PODER: ¿FUERZA O AUTORIDAD?

Ya estamos en la fase 1 esto no significa que el peligro haya pasado, sino que queremos evitar la ruina económica del país, pues al estar tantos meses sin producción, hay muchas familias que ya no tienen dinero, no pueden mantenerse en casa sin ninguna entrada financiera, incluso las hay que pasan hambre y se necesitan trabajar.

El virus sigue ahí fuera y no podemos relajarnos. Aún estamos a medio camino y el peligro podría aumentar si no somos disciplinados y responsables Debemos de seguir protegiéndonos unos a otros, poniendo el mayor énfasis en el uso de mascarillas, la higiene y la distancia de seguridad. No podemos bajar la guardia.  Tampoco sabemos si habrá un rebrote o un virus nuevo. Lo único seguro es que esta pandemia no terminará hasta que no se encuentre una vacuna para atacarla, pero nunca antes.

Lo que está por ver, es qué ocurrirá cuando se abran las puertas del todo. Ojalá, que la humanidad haya reflexionado sobre su modo de estar en el mundo y trate de conquista una mejora para toda la sociedad, incluyendo el reparto y la propiedad compartida de los bienes de la tierra. Este tiempo puede ser una oportunidad y no sólo una gran tragedia, que es lo que lamentamos en estos momentos. La vida se abre paso aun en las circunstancias más difíciles.

Ahora bien, yo estoy convencida de que no habrá un cambio radical estructural, ni social, ni ecológico si no hay un cambio en el modo de entendernos, sentirnos y relacionarnos los seres humanos. Si no conquistáramos personalmente, un profundo cambio radical en nuestro enfoque ante la vida, profundizando en la idea fundamental de la equidad, la justicia, la solidaridad y la acción humanitaria en beneficio de todos.

 ¿Cómo hacer que esta experiencia se transforme en aprendizaje? Teniendo en cuenta que queremos reflexionar sobre ese cambio social, que alcance las raíces de nuestro ser en nuestro vivir cotidiano, hoy os propongo que asistamos juntos a una exposición de los alumnos de Andrés sobre: Los conceptos de gobierno político, con un equilibrio de los tres poderes públicos: el ejecutivo, el legislativo y el judicial. En él se nos presenta una propuesta social que me parece interesante a tener en cuenta.

 

Andrés me propuso asistir hoy a un debate que iban a tener sus alumnos de quinto de secundaria sobre “El hombre ante el poder ejecutivo”. Como coincidía con una hora que tengo libre acepté. La verdad es que fue muy interesante.

Prepararon el tema un grupo de doce estudiantes formados por cinco chicas y siete chicos. La presentación fue muy original, medio teatro medio discusión entre dos bandos, los que estaban a favor de crear instituciones de poder regidos por la autoridad moral y justa y los que apoyaban las instituciones que actuaran por el poder del dominio y el uso de la fuerza. El objetivo de todos era presentar los dirigentes más convincentes para crear una sociedad donde reinara el bienestar para todos, una calidad de vida donde el individuo alcanzara una posición digna dentro de su contexto cultural, pero desde puntos de vistas opuestos. La base de este poder constitutivo iría encaminada a fomentar la autodeterminación personal dentro de sus obligaciones sociales.

Con estas premisas de fondo se abrió el debate.

Todos iban caracterizados como correspondía al caso con togas y diferentes tocados según el papel que representaban.

 La escena se desarrollaba en un congreso internacional, donde cada personaje se presentaba como prototipo de la institución que representaba, además asistía un moderador que hacía de narrador.

Abrió el debate el narrador que estaba frente a las dos corrientes ideológicas:

— Señores congresistas, nos hemos reunido aquí para discernir sobre los poderes del mundo. Tenemos a los ciudadanos de la historia presente en nuestras manos. De nosotros depende el futuro de la sociedad. Son sus Señorías las instituciones dirigentes, por tanto, las resoluciones últimas de las conductas de todos los ciudadanos están en vuestras propias disposiciones. Para bien o para mal de la humanidad, aquí están sus gobernantes, son sus Señorías el poder del mundo. Y sin más les invito a que se presenten.

Comenzaron hablando los del ala derecha:

 — Nosotros representamos la autoridad. Formamos parte de cualquier institución dirigente, induciendo a nuestros ciudadanos a actuar porque nos ven coherentes, con prestigio, dando razones que convencen.

— Así es. Como somos humanistas, y nuestra causa es el bien del hombre, nuestro poder se convierte en autoridad moral.

— Nuestra meta es la calidad de vida, el progreso y el bienestar, de cada uno de nuestros ciudadanos. Ellos lo saben porque trabajamos para no defraudarles.

 — No sean ilusos — intervino cortándoles los del ala izquierda — Nosotros somos la fuerza y esto es lo que aquí tiene eficacia, la gente sólo escucha a los que están en el poder, sin preocuparse de los medios que se utilicen para mantenerlos, con tal de saberse beneficiados. Los fuertes somos los que dominaremos la sociedad.

— Estoy de acuerdo. Las razones nadie las escucha. Hay que demostrarles quienes son los más poderosos.

— ¿A caso no somos nosotros los administradores de su bienestar? Pues hay que mantener ese poder a costa de lo que sea.

— Sí. Lo que conviene es convencerlos, atraerlos a nuestro terreno, y los beneficios serán para los que estén de nuestra parte.

— Por supuesto. Aquí se trata de no perder el mando y el dominio de la sociedad.

— Y si llega el caso de que se les olvida donde está el poder, quienes son los que mandan, también tenemos medios para que entren en razones.

— Bueno, bueno, no nos pongamos nerviosos y agresivos. Hay otras maneras más sutiles de convencer a la gente. ¿Por qué la violencia? También existen otros medios de convencerlos, ¿no os parece?

 — Es verdad, siempre se me olvida que tenemos entre nuestras filas la fuerza moral, que sabe conquistar a los indecisos ciudadanos con sus artimañas seductoras y engañosas.

— Muchas veces esto basta para convencerlos.

— Está bien — concluyó el narrador— Una vez expuestas las razones de sus argumentos filosóficos, pasemos a debatir sus actuaciones institucionales.

La fuerza física — Bien, permítanme que sea la primera. Actualmente soy tan potente como temida. Prácticamente tengo el mundo en mis manos. El poder de las armas y los recursos bélicos me hacen reinar en los países más poderosos de la tierra y ¡pobre del que se le ocurra llevarme la contraria!

Narrador — Bueno, bueno, no se crea tan potente, pues incluso su Señoría necesita de otros. ¿Quiénes son los que le ayudan a tener tanta seguridad en su fuerza?

La fuerza física — ¡Por supuesto! Yo sería impotente sin la fuerza económica y el poder científico. Todos en esta vida necesitamos apoyarnos en el polémico dinero, pero son las grandes inteligencias de la humanidad las que me van haciendo crecer. Los físicos y químicos con sus sofisticadas armas, los biólogos con los experimentos bacteriológicos… incluso los avances de la genética con su manipulación están a mi favor, ¡ah! Se me olvidaba, también tengo que contar con el campo de la psicología y la sociología como ciencias capaces de orientar las estructuras mentales de las personas. Estas son mis armas más poderosas de este momento histórico.

Narrador —Ya que su Señoría nombró al poder económico ¿Qué dicen sus representantes?

La autoridad económica —Bueno, la economía en principio debe ser una plataforma positiva, puesto que está llamada a hacer un análisis de la realidad para planificar la distribución de los recursos de una manera justa, donde todo esté distribuido equitativamente y a nadie le falte lo necesario.

