfocar nuestra responsabilidad social es mucho más profundo, porque sabemos que se nos ha dado este mandato de construir la historia presente con las actuales herramientas. Y si somos coherentes hemos de estar dispuestos a sacrificarlo todo, hasta la vida, para ser fieles a nuestra misión existencial.

M95 se está haciendo muchas preguntas que van más allá de lo tangible y sensible. Más allá de lo evidente y temporal. Le interpela el vivir de este colectivo humano y reclama respuestas. ¿Llegará a descubrir el sentido último de la historia? Por de pronto, aquí le dejamos hecha un mar de interrogantes.

—Entre unos y otros, nos van ayudando a ir comprendiendo esta realidad. Al parecer actúan en los diferentes campos de la sociedad cultural, política y económica.

—Si, vamos conociendo y valorando las características de este contexto sociocultural, los fenómenos de influencia filosófica que motivan sus comportamientos. Su presencia en las diferentes estructuras cívicas es muy comprometida, procurando ser siempre portavoz de los derechos de todos los ciudadanos. Pero ya sé que su última motivación es el compromiso que han adquirido al saberse implicados en la empresa de ese misterioso S. H., al que llaman el Señor y que según ellos tiene un plan que dicen va más allá de la Historia.

—Todo esto suena extraño y fantasioso.

—¡Si pudiera ponerme directamente en contacto con él! ¡Tengo tantas preguntas aún sin respuestas!

—¿Por ejemplo?

—Pues… por ejemplo ¿cuál es el verdadero sentido de la historia de la humanidad?

—¡Qué pregunta más transcendente!

 —¡No te burles!

—Ten cuidado con tus impulsos, no te entusiasmes con tanta vehemencia. Recuerda que las grandes ideologías religiosas no colmaron las expectativas de sus creyentes, más bien les llevó al fanatismo y a la guerra en nombre de su dios. ¡Cuántas guerras santas han llenado la tierra de sangre y la historia de odio!

—Es cierto, pero parece ser que aquí no es el caso

—Bueno, algo habrá que no nos convenza.

—Puede ser, pero creo que hemos descubierto algo que no nos puede cegar ante una verdad que parece tenemos olvidada.

 —¿A qué te refieres?

 

—Pues a que la vida no se puede reducir sólo a las cosas que captamos a simple vista. Ahora veo que esto no es la única realidad, hay algo más allá. Pero si somos todos de la misma naturaleza ¿por qué nos comportamos con unas respuestas tan distintas? ¡Aquí falla algo! ¿Quién está en lo cierto? ¿Cuál es el camino correcto? ¿Acaso hemos de recuperar los criterios existenciales de esta gente y que parece que nuestra civilización ha perdido?

—M95, te lo repito no te metas a filosofa, no es tu cometido.

—Pero creo que todos tenemos derecho a descubrir la verdad. Esta es una aventura que implica no sólo a la inteligencia y a las emociones, sino que requiere una escucha interior que nos hace trascender, que nos lleva más allá de los meros instintos y sensaciones por los que hasta ahora hemos funcionado. Entiendo que hemos sido educados en un nivel muy superficial que nos lleva a tomar decisiones muy poco comprometidas existencialmente, pensamientos débiles, meras opiniones, simples datos… Creo que hemos de dar el salto a otra dimensión olvidada, la dimensión del espíritu

 —¡Sí…? Bueno… ¿y qué?

—Pues que ya no puedo conformarme con meras opiniones que nos hacen esclavos de la manipulación arbitraria de los más fuertes. Necesito respuestas más inapreciables, más profundas.

—Me parece que lo único que vas a conseguir es complicarnos la vida a los dos. Tú por tanto discurrir y yo por consentírtelo.

—Bueno, todo esto bien puede ser el precio de la conquista de nuestra libertad ¿no?

