Rotulando caminos (2)

Tenía un gran terreno para ser lo que es ahora ¿no?

—Sí, era un espacio hermoso, pero se le ha ido añadiendo al­gunas parcelas más y poco a poco ha llegado a convertirse en un buen centro educativo; gracias no sólo a subvenciones exteriores, sino que también va mejorando con el esfuerzo de los socios, que son todos los antiguos alumnos que se comprometen con una cuota anual según sus posibilidades y generosidad.

¿Cómo es eso?

Ver las imágenes de origen

—Pues es una forma de colaborar muy interesante. Fue idea de la primera promoción que terminó, cuando ya el centro cubría la enseñanza hasta los catorce años. Como todos los alumnos son del barrio, se sentían muy vinculados a su colegio, y cuando fueron profesionales, pensaron en formar la asociación de antiguos alum­nos con el fin ayudar a mejorar la calidad de las instalaciones en be­neficio de las nuevas generaciones, que sin duda eran sus propios hijos. Ni que decir tiene que todas las sucesivas promociones están siendo fieles a esta demanda y cada uno mantiene el compromiso. Con todo esto hemos podido levantar nuevos pabellones de aulas, el polideportivo y se ha construido el salón de actos.

Supongo que también el barrio ha cambiado ¿verdad?

—Por supuesto. Hoy ha dejado de ser un barrio marginal, gracias al intento de mejorar el nivel cultural de sus gentes. Han aprendido a vivir con dignidad, estableciendo un proceso desde la simple supervivencia hasta la adquisición de unos conocimien­tos que les dignifica, una cultura que ha desarrollado en ellos la capacidad de poder tomar sus propias decisiones haciéndolos libres y responsables para ir forjando su futuro.

¡Qué interesante!

—Sí que lo es. Esto que hoy ves, es el resultado de nuestro empeño por ir transformando la sociedad mediante una educa­ción basada en la dignidad de la persona y en el desarrollo ple­no de sus capacidades. Y cuando han sido adultos, ellos mismos han luchado por abrirse camino y mejorar sus condiciones de vida, defendiendo sus propios derechos, llamando a las puertas oportunas, valiéndose de los contactos que poco a poco han ido creándose y emprendiendo el camino de su propio destino.

Esto es buen fruto para vosotros

—Así es. Siempre hemos procurado dar prioridad en cada alum­no al desarrollo de todo su potencial humano. Cada uno está llama­do a ir creciendo tanto física como intelectualmente al ritmo de sus capacidades personales y con ello vamos favoreciendo el progreso de una ciudadanía marcada por la autonomía y la responsabilidad.

Yo veo que tú eres satisfecho de lo logrado.

—Mucho. El resultado es fruto del esfuerzo y de la buena vo­luntad de todo el colectivo educativo, que año tras año ha sabido ser fiel a la responsabilidad de ir asumiendo el compromiso de ser agente de cambio. Y este empeño se ha visto recompensado al ver cómo el entorno ha ido poco a poco dejando de ser el ba­rrio de la periferia de la ciudad, donde empezamos nuestra tarea educativa hace ya más de treinta años.

Este es un trabajar bonito.

—Ya lo creo. No te puedes imaginar lo que era cuando em­pezamos aquí. Las gentes no tenían ni las mínimas nociones de higiene ni de interés por salir de la indigencia, y ahora puedes ver que el sector goza de una posición digna. Además, se ha creado un ambiente de amistad entre ellos muy bonita. No es un con­glomerado de individuos independientes y anónimos, sino que forman un grupo de personas y familias que se relacionan entre sí, llegando a crear lazos de empatía más o menos fraterna donde se saben escuchados y pueden con libertad expresar sus intereses e inquietudes. En fin, un grupo humano que organiza su vida planeando juntos, buscando la realización de sus sueños por un futuro mejor, sabiendo que nadie es indiferente a la suerte del otro, que todos tienen interés porque salga bien lo colectivo.

¡Qué bien!

—Y esto se debe a que los adultos son todos profesionales bien cualificados, que han sabido prosperar caminando hacia el puesto que le corresponde en la sociedad, por los conocimientos adquiridos a lo largo de sus años de estudio.

Esto si es interesante.

—Desde luego, yo creo firmemente que, con nuestro enfo­que socioeducativo, estamos colaborando a la transformación social. Hemos ido rotulando caminos nuevos, comprometién­donos en el desarrollo de una ciudadanía corresponsable, por medio de una educación innovadora y democrática. Todo esto encarnado en profesores con sólida formación pedagógica, que trabajan por una enseñanza de calidad promoviendo los valores del estudio, la investigación, la participación y la integridad.

¿Cómo os relacionáis con otras gentes que no son del barrio?

—Mira, hay que partir del principio de que sólo se puede influir en los otros en la medida que vivimos el sentido de pertenencia a una comunidad y nos implicamos en su crecimiento y desarrollo. Para que haya una relación fluida, hay que saber respetar las diferencias, acep­tando el derecho a ser únicos y diferentes a la vez que nos sabemos iguales y complementarios. Sólo desde ahí, estaremos preparados para abrirnos a un círculo más amplio como la ciudad y la nación.

¿Es esto democracia?

—Pues… verás. Para mí, un país que presume de regirse por un gobierno democrático necesita ir creando unidades menores en las cuales la soberanía popular pueda ejercitarse. La sociedad civil ha de ir acercando las distancias que separa a los políticos de la población y de los problemas del día a día.

Entonces, ¿el elegir por tu voto al líder no basta?

—Según mi modo de ver la democracia, no. Tú misma eres testigo de cómo se aprende la participación en el colegio, toman­do responsabilidades y decisiones personal y comunitariamente. Esto les va enseñando a desenvolverse en un colectivo plural que más tarde trasladarán a la comunidad de vecinos, barrio, ciudad y nación. Como has leído en nuestro programa pedagógico, consi­deramos la participación como uno de nuestros pilares educativos, porque es esencial para ir aprendiendo a tomar decisiones respon­sablemente dentro del colectivo social donde nos movemos.

Si, a mi gusta mucho el programa pedagógico que tenéis.

—Siempre hemos intentado ir actualizando el programa, pen­sando en lo que es mejor, para ir marcando cambios innovadores que afectan a las condiciones vitales de las personas y al desa­rrollo de su cultura, partiendo de metodologías innovadoras que fortalezcan el pensamiento crítico y la capacidad creativa. ¡Oh, que qué tarde que es! —dijo al tiempo que miraba el reloj y se levan­taba—. Perdona, pero, he de marcharme ya.

Rotulando caminos (1)

En este nuevo capítulo, conoceremos el colegio de este barrio, a fin de considerar su bien hacer pedagógico y valorar su ilusionado esfuerzo por transformar el lugar, después de casi cuatro décadas de constante desvelo y constancia.

 Hoy he coincidido con el director del colegio a la hora de la comida y aprovechando que estaba solo me he acercado a su mesa con mi bandeja.

¡Qué sorpresa verte!

—Hola, me alegro de encontrarte. Como ahora me he que­dado solo en casa, he decidido acercarme por aquí para comer.

Sí, ya me enteré de la boda de tu hijo pequeño.

—Así es, se casó el sábado y marchó a vivir al otro extremo de la ciudad. Ahora tengo que plantearme la vida en solitario y presiento que en lo sucesivo me convendrá tomar esta alternativa más de una vez. Pero… siéntate y charlaremos mientras comemos. ¿Te parece?

Pues claro. A mí también me gusta comer aquí y vengo muy a menudo. ¿Vives muy lejos?

—Pues verás, en coche sólo tardo quince minutos en llegar a casa, pero como esta tarde tengo que volver al colegio y no me había preparado nada, he optado por no desplazarme.