La fuerza económica — ¡Espere, espere! ¿Dónde ha visto su señoría un sistema económico que se sostenga con los argumentos que aquí se expone? Siempre ha habido y habrá ricos y pobres.

La autoridad económica — ¡Sí, ya sé! Y no sé si esa realidad histórica será posible hacerla desaparecer algún día, pero tenemos que colocarnos siempre a favor del desarrollo y el bienestar de todos los ciudadanos. Nuestro primer cometido ha de ser la justa redistribución de la riqueza producida y, sin embargo, nuestra mayor vergüenza es la enorme diferencia que existe entre ricos y pobres, cuando se sabe que los recursos pueden llegar para todos.

La fuerza económica— ¡Anda tú! Lo importante para mantener nuestro estatus económico es el trabajo, la producción, el consumo, el aumento de capitales. Las grandes empresas bien saben de eso, de ahí, que se hable de las multinacionales e incluso de la globalización del mercado.

La autoridad económica — Si, ya veo por donde va. Pero esto puede ser un arma de doble filos, pues el instigar al consumo y las motivaciones del aumento del capital sólo favorece a los que ya se abastecen económicamente, pero ¿qué oportunidades damos a los menesterosos de cambiar su situación?

La fuerza económica — ¿No será que los hay muy flojos? El secreto de nuestro poder consiste en el saber cómo motivar y crear nuevas necesidades en el hombre para que siga consumiendo, para que no se tenga más remedio que seguir produciendo y así, aumentar la riqueza con el producto de las ventas.

La autoridad económica — ¿Y su Señoría crees que va a ser fácil triunfar en los países que carecen de poder adquisitivo con esa filosofía consumista? A mí esto me suena a explotación económica y esto no cuadra con mis principios.

íLa fuerza económica — No se preocupe, con tal de tener como los otros, siempre caen en la tentación de comprar, aun los que no pueden permitirselo. Todo es cuestión de tener a nuestro servicio un buen “marketing” que estudie los intereses del individuo y desde ahí imponer las reglas de producción y mercado.

La autoridad económica — ¿No sería interesante probar la rentabilidad que puede proporcionar el resolver los grandes problemas de la escasez de los pueblos, distribuyendo los recursos que de hecho nos ofrece la Naturaleza, en vez ignorar o explotar a los menos favorecidos? Además, si hay para todos, ¿dónde está la justicia social? Yo pienso que nuestro cometido ha de ser el garantizar para todo, el acceso a la adquisición de los recursos de producción. Los bienes de la Tierra pertenecen a todos y no sólo a unos cuantos que se han tomado el título de privilegiados.

La fuerza económica — Mire, a mí lo que me interesa es pegarme donde hay sólidas y seguras finanzas y a la garantía de dinero fácil. Yo he nacido para vivir en la abundancia y no para perderme en negocios de poca monta. Eso se lo dejo para los de pocas ambiciones.

La autoridad económica — Está bien, ese es su punto de vista. Pero no puede olvidar que jugamos un papel muy importante en la satisfacción de las necesidades primarias de todos los hombres y no sólo de las de unos pocos, que son precisamente los únicos que su Señoría parece favorecer.

La fuerza económica — ¡No sea iluso! También estoy en los económicamente débiles. ¿No ve que he montado un buen negocio con eso del consumo y todos quieren disfrutar de los bienes materiales aun por encima de sus posibilidades?

La autoridad económica — ¿Y qué me dice de los 800 millones de hombres que pasan hambre, pobreza, subdesarrollo… son también sus clientes hoy día?

La fuerza económica — ¡Está bien, está bien! ¡No me maree más! Estoy de acuerdo con que mi sistema económico no es el más perfecto, pero me lo he montado con tanta eficacia y comodidad que no puedo pensar en renunciar a ninguno de mis poderes adquiridos. Por el momento no me convence ninguna de las otras alternativas que se me presentan. Tengan en cuenta que las gigantescas multinacionales operan realmente en la trastienda de la marcha de nuestros gobiernos.

La autoridad económica — Esta es mi mayor preocupación, por eso quisiera desde aquí hacer una llamada colectiva, hacia una reflexión conjunta sobre el tema. Yo sugiero que se podría empezar por una revisión del objetivo sobre el aumento desproporcionado de la distribución de la producción y el instinto compulsivo por consumir sin juicio y sin medida, lo que lleva al individuo a crearse necesidades de lo que en realidad es un valor superfluo.

(CONTINUARÁ)

LAS ESPERANZA DEL CAMBIO

        Nuestra ingenuidad de que el mundo lo controlábamos los humanos se ha deshecho en unos días. El virus nos está enseñando que todos pertenecemos a la misma especie, todos somos SERES FRÁGILES QUE DEPENDEMOS DE UN ESFUERZO COMÚN PARA SOBREVIVIR.

Lo estuve pensado, y es evidente que habrá distintas respuestas ante esta situación, cada uno saldremos de ella con criterios y propósitos muy heterogéneos, pero sin duda siempre podemos tomar una u otra postura. Habrá quien está esperando que todo esto pase para volver a su vida anterior, sin que estos días les marque como oportunidad existencial, pero también creo que habrá un grupo de la gente que sacará algo de esto, que le ayude a crecer como persona. De verdad, ¿quieres salir de todo esto igual que como entraste? Yo me niego.

Aunque nos sacuda el cansancio por lo que ha supuesto el Covi-19, de confinamiento, de miedo, de alarma, de enfermedades y muertes, de soledad, de precariedad económica, de paro y hambre… creo que hemos de sentarnos seriamente para comprender qué luz voy a escoger para mi vida; en mi proceder diario. ¿Qué luz quiero que ilumine mis pasos?

Quiero ser de las personas que se apuntan a reflexionar y meditar para descubrir cómo podemos contribuir a aprender a vivir de manera más humana y solidaria después de esta pandemia

Y para ello te voy a invitar a leer el capítulo 18 de la novela “La esperanza del cambio”

Después de terminar las actividades de la tarde en el club, he estado charlando con Andrés en su despacho. Tenía una lista muy larga de interrogantes desde mi asistencia a su clase y pretendía que él me las aclarara.

—Me gusta que me expliques, eso que llamáis los deberes que tiene una ciudadanía responsable.

—Bueno, yo creo que la persona tiene que sentirse y actuar como parte constructiva de la sociedad donde vive, y nadie puede privarle de este derecho, ni ella misma debe evadirse de esa responsabilidad.

—Entonces, ¿tú apoyas eso que todas personas tienen su papel sociopolítico en la historia?

—Si, así es. Pienso que nadie se puede quejar de estar viviendo en una sociedad que no es de su agrado, si no intenta poner los medios para transformarla, si no trata al menos de mejorarla participando, como un ciudadano con responsabilidad.

—¿Crees esto fácil?

—No, no lo es. Pero las lamentaciones y quejas sin hacer un intento por ayudar no llevan a la solución de las situaciones incómodas. Esa postura pasiva son quejas estériles que terminan por engendrar pesimismo y desaliento o en el peor de los casos una indiferencia, pasotismo y aburrimiento ante la causa social, y no conducen a nada bueno.

—¿Tú crees en democracia?

—Como te decía, estoy convencido de que todo hombre tiene derecho a participar libremente en su bienestar social, y este es el principio fundamental de todo sistema democrático, la participación de todos los ciudadanos, colaborando en el perfeccionamiento del desarrollo cívico más inmediato, donde el bien de todos se ha de construir con la cooperación de cada uno.