 —No sé, es un riesgo muy grande que no me atrevo a asumir. Es verdad que yo tampoco me he planteado estas cosas hasta ahora. Quizás nunca se me había presentado la ocasión, pero se nos está complicando la vida con tanta novedad sobre el sentido de la existencia humana, con opiniones tan distintas a lo que estamos habituados a escuchar. Sinceramente, no quiero meterme en este juego.

—Pues yo sigo teniendo muchas preguntas: ¿Qué puede haber de cierto en una utópica eternidad? ¿Es posible que esta no sea la única vida que vamos a vivir? ¿Cuál es el fin de nuestra existencia? ¿Tenemos un futuro más allá de la muerte o (como se nos dice) somos puro producto genético con una finalidad meramente física?

—Todo esto suena inquietante, pero te insisto en que es muy peligroso buscar respuestas.

—Sinceramente, me siento aturdida ante la exigencia de replantearme el significado de mi propia existencia humana. ¿Por qué existo realmente? ¿Qué sentido tiene mi vida? ¿Para qué he nacido?

—¡Quieres dejarlo ya!

—¡No puedo! ¡Se me ha metido en mis propias entrañas! Al menos déjame que te lo verbalice.

—Tú verás lo que haces, ya te digo que no quiero verme implicado en tu locura.

—Llámalo como quieras, pero recuerda que esta gente afirma que la existencia actual es un recorrer un largo camino hasta la puerta que nos separa de la auténtica vida, que se nos promete eterna y feliz desde que cruzamos definitivamente el umbral del más allá, después de la muerte.

—Mira, si esto fuera cierto, ya la humanidad con tantos siglos de pensamiento tendría menos respeto a la llegada de esa hora, ¿quién ha vuelto del otro lado de esa puerta que se supone es la muerte, para tener esa certeza?

 —¡Otra pregunta para hacer! Pero sólo sé que esta es la primera vez en mi vida en la que me he parado a reflexionar sobre esa posibilidad. A medida en que me voy metiendo en esta sociedad me veo impulsada más y más a confrontar mis últimas razones existenciales.

HACIENDO BALANCE

Ya ha pasado el primer trimestre, estamos en vísperas de las vacaciones de invierno, y siguiendo los interrogantes de la semana pasada, M95 continúa su  introspección ante las experiencias vividas estos meses entre estas personas tan originales.

 Calculando que estamos a la mitad de la primera etapa marcada en el proyecto, voy a dedicar un espacio a hacer una reflexión sobre los acontecimientos vividos durante mi estancia en esta sociedad. Veo que mi relato se ha ido desarrollando como pinceladas que dan pistas de lo que ha acontecido y he intuido a lo largo de estos meses. Todo ello va siendo un mosaico, aún incompleto, de escuetos relatos. Pero he de reconocer que quizás he abusado en mis comentarios, interpretaciones y expresiones personales que, aunque dan, sin duda, riqueza informativa a los hechos, me temo que he podido haberme excedido en algunas ocasiones, dando ocasión a que se interprete como denuncias, inculpaciones, acusaciones… pero para mí ha sido una gran ayuda de reflexión personal donde he podido libremente dedicarme a la búsqueda del sentido de la existencia humana.

Para completar y reforzar mis argumentos, he recurrido a muchas y variadas fuentes informativas, tanto orales como escritas, que me han llevado hasta conclusiones válidas. Pero lo más rico ha sido la inigualable experiencia de haber compartido estos meses de mi vida con estas personas tan especiales.

¿Eran estos los planes propuestos por el proyecto?

Yo estaba conceptuada como una de las personas más cerebrales de mi promoción. Se supone que soy fría, calculadora, impenetrable… raramente vulnerable ante la influencia de cualquier ideología. Así he sido preparada durante todos mis años de estudio para llevar a buen término esta empresa. Todo lo teníamos bien controlado. Según los cálculos profesionales se me eligió como ideal para asumir esta tarea, muy segura de mis convicciones, con criterios firmes e inquebrantables, con una capacidad poco común para realizar con éxito esta misión.