Ya veo. ¿Cuántos hijos tienes?

—Tengo tres, un chico y una chica que viven actualmente en Brasil, y este que, aunque está en la ciudad, se ha trasladado a otro barrio al casarse, así que me he quedado solo.

¿Hace mucho que murió tu esposa?

—No, solo tres meses.

¡Cuánto lo siento!

—Gracias. La verdad es que fueron muy duro sus últimos meses, pues ella era el alma del colegio y me costó mucho su en­fermedad. Aún no me hago a su ausencia.

¿Cómo empezaron el colegio?

—Fue un proyecto social del Banco de mi suegro. Comenza­ron por rehabilitar el barrio, que era uno de los más pobres de la ciudad, convirtiendo para aquellos menesterosos las chabolas en casas, sencillas pero dignas. Construyeron varios locales públicos y entre ellos también una escuela para los niños del barrio. De todo esto ya hace casi 37 años, y nosotros, que habíamos acabado ese curso la carrera superior de educación, se nos solicitó para llevar la parte pedagógica del colegio.

¡Qué interesante!

—Cuando comenzamos, este barrio estaba en los límites de la ciudad, la mayoría de las familias eran forasteras, emi­grantes de otros países, colectivos de realidades campesinas o simplemente personas que al aterrizar en esta ciudad y verse anquilosadas en un callejón sin futuro, habían perdido toda su autoestima social, vivían en situaciones de exclusión, con gran­des privaciones de todo orden, donde sobresalía la precariedad de los empleos, la ausencia de oportunidades y donde los re­cursos económicos eran escasos. En fin, esto era meternos en un ambiente de personas socialmente consideradas excluidas. El problema de la marginación, la discriminación, la violencia, eran los factores dominantes.

Y entonces comenzasteis esto para cambiarlo.

—Así fue, somos testigos directos de haber sido parte de los agentes de cambio de esta gente. La transformación social ha sido posible gracias a la educación recibida en nuestro centro entre otros factores.

Si, yo veo que el barrio ya no es marginal

—Así es. Fue una idea brillante y aquí nos vinimos. Con la ilusión e intrepidez de los novatos, presentamos una propues­ta pedagógica donde nuestro último objetivo era hacer personas dignas, cultas y responsables de aquella gente sencilla e ignorante. Tuve la suerte de tener por esposa una fuera de serie que, siempre fue el alma de este proyecto educativo.

Supongo que en todos estos años habéis trabajado mucho.

—Pues sí, como te decía, comenzamos con una pequeña es­cuelita a la que llamamos “La siembra”, porque este era nues­tro propósito, sembrar educación en esa gente tan necesitada de todo. Y con sólo cuatro aulas, dos de niñas y dos de niños, a dos niveles cada una, nos lanzamos a esta maravillosa aventura. El colegio era sólo un bloque de dos alturas, en el centro de la planta baja estaba la dirección y secretaría y en el piso superior, separaba las dos aulas una biblioteca que era a su vez la sala de profesores, de reuniones… en fin, lo que ahora llamaríamos sala multiusos. En el exterior, rodeando el edificio había un jardín y un patio de recreo que hacía a su vez de campo de deportes, Esto era todo.

LA CONDICIÓN FEMENINA (6)

Vamos a dar por terminado este capítulo con el diálogo de M95 y su compañero V71. ¿Qué les dice a ellos todas estas novedades existenciales?

Quiero destacar aquí la pobreza relacional de esa civilización.

Porque hoy, con la experiencia de la pandemia, tenemos que reconocer que la distancia, el aislamiento social y el confinamiento que se nos impone como instrumentos indiscutibles para velar por nuestra propia salud, puede llegar a quebrar nuestros vínculos, generando incomunicación, insensibilidad afectiva, y desmoralización, induciéndonos a vivir de una forma que, por cultura, no nos pertenece. ¿Qué va a pasar con mis relaciones interpersonales, mis amistades…? ¿A dónde nos puede conducir todo esto?

Pasemos a leer el diálogo futurista de esas dos personas

—¡Este es el secreto de esta gente, el móvil que les impulsa a construir la historia con los ojos puestos más allá de la misma historia! ¡Qué diferente planteamiento a la programación establecida en nuestra civilización!

—¿Ya estamos de nuevo hablando despropósitos?

—Bueno, tienes que reconocer que es una manera distinta de mirar la vida. Es verdad que a nosotros se nos proporciona cuanto necesitamos, pero nuestras necesidades e intereses no pasan de ser superficiales. Tenemos el alimento necesario y abundante, se nos atiende en nuestras enfermedades, disfrutamos de todas las comodidades que precisa una persona de nuestro siglo y eso en el ámbito universal, pues nadie sabe lo que significa ser pobre o menesteroso materialmente hablando, pero ¡qué pobres son nuestras relaciones interpersonales! ¿Dónde están nuestros sentimientos? Me parece que estoy empezando a despertar del letargo de satisfecha-engañada, y siento que me va la vida en escuchar las voces de estas gentes que me orientan hacia la única meta que para mí ahora mismo tiene sentido. ¿A quién le interesa que todo siga tal como está?

—Entre otras personas a mí. ¿No te das cuenta de que no puedes seguir así, desacreditando tan descaradamente nuestra civilización?

 —Pienso que esto se debe a que hemos sido educados en determinados principios que controlan nuestras capacidades intelectuales y emotivas, pero ahora caigo en la cuenta de que esto no es lo correcto. No está previsto que los ciudadanos se aparten de esas normativas que se han hecho hábito en nuestro comportamiento, pero ¿dónde queda nuestra libertad de expresión y de escoger?

—¡Qué ganas de complicarte la vida!

—Quizás, pero dime, ¿quién es capaz en nuestra sociedad, de pasarse un rato con un amigo compartiendo las penas y las alegrías?

—¿Para qué? Hay otras formas de solucionar estas cosas.

—¡Por supuesto! Cuando te ves en conflicto, vas al orientador de turno y te resuelve el tema. ¿Verdad?

—¿Qué malo hay en ello?

—No, si todo esto está muy bien. Pero yo te pregunto ¿Has llamado alguna vez a la puerta de tu vecino porque necesitabas algo de él?

— ¡Nunca lo he necesitado!

— ¡Ahí esta! Hemos perdido la capacidad de necesitar al otro. Ya no podemos saber lo que significa la alegría de ser útil, el gozo de poder compartir, la belleza de la íntima relación con el misterio de cada uno.

—¡Patochadas! Yo no echo en falta nada de esto.

—¡Eso es lo malo! Ahogaron nuestras necesidades relacionales. Esa acogida de la amistad es ajena a nuestra sociedad. Ese trato personal que he descubierto en esta gente, creo que es una riqueza que hemos perdido y que convendría recuperar.

—¡Tonterías! Tú no eres quien debe decidir esto.

—¡Por supuesto que no! Pero reconoce que es más humano el poder conectar con los mismos sentimientos que tu compañero de empresa.

—¿Para qué?

—Pues para poder tomarte tu trabajo con otro interés, porque te sabes haciendo camino junto con otros que tienen la misma meta. Tratar de no ver en el otro un enemigo que te puede denunciar, traicionar o simplemente hundirte en una competencia de poder. Aquí he visto todo lo contrario. He descubierto que en esta sociedad viven atentos a ir juntos construyendo la marcha de la historia. Una historia que ahora me parece más humana.

—¡Estupideces!

—¿A quién se le ocurre en nuestro ambiente preocuparse por lo simple y lo inútil? Aquí he descubierto la ilusión por lo pequeño, lo simple, el detalle. El valor de lo menos útil, la acogida y rehabilitación del minusválido, la comprensión del menos dotado, la aceptación de lo diferente como un valor a respetar, por venir de un ser humano… ¿No habremos perdido algo positivo de las civilizaciones pretéritas? ¿Por qué tantos prejuicios?

