MI NOVELA

Después de pasar un verano sacudido por el intenso y sofocante calor, los incendios, los rebrotes del coronavirus, las dificultades para llegar a fin de mes debido la subida disparatada de los precios, me propongo iniciar una nueva etapa en mi comunicación con todos aquellos que pacientemente siguen este blog.

Estoy firmemente persuadida de que las redes sociales ofrecen posibilidades de anunciar nuestra fe por caminos nunca antes vistos, pues nos permiten llegar a personas de todos los rincones del planeta, así como confrontar las propias convicciones con propuestas contrarias, lo que sin duda es una gran riqueza, donde el Espíritu nos empuja para adentrarnos en este gran océano digital. Precisamente en esta red social he podido confrontarme con creyentes, agnósticos y ateos sobre los muchos temas, que iba marcando con las diversas etiquetas, y que les suscitaban interés o perplejidad a medida que iba publicando los diversos capítulos del libro.

Hoy da casi vergüenza presentarse como mujer de fe, a pesar de que muchos, aunque sea con la boca chica y los ojos y oídos muy abiertos, queremos seguir descubriendo los secretos de la existencia humana. Pero la realidad es que, el declarar nuestras convicciones religiosas, cierran muchas puertas. Esto puede que nos haya infundido un apocamiento tal, que parezca que tenemos que pedir permiso, ante la asechanza del estigma social, para defender un modelo de pensamiento sustancialmente diferente, que sin duda tiene un valor de humanidad que nadie puede negar.

Por todo ello, vuelvo a sacar de nuevo, de la estantería un ejemplar de mi novela y con valentía, porque,  sé que tengo que situarme ante fuerzas adversas demasiado fuertes y herméticas de lo políticamente correcto, me lanzo a recorrer nuevamente con vosotros sus páginas.

¡MARANATHA!

V71 se hallaba en su dormitorio echado sobre la cama. Tenía los brazos detrás de la nuca y respiraba larga y serenamente. Pretendía relajarse, pero su fuerza interior le podía. Había hecho un gran esfuerzo, pero al fin su trabajo estaba concluido. Al día siguiente entregaría los dos legajos.

Sabía que no había sido él el promotor de esta nueva empresa y que era el primero en sorprenderse, pero estaba convencido de que tenía que dar su consentimiento libremente para dejarse llevar hacia su destino.

Se sabía una persona distinta, como quien empieza una vida nueva, la sentía correr por sus venas al ritmo de su propia sangre. Era el comienzo de una experiencia inaudita. No conocía la causa, pero se sabía vulnerable, frágil y al mismo tiempo con las fuerzas necesarias para cualquier cosa que el destino le tuviera designado. Era una fuerza interior que le colmaba de seguridad y valor. Se sabía completamente seguro en las manos de alguien que se había adueñado de su propia persona y le hacía ver la vida desde otra dimensión. La claridad de su visión le sorprendía. Le fascinaba la riqueza vital que todo aquello encerraba. Su mente trabajaba con nuevas categorías. Conocía sus limitaciones, pero a la vez percibía que estaba en la puerta de una gran experiencia llamada a lo transcendente y esto le llenaba de energías para cruza el umbral y caminar por sendas de libertad sabiéndose sostenido y acompañado por alguien lleno de novedad. Sentía su propio corazón latiendo con unos sentimientos que sólo unos meses atrás ignoraba, y por ello no le asustaba iniciar esa nueva senda que le cogía su ser entero.

Miró a su alrededor, las cosas seguían igual, pero percataba que una presencia oculta llenaba todo el espacio de la habitación. No estaba sólo, ya nunca se sentiría sólo, S.H. empezaba a ser el Señor de su propia historia personal. Experimentaba un sosiego, una gran paz que le daba una fuerza nueva, unos sentimientos absolutamente inusuales, era como vivir sobrecogido ante una promesa rica en experiencias inéditas e impredecibles. Tenía la certeza de que su vida sería un sí absoluto al proyecto encomendado. Y se sorprendió pensando:

—A la larga la persona no consiente que se le arranque el alma. La verdad divina es más fuerte que el ser humano. El verdadero Señor de la Historia siempre es el vencedor.

Sentía que estas palabras no provenían de su intelecto, ¿de dónde podían venir? La respuesta le sobrecogió, porque revelaba una gran agudeza que no creía poseer. Y recordó aquellas palabras que leyó en cierta ocasión:

“Yo estaré con vosotros hasta el fin de los siglos”

 A la mañana siguiente, después de entregar el informe al Supremo Consejo, se dirigió a la oficina del Mayor C60 y le dio la documentación original.

Salió radiante del edificio. En su interior escuchaba:

“No guardes bajo llave las palabras

 de este libro profético

 Porque se acerca el momento.

¡Ea! Llego pronto. Y conmigo mi galardón,

para retribuir a cada uno conforme a su proceder.

Yo soy el Alfa y el Omega, el Primero y el Último,

el Principio y el Fin “

¡MARANATHA!

EL AGENTE V71

Después de asearse y desayunar sin prisas, cuando se disponía a comenzar su trabajo, llamaron a la puerta.

¿Quién podía ser? Nadie sabía que estaba allí. Sin duda habrían comprobado su huida del hospital y venían por él.

¡No tenía escape!

Se rindió ante la evidencia y abrió la puerta.

Eran militares gubernamentales.

 —Agente V71, somos de la Jefatura Militar y se nos ha ordenado que nos acompañe ante la presencia del Mayor C60.

—Está bien, permítanme que recoja lo que estoy trabajando y enseguida estaré con ustedes.

—Me temo que no les vamos a permitir que cometa ningún disparate. Somos expertos y nosotros mismos nos ocuparemos de sus documentos, Ud. vaya delante y no se preocupe por lo demás.

—Como quieran —contestó resignado—, pasen y tomen todo lo que les parezca.

Estuvieron un rato indagando y tomando nota de lo que iban requisando. Cuando terminaron, recogieron todo y salieron con V71 esposado.

Escoltado por cuatro militares fue conducido al departamento del Superintendente Mayor C60.

—¿Habéis comprobado su trabajo?

—Si Señor. Tenía el original intacto, pero estaba tratando de reproducirlo enmendando el informe según se le había ordenado.

—Muy bien. Agente V71, ¿qué pretendía hacer con el material original? ¿A caso manipularlo para no verse comprometido antes de entregármelo como le ordené después de haber entregado su trabajo al Supremo Consejo?

—Yo Señor…. No sé qué decirle… No tengo ningún plan personal… Yo…

—No se esfuerce en ganar tiempo para buscar una respuesta convincente.

—No es eso. La verdad es que sólo trataba de cumplir con el trabajo que se me había encomendado, pero les aseguro que no he tocado nada del original.

—¿Por qué eres tan cobarde? ¿Por qué no tomas una decisión valiente y te determinas de una vez por todas a aceptar el que has sido elegido para proclamar lo que habéis visto y oído?

—¿Cómo Señor…? ¡No entiendo!

—Si, Agente. Habéis hecho un buen trabajo y sería una lástima que se perdiera tanto esfuerzo, tiempo y dinero. Estaba en lo cierto desde el principio de que formabais un buen equipo. Erais la pareja idónea para llevar a cabo este proyecto. Estamos orgullosos de vosotros, aunque hemos tenido que correr el riesgo de la pérdida de una buena Agente. Pero si a estas alturas te echas atrás, tomaremos el material original y nosotros seguiremos el plan sin contar contigo. Aun sin ti este proyecto seguirá adelante.