 ¿Qué ha pasado?

Esta situación me ha desbordado. Nunca pudimos imaginar la trayectoria de mi reacción ante tal experiencia. ¿Cómo voy a presentar este informe donde tanto me he implicado si se trataba de hacer una investigación neutral?

 Ahora que me he puesto fríamente de nuevo ante toda esta documentación, me está resultando tan subjetiva… ¡tan personal!

—Es cierto, M95. Al principio pensé que tendría remedio, pero cada vez lo veo más complicado. Me temo que te he dejado ir demasiado lejos y si no ponemos pronto remedio nos vamos a ver en una posición muy comprometida para los dos.

—Sí, tengo que reconocer que me he involucrado muy personalmente en el informe y esto puede ser peligroso.

—Se suponía que tu trabajo era sólo de observadora y te has convertido en protagonista.

—Pero… es que… ¡algo se ha roto en mi interior! ¿Quién soy yo realmente? ¿Por qué siento esa disgregación entre mi pasado y el presente? Presiento que he perdido mi identidad anterior. ¿Cómo me atrevo a censurar el sistema de valores con los que he crecido y he asumido siempre como los únicos buenos?

—¡Pero te atreves!

—Sí, es cierto. ¿Qué puedo hacer? Esto me ha superado.

—No podemos quedarnos de brazos cruzados. Algo se nos tiene que ocurrir para arreglar este conflicto.

—Me temo que estamos metidos en un gran lío. Pero así y todo me pregunto ¿qué hemos hecho con la vida, con nuestra responsabilidad histórica? ¿Dónde quedaron esas motivaciones, esos sentimientos que dignifican y ennoblecen a la persona y que he descubierto en esta generación?

—¿Por qué sigues insistiendo?

—Es que me duele mucho el que hayamos desintegrado unos vínculos existenciales tan esenciales para el desarrollo pleno de las personas. Estoy segura de que esto vamos a pagarlo caro.

—¿A qué te refieres?

—Pues al sentido profundo que aquí se les da a los lazos familiares, amigos, compañeros, tradiciones comunes… El dar la cara ante la injusticia, el reclamar los derechos de todos…

—¿Y tú crees que todo esto es imprescindible para la subsistencia humana? Nosotros no lo echamos en falta, ¿por qué quieres ahora venir tú con esos argumentos que seguro nos complicaría la vida?

—Ese es el problema. Que nos han programado desde el nacimiento para no sentir, ni desear lo que no les interesa suministrar. Pero ahora me he convencido de que cada ser humano tiene que poseer unas raíces que hemos perdido eliminando esos vínculos de relación. Por la reproducción en laboratorios, hemos destruido nuestra capacidad de crecer con autonomía. Nacemos según los planes de una programación gubernamental. Al ser condicionado genéticamente por manipulaciones ajenas a la propia naturaleza, hemos perdido el derecho a ser uno mismo, dejando de pertenecer a un grupo homogéneo surgido de las relaciones humanas más íntimas. Hemos sido preconcebidos desde el primer instante de nuestra existencia para servir a unos intereses concretos, privándonos de acertar o errar personalmente. En fin, hemos perdido el gran don de sufrir el riesgo de ser libres e independientes, nos han fragmentado disolviendo las capacidades de relación.

—¡Qué tonterías dices! Yo siempre me he considerado libre.

—Es que… El concepto de libertad que aquí se vive es distinto.

 —¿Acaso es eso mejor?

—No lo sé, pero en este momento optaría por esa experiencia.

—Creo que no se trata ahora mismo de ver lo mejor, sino de cómo desenredamos este conflicto antes de que nos llamen para presentar el trabajo.

—Pero, aunque nos lleve algún tiempo más, quisiera que, al menos por hoy, me dejases comentarte todo lo que me está quemando por dentro.

—Está bien, pero sólo por esta vez. En lo sucesivo te cortaré todo lo que no venga directamente de las personas a las que estás tratando.