—¡Bobadas! Está visto que tienes la cabeza embotada con tanta novedad.

 —Quizás, pero ¿no te llama a ti también la atención que no demos importancia a las relaciones interpersonales, a lo afectivo, a los valores relacionales?

—Supongo que serán cosas de otro siglo.

—Puede ser que la explicación esté en que ignoramos la transcendencia de esta vida y no profundizamos en la hondura del ser humano, porque no reconocemos su dimensión espiritual. Por eso me cuesta tanto seguir el diálogo de estas gentes cuando hablan de cosas tan profundas que según ellos no podemos percibirlo porque sólo se puede juzgar con criterios del espíritu.

—Oye. ¿No tienes miedo de cansarme y que sea yo el que te denuncie dando la voz de alarma a la base del proyecto?

—Es posible. Esto es un riesgo, que soy consciente he de asumir si quiero desahogar con alguien todo lo que estoy viviendo. Así que sólo me queda esperar que no me defraudes y me escuches sin prejuicios ni temores.

—No sé hasta cuando seré capaz de aguantar tanta necedad.

—Bueno, ¿qué me dices de la desigualdad de género que existía en esta sociedad que estamos estudiando?

—No me negarás que en esto hemos avanzado

—Por su puesto. Aunque en donde estoy residiendo no puedo experimentar estas diferencias, al parecer seguía siendo una asignatura pendiente a escala prácticamente mundial en esta época, de ahí los congresos y las reuniones internacionales que van tomando conciencia de esta realidad. Como ves, aquí puedo apuntar en favor de nuestra civilización. Hemos conquistado la igualdad de sexos, el no hacer diferencias ni valoraciones partidarias entre hombre-mujer. Podemos estar orgullosos del resultado generacional al haber conseguido dejar atrás la idea de superioridad de un sexo sobre el otro. ¡En este campo les hemos aventajado!

—¡Menos mal que hemos progresado en algo!

—No seas sarcástico. Claro que hemos adquirido nuevos conceptos valorativos de la persona, al considerarla en su aspecto de eficacia y productividad. Esto ha hecho que se rompieran aquellos esquemas. Pero tienes que reconocer que aquí sólo cuenta tu capacidad para ser útil al progreso y al bienestar de esta sociedad.

—¡Ya lo has estropeado!

—Pues es verdad, pero en la época que estamos estudiando, esta diferencia era el motivo de una lucha, a veces hasta violenta por parte de la mujer, por conseguir ser reconocida, escuchada y valorada.

—¡Vaya, barbaros!

—Ríete cuanto quieras, aunque reconozco que nosotros hemos aprendido a mirar con otros ojos y a escuchar con otros oídos, y el resultado ha sido el acostumbrarnos a oír y ver sin distinción entre un hombre o una mujer, en un trato que bien podríamos llamar neutro.

—¿Y eso es bueno o malo para ti?

—Si sigues lanzándome esos dardos tan irónicos. Mejor será que demos por concluido aquí nuestro informe de hoy.

Es tiempo de reflexionar, de profundizar en el sentido de lo que está pasando y no permitir el habituarnos a prescindir de la riqueza que supone el ver en el otro un referente complementario de nuestro mundo afectivo, emocional, o simplemente relacional.

LA CONDICIÓN FEMENINA (5)

Hemos llegado a un punto de la conversación donde el ser humano toca fondo. ¿Cuál es el sentido último de nuestra existencia? ¿Yo para qué nací? ¿Por qué y para qué existo? ¿Cuál es mi destino?

Ya no importa ser hombre o mujer. Todo ser humano tiene un compromiso trascendente. Todas estas preguntas tienen una sola respuesta: mi responsabilidad existencial

—Luego, según tú, todos tenemos una misión que cumplir.

—Así es. No hemos nacido por un simple hecho físico. Estamos aquí para ir construyendo la historia según nuestro destino. El matrimonio está llamado a colaborar en la prolongación de la especie al engendrar con responsabilidad, por eso es esencialmente temporal, pero por encima de nuestra misión histórica, existe un absoluto eterno que es el único que puede saciar todas nuestras más profundas aspiraciones humanas y que sabemos que sólo se dará fuera de la historia, esto es en la otra vida, por eso,  tanto el que se une a otro para prolongar la estirpe como el que opta por hacer suya la familia humana, han de ayudar a ir haciendo una sociedad digna, con proyección de eternidad.

Entonces, si yo entiendo bien, esto de hacer una sociedad fraternal, ¿no es vuestra meta?

—Me has entendido perfectamente. Nuestra aportación a la construcción de una historia digna de llamarse humana no es el fin que nos proponemos, porque nuestra empresa no termina con la muerte.

—Eso siempre a mí llamar la atención en vosotros.

—Pues así es. No podemos empeñarnos en buscar el desarrollo de la persona, con fines únicamente materiales, sería mutilarle al no reconocer su dimensión trascendente que le encamina más allá de su existencia terrena donde culminará su inmortalidad. Estamos creados para lo infinito, lo eterno, lo inmutable.  Nosotros creemos que tenemos un principio, pero no un fin. Por eso nuestras aspiraciones nunca se sacian con lo mejor de este pasar por la historia.

—¿Entonces esta vida es un paso a otra nueva vida?

—Veo que vas captando bien la idea. La vida presente es sólo un camino que desemboca en la vida eterna, donde no existen las limitaciones ni las frustraciones que tanto nos acongojan y los deseos que tanto nos cuestan aquí conquistar. Esa meta es la que nos da aliento y empuje para seguir aceptando todas las sorpresas existenciales. Creemos que allí resolveremos todas nuestras aspiraciones. Este es nuestro fin y la meta hacia donde queremos dirigir todos nuestros esfuerzos.

—¡Me maravilla esta seguridad de creer las cosas tan extrañas!

—Pues así es, aunque a ti te parezca raro por lo novedoso, nosotros creemos en ello y tratamos de ser coherente con nuestra fe. Porque entendemos que esas ansias que Dios ha puesto en lo más profundo de nuestro ser, no se puede saciar aquí por las limitaciones de nuestro cuerpo mortal, pero cuando nos hayamos liberado de ello con la muerte, ya nada será obstáculo para alcanzar lo que con tanto anhelo aspiramos.

—Verdaderamente este un mundo extraño para mí.

—No te preocupes, quizás estés más cerca de entender de lo que te crees.

—Yo pienso que vuestra vida es muy difícil.

—Bueno, yo diría que es muy exigente y radical. Es verdad que no se consiguen estas propuestas vitales de repente y que tienes que tratar de mantenerte en una sociedad donde tus criterios son antipopulares, pero te aseguro que vale la pena. Tan sólo sea por el apoyo comunitario que nos hace vivir en una armonía grupal. A veces se tienen experiencias difíciles que uno solo no puede afrontar y el contar con la familia, con los más allegados, te hace sentir capaz de vencer cualquier obstáculo. ¿No te parece?

—Supongo…  pero… es que todo es distinto a mi vivida antes.

—Te comprendo. Pero por mi propia experiencia te digo que creo que nuestra existencia humana es esencialmente comunitaria y que, por eso mismo, tiene como parte insustituible el compartir y el ayudar. De aquí que nos sentimos a gusto al sabernos ayudados y a la vez poder ser necesarios para ayudar a otros.

—Si eso funciona así, la vida será más fácil para todos, pero me temo que todo el mundo no piensa así.

—Por supuesto que es una hermosa utopía el pretender que toda la humanidad de una respuesta afirmativa, pero sí van brotando aquí y allá núcleos de personas que acuden con generosidad a la invitación del Señor, y por ellas el mundo y la historia podrían dar un giro de 360 grados. ¿No te parece interesante?