—¿Cómo…? Un momento… ¿Me puede alguien explicar de qué va todo esto?

—Va de que te hemos metido en un asunto más complicado de lo que tú creías en un principio. Ya es hora de que nos vayas conociendo. Somos un grupo de ciudadanos incómodos con la vida tan superficial y superflua que llevamos en esta generación, y sabiendo que podemos dar un sentido más profundo a nuestra existencia, se nos ocurrió investigar a aquel colectivo humano que nos parecía interesante para nuestros planes. Aprovechando el proyecto del Gobierno sobre el estudio de las etapas de la Historia, introdujimos nuestros propios propósitos y os enviamos para recopilar datos a favor de nuestros propios fines.

—Entonces… ¿Todos los documentos…?

—Si, todo hay que conservarlo, y si es posible con tu experiencia mejorar aún la descripción de lo narrado, porque estamos decididos a que S.H. sea también el Señor de nuestra Historia. Estamos convencidos de que, aunque los humanos se empeñen y haya mártires como M95, EL sigue queriendo tomar parte de la existencia humana desde los corazones de buena voluntad y por eso suscita personas de gran empuje para ser su voz hasta que un día todo culmine con un cielo nuevo y una tierra nueva.

 —Esto quiere decir que…

—Si, que podrías haber echado a perder el esfuerzo de tantas personas que hemos trabajado para hacer posible esta investigación.

—¿Qué pretende decirme con todo esto, que todo era una farsa?

 —No todo. Pero nosotros somos un grupo lo suficientemente influyente como para poder cambiar el sistema y embarcarnos en esta empresa que sin duda nos llevará a comprender el sentido pleno de la existencia humana, contigo o sin ti.

V71 se quedó estupefacto. ¿Había oído bien? Le miraba boquiabierto, no salía de su asombro. ¿Estaría aún bajo los efectos de una nueva pesadilla?

—No lo comprendo. ¿Qué es lo que realmente quieren de mí?

—Tienes que aceptar que eres especial. Lo comprendí en cuanto te vi en la academia. He conocido a algunas personas con tus mismas cualidades, pero tú tienes algo que no puedes ignorar.

—¿Por qué? —gritó angustiado llevándose las manos a la cabeza y dando un giro sobre sus pies.

—Tranquilízate, siéntate y cuéntame tus últimas inquietudes. Tienes que confiar en mí, ya ves que te he hablado con sinceridad, por eso te pido que deseches tus prejuicios y te abras ante mí, es el único camino para poder trabajar juntos.

Mientras trataba de dominar los excitados latidos de su corazón, empezó a contarle sus últimas pesadillas. A medida que proseguía el relato sus nervios se aplacaban y la serenidad del Superintendente le iba llenando de confianza. ¡Era fantástico poder hablar con alguien que le escuchaba, que comprendía sus problemas y sus sentimientos!

C60 permanecía en silencio, asintiendo unas veces y otras sacudiendo la cabeza para mostrarle su comprensión.

Cuando V71 terminó el relato, se sentía exhausto y al mismo tiempo satisfecho. El compartir su difícil situación con alguien le había aliviado mucho, era como el haberse quitado una losa de encima. Ya no estaba solo, pues existía alguien que sabía todo cuanto le inquietaba.

—¿Y ahora qué? —le preguntó C60.

El calló durante unos minutos y luego dijo:

—Me siento algo confundido y desconcertado. Después de vivir lo que le ha sucedido a mi compañera ¿pretende decirme que debo aceptar el hecho de ser…?

—Sinceramente, creo que no hay vuelta de hoja, hemos llegado a un punto en el que debes de aceptar el motivo de tu existencia.

—Es que… No me importa si no me creen eso no es cosa mía, pero recuerde que yo vine aquí con muchos prejuicios y me temo que aún no he vencido todos mis miedos.

—Cierto, pero debes admitir lo que la vida te ofrece. Debes aprender a ser dúctil y maleable para borrar de ti todo prejuicio y conocimientos que obstaculicen el cambio, sólo así conseguirás aceptar tus circunstancias. Entonces estarás listo para pasar al siguiente nivel. Si no aceptas… Mejor dicho, si no te aceptas, nunca tendrás la satisfacción de realizarte como persona.

—Entonces, ¿Usted también cree que todos los hombres tenemos un proyecto de vida al que no debemos renunciar si queremos llenar nuestra existencia?

—Así es. Permíteme que te recuerde tus propios conocimientos. Sabes muy bien que este planeta tiene una larga historia que ha sido purificada en numerosas ocasiones. Después de cada ciclo la historia toma nuevas energías y la vida recomienza de nuevo. Son ocasiones constantes de desarrollo que nos permite aprender cada vez un poco más. Son como ciclos de la humanidad que va subiendo peldaños hacia lo infinito. Por tanto, tenemos que admitir que nuestra civilización no ha sido la primera, ni pienso que será la última, y bien sabemos que gran parte de nuestro progreso se debe a las civilizaciones anteriores y no sólo a la inspiración de nuestros sabios, por eso no podemos ignorar que hemos de rellenar nuestro vacío espiritual con la experiencia de nuestros incestos.

—¿Por qué?

—Tú mismo eres una prueba palpable. ¿No aprecias el cambio de mentalidad con la riqueza de la experiencia vivida estos meses?

—Quizás… Pero…

—No hay pero que valga. Y no puede existir otra explicación sino la de cubrir con tu experiencia el vacío de esta generación. De nada te va a servir lamentarte, has sido el elegido, pero eres libre para aceptar tu misión.

Sus palabras le dejaron helado. Oírlo era halagador, pero aún luchaba contra su determinación. En parte deseaba aceptar, pero temía el comprometerse. ¿Cómo estar a la altura de lo que ellos le pedían?

C60 adivinando su lucha interior, le sonrió y le dijo:

 —Te parece que esto es demasiada responsabilidad para ti, ¿no es cierto? Lo comprendo, pero piensa que M95, estaba tan convencida que no dudó en su disposición hasta dar la vida por esta causa.

V71 se puso de pie, para airear su mente, era demasiada tensión acumulada, y como un autómata se dirigió a la ventana dándole la espalda, necesitaba tiempo para asimilar todo aquello. De pronto se volvió y le preguntó:

—¿Por qué a mí? ¿Por qué otro no puede hacer esta tarea?

—No puedo responderte a eso. Tú eres el elegido, es esa tu misión, aunque ignoro como tú el porqué, seguramente serás el primero de un nuevo programa de esta generación, el destino elije sin contar con nosotros incluso a pesar de nosotros.

—Y ¿qué diferencia existe entre Usted y yo?

 —Si, puede que nos parezcamos mucho, por eso entiendo tus sentimientos. Pero tú eres el elegido. Como te he dicho, estoy aquí para ayudarte, pero tú eres el protagonista de ese cambio sociológico que queremos promover. En tu interior se está librando una batalla, pero creo que al final el conflicto se resolverá por sí solo y si aceptas tu destino aquí nos encontrarás para apoyarte, sino me temo que te convertirás definitivamente en un fracasado.

Desesperado sacudió la cabeza y dijo:

—Entonces, ¿no se equivocaba M95 al afirmar que la liberación de la historia se da cuando la persona orienta su vida más allá de la misma historia?

 —Así es. M95 era una fuera de serie. Pero ahora se trata de no perderte a ti.

 —Según esto… Vosotros ya teníais conocimiento sobre S.H. y creéis que es una realidad ¿no?