—¿Cómo me explicas esto?

—Pues mira, en la medida en que vayamos profundizando en el valor de la auténtica democracia, no sólo a la hora de dar nuestro voto sino también a lo largo de los periodos legislativos, dando nuestras opiniones, conocimientos, apoyos y recursos al servicio del enriquecimiento de los programas políticos, estaremos actuando como ciudadanos democráticamente responsables.

—Y entonces, ¿tú crees que este es el camino de modelo de sociedad que propone la auténtica democracia?

—Si, un camino donde los dirigentes políticos ejercerán su mandato compartido con la aportación ciudadana, siempre a favor del bien común. 

—¿No es esto mucho arriesgado para los políticos?

—Pues si, pero si están de verdad por hacer un servicio a la comunidad, escucharán las demandas de cualquier ciudadano. Pero por desgracia no siempre es así, y son muchos los que buscan el puesto como plataforma de poder y enriquecimiento personal aun basándose en intriga y corrupciones de todo tipo.

—¡Esto es muy malo! ¿Es esta la causa de problemas de gobierno democrático?

—No exclusivamente del sistema democrático, pues puede ser un mal en cualquier sistema político, pero en todo caso siempre hemos de luchar por mejorar nuestros gobiernos si queremos avanzar en la construcción de una historia progresista, justa y más humana.

 —Ya entiendo.

—De todas las maneras, yo soy optimista y tengo esperanza en el cambio y el progreso. Todo diálogo político que promueva acciones de avance y mejoras ciudadanas han de ser apoyados y favorecidos.

—¿Es clasista vuestra sociedad?

—¡Por supuesto que sí! La situación social en la que vivimos está cimentada en el tener y no en el ser. Por eso funcionamos entre las categorías de los ricos, inteligentes, poderosos…  El que tiene dinero, poder, capacidad intelectual… es el que triunfa, aunque esto lo haya adquirido de una manera poco honesta, y así no construimos positivamente el bienestar de todos, puesto que el que carece de esas cosas, a veces por no querer pactar con ciertos valores, éste se puede encontrar marginado o sencillamente quizás nunca alcance a ser influyente en la sociedad. Pues, aunque en teoría se afirme que todos somos iguales y tenemos los mismos derechos, en la práctica sabemos que no es verdad, y que en ocasiones se llega a violar los principios más elementales de los derechos humanos, por mucho que se diga que la democracia está a favor de estos principios.

—¿Y cuál es vuestra propuesta?

—Sin duda, el ir sensibilizando a los ciudadanos del deber de construir otra realidad social, siendo conscientes de sus obligaciones cívicas, contribuyendo en la cooperación solidaria, a fin de que todos disfruten de una aceptable calidad de vida, al menos con sus necesidades más elementales cubiertas

—¿Tú crees que mejoráis el futuro?

—¡Por supuesto! Ya te he dicho que la solución está en no lamentarnos inútilmente sino en ayudar al cambio para mejorar. Es verdad que la meta es muy ambiciosa, pero creo que al final el bien va a triunfar, y si nos juntamos los que tenemos esta esperanza, y trabajamos por el bien común algo conseguiremos ¿no te parece?

 —Puede ser…

—Por mi parte no quisiera pasar por la historia sin haber puesto mi grano de arena para lograrlo. Porque esto es urgente. Si, urge que nos comprometamos socialmente si queremos de verdad que suenen voces que proclamen la justicia, la solidaridad, la participación responsable… Este ha de ser nuestro empeño, ir buscando hacer el bien junto a las personas que tengan estas mismas inquietudes.

—¿Es así donde terminará la pobreza?

—Este es un tema muy complejo. Como ya te he dicho, espero que algún día caigamos en la cuenta de que todos tenemos derecho a tener cubiertas las necesidades más básicas, cosa que aún no es una realidad.

 —¿Y tú dices que la democracia es el camino?

—Bueno, es uno de los caminos, supongo que habrá otros, pero cualquiera que busque el desarrollo pleno de la humanidad, ha de optar por colaborar activamente en la construcción de un orden social acorde con las exigencias del bien común y de la distribución equitativa de los bienes del planeta.

—Esto me suena a… ¿cómo se dice… utopía?

—Quizás te parezca una meta inalcanzable, pero sabemos hasta dónde pueden llegar nuestras fuerzas y no por eso nos acobardamos ni renunciamos a la lucha.

—¿Cómo me explicas de los países donde los gobernantes buscan su bien económico propio o sólo gobiernan para mandar y dominar?

—Eso es parte de lo que te he comentado. Cuando el poder político está en manos de desaprensivos que sólo tienen miedo de perder su plataforma de poder y dominio, su cómoda existencia y su alta posición social, sin meterse en el tema de la solidaridad apoyando el bienestar de todos los ciudadanos, asistimos al descrédito y al propio suicidio de las instituciones políticas.

—¿Tú crees esto?

—Estoy completamente seguro de que el pueblo tarde o temprano se levantaría contra los que así abusan de su poder. Los gobernantes tendrían que plantearse su situación y saber que esto los llevaría a ser los primeros en perder sus privilegios. ¿No te parece?

—Si, me temo tienes razón. ¿Cómo van a responder a las necesidades más urgentes de los ciudadanos, si con esto no se benefician, sino que tienen que renunciar de lo suyo para todos?

—Veo que lo vas captando. Además, hay otro problema que es el que surge en los países donde se pone como meta la producción a consta de la explotación de los propios trabajadores.

—Si, algo leo de esto en una crítica de la sociedad de consumo.

—Son planteamientos económicos que no miran en absoluto la dignidad de la persona. Las fuerzas laborales están organizadas para obtener el máximo beneficio sin tener en cuenta las condiciones de vida de los trabajadores, que son al fin y al cabo los que hacen progresar la economía con sus esfuerzos y sudores. La persona es explotada y sólo se le mira como un instrumento más de la productividad.

—Y así sólo se enriquecen los jefes ¿verdad?

—Así es. Los beneficios del desarrollo económico siguen estando en manos de unos cuantos poderosos que mueven los hilos de toda la producción.

—Ya veo.

—Por eso es urgente hacer propuestas alternativas desde la base para cambiar el sistema, poniendo en primer eslabón en el respeto a todas y cada una de las personas que la forman.

—¿Y cuál es tu propuesta?

—Pues verás, tenemos un programa de orientación ciudadana, en el que se informa a la gente de sus auténticos derechos. También es muy importante la educación de los valores para ir tomando conciencia de que las relaciones humanas tienen como base la igualdad, aboliendo toda forma de explotación y discriminación y por último nos interesamos por la formación de conciencias rectas, honradas, íntegras, que no se dejan embaucar por la injusticia, la inmoralidad de los ambientes que buscan el engaño y el fraude social.

—Esto suena muy interesante.

—Así es. Yo creo que es el camino por el que se podría llegar a construir una sociedad donde se respete al ser humano en toda su dignidad. Cuando el ciudadano conoce sus derechos y los exige, la autoridad ejecutiva no le queda otra alternativa que actuar en favor de esas voces.

Yo pienso como Andrés, por eso me niego a salir de esta experiencia igual que entré, creo que Dios nos da una nueva oportunidad para reflexionar sobre nuestra respuesta ciudadana. No es fácil, pero no hemos de dejar de luchar y trabajar para colaborar con responsabilidad en el cuidado del desarrollo de nuestra aldea común.