—Sí que lo es. Pero… me resulta tan extraño…

—Puede parecértelo, pero el secreto está en tomarte en serio tus intereses vitales y asumir tu propia historia con responsabilidad.

—¿Tú crees que sale bien?

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—Esta es la pena, que somos frágiles y a veces no nos sale. Pero, aunque no somos perfectos, ¡qué ser humano lo es!, ya te habrás dado cuenta durante este tiempo que estás con nosotros, que no son meras palabras o bonitas reflexiones; aquí, aunque a veces no nos salga, tratamos de ser coherentes en nuestro vivir cotidiano con lo que decimos.

—Esto es verdad. Y ¿qué pasa cuando no lo haces?

—Somos seres libres, y este es el riesgo más grato y a la vez más conflictivo y exigente del ser humano. El Señor no obliga ni fuerza, te invita, pero quiere que seas tú la responsable de tu decisión. Toda opción tiene su riesgo, cuando eliges algo renuncias a lo otro, por eso es muy importante estudiar con discernimiento nuestras elecciones.

LA CONDICIÓN FEMENINA (4)

Esta semana se nos plantean tres comentarios a reflexionar: La entrega como instinto maternal de la mujer adulta. El bucear en la interioridad para encontrar el sentido transcendente de la vida. La fidelidad a tu destino para ser auténticamente feliz.

Tres propuestas que vale la pena tener en cuenta a la hora de tomar el pulso a nuestra existencia.

—Y hablando otra vez de Marta, ¿quieres explicarme cómo ve ella eso de ser madre?

—Pues Sí. En ella su propia condición femenina le lleva a enfocar la entrega y abnegación desde su instinto maternal. Es una mujer adulta consagrada por completo a entregarse a los otros y con ello se siente realizando su potencial de hacer familia, dedicándose plenamente a este nuevo modo de ir construyendo una historia más fraterna.

¡Qué interesante!

—Sí que lo es. Para ella el construir una familia, una hermandad con todos los que trata, pasa por delante de sus intereses personales. Por otra parte, es una mujer que está habituada a mirar los acontecimientos cotidianos con ojos contemplativos.

—¿Cómo? Perdón, yo no entender muy bien eso.

—Quiero decir que ante cualquier cosa que sucede, Marta rápidamente sabe hacer una referencia sobrenatural. Para ella no existe la casualidad, todo tiene un por qué trascendente, por eso además de su instinto femenino, se entrega abandonada ante la presencia del Señor que todo lo ve y lo permite.

—¡Uf! Creo que estas son palabras misteriosas para mí.

—Supongo que sí, estamos hablando en términos que a nivel puramente humano puede parecer absurdos.

—¿Cómo de absurdos?

—Verás. Cuando hablamos de verdades espirituales a personas que no están iniciadas en estos temas, puede resultar difícil porque nos situamos desde distintas posturas ante la mente humana. Cuando explicamos verdades espirituales a personas de espíritu, no las exponemos en el lenguaje que enseña el saber humano, sino que nos situamos en un nivel espiritual.

—Entonces, para comprender ¿tengo que aprender un vocabulario especial?

—No se trata sólo de términos de vocabulario sino de conceptos mentales que únicamente lo captan los familiarizados con los criterios del espíritu. Los que vivimos con los ojos puesto en el Señor de la Historia, somos capaces de detectar esas emisiones de señales diferentes que nos descubren, en los acontecimientos cotidianos, dónde se encuentra la presencia del Señor.

—Me parece que estoy perdida.

—A ver cómo te lo explico. Mira, por encima de los sucesos cotidiano y ordinario, donde se suele dar una opinión de una mirada rápida y superficial, hay personas iniciadas en la comunicación con lo trascendental, que saben descifrar ese particular código de señales que anuncia la presencia del Señor. Personas que tienen experiencia de interiorizar el vivir

—¡Uf! ¿Y Marta es así?

—Sí. Su vida tiene un permanente interlocutor y vive pendiente de serle fiel colaboradora. Por eso su entrega va más allá de ser una ayuda para el otro. Es una disponibilidad incondicional a la misión para la que se sabe llamada por el Señor, y desde esa actitud vital, intenta ir construyendo la parcela existencial que se le ha confiado, tratando de ser coherente con sus propias convicciones.

—Y entonces, ¿esto es mejor que ser casada?

—Ni mejor ni peor. Son como las dos caras de una misma moneda, dos maneras de realizarse propio del ser adulto. Cada uno ha de saber encontrar su equilibrio en el propio camino para cumplir su destino. Reconozco que en ocasiones el matrimonio puede ser una limitación para estar disponible, pero también tiene otras compensaciones que no son ni mejores ni peores, sino según tu inclinación vocacional. Todos tenemos un cometido que cumplir en la sociedad, nadie se puede evadir de ella si quieres ser auténticamente feliz y sentirte realizándote en plenitud, por eso tienes que encontrarlo y seguir fiel en tu puesto.

LA CONDICIÓN FEMENINA (3)

Hoy Sera nos va a argumentar sobre su concepto de igualdad entre el hombre y la mujer y la riqueza que supone para la historia que la mujer tome parte en el devenir de la sociedad.

—Entonces, ¿tú eres de las feministas?

 —Bueno, no soy de las que van reivindicando para la mujer unos derechos de igualdad con el varón. Sencillamente creo que somos dos modos de ser persona, dos modos que se complementan pero que no se pueden confundir. Somos equivalentes, pero no iguales. Ahora bien, otra cosa es que, como ser humano, ante la ley y demás, todos debemos ser personas con los mismos derechos y deberes. Es evidente que existe lo femenino y lo masculino, pero no podemos verlo como castas o diferentes niveles del ser, sino como complementarios que se necesitan mutuamente, porque saben que juntos forman un todo.

—Sin embargo, en muchos de los países aún es la mujer como ciudadano de segunda categoría. ¿No?

—Sí, esta es una triste realidad. Pero es gratificante el pensar que parte de la sociedad mundial está ya despertando ante la evidencia. Lamentablemente, a lo largo de la historia poco se ha tenido en cuenta el valor de esta complementariedad y ha sido tremendamente machista. Pero sin duda que es un signo de nuestro tiempo el ir tomando conciencia de la riqueza que la mujer puede aportar a la marcha de la historia. Tenemos que ir corrigiendo esos errores ofreciendo a las nuevas generaciones la complementariedad del hombre-mujer, aceptando las dos dimensiones de la persona humana como necesarias para que la sociedad crezca armónicamente.

—Esto es un camino muy largo para recorrer aún, ¿verdad?

—Por supuesto. Estamos aún inmersas en una sociedad patriarcal, donde la mujer sigue un paso por detrás de los varones, pero ya va siendo hora de que nos pongamos a estudiar el modo y la manera de que esto vaya cambiando. Hay que ir transformando las mentes hacia la aceptación de la participación igualitaria de hombres y mujeres a todos los niveles cívicos. De hecho, ya se van abriendo cauces en las estructuras políticas, económicas y profesionales, dando paso, incluso en los campos directivos, a la participación femenina. Aún los hombres tienden a elegir a sus iguales, los varones, porque actúan como ellos y a veces la lógica de las mujeres les descoloca. Pero sin duda que, con el reconocimiento de la mujer, la sociedad se verá muy pronto beneficiada. Su aceptación en las tareas públicas la está convirtiendo en agente de transformación de la sociedad y yo creo que es un signo de progreso de la historia.

—Y dime, ¿cómo ven los líderes de este país esta problema?