—Si, algo habíamos ya oído de S.H., por eso se nos ocurrió lo de averiguar a través de vuestra investigación su existencia. Y estamos convencidos de que tiene que ser conocido en esta generación. Hemos descubierto que ÉL está entre nosotros, seamos o no consciente de ello, que camina al ritmo de la Historia y los que le buscan lo encuentran. A veces nos falta sensibilidad para detectar su presencia, pero sigue ahí y procura siempre provocar la manera de ser reconocido. Eso sí, sin forzar, sin manifestaciones raras, respetando la libertad de la persona, pero tarde o temprano siempre seremos capaces de experimentar su presencia si le buscamos con corazón sincero.

—Entonces… ¿Cuál era nuestro verdadero cometido?

—Habéis hecho un buen trabajo. Desde el principio intuimos que M95 iba a reaccionar como lo hizo. Para nuestros planes particulares es una excelente ayuda, sus reflexiones comparando las dos generaciones nos abre un camino para continuar el diálogo con nuestros coetáneos, por eso de ninguna manera queremos que desaparezca ese material.

—Vamos a ver si me aclaro. ¿El Supremo Consejo es una cosa y vosotros otra?

—Si, no todos los dirigentes de este gobierno están de acuerdo con todo lo que estás escuchado en este despacho, pero somos sin duda una fuerza lo suficientemente influyente como para poder llevar a cabo nuestros planes. No todo está perdido en este momento histórico, puesto que nuestro interés por descubrirle hará que seamos levadura y ÉL podrá amasar nuestro presente de modo que lleguemos a ver surgir ente nosotros una nueva humanidad dispuesta a serle fiel y a manifestar su presencia en medio de esta generación.

—Entonces… ¿qué he de hacer?

 —Sigue tu trabajo, entrega lo que ellos quieren, pero toda la información, tal como la habéis ido creando día a día, me la traerás para que desde aquí prosigamos su curso. Si te animas a estar con nosotros volverás al proyecto siendo consciente del sentido último de tu misión, si no te interesa seguir, tendrás que asumir las consecuencias de lo peligroso que es el saber demasiado.

EN EL HOSPITAL

Sintió, medio inconsciente, que alguien ponía un paño frío sobre su frente y le aliviaba del ardor que parecía envolver todo su ser. Algo punzante le fue inyectado en un brazo… ¿Cuánto tiempo estuvo bajo esa sensación de que nada había en su mente…?

Poco a poco notaba que volvía en sí, la suavidad y el frescor que sentía en la frente le iba serenando…

A pesar de ello se resistía a abrir los ojos, quería estar listo para tomar una decisión antes de dar señales de estar consciente, fuera quien fuera la persona que le estaba atendiendo, no le interesaba aún que notara su vuelta en sí.

 Él seguía con al asunto que le preocupaba.

 —¿Será posible que sea este de verdad mi destino? —se preguntaba— ¿Qué me puede suponer el aceptarlo?

No tenía ninguna referencia donde apoyarse.

—¿Cómo podré dirigirme a unas personas completamente ajenas al tema? Pero… ¿Quién me escuchará? ¿Qué les voy a decir?…

Sin darse cuenta, estas últimas palabras las había pronunciado en voz alta, mientras se revolvía en la cama inquieto, entre sudor y fiebre.

—Calma, no grites, serénate, no te inquietes más. Ya ha pasado todo. Estás en buenas manos. Calma…

Oía aquella voz como si llegase de muy lejano.

—¿Quién eres? —preguntó aún medio inseguro de su consciencia. Notaba la lengua muy pastosa y, con dificultad, siguió preguntando—. ¿Qué hago aquí? ¿Dónde estoy? ¿Qué me ha pasado?

Demasiadas preguntas para una persona… El caso es que no hubo o no oyó las respuestas… Poco a poco volvió a tomar en peso su presente. La mirada se le iba clarificando… Y así llegó a darse cuenta de que estaba en una habitación desconocida, supuestamente en un hospital. Una joven enfermera estaba inclinada sobre él poniéndole paños fríos en la frente ardiente. Su mente iba recuperando estabilidad.

—¿Qué me ha pasado? ¿Dónde estoy?

—Estás en el hospital de investigación científica. Hace tres días te encontraron en tu casa inconsciente y te trajeron aquí. Al parecer algo ha ido mal en esa misión, pues por los síntomas de fiebre y de constantes ataque de espasmos sensoriales, se piensa que puede ser el resultado de algún virus que tu cuerpo no ha podido asimilar y nos ha resultado muy difícil el combatirla por la extrañeza del caso. Esperemos que sólo te haya afectado físicamente. Ya el hecho de que hayas recuperado el conocimiento es buena señal.

Sentía un dolor agudo por todo el cuerpo, acentuándosele en las articulaciones, le parecía que los músculos y los sentidos se resistían a obedecer. A pesar de ello se alegró de haber regresado a la realidad cotidiana. ¡Era un alivio el pensar que todo había sido una pesadilla febril!

—De momento parece que vas saliendo de la crisis de parálisis sensorial que tanto nos ha preocupado. Espero que poco a poco, con unos días de reposo salgas adelante. ¿Cómo te encuentra?

—Me duele todo el cuerpo, aunque me parece que me voy recuperando.

Pero se daba cuenta que le costaba pronunciar correctamente las palabras, sentía la lengua pesada.

—Es natural esas molestias. De todas formas, ahora se trata de que consigas descansar sin pesadillas ni sobresaltos. Un sueño sereno, será la mejor terapia para que recuperes cuanto antes las fuerzas. Te dejo solo. Si al despertar te encuentra con ánimos, levántate e intenta moverte por la habitación tratando de apoyarte por si te mareas.

¿Cuánto tiempo estuvo durmiendo

 Esta vez se sentía recuperado. El dolor articular había cedido casi por completo y parecía que los sentidos ya no le causaban ninguna molestia. Trató de incorporarse, pero al hacerlo la habitación se le vino encima.

Se echó de nuevo en la cama, cerró los ojos y procuró concentrarse mentalmente para dirigir todas sus energías hacia la acción que trataba de realizar.

 Esperó unos minutos y por fin, sin prisas, con suavidad, intentó sentarse al borde de la cama poniendo los pies en el suelo y relajándose con su frescor. Permaneció así unos minutos, procurando controlar la situación. Se colocó las zapatillas y trató de ponerse de pie, pero tuvo que asirse a los barrotes de la cama, porque el vértigo le podía. Apretó fuertemente aquel metal frio, hasta notar daño. Cuando sintió que recuperaba la estabilidad, intentó mover los pies que parecían ir calzados con zapatillas de plomo. Llegó hasta la pared y se apoyó en ella, permaneciendo allí sin atreverse a continuar. En ello estaba cuando se abrió la puerta de la habitación y entró la enfermera. La joven, al verle levantado sonrió satisfecha, dejó en una silla una toalla que traía y se acercó ofreciéndole su brazo para ayudarle a caminar.

—Me alegro de verte tan animado. ¿Cómo te encuentra?

Él le devolvió la sonrisa y contestó:

—Parece que poco a poco voy ganando terreno a la inestabilidad física.

—Has estado muy mal. Pero parece que lo más complicado ya lo has superado.

 —Gracias. Te agradezco de veras toda la paciencia que has tenido conmigo.

—Es mi trabajo, pero la verdad es que lo he hecho con mucho gusto. —Sinceramente te repito mi agradecimiento, supongo que no he sido un paciente fácil.

—Es que todo esto es muy irregular.