 —De acuerdo. Así que me dejas que me extienda sobre algún que otro comentario en este recuento ¿verdad?

—Sólo por esta vez.

—Bien. Empezaré diciéndote que me parece muy singular esta civilización que estamos estudiando. Yo diría que alcanzaron a ser una raza superior, como si la evolución hubiera tocado un punto más elevado en la escala de la Naturaleza y no sé por qué me da la impresión de que ahora parece que hemos descendido. ¿No será que cada generación tiene que plantearse su responsabilidad de crecimiento en este punto existencial?

—Sin comentario.

—Pienso que cada generación se ve condicionada por los retos de su presente y su cultura.

—Puede ser, esto tiene sentido.

—Según lo que voy observando en el proceso de estas personas, eran muchos más humanos que nosotros, pues al compararme con ellos, me sitúo no como un ser emocional sino como una máquina gobernada por un cerebro sin corazón, sin capacidad para dejar aflorar y compartir los sentimientos, inepta ante reacciones emotivas. Todo esto no es un asunto personal, sino cultural. Vivimos en ciudades que para ellos resultarían fábricas inmensas de robots vivientes con voluntad sólo para hacer y producir, pero incapaces de relaciones afectivas. Personas que no han desarrollado su capacidad emotiva, que son negadas para amar, pues el amor es lo único humano que el hombre no puede fabricar y entre nosotros sólo cuenta la eficacia de un buen planteamiento productivo. ¡A esto nos ha llevado el orgullo de nuestra Era Tecnológica!

—¡Qué insistente te estás volviendo!

—Quizás. Pero estarás de acuerdo conmigo en que estas gentes no podrían sobrevivir en nuestra perfecta sociedad, porque les faltarían los vínculos de la propia familia, los compañeros, los amigos… todos aquellos que comparten las mismas ilusiones, el mismo ideal, la única meta. Gentes que se ayudan a crecer y madurar como fruto de un mismo árbol. Gentes que buscan el bien común para realizarse como individuos…

—Yo no necesito esos vínculos para vivir

—Tú quizás no, pero aquí he descubierto que el ser persona lleva consustancialmente el sentir la necesidad de saberse empatizando con otros en torno a unas ideas, a una misma visión del hombre y de la sociedad, a una misión vital común. Esto es lo que les hace disfrutar de la vida plenamente. Así es como se saben felices y capaces de trabajar por la paz y la justicia entre todos los hombres. Su laboriosidad no les viene por una imposición desde fuera, sino porque todos se saben útiles y necesarios, porque comparten sus quehaceres según sus capacidades personales, aceptándose cada uno como pieza imprescindible y responsable de esa gran empresa. Todos actúan conscientes de que el bienestar comunitario se adquiere con el esfuerzo responsable de cada uno. Supongo que fue así como alcanzaron esa recíproca confianza y esa libertad tan digna de envidiar. Esto sería más o menos el resumen de mi impresión superficial de lo aprendido, después de un recuento de los hechos vivido en estos meses, sin hablar de sus motivaciones últimas que ya sería meterme en su dimensión espiritual tan ajena a nuestras mentes nihilistas y pragmáticas. ¿Qué piensas tú de todo esto V71?

(Seguiremos la próxima semana)

El laboratorio-ciudad

M95 ha sido preparada meticulosamente para este proyecto de investigación histórica.

La formación de la agente M95 ha sido escrupulosamente diseñada y aplicada. No se ha puesto ningún reparo en la empresa. Sus vestidos, su alimentación, las costumbres y el dinero de aquella gente que va a tratar… todo lo que supusiera para ella novedoso, se le ha proporcionado y facilitado para ir adaptando su persona al lugar histórico en el que se le enviaría cuando estuviera preparada para ello. Ha tenido el tiempo necesario para aprender a adaptarse al ambiente y al propio idioma permaneciendo durante el período que lo ha requerido, viviendo en un ecosistema lo más similar posible al que iba a ser enviada. Y el día que ella dijo estar preparada, después de un meticuloso examen físico e intelectual, se le implantó un tatuaje digital para controlar sus constantes vitales en todo momento y se le dio luz verde para emprender esta aventura.