—Aún hay mucho que hacer, pero se va tomando conciencia de ello. Es verdad que nuestro concepto de hombre y mujer, como ya hemos comentado, tiene raíces muy machistas y es muy difícil eliminarlos en una primera generación, pero te aseguro que estoy satisfecha de los pequeños pasos que se están dando, tanto en el ámbito social, laboral e incluso educacional.

—¿Y qué cambiará la sociedad por la mujer?

—Pues verás, tomando el tema desde sus raíces existenciales, la experiencia biológica de la maternidad como raíz de lo genuinamente femenino, infundiría a la ciudadanía una gran riqueza en el campo relacional. Esos valores de entrega, acogida, apertura, preocupación por el otro, atención por el más débil, inclinación por la solidaridad, la unión, la aceptación de la singularidad de cada uno… en fin, asumir la dimensión femenina en la sociedad es hacer una historia más comprensiva y tolerante, abierta a aceptar la igualdad y la originalidad de cada uno de los individuos que la componemos.

—Me temo que tiene mucho que girar nuestra planeta para ser esto una verdad universal. ¿No te parece?

—Pues sí. Pero ya es hora de que nos vayamos dando cuenta de que excluyéndonos no sale ganando la historia. Esto es irreversible, y es una realidad que la presencia femenina en todos los ámbitos de la sociedad enriquece al bien común.

—Pero yo creo que también hay mujeres muy severas y duras ¿no son femeninas?

—Bueno, estos criterios femeninos no son exclusivos de la mujer, ni tampoco lo son los contrarios del hombre. El ser humano es muy complejo y el equilibrio femenino-masculino no se da con toda pureza en nadie, somos imperfectos y cada uno tiene sus inclinaciones que le hace único y genuino.

LA CONDICIÓN FEMENINA (2)

Hoy Sara nos vas a presentar dos modos de ser mujer. Nos va a hablar de la mujer célibe, la que hace de su vida una opción exclusiva por el Reino y la que elije ser esposa y madre. Son dos formas de realizarse como mujer adulta, que no es mejor ni peor, sino más bien yo diría que cada mujer tiene que proyectar su existencia de acuerdo con los planes que Dios dispuso al crearla. Sólo así se podrá sentir satisfecha al alcanzar sus motivaciones vitales

—Hay una cosa que no entiendo.

—Tú dirás.

—¿Por qué si valoráis tanto a la familia, Marta y Juan no son casados?

—Como Andrés y yo por ejemplo ¿no?

—Sí. ¿No es algo negativo no tener una familia para prolongar este sentido de vivir? Yo no puedo entender. ¿No es una fallar, alguien que no ayuda a que la historia siga con vuestras esquemas etnográficas?

—Puede ser que desde fuera así parezca, y respeto tu punto de vista, pero tienes que saber que para nosotros tiene un profundo sentido la opción de estas personas por renunciar a crear su propia familia en favor del desarrollo del Reino.

— ¿Me lo puedes explicar más fácil?

—Veras. Me refiero que, ellos han renunciado a algo tan valioso como es la familia para poder dedicarse en exclusividad a la empresa que nos convoca en libertad y disponibilidad. Pues sin duda que están más libres al no tener que condicionar sus decisiones al bien de los suyos y de nadie son responsables familiarmente hablando, por eso pueden estar al servicio de los demás sin las condiciones que reclama la familia. Además, son signos que nos recuerdan, dónde está lo absoluto en nuestra vida cotidiana. Ellos, con su estilo de vida, nos ayudan a relativizar todas las cosas y los acontecimientos, pues todo, por muy importante y necesario que nos parezca, tiene un valor limitado y no debemos absolutizarlo. Hay veces que hacemos de nuestros intereses familiares nuestros dioses, estos se convierten en los ídolos del siglo, y luchamos por ellos como si nos fuera la existencia en tenerlos satisfechos. Por eso, las personas célibes, quiero decir, las que optan por no casarse por esta causa, son dignas de nuestra admiración y respeto si ponen su libertad al servicio del Reino.

—Pero yo oír mucho en contra de la vida de los curas por eso que llamáis célibe.

—Es verdad, hay mucha polémica sobre este tema del celibato, aunque por otra parte también se critica la maternidad o la paternidad responsable. Corremos unos tiempos de inconformismo y de cuestionar todo, y si hiciéramos caso a tanta protesta y critica negativa, esto sería un caos de esclavos, pues la manipulación y propaganda de los medios, a veces, lo únicos que consiguen es confundir, no aclarar con otras alternativas.

—¡Qué novedoso!

—¿Te lo parece? Pues te diré más. Aunque te cueste creerlo, muchas veces, la actitud de estas personas célibes por la causa del Señor me interpela, incluso para medir mi entrega conyugal y mi responsabilidad maternal.

—¡A ver, a ver! Explícame eso.

—Pues verás. Nuestras responsabilidades como pareja nos llevan a ayudarnos mutuamente. Cada mañana, al despertarnos renovamos nuestros compromisos y nos animamos a ser fieles en la tarea cotidiana y por la noche, en la intimidad de nuestro lecho nos tomamos cuenta de cómo nos ha ido la jornada.

—Y ellos célibes, ¿cómo lo llevan?

—Bueno, ellos tienen otros recursos, el caso es vivir  entregado por el bien de los demás. Porque, ¿qué es para ti la maternidad?

—Pues… la verdad… Bueno…, en realidad es tema interesante, pero pienso que tú eres la que tienes la experiencia ¿no?

—Seguramente. Pero por el hecho de ser mujer adulta, estás predispuesta a comprender las motivaciones más profundas del instinto maternal que todas llevamos por naturaleza. Porque no es sólo el hecho físico en sí, sino que, con nuestro desarrollo corporal, va creciendo en nosotras unas capacidades y unos valores, incluso unos sentimientos, que son propios de nuestro ser de mujer. Rasgos meramente femeninos, maternos, que no son mejores ni peores que los masculinos pero que son los propios nuestros. Es una manera de sentir, pensar y expresar nuestras vivencias relacionales desde dentro de nosotras mismas. Es algo indiscutible del género femenino que nos hace sintonizar con las otras mujeres. Somos como cómplices de unas actitudes que debemos compartir con el hombre pero que nos caracteriza, que nos hace femeninas, distintas y complementarias con la otra parte de la humanidad que es el varón.

—¿Cómo es eso?

—Pues verás. Pienso que toda mujer está existencialmente hecha para acoger, sufrir con el otro, sentir y expresar ternura y compasión, ser paciente y servicial, cariñosa y tolerante, cercana, desinteresada y gratuita, en fin, una serie de valores humanos que son propios de la experiencia de sentir en nuestro interior la vida de otro ser. Por eso es para nosotras más fácil el ser solidarias, acogedoras, comprensivas, pacientes, cercanas… nos mueve la sensibilidad, la piedad, la compasión, la ternura… en fin una serie de valores que, aunque son rasgos genuinos de la humanidad, son indiscutiblemente propios de la condición femenina. Y esto no necesariamente se da a partir de la experiencia física de la maternidad, aunque supongo que lo favorece, sino que es algo que toda mujer adulta, por el simple hecho de serlo, ya lo posee en potencia y hemos de tratar de despertarlo y desarrollarlo hasta concluir en la entrega total. Esto, como te digo, no sólo dando nuestro cuerpo para ser procreadoras, sino cuando en la madurez de tu ser femenino, te das toda tú a la construcción de los lazos relacionales según la intuición que nos caracteriza y nos hace capaces de formar una familia con las personas que nos rodean. Como ves, esto va más allá del simple papel de madre y esposa.

LA CONDICIÓN FEMENINA (1)

Vamos hoy a comenzar un nuevo capítulo que nos llevará unas cuantas semanas, pero vale la pena recrearnos en su lectura porque describen el talante interesante de la personalidad de Marta, la enfermera del grupo.