Siguieron caminando en silencio por el pasillo. Paso a paso percibía que iba haciéndose dueño de su cuerpo. Se sentía más estable pero aún no se atrevía a caminar solo. Por fin dejó de concentrarse en sus torpes movimientos y se atrevió a romper el silencio para preguntar:

—¿Sabes qué ha sido de la agente M95?

La joven bajó la cabeza y nada contestó.

—Comprendo —se le hizo un nudo en la garganta.

Después de unos segundos eternos preguntó con temor:

—¿Y yo?

—Perdona que me meta en tus asuntos, pero creo que la respuesta a esa pregunta la tienes tú mismo.

—¿Yo?… No comprendo. ¿Qué sabes tú de este proyecto? Se supone que aún no es público.

—Soy del equipo médico de este plan, por lo que me da pie para estar al tanto de cómo se va desarrollando el caso. Al parecer, están esperando que te reponga y termines tu trabajo, aunque yo creo que después de lo que ha pasado estos días, tendrás que pensarlo un poco más despacio y dar una respuesta valiente.

—¿A qué te refieres?

—Ten en cuenta que he pasado muchas horas a tu lado y, por si no lo sabes, eres de los que proclaman sus pesadillas a todo pulmón, por eso me destinaron a cuidarte temiendo que otra persona ajena al proyecto te escuchara.

—Entonces…

 —Mira, si me permites un consejo te diré que, si yo estuviera en tu lugar, me arriesgaría a ser coherente tomando libremente una decisión de acuerdo con mis convicciones. Aunque suene muy arriesgado es lo que debes hacer. Este es el momento y lugar adecuado para proclamar el mensaje, y a ti se te ha confiado esta misión. Debes de anunciarlo a nuestra generación.

—¿Cómo…? Pero… ¿Quién eres? ¿Qué sabes sobre este tema? ¿Qué he dicho en mis delirios?

—Cálmate, no te conviene inquietarte por el bien de tu salud. No te agites. Sólo quiero que sepas que puedes confiar en mí. Que me han mandado aquí para ayudarte. Sólo queremos conectar con tus sentimientos y enviarte un mensaje de colaboración a tu misma causa.

—Pero… ¿Dónde estoy? ¿Sigo con mis pesadillas?

—No, estás en la realidad. Pero tiene que entender que, en nuestra propia generación, no todo el mundo es frio e insensible. Aquí también podemos ser cercanos y capaces de intentar echar una mano a la gente, sobre todo cuando nos interesa sacar adelante un proyecto tan interesante como el que llevamos entre manos.

—¡Yo…! ¿Entonces…? ¡Tú…! ¡Estamos…!

—Si, hemos tratado de que todo pareciera lo más natural posible, pero tienes que saber que, detrás de este proyecto hay un grupo de personas que estamos dispuestos a colaborar contigo para que S.H. sea conocido en nuestra sociedad.

—Pero si yo… ¡No entiendo nada!… ¡Esto es absurdo! ¿Tú… vosotros… quiénes sois?

—Ya te lo he dicho, somos un grupo de personas que trabajamos por tu misma causa. Y por ahora te basta con saber esto. Sólo te pido que reflexiones sobre la determinación que quieres tomar y libremente te decidas con coraje y valentía a favor de los que queremos que este proyecto no sea un fracaso. Aún más, esto puede ser una ayuda recíproca si te unes a nosotros. De tu decisión depende que todos salgamos ganando.

—¿Esto quiere decir que hay más personas interesadas? —preguntó con entusiasmo y curiosidad.

—Si, las hay.

—¿Lo dices en serio?

 —¿Por qué iba a engañarte? Ahora quiero que sepas que no voy a comunicar de tu recuperación inmediatamente. Te dejo para que reflexiones. Tú verás lo que decides hacer con tu vida.

En cuanto la enfermera cerró la puerta tras de sí, V71 se acercó al ropero para buscar algo que ponerse y después de vestirse, salió al pasillo. ¡Era el momento! Utilizando la escalera de incendios para evitar encontrarse con alguien, se dirigió a la calle pasando desapercibido. Una vez fuera del edificio, tomó un vehículo público y llegó a su casa sin ningún obstáculo.

COMO JONÁS

Antes de seguir adelante con el desenlace de la novela, para entender lo que a continuación viene, os recomiendo la lectura de un pequeño libro bíblico que narra la historia del profeta Jonás.

Como a él, Dios le va a pedir al agente V71que sea el protagonista de su momento histórico.

S.H. tiene un plan, busca a alguien para que sea su mensajero ante esos ciudadanos tan ignorantes, pretende valerse de V71 para hacerse presente en la historia a su manera.

Jonás se resistía a cumplir su misión ¿Qué respuesta va a dar V71?

V71 estaba recostado en su cama leyendo la carta de su compañera

. ¿Qué hacer?

Hoy es ella y pronto vendrán por él si no cumple el mandato del Supremo Consejo.

¿Será capaz de terminar con este asunto de una vez por todas como si nada hubiera ocurrido? ¿Es él tan frío e insensible como ellos pretendían que fuese? ¿Por qué se iba a complicar la vida? ¿A caso tenía tanto valor para enfrentarse con la realidad como lo había hecho ella? ¿No es más importante seguir viviendo que morir por una causa que no termina de entender? ¿Valía la pena arriesgar su seguridad, su propia existencia? … ?

 ¡No, no lo haría!… ¡No quería morir!…

Tenía otros planes y no estaba dispuesto a perderlo todo como lo había perdido M95

Pero… ¡Ella…!

¡Qué cobarde y temeroso se sentía!

¿Cómo salir de esta pesadilla?

¡… …!

No entendía nada de lo que pasaba. Sin saber cómo, se vio dentro de un oscuro túnel que le absorbía hacia atrás, como una aspiradora potente. Iba tropezando en las duras y aristadas paredes, magullándose todo el cuerpo. ¡Parecía que le estaban arrancando la piel! Tal era el dolor que sentía.

Por fin aquella tortura se paró y se encontró escupido en un lugar extraño.

 ¡Estaba agotado!

Físicamente no podía moverse y su mente sufría una alarmante confusión.

 Alguien le tomó de la mano y le obligó a incorporarse al tiempo que le decía:

“Levántate, ve a la Gran Ciudad,

y predica contra ella

 porque su maldad ha llegado hasta mí”

  —¿Qué es esto? ¿Cómo yo? ¡No entiendo nada…! Imposible. ¿Qué se yo? ¿Quién eres que así me llamas?

  Se sentía sin fuerzas… y ahora… ¡una nueva demanda!…

 ¿No tenía suficiente con terminar lo que tanto le angustiaba?

  Eso ya le estaba superando física y psicológicamente, le estaba causando tales problemas que se sentía incapaz de someterse a más presión.

¿Qué hacía él ahí?

Esperaba una respuesta para chillar que se habían equivocado de persona.

  —Buscad a otro —gritó—, yo no os sirvo. Estoy demasiado implicado en otro asunto. Mis fuerzas tienen un límite y ya me he agotado. ¡Bastante aré si salgo bien de esta! ¡Uf…! como para complicarme en otra aventura…

   —Te necesito. Yo te he elegido de entre todos los tuyos. Yo soy quien te envío y esto te ha de dar seguridad, pues si respondes aceptando, te daré las fuerzas necesarias para que cumplas bien esta misión en la que te quiero involucrar. Nada temas, yo estoy contigo y esto te ha de bastar para saberte vencedor. Tú serás mi testigo, mi mensajero, mi presencia física ante aquellos a los que te envío. Deja tu existencia en mis manos. Pon tu vida a favor de esta misión. Yo te llamo, te quiero hacer un hombre nuevo. Tus planes, tus proyectos, tu futuro… ponlos ante mí, porque tu existencia quiero sellarla con mis propios intereses. Serás un signo de mi presencia en tu historia cotidiana para que

El pueblo que camina en tinieblas

vera una gran luz.