Dejemos que sea la misma M95 la que nos lo cuente

Recuerdo que fue a los 16 años cuando empecé a trabajar para este proyecto. Fuimos seleccionadas siete jóvenes de las 50 que formábamos el curso, para ser preparadas con el fin de llevar a cabo esta investigación histórica.

Desde entonces, todas mis energías han sido programadas para que esto fuera posible. Además de aprender el idioma, la cultura y costumbres de la gente con la que me iba a relacionar, al menos por el periodo de un año, tuve que adaptarme a su alimentación, a su modo de vestir, de relacionarse… a tantas y tantas cosas que nos diferencian de nuestro vivir presente, hasta el punto de pasarme los dos últimos años encerrada en un laboratorio convertido en una pequeña ciudad de finales del siglo XX, donde se simulaba todo, hasta la polución, que tanto nos ha costado crear y que es una de las cosas que podía ser más peligrosas para mi salud, dada nuestra limpieza atmosférica en el ecosistema que habitamos. Todo esto para evitar mi inadaptación al medio ambiente de esta época histórica.

Mis otras compañeras fueron poco a poco orientadas para trabajar en los distintos departamentos del proyecto, mientras que yo me iba quedando sola en la tarea de ser enviada a través del tiempo.

Fue en esta época del laboratorio-ciudad, cuando apareciste tú (V71) en el proyecto ¿Te acuerdas? Yo acababa de salir del internado femenino, ya estaba preparada para relacionarme con la sociedad adulta. Entonces tú llegaste y comenzamos a trabajar juntos. Creo que desde el principio nos hemos entendido bien y hemos formado una pareja muy sintonizada, a pesar de nuestras discusiones frecuentes, por las diferencias de opinión.

—Sí, porque me cuesta mucho cuando te pones tozuda y cabezota.

 —¡Jajaja! A estas alturas, pienso que, a pesar de todo, hemos llegado a ser capaces de tolerar mutuamente nuestras diferencias, y todo eso más que distanciarnos nos ha servido a los dos como camino para enriquecernos. ¡Por eso va bien el equipo!

 La verdad es que ha sido un plan duro, pero ahora que estoy aquí, no me arrepiento de haber tenido que pasar por ello. ¡Estoy aprendiendo tanto! Creo que, aunque sólo sea por eso, valió la pena.

Pero no es todo oro puro lo que M95 va descubriendo en nuestra sociedad, también se enfrenta con nuestros fallos y debilidades y así lo comenta en cierta ocasión

Otro asunto que resultaba también un problema difícil de solucionar en esta sociedad era la implicación corruptiva de algunos agentes del orden social. Entre sacando de varias informaciones del momento, podríamos llegar a resumir los hechos en estos términos:

 

El auge de la delincuencia organizada. Las mafias internacionales. Individuos acusados por atraco a mano armada, tráfico de drogas, falsificación de documentos y monedas, blanqueo de dinero, robos, prostitución, abuso de menores, evasión de capitales… El aumento de la delincuencia organizada se daba con mayores posibilidades gracias a la implicación corruptiva de los sectores jurídicos, políticos, económicos y policiales.

La salida era difícil, la desmoralización de muchos agentes del orden dedicados con honradez a solucionar esta maraña de complicidad hacía que las autoridades judiciales y políticas detectaran la gravedad del caso como problema de primer orden en la tarea social.

Y en otra ocasión, en la que estuvo hablando con Ana sobre los abusos económicos de nuestra civilización, hizo este comentario a su compañero

—Este tema que hoy tratamos fue uno de los puntos débiles de esta sociedad.

—Sí, tengo entendido que por aquí comenzó a hundirse el barco de esta civilización.