Es su amiga Sara la que la va definiendo y con ella va marcando un modelo de mujer entregada a servir a los demás.

Encabeza M95 el capítulo narrando sus primeras impresiones sobre esta persona tan interesante.

Marta es una gran mujer, amiga incondicional de todo aquel que se le acerca. Vive con su madre, pero ésta sabe que tiene que asumir el estilo peculiar de los compromisos existenciales de su hija y procura ser una buena colaboradora en todas sus actividades. Su casa está siempre abierta para todo el que la requiera y más de un/a joven con problemas ha pasado el tiempo que ha necesitado, compartiendo sus preocupaciones con estas dos mujeres. Marta les inculca la ilusión por la vida, les hace descubrir los valores por los que uno tiene que ser capaz de jugarse el tipo, trata de ayudarles a comprender que la paz y la alegría de vivir dependen de las motivaciones que llenan la existencia de cada uno. Y así, poco a poco, les va llevando a cambiar de actitud frente a las dificultades que sin duda seguirán encontrando, pero que, desde esa relación, se saben con nuevas fuerzas para enfrentarse a ellas. Todos reconocen que allí siempre encontrarán unas desinteresadas amigas dispuestas a echarles una mano. Marta es compañera de Sara desde la infancia. Juntas pasaron las primeras peripecias de la niñez adolescencia y juntas conocieron a Andrés y su manera de enfocar la vida. Cuando ellos decidieron formar una familia, Marta se les unión incondicionalmente, formando un trío de una fuerte influencia en el ambiente donde se mueven. Más tarde, cuando terminó sus estudios de enfermera, decidieron juntos la conveniencia de especializarse en el campo de la drogadicción. Como todos ellos, dedica su tiempo libre a dar gratuitamente una orientación formativa de su especialidad en el club del barrio. Seminarios de medicina preventiva, planificación familiar, primeros auxilios… Después de la conversación que tuve con ella, a raíz de los acontecimientos anteriores, me interesaba saber de su persona, por eso he pensado que la más indicada para darme la información perfecta era Sara.

Aprovechando que tenía la mañana libre, pues mis alumnos se han ido a visitar el museo Prehistórico de la ciudad, me he acercado a la biblioteca a probar suerte y la he tenido, pues son pocas las personas que acostumbran a usarla a esas horas de la mañana y hemos podido conversar prácticamente sin interrupciones. Era el primer día que la veía después de lo ocurrido a su hijo la semana pasada.

(El niño quedó ciego a consecuencia de una meningitis bacteriana)

—¿Qué tal estás?

—Pues mira, haciéndome el ánimo, porque esto es algo que te viene y te coge de sorpresa, pero no puedes darte porrazos contra la pared, la vida te da duros golpes y hay que ir aprendiendo a asumirlos y a ir caminando con ello.

—¿Y cómo está el niño?

—¡Imagínate!  A él le cuesta más que a mí, pues a su edad no se tiene los recursos que podemos buscar los adultos, pero hemos tenido la suerte de que Elsa lo sabe llevar muy bien y parece que va adaptándose a su nueva realidad.

—¡Ah sí! Ya recuerdo que Elsa está trabajando de niñera con tus hijos.

—Sí, ha sido un buen regalo, pues es una chica muy responsable y se ha encariñado mucho con los pequeños.

—Es suerte por las dos partes, pues para ti también es un descanso.

—Ya lo creo, además Marta quiere, aprovechando su condición de enfermera, asistir a un curso de educadores de invidentes, que se va a impartir en las vacaciones de invierno, para poder luego orientarnos en la tarea de ayudar a Daniel a desenvolverse con habilidad en su nueva situación.

—Pero, me contó su madre, pensaba pasar las vacaciones con ella en un balneario en el norte del país. ¿Cómo va a poder estar en las dos cosas?

—Bueno. No es la primera vez que sus planes pasan a segundo término cuando alguien la requiere. Estoy segura de que lo hubiera hecho por cualquiera de nosotros. Se sabe miembro corresponsable en esta gran familia que estamos entre todos construyendo. Por eso sus intereses, tanto personales como familiares y profesionales, están siempre en función de las urgencias que le pide el ir favoreciendo la hermandad comunitaria que intentamos vivir.

—¡Ah! Por eso ayudar a vosotros pasó antes de sus vacaciones ¿no?

—Exacto. Esta tarde mismo va a cancelar el viaje y a matricularse en ese curso. Su talante de vida solidaria se descubre en estos gestos concretos de disponibilidad.

—Pero ¿esto lo que hacéis todos o es algo de ella?

—Mira, aquí a nadie se le obliga a dar más de lo que su propia generosidad le exige. Pero tratamos de ir creando en nosotros una conciencia opuesta al individualismo, para liberarnos de ataduras egoístas y buscamos estilos de vida propios de la agilidad de los que han puesto su existencia al servicio del hermano que te reclama por su necesidad.

—¡Esto es muy obligado!

—Pues sí. A esta gestión, que nos coge la vida, consagramos, no sólo nuestro tiempo libre, sino toda nuestra existencia. Por eso, cuando llega el caso, pasa por delante de nuestros planes personales.

—Una cosa así, supone mirar primero a los problemas de los otros.

—Ya veo que lo vas entendiendo. Nosotros pretendemos ser sal de la tierra. Sal que hace su servicio sin ser notada, que no se ve pero que se necesita y se le hecha de menos si falta; sal que se hecha mano de ella para que dé buen sabor, para que el conjunto del guiso se beneficie al estar allí, sin ser visible pero útil. O como la levadura, que se sabe de su presencia porque es la que hace crecer. Todo esto es imprescindible para que la fraternidad vaya desarrollándose.

—Así dices tú que es Marta ¿verdad? Como la sal y como la levadura en esta sociedad.

—Sí, somos amigas de toda la vida, por eso creo que hago justicia al definirla así. Este es el estilo de Marta. Tiene la gracia de estar siempre disponible, a punto para sacar a cualquiera de un apuro. Está siempre ahí para echar una mano, para cubrir una necesidad, incluso para remediar un desagravio. Está ahí siendo sal, luz, levadura… en fin construyendo el Reino con sus actitudes de disponibilidad.

EL RETO DEL DOLOR

Hoy nos vamos a asomar al dolor de unos padres que sufren la enfermedad de uno de sus hijos. Es sin duda una experiencia existencial muy dura, que se puede vivir desde distintas reacciones psicológicas.

Aquí nos encontramos con el dolor de André y Sara ante el diagnóstico de una infección de meningitis bacteriana que sufre su hijo Daniel. ¿Cómo reaccionaron?

Escuchar el dolor, lo que tiene para decirnos, es muchas veces arriesgado, atroz, desgarrador, pero no menos un asunto de liberación, de crecimiento y madurez humana. Escucharle para seguir creyendo en el amor.

Comencemos con M95 como narradora presencial de los hecho

satelite artificial

—Agente V71, ¿me escuchas? … Llamando, llamando… Aquí M95 llamando…

—¿Qué pasa? ¿Alguna emergencia?

—No. No te alarmes. Pensé que no estarías conectado, porque no es esta nuestra hora de comunicarnos.

—Siempre lo estoy, aunque esté en otra cosa sabes que siempre estamos alertas por cualquier imprevisto.

—Es verdad, y me alegro de haber tenido esta oportunidad para comprobarlo, pero ha ocurrido algo extraordinario y no he querido retener la información hasta llegar a la hora ordinaria de nuestra conexión habitual.

—¡Venga, cuéntame que me tienes intrigado!

—Pues verás. Te voy a narrar lo ocurrido hoy, y es tan impresionante que no he podido esperar a comunicártelo a la hora habitual.