Espero que muchas cosas cambien, pero nunca nos podemos situar como meros espectadores del devenir de la Historia, somos sus protagonistas

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NOTA DE PRENSA

Hoy voy a copiarte una entrevista que me hicieron cuando publiqué el libro

Mª del Carmen Múrtula debuta de la mano de Círculo Rojo con su libro “S.H. El Señor de la Historia”, una obra que, a través de viajeros en el tiempo y variados paisajes sociales, se invita al lector a formar parte de ella, para así encontrarnos cada uno con nuestra propia historia.

La autora nos explica que la obra nace ante “la inquietud por buscar respuesta a ¿Cómo ser un ciudadano comprometido en una sociedad imperfecta?

Con todo esto le preguntamos:

– ¿Cuánto tiempo llevas escribiendo? Desde muy pequeña, el hecho de gustarme enseñar y compartir, hizo que siempre tuviera necesidad de expresarme en un papel, pues a pesar de todo, siempre me he considerado tímida y me siento más cómoda escribiendo que hablando. Siempre me ha gustado escribir, mis diarios, relatos cortos, artículos en revistas, alguno que otro poema…pero no conservo casi nada de todo ello.

– ¿Por qué te decidiste a escribir esta obra? Porque me interesaba mandar un mensaje de mis vivencias existenciales a cuantas personas me quisieran leer. Me parece muy importante el reflexionar sobre nuestra responsabilidad existencial, este compromiso es lo que ha de dar sentido último a nuestras actuaciones cotidianas

– ¿Qué te ha inspirado para escribirlo?  Ante la búsqueda del sentido de mi existencia, surgió en mí un grito inquieto, al situarme frente a una realidad social que no me gustaba y al descubrir dónde estaba el error y cual podía ser la solución, opté por escribir el libro para comunicar mi deseo de animar a la humanidad presente, compartiendo con el lector la afirmación sobre el valor transcendente de cada vida humana.

– ¿Cuánto tiempo te ha llevado escribir la novela? No puedo decir, pues, aunque la comencé hace muchos años la he ido retomando en algunos momentos puntuales, cuando tenía en mi mente temas que valía la pena reflexionar y compartir. Lo he ido perfilando en mis últimos años profesionales como maestra.

 – ¿Es el primer libro que escribe? ¿Tiene pensado seguir escribiendo? Es el primer libro que he publicado, también tengo experiencia de colaboración con artículos en alguna revista, pero, aunque quisiera continuar, porque tengo argumento para rato, me está costando tanto venderlos que no me animo a seguir.

– ¿Qué es lo que más destacarías de tu libro? La inquietud por buscar respuesta a ¿Cómo ser un ciudadano comprometido en una sociedad imperfecta? Me parece muy importante nuestra responsabilidad existencial, este compromiso es lo que ha de dar sentido último a nuestras actuaciones cotidianas.

– ¿A quién va dirigido? Esta novela es esencialmente pedagógica, por lo que se recomienda a padres y educadores. Pero sobre todo va dirigida tanto a jóvenes como adultos inconformistas que se interrogan y no cesan ante la búsqueda del sentido de la vida y que quieren dar respuestas comprometidas ante el desarrollo de su historia personal.

– ¿Qué se va a encontrar el lector en tu obra? Esto no es un tratado de filosofía existencial, sino sólo una novela donde sus protagonistas se cuestionan cómo colaborar para ir construyendo una sociedad más coherente y humana, frente a unos interrogantes existenciales.

– ¿Piensa que los escritores no están valorados como se merecen? El verdadero reconocimiento ha de venir de los lectores, pues son ellos los únicos que dan vida a las páginas de un libro, pero hoy, hay que reconocer que se publica mucho, pero me da pena constatar que se lee poco.

¿Qué consejos le darías a aquellos escritores noveles que desean ver cumplido su sueño de publicar un libro? Que no se frenen ante las dificultades, un libro es una prolongación de tu persona. Estoy convencida que el escritor siempre se retrata en su obra, por tanto, algo de sí queda al descubierto en su obra y eso no tiene precio.

– ¿Es lucrativo hoy el escribir? Una cosa es escribir para lucrarse y otra por la necesidad vital de expresar tus ideas más brillantes. Yo he publicado una sola novela en la que me he volcado para expresar el sentido de la existencia desde mi punto de vista. ¿A cuánto se puede vender este relato? Para mí sin duda que no tiene precio, (de hecho, todos los beneficios son para una obra benéfica) pero me encanta ir comentándola poco a poco en mi web, donde gratuitamente me comunico con todos los que me siguen. Creo que si sientes lo que escribes no puedes poner precio a tu obra.

– Es un libro que sus beneficios van destinados a la Asociación ACOMAR, ¿qué nos podría contar de la misma? ¿Y qué le une a ella? Cuando me vi con los beneficios del libro y con la sugerencia me ofrecía la editorial Círculo Rojo de su proyecto de libros solidarios, me embarqué en buscar un colectivo humano a quién beneficiar con mi recaudación, y después de consultar a personas fiables, me interesé por esa asociación, y ahora cada vez que vendo unos cuantos libros, me acerco por allí y les doy cuanto percibo.

ACOMAR es un proyecto alicantino que va dirigido a beneficiar a las personas sin hogar o en riesgo de exclusión social. Son personas que tienen en común la marginalidad y el desarraigo social, que viven en la calle, sin recursos económicos, de cualquier nacionalidad y/o raza, conocidos como “los sintecho”

– ¿Algo más por añadir? Si, que ahora toca el conectarse con mi web, donde voy a ayudar a entender cada paso de los que fui dando a lo largo de sus páginas. Quiero ayudar al lector a bucear en su filosofía confiando en que comprendas la profundidad de su mensaje. 

Sígueme cada semana en esta dirección de internet:

www. minovela.home.blog

Espero poder conectar con todos los que lo lean, segura de que se creará un vínculo imborrable entre nosotros, porque su novedad va más allá de lo cotidiano y su mensaje no os va a dejar indiferentes.

 Por último, ¿cuál es tu libro favorito? La Biblia

Como ves si eres de los que aún no has leído la novela, te sugiero que no te pierdas esta buena ocasión, incluso lo puedes adquirir por e-book.

Si no vives en Alicante, puedes conseguir un ejemplar a través de tu librería bajo demanda o directamente desde amazon.es:

TITULO: “S.H. EL SEÑOR DE LA HISTORIA”

AUTORA: Mª del Carmen Múrtula Villacieros

 EDITORIAL: CIRCULO ROJO

La agente M95

Cuando comencé a publicar este blog, hice un primer preámbulo de sus personajes.

Hoy me voy a entretener en presentarte a su primera protagonista e indicarte las motivaciones que le inducían para embarcarse en esta aventura.

La agente M95 es enviada al pasado histórico situándo­se en un colectivo humano del año 2001.

Viene de una sociedad técnicamente muy avanzada, un mundo tecnológico que apoya su fe sólo en el pro­greso científico, pero con mucha pobreza en valores humanos.

Es enviada para estudiar esa civilización pretérita e informar objetivamente de todas las situaciones que acontezcan en el transcurso del tiempo que se encuen­tre entre ellos.

M95 va paso a paso metiéndose entre esos ciudada­nos y, en diálogo con ese entorno, descubre unos valo­res y un concepto de la humanidad que rompen todos los esquemas que traía.