Sobre los que habitan la tierra de sombras

 brillará la luz.

-—¿Qué significa esto? ¿Por qué yo?

No temas, yo estoy contigo

 no me mires con ansiedad,

 porque yo te fortalezco y te ayudo,

te sostengo con la diestra de mi justicia.

   A pesar de estas palabras, él se resistía. Se sabía incapaz de comenzar otro proyecto que le supusiera dificultades existenciales y nadie le iba a hacer cambiar de planes.

Se decía en su interior:

—No me voy a dejar convencer. No creo que sea cosa mía. Esto es parte de la pesadilla que estoy viviendo estos días. La tensión del desenlace de todo lo acontecido, me hace ya ver visiones. ¡Este no puede ser mi destino! ¡No estoy hecho para complicarme la vida!

Y dirigiéndose a su interlocutor volvió a gritarle

—¡Búscate a otro! ¡Te estás equivocando conmigo!

  Pero el peso de su presencia se le hacía irresistible.

¿Cómo liberarse de él?

Tendría que actuar con astucia. El otro parecía ser una persona muy inteligente y poderosa.

¿Qué hacer…?

¡Ya tenía un plan!

Está bien —le dijo—. Iré y les hablaré.

 —Me alegro de que seas sensato y te fíes de mí.

Y antes de poder responder, volvió a verse envuelto en aquel absorbente túnel.

Mientras se dejaba llevar por aquella fuerza, avanzando hecho un ovillo, con la cabeza entre las rodillas y tratando de cubrirse con los brazos, iba pensando entre golpe y golpe:

—Llegaré, me meteré en una nave del tiempo y cuando haya alcanzado cualquier lugar extraño la destruiré. Prefiero quedarme en cualquier sitio, por muy mal que me vaya y vivir sin responsabilidades, antes que enfrentarme con mi gente que sin duda pedirá mi cabeza. No estoy dispuesto a comprometer mi existencia por ponerme con absoluta disponibilidad en manos de alguien a quien casi no creo y que me pide ir en contra de los que también conozco y de los que sé cómo tratan a los que se colocan en el otro bando.

No le había gustado nunca enfrentarse con riesgos que no le aseguraban plenamente el poder dominarlos.

—¡Quiero ser libre! ¡Apártate de mí! ¿Qué tengo yo que ver contigo? ¡No lo haré! ¡No voy a complicarme la vida por ti! ¡Nada tienes que ver conmigo!…

¡Quizás esta llamada tenía que ver con ese misterioso SH…!

Poco a poco iba coordinando su capacidad mental.

Si, comenzaba a sospechar que todo estaba relacionado con su responsabilidad de destruir o no el mensaje que traía del proyecto que llevaba entre manos. ¿Tendría que aceptar que lo tenía que dar a conocer a su generación?

¿Qué hacer?

De nuevo se presentaba ante él las dudas del principio, con el agravante de que ahora se sabía llamado a cumplir una misión en la que cada vez se veía más implicado.

¿Sería capaz de llevar a cabo esta empresa?

Pero ¿cómo enfrentarse a su gente?

¿Cómo reaccionarían?

¿Habrá alguien que le escuche?

¿Qué era en concreto lo que tenía que comunicarles?

Si tuviera la certeza de sentirse ayudado por alguien…quizás si encontrara a alguien que mostrara el mismo interés… ¡aunque sólo fuera por curiosidad ante algo tan novedoso…!

¡Alguien en quien apoyarse, para al menos poder compartir triunfos y derrotas!

—¡No puede ser! ¡Nadie me escuchará!

EL PROCESO

De nuevo hemos de situarnos ante el tribunal del Supremo Consejo del Orden Mundial

—Se presenta la agente M95 para informarles mi decisión sobre el proyecto encomendado.

—Y bien agente, ¿Ya han decidido reestructurar el trabajo como se les indicó?

 —Siento defraudar a sus Señorías, pero me sé incapaz de reconstruir el informe ignorando toda la riqueza que ha supuesto para mí las reflexiones sobre esta experiencia.

—¡Qué desfachatez!

—Les ruego que me permitan expresarme hasta el final. Por honradez personal quiero proceder sabiendo cual es mi autentica misión. Ya no es el saberme enviada por los responsables del proyecto a estudiar aquella civilización, sino que he descubierto el sentido de mi existencia al saberme llamada a transmitir a mis coetáneos el misterio de la dimensión espiritual de la persona. Sé que existe en nosotros, como nuestro corazón y nuestro cerebro una dimensión transcendental que se nos escapa pero que no podemos ignorarlo si de verdad creemos en el desarrollo y evolución de la humanidad. Ahora me resulta difícil prescindir de ello. Como el aire que respiro que, aunque no lo veo siento necesidad vital de poseerlo, así me sucede con la experiencia de saber que nuestra existencia es mucho más que materia, que no es sólo un ser que nace, crece, se desarrolla y muere. Tienen que comprender que nuestra capacidad existencial no se puede reducir a sólo eso, pues existe en nosotros, en lo más profundo, un misterio inabarcable pero real que va más allá de nuestros sentidos, nuestro pensar y razonar. Es algo que se le escapa a la ciencia porque salta a otra dimensión donde ella nada tiene que ver, pero que nos pertenece como seres privilegiados de la existencia viva. Por todo ello, sería un error por mi parte, presentar el informe mutilado cuando tanta riqueza puede proporcionarnos el profundizar en lo que acabo de mencionar.

—Agente M95, ¿cómo se atreve a hacernos perder el tiempo con ese discurso tan caótico?

—Me temo que se ha dejado corromper por aquellas gentes. Pero no pretenda que esta generación le escuche. Se estudia la historia para que nos enseñe a progresar y para no caer en los errores del pasado. Tomar sus mismos parámetros mentales es retroceder. Y esto puede tener un alto precio, con el riesgo de llegar a cometer sus mismas equivocaciones.

—Permítanme sus Señorías que, les diga según mi humilde percepción, que nuestra civilización no es mejor que aquella por muchos avances técnicos y científicos que tengamos. Es verdad que, como humanos, en todas las épocas históricas se pueden detectar auténticos fallos, y estoy de acuerdo con que se necesita un distanciamiento generacional para juzgarlos con una óptica más real. Pero también les pido que abran sus mentes y que sepan aceptar que quizás podemos haber dejado en el camino algo valioso que sería interesante retomar.

—¿Por qué no se convence de que lo que ellos vivieron nunca podemos tomarlo como punto de partida, sino que siempre hemos de ir por caminos paralelos, sin mezclar nuestro perfil de comportamiento con el de ellos?

—De todas las maneras tienen que reconocer que nuestras mentes están embotadas por tanto razonamiento pragmático y tanto relativismo. Me temo que somos unos ignorantes en lo que respecta a nuestra vida más profunda. Hemos perdido esa dimensión espiritual que sin duda también forma parte del ser persona.

 —¡Basta ya agente! Déjese de comportarse como un vulgar pensador de la Edad Media. Ya hace tiempo que todo este discurso pasó. No son más que fantasías y grandes palabras vacías de contenido para el pensamiento actual.

—No se puede olvidar que los mayores sistemas filosóficos, fueron el despertador de una sociedad dormida, pero que fueron los grandes sistemas de pensamiento no productivo los que llevaron a la ruina a las distintas civilizaciones de la historia.