» Esta madrugada, Andrés y Sara se despertaron sobresaltados por los gritos de su hijo. Corrieron a su habitación y lo encontraron chillando desesperadamente entre un revuelto de sábanas y vómitos. Sara lo cogió en brazos, estaba ardiendo. Andrés llamó por teléfono al médico que vive en el mismo edificio y enseguida en una ambulancia se lo llevaron al hospital, después de darle un calmante para que dejara de quejarse. Allí el médico de guardia junto con su colega le hizo un rápido reconocimiento y se atrevieron a dar el primer diagnóstico clínico, meningitis bacteriana.

» (Una enfermedad muy peligrosa en esta época histórica, de la que nos hemos librado, pero que podía causar la muerte o producir pérdidas de salud importantes)

» A espera de nuevas pruebas y conclusiones, Sara se quedó en el hospital y Andrés emprendió su jornada cotidiana.

» Yo acabo de enterarme en este momento de lo ocurrido, pues he ido a leer el periódico a la biblioteca y la chica que trabaja con Sara me he informado sobre lo ocurrido.

Por la tarde

Después de despedirse de los estudiantes, le pregunté a Andrés si podría acercarme con él a la clínica para visitar a su hijo. Allí nos dirigimos y esta es la escena que presenciamos al entrar en la habitación:

—¡Mamá, mamá…!

—Estoy aquí, hijito —dijo Sara mientras se inclinaba hacia él. Y cogiéndole las dos manitas se las besaba.

—¡Mamá! ¿Por qué está todo negro? Enciende la luz, no te veo.

—¡Hijo mío! —gritó Sara con voz desgarradora, a la vez que se echaba encima de su cuerpecito.

—¿Es que se fue la luz? —seguía preguntando el niño con desasosiego.

Un silencio helador llenó la habitación. El niño cogió a tientas, con sus dos manitas la cara de su madre y dijo de nuevo:

—Mamá, no te veo y tengo los ojos abiertos. ¿Qué pasa? ¿Por qué se han ido las cosas y está todo oscuro? ¡Tengo miedo! Enciende la luz.

El médico, que había entrado con nosotros, se acercó y le dijo:

—Daniel, hijo, ahora estás muy malito, y por eso no puedes ver, pero nosotros te ayudaremos para que puedas volver a disfrutar de todo como hasta ahora.

—Mamá, ¿estás aquí conmigo?

—Sí, hijito. Papá y mamá están aquí.

—¿Me pondré pronto bueno? ¿Podré ir pronto a jugar con Ester?

—Si hijito, muy pronto —le respondió Sara con un hilo de voz ahogada por las lágrimas que trataba inútilmente de dominar.

—Papá ¿estás tú también aquí conmigo?

—Claro que si mi pequeño valiente —dijo besándole la frente—. Aquí estamos mamá y papá contigo.

Andrés se incorporó y arrancando a Sara de la cama del niño, para que este no percibiera su llanto, la atrajo hacia sí y la abrazó fuertemente. Poco a poco, al tiempo que la acariciaba y le susurraba algo al oído, la fue conduciendo fuera de la habitación. Allí nos quedamos Dña. María, Marta y yo. Afortunadamente, previniendo algo así, había colocado al saludarla, un mini-micrófono del tamaño de la cabeza de un alfiler en la espalda de Sara, que luego recuperé al despedirme de ella. He aquí lo que se conversó en el pasillo:

—¡Oh Andrés! ¿Qué ha pasado? ¿Por qué? ¿Por qué le ha ocurrido esto a nuestro hijito?

—No sé Sara. Esto entra dentro del misterio de la naturaleza humana.

—¿Qué hemos hecho? ¿Por qué? No encuentro respuesta, ¡Ayúdame! ¡No lo soporto!

—Calla Sara. Relájate. Estás fuera de ti y tienes que intentar calmarte. Es esta una situación tan difícil, que no podemos reaccionar con serenidad. No te permitas nada de lo que luego te tengas que arrepentir. Estás muy excitada y no puedes hablar ni pensar con serenidad. No trates de dar una respuesta impulsiva e irracional ante tan difícil realidad.

—Pero Andrés, ¿es que eres de mármol? ¿Es que no ves lo que ha pasado? ¿Es posible que reacciones con tanta frialdad ante la desgracia de nuestro hijo? ¡No te comprendo!

—Sara, ¡mi pobre Sara!, precisamente lo que pretendo es mantener la calma. ¿A casos crees que yo no estoy tan afectado y dolorido como tú? Pero quiero reaccionar con serenidad y tú me lo estás poniendo más difícil.

—¡Oh Andrés! ¿Qué nos está pasando?

—Mira querida, vamos a intentar reflexionar serenamente ante este acontecimiento, sin dejarnos llevar por la tentación de este momento tan doloroso y frustrante. Vamos a ver si somos capaces de ver esta situación buscando una respuesta más allá de la desgracia de un niño que ha perdido la visión.

—¡Oh Dios mío! ¡Ciego! ¡Mi hijo ciego! ¡No puede ser! Dime que no es verdad. Que es una pesadilla de la que voy a despertar.

—Calma Sara, cálmate. Confía en que todo será para bien.

—¿Cómo puede ser un bien la ceguera? ¿Es que tú también tienes el corazón cegado por el dolor?

—¡Sara, mi amada Sara! Llevamos muchas horas de tensión y estamos muy cansados. Y ahora recibimos este fuerte golpe sin fuerzas para asumirlo con serenidad. No quiero tener que lamentar que tú también enfermes.

—Sí, me encuentros sin fuerzas. Estoy agotada.

—Ahora más que nunca nos necesita Daniel sanos y serenos, para poder ayudarle a superar y asumir lo que la vida le vaya pidiendo. Por favor, Sara, prométeme que te marcharás a casa con Marta y tratarás de descansar. Tómate algo para relajarte y procura recuperar el ánimo. Daniel te necesita serena y valiente.

—¡Oh Andrés, abrázame fuerte! Dime que me ayudarás a pasar este dolor, ¡me siento tan impotente!

—Si querida. Lo pasaremos juntos y nos animaremos mutuamente. Ya verás como lo conseguimos. Te lo prometo. Confía en mí.

Entró Andrés en la habitación, pidió a Marta que se marcharan con Sara, que le diera un tranquilizante y que procurara dejarla dormida. Yo acompañé a las tres hasta la salida del hospital y regresé habiendo recuperado el micrófono.

Cuando entré en la habitación, me encontré al niño dormido y al padre sentado en la butaca con la cabeza casi en las rodillas y cubriéndose el rostro con las manos. Así estuvo, silenciosamente llorando, ignorando mi presencia, hasta que la puerta fue abierta por dos enfermeras que arrastraban una camilla.

—Hemos de llevarnos al niño. Va a ser revisado en una consulta de médicos

—¿Puedo estar presente?

—Me temo que no.

—¿Tardarán mucho?

—Tampoco podemos darle una respuesta, de todas las maneras espere aquí y ya le comunicaremos cualquier novedad.

 Él marchó con ellas, tomando entre sus manos la manita del niño dormido, hasta que una puerta de cristales opacos le separó de su hijo. Yo me acerqué y dijo como si hablara para sí mismo, derrumbándose en un sillón:

—Esto es humanamente difícil de asimilar.

Él ignorando mi presencia oró:

Tiende, oh Dios, tu oído, escúchame porque soy pobre y desdichado; guarda mi alma porque soy tu amigo, salva a tu siervo que confía en ti. Porque tú eres bueno y clemente y lleno de gracia para todo el que te invoca. Escucha mi oración y atiende la voz de mi súplica. A ti clamo en el día de la angustia y tú me responderás.

»Pero… ¿Cómo es posible?