La dimensión transcendental de la persona, las rela­ciones familiares, sociales y laborales; los conceptos de gobierno político y del poder ejecutivo; la tarea educa­dora; el valor del sufrimiento y de las personas disca­pacitadas…, todo ello le lleva a descubrir razones que, poco a poco invaden sus sentimientos y enriquecen su conocimiento sobre el ser humano, cambiando sus con­ceptos existenciales hasta el punto de enfrentarse con sus superiores y renunciar a todo por defender sus nue­vos paradigmas vitales.

La misión planificada para la agente M95 pretende, poten­ciar la conciencia de un paso en la evolución de la mente, es­tudiando el comienzo del paradigma que regía el pensamiento del colectivo humano al que se le envía. Ahora ella tratará de analizar esa realidad concreta, que al parecer había sido consi­derada como uno de los puntos más emprendedores en aquella época de transición histórica. Este periodo de la humanidad se destacó por el comienzo de un despertar nuevo, un cambio de paradigma histórico que, partiendo de su gran riqueza de pen­samiento tanto práctico como teórico, dio cauce a diferentes tipos de movimientos, asociaciones, partidos, sectas, ONGs… toda clase de tendencias filosóficas, ideologías y un sinfín de corrientes de pensamiento, conducían la mente humana y se expandían por la geografía mundial creando comunidades y asociaciones más o menos acertadas, algunas muy discutibles y otras no pocas veces sospechosas. Un mundo fragmentado, dominado por las luchas nacionales e internacionales. Donde el poder dominante era la ambición económica y por ella se disputaba entre razas, culturas e incluso entre algunos grupos religiosos.

Y como este periodo histórico que nos ocupa, es hoy consi­derado el principio desde donde se comenzó a atisbar los cam­bios que desembocaron en el presente, ella ha sido enviada para estudiar algunos de aquellos acaecimientos desde una distancia temporal suficientemente lejana como para poder observar los hechos de una manera objetiva y neutral. Con su investigación pretende no sólo conocer los acontecimientos sino también poder controlar los riesgos del presente y preve­nir hacia donde se encamina el futuro.

Como todo devenir humano aquella época siguió la ley exis­tencial de situarse entre luces y sombras, entre triunfos y fracasos, entre el bien y el mal, entre éxitos y derrotas, y se trata de des­cubrir cómo salieron adelante. Más que respuestas sociológicas buscar respuestas antropológicas, que respondan a la cuestión del sentido de la vida del hombre de cualquier época histórica.

Por tanto, la gestión concreta de la agente M95 consis­tirá en introducirse en esa sociedad, con la más exquisita discreción y naturalidad, procurando pasar entre ellos como una forastera interesada en participar de su vida cotidiana, sabiendo que le está terminantemente prohibido entrometerse en cualquier asunto que le comprometa más allá de ser buena y neutral espectadora. No ignora el riesgo que corre al poner­se en contacto con una realidad tan diferente a la suya, y es consciente de que, al tratar de convivir con esas personas, sin duda se expone a experimentar la vida desde una perspectiva cuya novedad le es prácticamente imposible de prever a pesar de su buena preparación. El saber teórico es más fácil de conocer que cualquier respuesta de la libertad humana, por eso tendrá que estar atenta a los acontecimientos que se le pre­senten durante su estancia en ese lugar, pues a pesar de todo lo aprendido, cualquier suceso personal o grupal, siempre será más rico y fiable para ir descubriendo las motivaciones exis­tenciales de esas gentes, pues eso es evidentemente lo que da sentido a los resultados evolutivos de la Historia.

Según ha sido informada, este colectivo humano tenía una organización interna y un modo de vivir muy singular; aun­que eran ciudadanos de una nación, actuaban con una liber­tad y autonomía que, aunque no podían llamarse sospechosos, al menos eran diferentes al común de sus coetáneos. Al parecer se regían como una sociedad de principios democráticos donde la mayoría actuaban a favor del individuo, saliendo a la par beneficiándose el grupo; este era uno de los motivos por lo que habían sido elegido para ser estudiados. Tenía fe en que su preparación le conduciría a detectar las motivaciones más profundas de ese organismo social y descubrir sus logros y fallos, valiéndose de todos los medios que estuviera a su alcance, según su cultura, prensa, televisión, radio, entrevistas, reportajes, con­ferencias… pero sobre todo a través de las relaciones personales con los habitantes de aquella sociedad con los que iba a convi­vir a lo largo de varios meses.

La formación de la agente M95 ha sido escrupulosamente diseñada y aplicada. No se ha puesto ningún reparo en la empresa. Sus vestidos, su alimentación, las costumbres y el dinero de aquella gente que va a tratar… todo lo que supu­siera para ella novedoso, se le ha proporcionado y facilitado para ir adaptando su persona al lugar histórico en el que se le enviaría cuando estuviera preparada para ello. Ha tenido el tiempo necesario para aprender a adaptarse al ambiente y al propio idioma permaneciendo durante el período que lo ha requerido, viviendo en un ecosistema lo más similar posible al que iba a ser enviada. Y el día que ella dijo estar prepa­rada, después de un meticuloso examen físico e intelectual, se le implantó un tatuaje digital para controlar sus constantes vitales en todo momento y se le dio luz verde para emprender esta aventura.

LA MISIÓN

Dios nos convoca para que colaboremos en el progreso de la historia, donde se va construyendo su Reino.

A cada generación se le ha dado la misión de extender el Reino en el presente histórico, de ir sembrando la buena semilla confiando en que un día dará su fruto.

Hoy te invito a entrar conmigo a una charla con Andrés y sus alumnos

—Andrés, en la charla del otro día me quedó un interrogante, que quizás pueda engancharse con lo que hoy quieres comentar­nos.

—¿De qué se trata?

—Pues verás, muchas veces te he oído hablar de la bondad del hombre y a mí me cuesta mucho a simple vista creer en esa capacidad cuando veo cómo existe tanto mal y cómo me cuesta a mí hacer las cosas bien.

—Bueno, una cosa es que el hombre es capaz de ser bueno y vencer los obstáculos para serlo y otra que lo consiga. Todo depen­de de cómo se sitúe ante su realidad. Al Señor sólo se le descubre en el interior del hombre, allí donde se desarrolla su parte positiva. Y donde está él, hay optimismo y confianza en el triunfo del bien. Pero esto requiere una actitud vigilante y paciente perseverando, aunque el camino sea largo y angosto. En dos palabras, hemos de ir descubriendo su presencia en los signos cotidianos. La co­municación del Señor con los humanos nunca se interrumpe y es de él de donde recibimos las luces y la fuerza, pero necesitamos caminar con ojos puros y con oídos de discípulos, para ver y oír dónde él nos quiere conducir. Y en ese camino, es donde puedes descubrir la cantidad de hombres y mujeres que buscan y que se hacen preguntas como tú. Una gente que camina por lo cotidiano inquieta por ir construyendo un futuro mejor. Personas en busca de sentido, que no quieren pasar por la vida como parásitos, sino que tratan de poner su grano positivo en la tierra de la historia. Esa es la buena gente que vive a nuestro alrededor. Pero hay que ir detectándolas e incluso hay que estar disponibles para ayudar a que todos descubramos nuestra misión personal.

—Cuando tú hablas todo parece muy sencillo.

—Quizás no lo sea, pero yo sé que es posible. No paséis de lardo. Porque a nosotros se nos ha dado el conocimiento al aco­ger la buena noticia y hemos de ser mensajeros y mensajeras de ella. El mundo nos está reclamando el ser eco del Señor que ha­bla en lo más íntimo de nuestros corazones.