—Así es. Hace tiempo que la humanidad se apartó de esas teorías, hoy sin sentido para el ciudadano de nuestra época. Hemos conquistado una sociedad muy progresista y eficiente y no podemos perder el tiempo con filosofías baratas. Lo que soluciona el presente, nuestro vivir diario, es lo que pronostica el desarrollo de la humanidad, todo lo demás son sistemas añejos.

—Bueno, yo creo que esto va a caer por su propio peso —intervino C60 —. Si seguimos con el proyecto verán que aquella generación también era vulnerable, y pronto advertiremos cómo no fue oro todo lo que ahora aplaude la agente M95.

—Me temo que nos hemos equivocado con Usted. Parece mentira que así nos haya fallado.

—Así parece ser. Tendremos que lamentar nuestro grave error al confiarle tan arriesgada misión si sigue insistiendo en resistirse a obedecer.

—Si que es lástima. Una persona que prometía tanto…

—Es cierto. —comentó el Mayor C60 — Se le seleccionó y preparó entre muchas candidatas para esta investigación, se le envió para cumplir un encomendado concreto, pero parece ser que ha sido incapaz de llevarlo a buen término.

—Sí. Parece que no ha sabido responder a la perfección que de usted se esperaba, por lo que tendremos que vernos obligados a proceder en consecuencia.

—Puede ser que me haya excedido, que haya abusado de la confianza que se puso en mí. No sé cómo sería el final de aquellas personas, pero fuera lo que fuere, nadie me puede quitar la experiencia que he vivido. Aunque me retiren del proyecto, aunque este tribunal sentencie la pena máxima en mi contra, se ciertamente que no estoy errada. He descubierto una vida diferente y aunque no sepa o no pueda transmitirla a los demás, la siento en lo más profundo de mi ser y nadie podrá arrebatármela. Y por mucho que sus Señorías insistan, ni yo misma puedo ya liberarme de ello. Estoy tan convencida, que me atrevo a afirmar como cierto que ya exista, ya desaparezca, en la vida y en la muerte, sé que S.H. no es un mito. Nunca lo he visto con estos ojos carnales, pero es una realidad y sé con certeza que no estoy equivocada. Tampoco puedo explicar cuando empezó todo esto, pero me sé habitada por dentro, siento la misma experiencia interior de su presencia como la pudieron vivir Andrés, Marta, Juan… cualquiera de aquellos.

—Señorías, ¿vamos a seguir escuchando tanto desatino?

 El superintendente Mayor C60, poniéndose de pie intervino diciendo:

—Agente M95, como promotor y último responsable de este proyecto, me siento confundido ante la trayectoria que está tomando esta situación. ¿Cómo se le ha ocurrido al acercarse a aquella generación optar por ellos? ¿Quién le garantiza que consiguieron alcanzar sus fantasiosos ideales? -—Señores, les ruego que vayan concluyendo, el tiempo apremia.

El consejo se puso a deliberar entre ellos:

—Creo que se ha de seguir con la investigación, aunque haya que prescindir de una de nuestras mejores agentes. Este es el riesgo del progreso, todos cometemos errores y al parecer el agente M95 es uno de ellos.

—Sin duda nos equivocamos al confiar en ella y el precio de este fallo puede ser grande.

—No tendríamos que haberla dejado hablar con la prensa. Espero que se revisen los artículos antes de ser publicados.

—Sí, estamos en ello —aclaró C60.

Estos minutos de espera se hicieron eternos para la agente M95 que permanecía de pie ante el tribunal.

Por fin el Mayor C60 dirigiéndose a ella le dijo en voz alta:

—Agente M95, puesto que no ha sido capaz de merecer la confianza que este Supremo Consejo depositó en usted, será condenada por él mismo. Mañana mismo recibirá la sentencia. Y si no tiene más que alegar, se levanta la sesión.

—Un momento Señorías, sí que quiero añadir algo. Alego que esta decisión es sólo mía. Quiero decir que por ningún motivo deben dudar de la honradez del agente V71. Él en todo momento trató de advertirme y persuadirme para que me mantuviera firmemente fiel a las normas establecidas. Y si en alguna ocasión no aparece clara su postura quiero que conste que siempre era yo la que le obligaba a informar de todo lo que yo estaba viviendo, como a mí me parecía que debería ser contado.

—Agente M95, estamos tratando su proceso y como tal queda levantada la sesión.

LA ENCRUCIJADA

Hoy nos encontramos ante una situación muy comprometida. Los dos agentes tienen que preparar todo el material para presentarlo al Gran Tribunal, pero la decisión tiene sus riesgos ¿Llegarán a un acuerdo?

Cuando la agente M95 entró en el laboratorio de investigación histórica a la mañana siguiente, V71 ya estaba esperándola.

 —Buenos días —le dijo a su compañero—, ¿Has empezado a trabajar?

—No, te esperaba para hacerlo juntos. Hemos de ponernos de firme a hincarle el diente a todo esto. Es mucho trabajo para tan poco tiempo. Tendremos que esmerarnos y hacerlo con mucha precisión, pues dada la tensión del Tribunal, será examinado con lupa.

M95 le dio la espalda acercándose al ordenador, diciendo a la vez que lo ponía en marcha.

—Esto es muy cruel. Me parece un crimen más grande que el que puedan aplicarnos a cualquiera de los dos o a ambos.

—No me importa tu opinión —contestó gritándole y fuera de sí—. ¡Basta ya de tonterías! No estoy dispuesto a perderlo todo porque te empeñes en seguir con tus ideas y fantasías. Aquí lo que cuenta ahora es salvar nuestro prestigio y reputación. Esto es lo productivo y no me vas a hacer más chantaje.

 Ella se volvió muy lentamente y mirándole a los ojos le preguntó:

—Y ¿qué hay de tu entusiasmo en las últimas investigaciones? Tu comentario sobre los primeros cristianos es una buena aportación, abre un camino interesante para seguir estudiando el proceso que nos ocupa.

—Mira M95, ante todo hay que ser prácticos —le contestó intentando apartar la mirada de sus insistentes ojos—. No vale la pena jugarse el tipo para que otros quizás ni se enteren. Por mi parte lo primero que voy a hacer es destruir cuanto me comprometa. Sólo tú sabrás que en algún momento cometí ese error, pero nadie más. Ni si quiera el Mayor C60.

—¿De verdad? ¿Vas a hacer eso?

 —¡Pues claro! Hay cosas que son mejor olvidarlas.

—Para mí esto se ha convertido en un deber sagrado. Es un imperativo interior que no puedo ni quiero eludir.

—¡Todo esto carece de sentido! —volvió a gritar—. ¿No ves que para ellos resulta ininteligible porque no lo han vivido como tú y en consecuencia será un trabajo inútil e ineficaz tu propuesta?

—¿Por qué? ¿No he cambiado yo y procedo de la misma cultura y mentalidad? Si para mi ha tenido sentido, ¿quién te dice que otros no van también a reaccionar? ¿A caso no estás tú…

No la dejó terminar. Se tapó los oídos a la vez que decía

—Te convertirás en una voz inútil. Nuestro cerebro procede de otro paradigma. Hemos sido desarrollados para otras funciones. Si estas personas que se suponen las más cualificadas de nuestra civilización no te entienden ¿cómo pretendes que lo hagan los demás? No te escucharan.

 —Pero si yo…, nosotros lo hemos entendido.