“Sólo el que sufre en su propia carne, es capaz de medir la intensidad del dolor”

» ¡Claro! ¡Ya estás! He aquí la explicación del misterio ¡He aquí la respuesta! El Señor quiere que experimente este dolor para saber entender el dolor del inocente. ¿Cómo consolar a los que sufren dándoles el mensaje de fe, si tú no has sido víctima de esa experiencia? ¿Cómo ayudar a asumir y aceptar la parte más difícil de entender del misterio humano?

Gracias demos al Señor por ser el Dios de toda consolación. El cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, a fin de que gracias al gozo con que somos consolados por Él, podamos nosotros consolar a cuantos pasan alguna tribulación, compartiendo con ellos el ánimo que nosotros hemos recibido.  

Y con esto me despedí de él dejándole con Juan que llegó en ese momento.

LOS DOS HERMANOS III

» Una tarde se presentó en casa Isabel excitadísima, rogando a su tío que fuera sin demora a ayudar a su padre. Marcharon los dos enseguida y a las pocas horas regresaron con él. Aquello no era persona. Había perdido toda su dignidad. Llevaba varios días sin afeitarse, sin cambiarse de ropa, sin querer salir de la habitación de invitados, donde se había encerrado, ni para comer. Su hija lo había intentado todo para hacerle entrar en razón, pero viéndose sin más recursos decidió acudir a su tío.

 —¿Por qué? ¿Qué pasó?

—Pues que alguien, que se firmaba un buen amigo, le había escrito una carta poniéndole al corriente de la infidelidad de su esposa, y la monstruosa mujer, al verse descubierta, le soltó sin piedad, con las palabras más humillantes que se le ocurrieron, todo el veneno que llevaba dentro, confirmándole con toda crudeza la verdad de aquella situación. Fue tan grande el desconcierto de D. Carlos que se hundió en una gran depresión de la que no había medio de hacerle reaccionar. Se encerró en aquella habitación, dispuesto a esperar que la muerte se lo llevara.  

» D. Juan logró por fin traerlo a esta casa, y entre él y yo, con la ayuda profesional de Santiago, el psicólogo. tratamos con paciencia de ir recuperándolo. Nos costó mucho tiempo, pero poco a poco conseguimos que fuera interesándose por la vida. Su hija lo llamaba por teléfono diariamente y los fines de semana lo pasaba con nosotros. Por entonces estaba estudiando económicas en la universidad y procurábamos que los asuntos familiares no le perjudicaran mucho. La atención de su hija también fue una buena terapia, la ansiedad con que la esperaba y el placer de saborear durante su ausencia, el recuerdo de aquellos momentos vividos juntos, iban poco a poco curando su vacío interior. Realmente era ella el único rayo de ilusión que le iba despertando las ganas por seguir viviendo. ¡Me partía el alma verlo! ¿Cómo puede haber en el mundo mujeres que parecen han nacido para hacer el mal a los suyos?

» Enseguida que lo vio oportuno, aconsejado por Santiago, D. Juan le propuso que le ayudase en la administración de la economía del proyecto del barrio, y como hombre de negocios que era, aquello no sólo le distrajo, sino que fue de gran beneficio para los planes de su hermano. Prácticamente estuvo tres años viviendo con nosotros. Poco a poco regresó a la empresa, sin aparecer por su casa. Pero como los tentáculos de aquella bruja no podían dejar de hacer daño, volvió a meterse en su vida para seguir atormentándolo.

—¡Esto es increíble!

—Así fue. Una tarde se presentó diciendo que venía a pedirle perdón, que ella también lo extrañaba y que se daba cuenta de lo estúpida que había sido al dejar deshecha una familia. Se disculpó diciendo que le había cogido en un mal momento y que no había sabido medir las consecuencias, pero que él también tenía que reconocer que la había dejado muy sola, hasta el punto de ignorarla ocupándose solo de sus negocios, por eso al verse provocada por otro que le mostraba el interés que él no le daba, fue débil y no pudo vencer la tentación. Le rogó que se dieran otra oportunidad, para intentarlo de nuevo. Con estos y otros engañosos argumentos, le pidió que abandonara todo y que se fueran los dos solos, a reencontrarse de nuevo. Le propuso comenzar una experiencia nueva, que se las prometía feliz, lejos de todo lo vivido. Y usando todas sus artimañas consiguió seducirle de nuevo, valiéndose de su astucia y cinismo. Le embaucó de tal manera que consiguió no sólo llevárselo a Brasil con la excusa de gestionar el negocio que tenían en aquellas tierras, sino que se llevaron todo el dinero que estaba administrando de estas pobres gentes.

—Pero… ¿Cómo es posible? ¿No tenían ellos su propio dinero?

—Por supuesto que nunca han estado carentes de medios económicos, pero el caso es que el dinero desapareció con ellos. Estoy segura de que fue cosa de ella, pues D. Carlos es un hombre de una talla superior, que ha heredado de su padre un gran sentido de justicia. Ya le he comentado que todo ese imperio económico no es un medio de lucro, con ello pretenden no sólo ayudar a los demás proporcionando trabajo, sino que también llegan a colaborar en el remedio del hambre del tercer mundo, de ahí la delegación de la empresa en Brasil. Por eso le digo que la idea de sustraer ese dinero no podía salir de él, seguro que fue chantajeado por ella y le engañó para justificar esa acción. Como ella en el fondo, es una persona envidiosa, incapaz de consentir que los otros le puedan eclipsar, y celosa de la prosperidad de los demás, nunca le hizo gracia la labor sociolaboral de su esposo y su cuñado, por eso pienso que vio en aquel momento la oportunidad de fastidiar hundiendo económicamente el proyecto.

—¿Cómo lo hizo?

—¡Quién sabe cómo consiguió convencerle! Astucia incomprensible de un alma ruin, arrogante y egoísta. Yo no sé lo que él ve en ella, pero sin duda que consigue de él cuanto se propone. Es de esas personas falsas que son capaces de mantenerte la mirada con la más inocente de las sonrisas cuando por detrás te están dando una puñalada. Pero D. Carlos la quiere tanto que no dudó en darle otra oportunidad.

También fue un mal pago para Uds. por querer ayudar

—Es incomprensible, pero así fue.

—¿Y ahora oigo que volvió?

 —Bueno, el caso es que desaparecieron y no volvimos a saber de ellos hasta hace una semana.

—¿Cómo fue?

 —Pues verá. La única que tenía noticias de ellos era su hija, por medio de David, el hijo de D. Felipe el director del colegio, que cuando terminó sus estudios de ingeniero agrónomo marchó a aquel país para comenzar los planes de ayuda en Brasil abriendo una sucursal de nuestra empresa con las personas nativas.

» Cuando D. Carlos y su mujer marcharon a América D. Juan y su sobrina se hicieron cargo del patrimonio familiar. Ahora ella ya ha terminado sus estudios y participa en la empresa como directiva. Gracias a este control, han podido evitar un desastre económico, pues los padres se perdieron allá en el vicio.

—¡Qué barbaridad!

—Pues sí. Cuando David se percató de la situación, informó a Isabel y esta volvió a recurrir a su tío para pedirle que le ayudara a sacarlos de aquella ruina humana en la que se encontraban. Sin pérdida de tiempo se trasladaron los dos allí y consiguieron traer al padre, pues su mujer se negó a volver, aunque quedó en fatales condiciones. D. Juan le ha encontrado una plaza en un sanatorio de desintoxicación y ayer mismo se lo llevaron. Confío en que no sea demasiado tarde. Supongo que estarán un par de días por allí hasta ver cómo reacciona al tratamiento.

—Sí que tiene un final triste.

—¡Lo que puede hacer una mala mujer!