—¡Esto es muy comprometido!

—Sí, lo es. Por eso no podemos pasar por la vida con una mirada superficial que resbala sobre la existencia de las personas y de las cosas evitando cualquier clase de compromiso.

—Y en todo esto, ¿dónde colocas el mal?

—Por supuesto que el pecado y el mal siguen estando ahí. Pero el reino viene a romper su dinamismo y todo su poder ame­nazante de destrucción y mentira. Pues sabemos con certeza que el mal no tiene la última palabra. Vosotros procurad hacer el bien y sin duda que experimentaréis gestos de batallas ganadas al ene­migo interior.

—Esto requiere una exigencia muy grande.

—Sí, pero no es para asustarse ni acobardarse, al contrario, ¿no te parece bonito e interesante el saber que todos nos ne­cesitamos mutuamente y podemos colaborar en ir creando un entorno más positivo?

—¿Y qué pasa cuando somos nosotros mismos los que mete­mos la pata y no hacemos las cosas bien?

—¡Por supuesto! Como humanos que somos, nuestras limita­ciones y nuestras debilidades, también nos juegan malas pasadas, pero no hay que desfallecer por ello, el Señor sabe de qué barro es­tamos hechos, y esto sirve para que nos mantengamos en nuestro sitio y confiemos siempre en su fuerza. Nosotros solos, nada po­demos hacer. Por eso os digo que nuestra existencia transcurre en una continua lucha entre el bien que nos pone el Señor en nuestro interior y el mal que siembra el enemigo en el mismo lugar.

—Yo creo que todo esto es muy difícil.

—Ya he dicho que puede ser una tarea ardua, pero es el riesgo de nuestra libertad. La capacidad de elección del hombre, le hace vivir en ese continuo discernimiento. Si estuviéramos coacciona­dos hacia una sola dirección perderíamos la facultad más digna del ser humano, la libertad.

—Que también es muy comprometida.

—Así es. Existencialmente la persona es una conciencia libre que conoce la angustia ante la elección, pues nunca puede prever sus consecuencias.

—Entonces, nuestras pequeñas decisiones de cada día, que tie­nen repercusiones inmediatas ¿van proyectando nuestro futuro?

—Sí. Cada acto presente es una semilla en nuestra existencia y cada uno de esos brotes van formando nuestra historia per­sonal. Por supuesto que no podemos prever el futuro, pero sin duda que lo condicionamos con nuestro presente. Es verdad que mientras hay vida tenemos tiempo para reparar nuestros fallos, pero lo que se omite o se hierra se sustituye, pero no se recupera. Por eso es interesante tener esto en cuenta para ir haciendo el bien mientras de nosotros dependa.

—Pero a veces resulta muy difícil, el ambiente no nos ayu­da. Aquí es distinto porque nos estimulamos mutuamente pero fuera…

—Tienes razón, aquí puede ser más fácil, pero si todos nos quejamos y criticamos lo negativo sin poner de nuestra parte para contrastar u ofrecer otra alternativa ¿a quién le pediremos la responsabilidad del cambio de las estructuras que no nos gustan? Esto es obligación de todos y lo que tú no haces se quedará sin hacer, aunque otros hagan su parte, faltará tu colaboración y de esto, sólo de esto, el Señor te pedirá cuenta.

—Me has convencido, pero hasta ahora no se me había ocu­rrido pensar en lo importante que es cada uno en su misión per­sonal.

—Es verdad. Esto es muy serio y a mí me parece que vale la pena tenerlo en cuenta para dar sentido a nuestros actos diarios.

—Como veis, es necesario, no sólo hacer una crítica exigente de todo aquello que falsea y paraliza el avance positivo de la his­toria, sino que hemos de tratar de poner en ella lo positivo que nos corresponde.

—Esto quiere decir que, si todos los que vamos descubriendo el sentido auténtico del bien que está en potencia en la humanidad, nos ponemos a vivir a tope esta verdad, iremos creando un ambiente más sano, un entorno más fraterno, donde poco a poco la contami­nación de la maldad humana irá perdiendo su fuerza ¿verdad?

—¡Bravo! Has hecho un resumen perfecto.

>>Todos tenemos una misión personal e intransferible en la construcción de la historia, y si queremos vivir en un mundo más justo y solidario, si queremos liberar y sanear la sociedad del egoísmo que la corroe, hemos de empezar por nuestras pequeñas comunidades sociales.

Pequeños trucos

Decía Eduardo Galeano que «mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo». 

Es bueno que nos planteemos algunas pautas concretas cuya aplicación exige esfuerzo y constancia, pero que, si pueden llevarse a la práctica, significarían una esperanzadora vía para vivir en medio del mundo construyendo esa Historia que se nos ha confiado. 

Vamos a seguir husmeando en el libro, recordando que M95 no se expresa bien en castellano, y a pesar de todo sigue con su investigación.

Juan me seguía informando:

nosotros nos conformamos con saber apreciar el valor de lo pequeño, lo cotidiano intentamos que se transforme en trascendencia.

—¿A qué te refieres con eso?

—Pues mira, el preocuparse por echar una sonrisa al que se acerca a ti, aunque te duela el estómago. El dejar allí una puerta abierta que facilite la entrada a otros. Acudir a escuchar e intere­sarte por aquél que sabes lo necesita. Estar atento para ayudar allí donde haces falta. El estar siempre disponible para comprender, disculpar, perdonar, olvidar… incluso para pedir perdón, ayuda, consejo… Sobre todo, sabiendo dar gratis tu tiempo. Hoy por ti, mañana por mí, porque todos necesitamos de todos.

—Esto no veo yo tan fácil como me dices.

    —Supongo que no lo es, porque no estamos educados para ello, pero si los adultos, al menos en teoría, no estamos conven­cidos de ello, no podremos ayudar a las nuevas generaciones para que les vaya saliendo con más facilidad que a nosotros, puesto que son más moldeable y no tienen nuestros malos hábitos y pre­juicios. Todo esto deja de ser difícil cuando se descubre y se trata de vivir. Es el secreto de la gente que opta por ir construyendo una sociedad feliz, a pequeños pasos, pero con constancia; que se empeña por construir una historia cotidiana llena de gestos de auténtico amor fraterno.

Esto es muy nuevo para mí.

—No me extraña que te resulte tan novedoso, pues hemos enterrado muchos de los valores humanos más elementales, como cuando no damos importancia al valor de los más peque­ños sentimientos.

¿Qué quieres decir?

     —Vamos a ver… ¿Te parece insignificante el gesto de cariño de un niño por cualquier chuchería que le den, o la alegría de una madre por una carantoña de su hijito, la ternura del que sabe amar gratuitamente…?

¿Qué es cara… cara… qué?

—Perdona. Carantoña, quiere decir por algo que no tiene va­lor material, pero es un gesto de cariño.

¡Ah! Perdona que interrumpí.

    —No te preocupes. Te repito que la culpa es mía, que me entusiasmo hablando y no me doy cuenta de la dificultad que puedes tener para entenderme.