—Claro, bien sabemos que por el caos económico sucumbió, a raíz de la abrumadora presión que ejerció la abusiva gestión mercantil.

—Y no podemos olvidar las explotaciones y corrupción del poder en la cuestión financiera, que dio lugar a la desigualdad insostenible de las clases sociales.

—Como en todas las sociedades capitalistas, el rico era cada vez más rico y el pobre cada vez más pobre.

—La verdad es que, en este campo sí que podemos apuntarnos un tanto por la excelente conquista de nuestra civilización.

—Desde luego, hoy podemos contar con una experta y competente política económica, mucho más organizada y equitativa, que promete un boyante futuro. Nada nos falta. Todos tenemos nuestras necesidades cubiertas.

—Si, y esto nos basta.

Como ves lector, no es oro todo lo que reluce. Pero en nuestro caminar cotidiano está la fuerza y determinación que nos ha de conducir a ir enmendando nuestros propios fallos. El devenir de la historia se va haciendo con la respuesta de sus ciudadanos y nuestra responsabilidad civil no es transferible.

HOMBRE Y MUJER LOS CREÓ

 Hoy en homenaje al 8 de marzo, quiero compartir contigo unas reflexiones sobre el hecho de ser persona.

No se trata solo del ser hombre o mujer, es el ser humano que se realiza como persona, a imagen de Dios en la unidad de la pareja.

¿Cómo enfocan este tema nuestros personajes?

    —Es evidente que existe lo femenino y lo masculino, creo que somos dos modos de ser persona, dos modos que se complementan pero que no se pueden confundir. Somos complementarios. Nos necesitamos mutuamente y sabemos que juntos formamos un todo.

» Estamos aún inmersos en una sociedad patriarcal, donde la mujer sigue un paso por detrás de los varones, pero ya va siendo hora de que nos pongamos a estudiar el modo y la manera de que esto vaya cambiando»

» Tenemos que ir corrigiendo esos errores ofreciendo a las nuevas generaciones la complementariedad del hombre-mujer, aceptando las dos dimensiones de la persona humana como necesarias para que la sociedad crezca armónicamente»

La experiencia biológica de la maternidad como raíz de lo genuinamente femenino, infundirá a la ciudadanía una gran riqueza en el campo relacional. Esos valores de entrega, acogida, apertura, preocupación por el otro, atención por el más débil, inclinación por la solidaridad, la unión, la aceptación de la singularidad de cada uno… En fin, asumir la dimensión femenina en la sociedades hacer una historia más comprensiva y tolerante, abierta a aceptar la igualdad y la originalidad de cada uno de los individuos que la componemos.

Lo femenino

8 AGOSTO, 2019 MARY CARMEN MURTULA

Todas estas cualidades que aunque se les puede atribuir como femeninas, sabemos que no dejan de ser más que actitudes de lo mejor del ser humano, de ahí que aquí se trate de valorar a la persona, hombre y mujer, como seres indiscutiblemente llamados a colaborar juntos en el avance del Reino. Por eso en este diálogo que a continuación te copio, se habla de la persona adulta que es consciente de su responsabilidad histórica.

—Nosotros somos un grupo de personas que hemos descubierto la misión específica y única que todo ser humano tiene en la vida. Esta consiste en favorecer la actuación del Señor en la Historia; tratar de hacer que sus planes sobre el aquí y ahora se hagan realidad, por eso no podemos excluir a nadie, todo el que descubra su misión de ir construyendo el Reino de S.H. será bienvenido.

¡Esto suena muy interesante!

—Pues sí, sí que lo es. Creemos que cada generación, cada cultura tiene una misión concreta dispuesta por el Señor, para ir colaborando con él en sus planes de ir recapitu­lando todas las cosas hacia la instalación eterna de su Reino. Cada uno tiene que ir descubriendo su papel existencial dentro de ese proyecto divino y entregarse por entero a ser su incondicional instrumento. Por eso nos presentamos como personas adultas que nos comprometemos a vivir el proyecto de S.H. en este presente en el que él nos ha puesto.