—¡Cállate! ¡A mí no me metas! —dijo volviendo a alzar la voz y prosiguió —. Tú si quieres puedes cargar con toda la responsabilidad, ¡allá tú! Es el precio de tu libertad, pero esto se está convirtiendo en algo ilícito, es como defraudar la confianza que han puesto en nosotros.

—Pienso pagarles esa confianza dándoles la oportunidad de descubrir el sentido legítimo de ser persona, enseñándoles a vivir con auténtica dignidad humana, mostrándoles el camino verídico para la pura evolución de la humanidad.

—¡Qué ingenua eres! ¿A caso te crees que vas a conseguir algo? Ya has visto como han reaccionados los mejores cerebros de tu sociedad. Antes destruirán el proyecto y a ti con él. Y si sigues con tu terquedad y obstaculizas mi trabajo, seré yo el que te denuncie. Te doy 12 horas. Tú verás qué decisión tomas.

—No necesito ningún tiempo. Pienso mantenerme en esta postura hasta el final. Ya veo que no puedo luchar contra mi destino. Si este es el fin, que sea.

—¡Esto es absolutamente absurdo! Sabes que te necesito, que solo voy a tardar el doble y que tienes que volver parpara continuar con la misión. Pero parece que ya nada te importa y estás bloqueando todo con tu testarudez.

—Mira V71, no te preocupes. Se lo que te está costando esta situación. Yo no te puedo obligar a que tomes una decisión distinta a la que tú libremente quieras tomar. Pero también te ruego que me comprendas y respetes mi postura. Bajo mi responsabilidad no tocaremos nada de nuestro trabajo, más aun, te ruego que revisemos el final, no sea que con las prisas de terminar no esté registrada la última conversación.

—¡Y encima me pides que subraye lo que más me compromete! ¡Esto es el colmo!

—¿No me has oído que voy a cargar con toda la responsabilidad? Tú denúnciame, haz lo que quieras, pero yo misma voy a presentarme ante el Gran Consejo y decirles que me niego a modificar la información que hemos recogido. Tú te librarás de todos los cargos, pero al menos ayúdame a dejarlo todo concluido.

—Está bien, pero sólo con una condición, que borremos nuestra última conversación que es la que más me compromete. No quiero verme implicado en absoluto.

—No seas cruel. Si borras algo que nos abría tan buen camino, pones en riesgo las futuras investigaciones. Mejor será que dejemos las cosas como están y te prometo que me encargaré de defenderte.

 —No sé… Es un riesgo que me cuesta tomar.

—Siempre puedes echarme la culpa. Sabes que mis cartas están sobre la mesa y ya no puedo ni quiero volverme atrás.

ANTE LOS TRIBUNALES

Hoy vamos a seguir el proceso de rendición de cuentas de los dos agentes ante el Tribunal del Supremo Consejo.

Os invito a ir captando las diversas posturas de los dirigentes que les están juzgando.

Os recuerdo la última frase:

—Hagan pasar a declarar al agente V71

V71 estaba esperando en la sala inmediata. Aunque se sabía sospechoso como cómplice de las acusaciones hacia su compañera, confiaba en salir indultado. Pensaba hacer todo lo posible por conseguirlo, pero la verdad es que la cosa estaba muy complicada. El Supremo Consejo podría ser inflexible ante la magnitud de la empresa. Quizás se le diera otra oportunidad dado que él no era directamente culpable de los hechos; pero en el fondo no estaba seguro de poder librarse si M95 no se retractaba de sus errores. Era una mujer muy terca y estaba demasiado obsesionada con todo lo que había descubierto en esa investigación histórica, difícilmente podría él persuadirla. ¡Lo había intentado tantas veces!

Mientras se acomodaba en el lugar correspondiente, observaba al tribunal que trataba de llegar a un acuerdo y a su compañera situada en el banquillo de los acusados.

Tomó la palabra el Mayor C60 y dijo:

—Agentes M95 y V71, como promotor y último responsable de este proyecto, y en nombre del Gran Consejo, después de haber analizado la situación y tomando en consideración el buen prestigio de ambos, este Tribunal ha decidido darles una última oportunidad. Se les da dos semanas para presentar un nuevo documento corregido, teniendo en cuenta que se les exige la más estricta precisión de los hechos narrados Ni que decir tiene que está terminantemente prohibido el pronunciarse a favor o en contra de los hechos. Esa no es su encomienda. Quiten y corrijan todo lo que no sea necesario y limítense a narrar los acontecimientos con estricta objetividad.

—Permítame Mayor añadir que tienen que ser más claro en sus expresiones, hay palabras en desuso que difícilmente van a ser comprensibles para las personas a las que están designado el estudio de este trabajo.

 —Ya estábamos en ello. Pensamos añadir un glosario explicativo para los léxicos poco comunes —comentó la agente M95.

—¡Un glosario! ¿Acaso pretende también convencerles dándoles nuevos argumentos en cada vocablo? ¡Esto es el colmo!

—-Espero Señorías —intervino V71, intentando enfriar la tensión del ambiente que volvía a caldearse—, que esta vez sepamos cumplir con nuestra misión. Confíen. En Lo sucesivo nos limitaremos exclusivamente a informar con precisión, sin permitirnos ningún comentario personal y procurando hacernos lo más comprensibles posible.

 —¡Más les vale! No quisiéramos vernos obligados a dar por fracasado un proyecto tan costoso y emprendedor.

 —Y tampoco estamos interesados en tener que usar métodos desagradables contra agentes que no supieron ser fieles al Sistema.

—Dentro de 30 días —informó C60— tienen que volver a su trabajo de observación, pues se supone que M95 está de viaje aprovechando las vacaciones de invierno. Así que, durante este tiempo, ordenen y rectifiquen todo el material que hasta ahora han recogido, tratando de ir haciendo el informe según las disposiciones que en un principio les fueron dadas.

 —Por supuesto que conviene que se destruya toda la basura acumulada a través de tanta majadería y necedad sin sentido.

—Bueno —apuntó C60—, será mejor que en vez de destruirla, me entreguen los dos legajos, tanto el actual como el informe final. Quiero ver los dos textos íntegros.

—¿Por qué tanto interés Mayor? Esto les llevará el doble de tiempo.

—Pues que dupliquen las horas de trabajo. Si me dan lo actual, tendremos la certeza de que no lo usaran a espaldas de este Tribunal. Ya me encargaré yo de dar conclusión de este asunto y ver que cada cosa esté donde le corresponde.

 —Es una resolución muy sabia. Digna de la inteligencia de los miembros que formamos el gobierno de esta sociedad —y dirigiéndose a los procesados continuó—. No se permitan destruir una palabra de lo que llevan hecho.

 —Como dispongan su Señoría — determinó V71.

—Concluyendo —finalizó C60—, se presentarán a este tribunal unos días antes de su partida y me entregarán a mí personalmente el trabajo corregido y el actual.

—De todas las maneras, para que vean la buena disposición de este Tribunal, se le da 24h. para tomar una decisión e informar de su plan de trabajo

EL PRESENTE

Hoy me siento generosa y voy a comenzar el desenlace de la novela.

Esto va por los que me habéis seguido durante estos años, desde junio del 2019.

¿Cómo termina esta aventura del proyecto “Puente Histórico” donde tanto han aprendido M95 y su compañero V71?

Si estáis interesados, aún nos quedan dos capítulos que transcurrirán en su presente.

Aprovechando las vacaciones de invierno, vuelven los dos agentes a su realidad histórica y se someten a rendir cuentas ante el Supremo Consejo del Orden Mundial, como último responsable del proyecto.

—Se convoca al agente M95 para comparecer ante el Supremo Consejo del Orden Mundial.