     » Son muchas las cosas nuevas que una forastera puede en­contrar en nuestro vivir. No porque sean raras sino porque vamos siendo capaces de comprometernos en serio, como te decía, con un construir la Historia desarrollando lo mejor de la humanidad y esto cada vez está resultando más ajeno a la cultura relativista que nos invade. Ayudar a la gente a ser feliz compromete a ir colocán­dola en su auténtico sitio, sabiéndose aceptada y valorada tal como son. Todo esto, aunque es más humano que su contrario, parece que cuesta mucho descubrirlo, por eso, los que hemos tenido la gracia de darnos cuenta de su valor, tenemos la responsabilidad de comunicarlo a todo el que lo quiera escuchar. Esto es lo que descubrió Andrés y lo que le hizo tomar ese camino. Su proyecto de vida cambió desde aquel encuentro y aunque a veces parece que externamente todo sigue igual, sus motivaciones son otras.

          » Pero te aseguro que no eres tú sola la que no entiende o no aprecia el valor de lo gratui­to. Estos pequeños detalles son los que van alimentando y desarrollando la alegría profunda del corazón, y cuando se es feliz por dentro salen inconscientemente, colaborando a expandir ondas positivas que van invadiendo el ambiente a nuestro alrededor. Estos gestos son pequeños signos de fe­licidad y van destruyendo lo negativo que frena el caminar de la historia.

 Tenemos que decidir ahora si seguimos el camino del resto de la sociedad… o el nuestro aunque nos tomen por “locos”, “utópicos” o “exagerados” aun por parte de nuestros propios hermanos de fe. 

Una propuesta social

Este colectivo humano que comenzó a plantearse el sentido de sus vidas hace unos años, es ya un a realidad que merece ser estudiada.

M95 está sorprendida y extrañada de tanta novedad. Veamos lo que Juan le va explicando del proceder de ese grupo social

     » Nues­tro mundo necesita de personas comprometidas con el bienestar de todos los ciudadanos. El primer paso por dar es ser consciente de la dignidad y los derechos de cada persona, empeñarnos en que cada uno pueda disfrutar dignamente de su vida, ser respetado en su originalidad y saberse libre para escoger y decidir su propio des­tino ayudando y respetando a los que caminan junto a él a la vez que se sabe ayudado y respetado por sus semejantes.

     » Tratamos de ayudarnos a niveles de cercanía, proponiéndonos llegar a tantos lugares y ambien­tes donde estamos ligados en la vida cotidiana. Allí buscamos el compartir con los otros sus inquietudes sabiendo que cuando uno ve que el otro se preocupa de verdad por él, que le escucha con respeto y se interesa por sus interrogantes y preocupaciones, por su angustiosa búsqueda de sentido existencial… entonces puede comenzar un diálogo en profundidad. Sólo cuando nos sabemos respetados y reconocemos en el otro su libertad y su verdad, podremos establecer unos lazos que ayudan a dar de sí lo mejor.

     » Hemos conseguido crear un cuerpo social don­de se comparte plenamente las condiciones de vida y de trabajo, las dificultades, las luces, las sombras y las expectativas de todos los que formamos este colectivo humano. Nos sabemos empe­ñados en ir construyendo un ambiente favorable, para crear una sociedad más humana y hacer realidad el auténtico bienestar para todos. Tratamos de ayudarnos mutuamente para llegar a una ciu­dadanía que realmente está cómoda y es feliz en su existencia cotidiana.

     » Todos tenemos derecho a ser respetado en nues­tra singularidad y a la vez somos conscientes de que forma­mos la gran familia de la humanidad, y en una familia todos son dignos de ser amados, ayudados y comprendidos.

» Ser feliz es ver satisfechas todas tus necesidades. TODAS. Quiero decir desde las más elementales a las más profundas. Y esto no se consigue si no se vive rodeado de justicia, equidad y so­lidaridad valores que se conquistan con el auténtico amor. Porque el hombre no se puede realizar solo, por tanto, no conseguirá la felicidad mientras no tome conciencia de sus niveles colectivos y no se ocupe de ir construyendo una sociedad de gente feliz

   

 

   

    

    

    

Transformación social

Sin duda que, una de las fuerzas más interesantes para cambiar una sociedad es la educación. Los profesores con su formación y dedicación son los primeros agentes de cambio.

He aquí el testimonio del director del colegio del barrio.

—Cuando comenzamos, este barrio estaba en los límites de la ciudad, la mayoría de las familias eran forasteras, emi­grantes de otros países, colectivos de realidades campesinas o simplemente personas que al aterrizar en esta ciudad y verse anquilosadas en un callejón sin futuro, habían perdido toda su autoestima social, vivían en situaciones de exclusión, con gran­des privaciones de todo orden, donde sobresalía la precariedad de los empleos, la ausencia de oportunidades y donde los re­cursos económicos eran escasos. En fin, esto era meternos en un ambiente de personas socialmente consideradas excluidas. El problema de la marginación, la discriminación, la violencia, eran los factores dominantes.

» Fue una idea brillante y aquí nos vinimos. Con la ilusión e intrepidez de los novatos, presentamos una propues­ta pedagógica donde nuestro último objetivo era hacer personas dignas, cultas y responsables de aquella gente sencilla e ignorante. Tuve la suerte de tener por esposa una fuera de serie que, siempre fue el alma de este proyecto educativo.

» Comenzamos con una pequeña es­cuelita a la que llamamos “La siembra”, porque este era nues­tro propósito, sembrar educación en esa gente tan necesitada de todo.

      » Siempre hemos procurado dar prioridad en cada alum­no al desarrollo de todo su potencial humano. Cada uno está llama­do a ir creciendo tanto física como intelectualmente al ritmo de sus capacidades personales y con ello vamos favoreciendo el progreso de una ciudadanía marcada por la autonomía y la responsabilidad.

  » El resultado es fruto del esfuerzo y de la buena vo­luntad de todo el colectivo educativo, que año tras año ha sabido ser fiel a la responsabilidad de ir asumiendo el compromiso de ser agente de cambio. Y este empeño se ha visto recompensado al ver cómo el entorno ha ido poco a poco dejando de ser el ba­rrio de la periferia de la ciudad, donde empezamos nuestra tarea educativa hace ya más de treinta años.

     » Esto que hoy ves, es el resultado de nuestro empeño por ir transformando la sociedad mediante una educa­ción basada en la dignidad de la persona y en el desarrollo ple­no de sus capacidades. Y cuando han sido adultos, ellos mismos han luchado por abrirse camino y mejorar sus condiciones de vida, defendiendo sus propios derechos, llamando a las puertas oportunas, valiéndose de los contactos que poco a poco han ido creándose y emprendiendo el camino de su propio destino.

» No te puedes imaginar lo que era cuando em­pezamos aquí. Las gentes no tenían ni las mínimas nociones de higiene ni de interés por salir de la indigencia, y ahora puedes ver que el sector goza de una posición digna. Además, se ha creado un ambiente de amistad entre ellos muy bonita. No es un con­glomerado de individuos independientes y anónimos, sino que forman un grupo de personas y familias que se relacionan entre sí, llegando a crear lazos de empatía más o menos fraterna donde se saben escuchados y pueden con libertad expresar sus intereses e inquietudes. En fin, un grupo humano que organiza su vida planeando juntos, buscando la realización de sus sueños por un futuro mejor, sabiendo que nadie es indiferente a la suerte del otro, que todos tienen interés porque salga bien lo colectivo.

    » Hoy ha dejado de ser un barrio marginal, gracias al intento de mejorar el nivel cultural de sus gentes. Han aprendido a vivir con dignidad, estableciendo un proceso desde la simple supervivencia hasta la adquisición de unos conocimien­tos que les dignifica, una cultura que ha desarrollado en ellos la capacidad de poder tomar sus propias decisiones haciéndolos libres y responsables para ir forjando su futuro.