—¿Cualquiera persona adulta sirve?

—Por supuesto, la llamada es a cualquier persona en el espa­cio y en el tiempo, pero no todos son capaces de poner su liber­tad al servicio de una causa tan gratuita. Esto es muy exigente y requiere un temple de persona que tiene que estar dispuesta a nadar contra corriente.

¿A nadar…? ¿Cómo?

—Quiero decir que, en muchas ocasiones, pueden surgir di­ficultades ambientales o sociales ante las que es muy difíciles to­mar decisiones o que nos ponen en situaciones muy comprome­tidas incluso de incomprensión y desprestigio y aquí nos jugamos nuestro pacto con el Señor, por eso hay que tener una fortaleza interior que no se adquiere en dos días.

Ya veo.

—Está claro que nuestra misión de ir transformando la sociedad, no puede ser exclusivo de unos po­cos. S.H. llama al hombre para que colabore en su obra de ir desarrollando la Historia en un proceso ascendente hasta que él decida concluir todas las cosas. Cuando la Historia llegue a su fin, quiere encontrarse a los hombres preparados para un final feliz.

Esta es una programa muy ambiciosa ¿no?

—Puede ser, pero sabemos que el final no está a la vuelta de la esquina, nuestra misión es ayudar a las personas que el Se­ñor pone en nuestro camino, a tomar conciencia de su destino y acompañarlas hacia su propia meta.

¿Y cómo sabéis estáis haciendo lo correcto?

—Pues verás. Para que esto sea una realidad contamos con la fuerza del Señor. Él es el que nos enseña todas las cosas y condu­ce todos nuestros pasos. No solemos hacer nada sin consultarle.

¿Consultarle?

—Supongo que es muy difícil de entender para una persona aje­na a nuestra formación, pero nosotros creemos que su espíritu está en nuestro interior, que se comunica con cada uno y nos ayuda.

¿En el interior? ¡Esto cada vez más complicado!

—Vamos a ver si te lo sé explicar con palabras sencillas. Todo ser humano, que es sincero consigo mismo, se sabe pobre e inca­paz de sobrevivir por sí solo. Necesita de los otros.Todos nece­sitamos de todos y todos estamos llamados a ayudar a los demás para ir creciendo en armonía. Pero si te embarcas en una causa espiritual, te das cuenta de que las energías y la fuerza para ser eficaz en esa empresa te ha de venir de otra dimensión, la espiri­tual. Y es allí donde se realizan las auténticas batallas. Existe en nuestro interior un bien y un mal que luchan por ser el dueño de nuestra persona, por conquistar nuestra voluntad, y si optamos por nuestro bien interior, nos encontramos con el Señor como el único que puede ayudarnos a que el bien, que es él, sea el dueño y señor de nuestras decisiones. Bueno y a estos encuentros con él es lo que llamamos oración.

—¡Oh!

—Sí, es en la interiorización, en el encuentro con él en nues­tro interior donde le oímos y percibimos sus planes concretos para cada uno y para la comunidad que se reúne para escucharle. Estos términos nos sitúan exclusivamente ante la experiencia de personas creyentes, porque no se puede llegar a hacer este des­cubrimiento, sino en la medida en que tu mirada está iluminada por la fe.

¡Ahora sí que me encuentro completamente perdida! Yo no en­tiendo ese lenguaje espiritual.

—Es comprensible. Pero nosotros creemos en ello y nos va bien. Esta es la fuerza interior que nos da energía y nos hace in­trépidos y arriesgados. Estos encuentros con él y los hermanos, son los momen­tos más fuertes de la jornada. Nos reunimos para compartir los problemas y las experiencias en clima orante. Nos ayudamos y nos damos ánimo, consejo, estímulo… impulsándonos con nue­vas energías en la empresa que llevamos entre manos.

“Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt.18,20)