 —Agente M95. Nos han llegado rumores de ciertas anomalías sobre el trabajo del proyecto que se le ha encomendado.

—El Tribunal del Supremo Consejo, como responsable último del bienestar y orden de esta sociedad, se ha visto obligado a convocarle para darle una oportunidad a defenderse de los cargos que se le acusa.

—Esperamos que se exprese con argumentos convincentes, para poder aceptar este Juzgado, el proceso que está siguiendo su investigación.

—Se le acusa de haberse permitido dirigir el proyecto por otras trayectorias ajenas al primitivo plan.

—Su cometido no era, ni mucho menos, enjuiciar esta sociedad, sino sólo limitarse a transcribir los acontecimientos que se le iba presentando y referirlos sin más.

—Y al parecer ha convertido su trabajo en una causa personal con respuestas y razones poco ortodoxas según los criterios de este Tribunal, autoridad suprema de sentenciar y último velador de los principios que dirigen nuestra nación.

—Esperamos que no se atreva a poner en tela de juicio los argumentos de esta legislación suprema y tenga sólidos argumentos para justificarse.

 —En ningún momento se le envió para que hiciera una investigación de crítica, desmerecimiento y desvalorización de la realidad presente.

—Con el debido respeto a sus señorías, reconozco que me he podido desviar de los planes que se proyectaron, al permitirme hacer ciertos comentarios que no venían al caso. Me temo que no he sido capaz de observar y comunicar fríamente los acontecimientos vividos. Sospecho que les he fallado.

—Luego, ¿se declara culpable?

—Antes de pronunciarme sobre este respecto, permítanme que les diga que algo superior a mí, me llevaba a reflexionar, comentar, argüir, y en suma a litigar, sobre todo los elementos objetivos en los que me he visto envuelta. A medida que iba metiéndome en aquel ambiente, me sentía más involucrada en sus motivaciones existenciales. Era una fuerza interior que me empujaba a sentirme implicada y cómplice de sus propias reacciones vitales. Surgía en mí un imperativo que me ahogaba si no hablaba, si no me manifestaba como testigo afirmativo de lo que veía y oía. Hasta tal punto que me siento impulsada a dar público testimonio de mi experiencia, de gritar que ya no soy la misma que un día fue enviada a cumplir la misión de observadora de aquel colectivo humano. Y ojalá mi pobre grito tenga resonancia primero en ustedes como líderes de esta sociedad y luego en nuestra gente.

—Pero… ¿Oyen esto sus Señorías?

—¡Qué atrevimiento! ¡Qué osadía!

—Agente M95, ¿acaso se cree transformadora de la historia presente?

—¿Quién se cree que es? ¿Cómo se atreve a darnos consejos? ¿Qué pretende dando lecciones al Supremo Tribunal?

 —Un poco de calma Señorías.

—Agente M95, la época que se le ha encomendado investigar, no puede ser de ninguna manera un desafío para nuestro avanzado y progresista sistema social. Nos enorgullece nuestra política de planificación ciudadana con su perfecto equilibrio demográfico y su desarrollo en asociaciones cívicas, donde todos y cada uno de los habitantes gozan de una vida cómoda y por supuesto productiva en función del desarrollo del bienestar comunitario. ¿Por qué pretender otra cosa? ¿Quién se beneficia de ello?

—Yo sólo sé y creo firmemente, que estos meses compartidos con aquellas gentes, me han servido para crecer como persona y que no podemos privar a nuestros coetáneos de esta riqueza existencial.

—¡Majaderías! No se puede concebir el creer que un sistema tan primitivo, pueda ser modelo para una sociedad tan evolutiva como la nuestra, que ha encontrado su sentido en la plenitud del desarrollo técnico-científico como camino para la comprensión de la existencia humana y como agente de cambio para la perfección del desarrollo de todo ser viviente.

—No se puede comparar aquella sociedad unifamiliar, con todos los problemas que acarreaba, con las facilidades sociales de una planificación demográfica por fecundaciones controladas y por desarrollo de la prole bajo control disciplinar, fomentando los valores cívicos y éticos de acuerdo con nuestro bienestar social. ¿No le parece más equilibrado y productivo nuestro sistema organizativo de ciudadanos estables?

—Puede ser. Pero con todos mis respetos, permítanme decirles que quizás hayamos perdido otros valores que ahora he empezado a descubrir y según mi pobre entender, merecen tenerlos en cuenta para nuestra plena realización si queremos de veras seguir avanzando en el desarrollo evolutivo de la humanidad.

—¡Patrañas! Nuestro régimen social se basa esencialmente en la conquista de un nuevo paso hacia la plenitud evolutiva del hombre y nunca una civilización anterior nos puede haber superado. En ningún momento se puede pensar que hemos o estamos retrocediendo. ¡No faltaba más!

—Si hemos puesto en marcha este proyecto, no es para poner en tela de juicio la organización social del presente, sino para descubrir los fallos de esa civilización anterior tratando de enriquecernos aprendiendo de sus errores.

—Sí, ya se. Ese era el planteamiento, pero… me temo que quizás nos pueden enseñar otras cosas positivas que no habíamos planeado porque las ignorábamos.

—Agente M95, usted sabe muy bien, pues me consta que es una de las ciudadanas más inteligentes de esta sociedad, al parecer con tantos fallos según usted, que este tribunal espera que la disciplina y fidelidad de nuestros mejores sean indiscutibles, por lo que no se le va a permitir comentarios públicos sobre opiniones personales que puedan llegar a desestabilizar los esquemas de la gente honrada y sensata que le llegue a escuchar.

—Además. Su intencionalidad delictiva queda de manifiesto al tratar continuamente de sabotear nuestro progreso con sus comentarios inadecuados, cuando esta civilización está siendo capaz de ir asumiendo todos los sistemas socio-político-económico-culturales de las más grandes culturas del pasado.

—Para eso se le envió, para estudiar esa civilización que estaba a la puerta de nuestro milenio, pero somos nosotros los que hemos de decidir que asumir o rechazar de esa época histórica.

—Y también conviene que recuerde que los desajustes provocados por actividades personales, que no tengan como meta el avance del desarrollo técnico-científico son sancionados como faltas de servicio a la sociedad.

—Señorías, con el debido respeto, me veo obligada a defenderme, comunicándoles que de ninguna manera mi trabajo durante estos meses puede clasificarse como falta cívica. De ningún modo y en ningún momento, ha sido mi intención perjudicar al sistema. En todo momento he pretendido situarme como portadora de una información que he creído iría en beneficio para mis conciudadanos. Se me ha concedido esta gran oportunidad, he descubierto una manera nueva de entender la vida, y porque me parece que es una forma más digna de concebir la existencia humana, me siento obligada a ofrecérsela a los demás. Eso es todo.

 —¡Esto es el colmo! No se puede consentir que un proyecto de tal envergadura fracase porque alguien no sea capaz de dar respuesta a la confianza que sobre ella ha depositado este Gran Consejo del Orden Mundial, esas decisiones son nuestras no suyas.

—Señorías, creo que ya hemos oído bastantes tonterías y hemos tenido demasiada paciencia. Sugiero que no se pierda más tiempo y vayamos a una conclusión rápida.

—Agente M95, se le propuso para esta misión, después de una preparación exhausta; tanto por los gastos económicos como por la inversión del personal, está resultando un proyecto muy costoso; pero como no ha sido capaz de merecer la confianza que en usted se puso, me temo que nos veremos obligados a prescindir de su trabajo.

—Hagan pasar a declarar al agente V71.