   » Y esto se debe a que los adultos son todos profesionales bien cualificados, que han sabido prosperar caminando hacia el puesto que le corresponde en la sociedad, por los conocimientos adquiridos a lo largo de sus años de estudio.

        » Yo creo firmemente que, con nuestro enfo­que socioeducativo, estamos colaborando a la transformación social. Hemos ido rotulando caminos nuevos, comprometién­donos en el desarrollo de una ciudadanía corresponsable, por medio de una educación innovadora y democrática. Todo esto encarnado en profesores con sólida formación pedagógica, que trabajan por una enseñanza de calidad promoviendo los valores del estudio, la investigación, la participación y la integridad.

   —Somos testigos directos de haber sido parte de los agentes de cambio de esta gente. La transformación social ha sido posible gracias a la educación recibida en nuestro centro entre otros factores.

Lo femenino

¿Qué decir de este tema tan manipulado, traído y llevado en estas latitudes? Desde los últimos siglos, ha habido como un despertar de la mujer que ha desembocado en una amplia variedad de tipos de feminismo, y que básicamente lo podemos reducir al movimiento de lucha por la igualdad entre hombres y mujeres. Con el paso de las décadas, el feminismo ha ido cambiando, significando mucho más que la emancipación de la mujer. De hecho, el movimiento feminista está muy diversificado en la actualidad y es de gran complejidad.

¿Cómo trato este tema en mi novela?

—La experiencia biológica de la maternidad como raíz de lo genuinamente femenino, infundiría a la ciudadanía una gran riqueza en el campo relacional. Esos valores de entrega, acogida, apertura, preocupación por el otro, atención por el más débil, inclinación por la solidaridad, la unión, la aceptación de la singularidad de cada uno…

» Rasgos meramente femeninos, maternos, que no son mejores ni peores que los masculinos pero que son los propios nuestros. Es una manera de sentir, pensar y expresar nuestras vivencias relacionales desde dentro de nosotras mismas. Es algo indiscutible del género femenino que nos hace sintonizar con las otras mujeres. Somos como cómplices de unas actitudes que debemos compartir con el hombre pero que nos caracteriza, que nos hace femeninas, distintas y complementarias con la otra par­te de la humanidad que es el varón.

» Por eso es para nosotras más fácil el ser solida­rias, acogedoras, comprensivas, pacientes, cercanas… nos mueve la sensibilidad, la piedad, la compasión, la ternura… en fin una serie de valores que, aunque son rasgos genuinos de la humani­dad, son indiscutiblemente propios de la condición femenina. Y esto no necesariamente se da a partir de la experiencia física de la maternidad, aunque supongo que lo favorece, sino que es algo que toda mujer adulta, por el simple hecho de serlo, ya lo posee en potencia y hemos de tratar de despertarlo y desarrollarlo hasta concluir en la entrega total.

El objetivo del feminismo es que la mujer pueda disfrutar del mismo estatus social del que disfrutan los hombres. ¿Cómo veo la lucha por la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres? 

» Hay que ir transforman­do las mentes hacia la aceptación de la participación igualitaria de hombres y mujeres a todos los niveles cívicos. De hecho, ya se van abriendo cauces en las estructuras políticas, económicas y profesionales, dando paso, incluso en los campos directivos, a la participación femenina. Aún los hombres tienden a elegir a sus iguales, los varones, porque actúan como ellos y a veces la lógica de las mujeres les descoloca. Pero sin duda que, con el reconoci­miento de la mujer, la sociedad se verá muy pronto beneficiada.

» En fin, asumir la dimensión femenina en la sociedad es hacer una historia más comprensiva y tolerante, abierta a aceptar la igualdad y la originalidad de cada uno de los individuos que la componemos.

» Sin duda que es un signo de nuestro tiempo el ir tomando conciencia de la riqueza que la mujer puede aportar a la marcha de la historia.

Verdaderamente, te puede resultar que trato este tema muy utópicamente, pero si lees el libro, te darás cuenta de que, mi intención en todo momento es plasmar en sus personajes lo mejor de la persona. He optado por ir marcando en ellos la presencia del Espíritu, que es el que debería mover los corazones más sanos de nuestra humanidad. De ahí que para mí la mujer ideal es la que desarrolla en sí estos valores femeninos y regala esa belleza a la sociedad.

Dios hizo la maternidad tan sublime que no dudó en compararse con ella: “¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti” Is 49:15

¿Hacia dónde vamos?

Si lo pensamos bien, sin una proyección trascendente, sin una creencia de sabernos colaboradores en el milagro de concebir como asociados a los planes de nuestro creador, si no somos capaces de convencernos de que somos portadores de un germen capaz de iniciar algo nuevo, sin una entrega donde vivir la gratuidad de la maternidad, encarar la vida terrena tal como se nos va marcando el presente con tantas dificultades e inseguridades, a la vez que se vislumbra el porvenir con sus escepticismos e interrogantes… todo esto va creando en nosotros la angustia de la incertidumbre y de un futuro poco prometedor.

En lugar de optar por actuar de forma desinteresada y generosa, buscando la bello y hermoso del disfrute del amor maternal, de vivir el convencimiento de que en cada nacimiento, el recién llegado toma una iniciativa y rompe con su novedad la continuidad del tiempo, estamos sosteniendo la posibilidad de que las nuevas generaciones no aprecien esta realidad antropológica y piensen que la maternidad tiene más elementos alienantes que motivadores. Esta dialéctica destructiva nos va llevando cada vez más cerca del desmoronamiento de los principios vertebradores de nuestra civilización y muy en particular de la familia.    

  No tengo ni idea de cómo será la sociedad dentro de 40 o 60 años, pero me he atrevido a plasmar en esas páginas cómo será una humanidad sin padres y sin hijos, lo cual supone un modelo de sociedad basado en la extinción paulatina de la familia, Y siguiendo la perspectiva de la experiencia que nos traía del futuro nuestra protagonista, podemos preguntarnos.     

¿Cómo fue la reacción de M95 cuando escuchó el relato del embarazo de María?
¿Cómo fue la reacción de M95 cuando escuchó el relato del embarazo de María?

¡Esto es extraordinario y rarísimo! Es algo que ya me llamó mu­chísimo la atención, cuando tropecé por primera vez en mis estudios con la forma de reproducción de las personas de esta generación. Pero lo que no podía sospechar es que pusieran esta carga afectiva ante el hecho tan extraño de que sea la mujer la que engendra en el interior de su cuerpo a un ser humano. ¡Como si fueran animales! ¿Cómo puede disfrutar al detectar cómo va creciendo en su interior un ser vivo, al tiempo que ella se ve deformada en su aspecto físico?

Y en otra ocasión comenta:

       —¿Quién de nuestra sociedad sabe que la función principal de la existencia de la mujer es el ser madre? ¿Quién de nuestras jóvenes pue­de sospechar que es capaz de engendrar e ir formando en ella un nuevo ser como se hace en nuestros laboratorios?  ¿Qué función le queda por cumplir a la mujer en nuestra generación? ¿Somos individuos sin un papel propio, dado que se nos privó de nuestra función reproductora? ¿Es un avance el haber privado a la mujer de la experiencia de ser madre?   

    Yo respaldo en mí la condición de ser mujer, la índole y esencia de la maternidad que existe en mi naturaleza. Creo firmemente que los roles de esposa y madre son esenciales en toda mujer. Y esta verdad hace que me sienta bien con mi feminidad